Ética
(del griego h2qikh1: relativo a
las costumbres). Ciencia de la moral. Se divide en ética normativa
y teoría de la moral. La primera investiga el problema del bien y
del mal, establece el código moral de la conducta, señala qué
aspiraciones son dignas, qué conducta es buena y cuál es el sentido de la
vida. La teoría de la moral investiga la esencia de esta última, su origen
y desarrollo, las leyes a que obedecen sus normas, su carácter histórico.
La ética normativa y la teoría de la moral son inseparables entre sí.
Últimamente se ha desarrollado la metaética, que investiga las
enunciaciones éticas, su relación con la verdad, la estructura y
constitución de la teoría ética. La metaética es un fruto de la época
actual, en que las ciencias han recurrido al análisis lógico de sus
medios. No hay que identificar la ética con la moral vigente, «práctica»,
con la moralidad; la ética es la ciencia, la teoría de la moral y de la
moralidad. La moral surgió antes que la ética, existía ya en el régimen de
la comunidad primitiva, mientras que la ética apareció al formarse la
sociedad esclavista. La ética ha sido un elemento de las doctrinas
filosóficas, de la teoría filosófica. Desde que apareció, en ella ha
habido lucha entre la concepción materialista de la moral y la idealista.
Los materialistas premarxistas no podían comprender las leyes objetivas
reales del desenvolvimiento de la moral. Mas lucharon contra las
concepciones teológicas en la ética, sometieron a crítica la idea que
teólogos e idealistas mantenían del sentido de la vida, defendieron el
criterio de que el origen y las fuentes de las normas morales son
«terrenales». En la Antigüedad, contribuyeron a que se [160] llegara a una
concepción ética de la realidad los charvak (India), Yan Chu y Lao-tse
(China), Demócrito, Epicuro, Aristóteles (Grecia) y otros. Se realizó una
gran aportación al desarrollo de las ideas éticas durante el período en
que se formó y consolidó el régimen burgués. Los ideólogos de la
burguesía, en aquel tiempo revolucionaria, como Spinoza, Rousseau,
Helvecio, Holbach, Diderot y Feuerbach, asignaban gran importancia a la
resolución de los problemas de la ética. Aunque filósofos como Kant y
Hegel defendían la concepción idealista de la moral, expusieron varias
concepciones éticas valiosas. Los demócratas revolucionarios de Rusia,
especialmente Belinski, Herzen, Dobroliúbov y Chernishevski, realizaron
una seria aportación a la ética. Como los socialistas utópicos de
Occidente (Fourier, Saint-Simon, Owen y otros), los demócratas
revolucionarios rusos, soñando con una sociedad justa, intentaban predecir
y esbozar las nuevas relaciones morales entre las personas. La ética
marxista hizo suyo todo cuanto de valioso había en las teorías éticas del
pasado. Su aparición constituyó un punto de viraje en el desarrollo de la
ética. Las teorías éticas precedentes eran idealistas. Los filósofos del
pasado suponían que bastaba modificar el nivel de la conciencia de las
personas, instruirlas, o cambiar la forma de dirección estatal para
difundir la moral que preconizaban. Marx y Engels pusieron de manifiesto
que la moral estaba determinada por el régimen económico y social, y que
poseía un carácter histórico. Con su teoría del comunismo, señalaron
cuáles son los verdaderos caminos de la felicidad, de la justicia y de la
libertad. La nueva etapa en el progreso de la ética está unida al nombre
de Lenin. Contribuyeron asimismo a enriquecer la ética marxista Plejánov,
Lafargue, Bebel, Nadiezhda Krúpskaia, Antón Makárenko y otros. Se ha
dedicado suma atención a los problemas éticos correspondientes al período
del socialismo y de la formación del comunismo, en los Congresos XX y XXII
del P.C.U.S. La construcción del comunismo ha planteado nuevos problemas
ante la ética, que se va transformando cada vez más en una ciencia
independiente. El código moral de los constructores del comunismo,
formulado en el programa del P.C.U.S., es de gran trascendencia para el
ulterior desarrollo de la ética marxista (Moral comunista). La
ética burguesa contemporánea está en crisis. Los principios de la ética
burguesa se basan en teorías metafísicas e idealistas. Neotomistas y
existencialistas escriben mucho sobre cuestiones éticas. En cambio, los
neopositivistas abandonan su misma problemática ética y cultivan la
lógico-semántica. La tendencia dominante en la ética burguesa es la que
sitúa en un plano abstracto y metafísico las cuestiones relativas al
humanismo, a la justicia y al bien, sin tener en cuenta la vida; busca
valores éticos «absolutos» cuya finalidad única sigue siendo, como antes,
la defensa y la conservación del régimen capitalista. Son particularidades
de la ética burguesa, la propaganda del individualismo, la lucha
contra el principio de colectivismo. Paralelamente a la difusión
del dogmatismo moral neotomista, se intensifica el relativismo moral, que
intenta demostrar la imposibilidad de la ética científica.
