Antinomia
(del griego a1ntinomía,
contradicción en la ley). Aparición de dos juicios contradictorios, pero
igualmente fundamentados, en el curso de un razonamiento. El concepto de
«antinomia» surgió en la antigua Grecia (Platón, Aristóteles); en la
filosofía griega antigua, con el sentido de antinomia se empleaba más
frecuentemente el término de «aporía» (por ejemplo, en Zenón
de Elea, las aporías expresan el carácter contradictorio de los juicios
sobre el movimiento y la multiplicidad); ya entonces se formularon varias
antinomias referibles hoy a las semánticas («El Mentiroso»). Dedicaron
mucha atención a formular y analizar las antinomias los lógicos
escolásticos. Kant utilizó el concepto de «antinomia» en sus intentos de
fundamentar la tesis básica de su filosofía, según la cual la razón no
puede ir más allá de los límites de la experiencia sensorial ni conocer la
«cosa en sí». Entiende Kant que las tentativas de este género llevan la
razón a contradicciones, pues hacen posible dar un fundamento tanto a la
afirmación (tesis) como a la negación (antítesis) de cada una de las
siguientes «antinomias de la razón pura»: 1. El mundo es finito — el mundo
es infinito. 2. Toda sustancia compuesta consta de partes simples — no
existe nada simple. 3. En el mundo existe la libertad — en el mundo no
existe la libertad, impera sólo la causalidad. 4. Existe una causa primera
del mundo (Dios) — no existe una causa primera del mundo. Las antinomias
de Kant no son tales en el sentido de la lógica formal moderna, dado que
en ellas la fundamentación de la tesis y de la antítesis no es susceptible
de presentarse en forma de razonamientos lógicamente correctos. A partir
de fines del siglo XIX y en relación con las investigaciones sobre los
fundamentos lógicos de la matemática, se han descubierto varias antinomias
auténticas (entre ellas algunas ya conocidas anteriormente). Actualmente,
las antinomias suelen dividirse en a) de la lógica y de la teoría de los
conjuntos y b) semánticas [Antinomias semánticas. Paradojas (de la
lógica y de la teoría de los conjuntos)]. La aparición de una antinomia no
es resultado de un error subjetivo del hombre; se halla relacionada con el
carácter dialéctico del proceso de la cognición, en particular con la
contradicción entre forma y contenido. Toda antinomia surge siempre en el
marco de cierta formalización (quizá no fijada con evidencia, pero siempre
presumible de hecho) del proceso del razonamiento; es un testimonio del
carácter limitado de dicha formalización y plantea la tarea de
reestructurarla. Resolver la antinomia significa introducir una
formalización nueva, más completa, que corresponda mejor al contenido
reflejado. Es imposible excluir del conocimiento las antinomias de una vez
para siempre; por otra parte, respecto a cada antinomia es posible su
exclusión modificando correspondientemente el procedimiento de
formalización en cuyo marco aquélla haya aparecido. Los diversos
procedimientos actualmente elaborados para excluir la antinomia permiten
caracterizar con mayor hondura la dialéctica del conocimiento y el [18]
papel que en él desempeña la formalización lógica.
Antinomias semánticas
Antinomias que surgen en las enunciaciones que
tienen por objeto expresiones de determinado lenguaje. Sirve como ejemplo
de uno de los tipos fundamentales de las antinomias semánticas, la de «El
Mentiroso», que se remonta a Eubúlides de Mileto (siglo IV a. n. e.) y que
puede formularse como sigue: [La proposición puesta en esta página entre
corchetes, es falsa]. Si esta posición es verdadera, de su contenido se
sigue que es falsa. En cambio, si es falsa, de su contenido se sigue a su
vez que es verdadera. Tenemos pues que en cualquier caso la proposición
citada infringe la ley lógica de la contradicción, resulta verdadera y
falsa. Otro ejemplo de antinomia semántica es la de Grelling, basada en el
concepto de «predicado heterológico». El predicado –es decir, la palabra
que expresa cierta propiedad– se llama heterológico si él mismo carece de
dicha propiedad (por ejemplo, la palabra «trisílaba» no es ella misma
trisílaba). La antinomia surge al aplicar esta definición al predicado
«heterológico»: si es heterológico, por definición no posee la propiedad
por él expresada, es decir, no es heterológico; en cambio si no es
heterológico, de nuevo por definición, debe poseer la propiedad por él
expresada, es decir, es heterológico. Las antinomias del tipo descrito
surgen cuando el lenguaje en que se formula la antinomia contiene nombres
para sus propias expresiones y también loa predicados «verdadero»,
«falso», «heterológico», &c. Para excluir las antinomias semánticas
existen distintos procedimientos; uno de ellos estriba en diferenciar el
metalenguaje y el objeto-lenguaje (Metalenguaje y objeto-lenguaje)
y en establecer una rigurosa definición de los predicados
correspondientes en el metalenguaje (Verdad y lenguajes
formalizados).