Ética
aprobativa
(del latín «approbatio» aprobación). Teoría idealista de
la moral; según ella, el bien es algo aprobado por alguien. Respecto a
quién o qué da la aprobación, (Dios, el sentido moral del hombre, o la
sociedad entendida como conjunto de individuos), las corrientes de la
ética aprobativa se clasifican en teológicas, psicológicas y
social-aprobativas. Son ejemplo de las primeras, las teorías de los
teólogos Karl Barth, Emil Brunner (Suiza), Paul Tillich, Reinhold Niebuhr
y Helmut Richard Niebuhr (EE.UU.). La teoría del sentido moral fue
desarrollada ya en los siglos XVII-XVIII en Inglaterra (Anthony
Shaftesbury, Adam Smith, Hume) y ha sido recogida en el siglo XX por
Edward Westermarck (Finlandia), Arthur Rogers (EE.UU.) y otros. El tercer
tipo de teorías fue presentado por Emile Durkheim y por Lucien
Lévy-Bruhl (Francia). Todas estas teorías son no científicas, pues,
dada su naturaleza subjetivista y voluntarista, niegan los criterios
objetivos de las acciones morales.
Ética
autónoma y ética heterónoma
(autónomo, del griego au1tónomoV: independiente; heterónomo, del griego;
e1terónomoV: distinto, de otro). Teorías éticas
burguesas. La ética autónoma se basa en el principio de que la ley moral
arranca del propio sujeto. El hombre mismo, libre en absoluto de todo
influjo exterior, se crea la ley moral. La ética autónoma infiere la moral
de representaciones idealistas sobre un deber moral interiormente innato,
[161] apriorístico. La afirmación de que la moralidad tiene un carácter en
absoluto independiente, autónomo, es anticientífica, pues conduce a negar
la relación entre la moral y el sistema de relaciones sociales
históricamente determinado. Atacando la ética de los materialistas
franceses del siglo XVIII, Kant desarrolló las ideas de la ética autónoma
en su «Crítica de la razón práctica»; en esta obra, Kant aboga en pro del
principio según el cual la conducta moral tiene un carácter autónomo. La
ética heterónoma, opuesta a la anterior, infiere el carácter moral de
causas que no dependen de la voluntad del sujeto agente. Como tales causas
externas se consideran: las leves del Estado, los preceptos religiosos y
motivos como el del interés personal o el deseo de hacer el bien a otras
personas. Ello explica que los teóricos burgueses incluyan entre las
variedades de ética heterónoma la ética hedonista (hedonismo), dado
que ésta funda sus principios morales en el anhelo de placer, y también el
utilitarismo, cuya base radica en el principio de la utilidad, así
como muchos otros sistemas. La diferenciación entre la ética autónoma y la
heterónoma no es científica. Se deriva de negar que lo moral se halla
condicionado por leyes sociales objetivas, de afirmar el principio
idealista de la autonomía de la voluntad, de no reconocer el papel activo
del sujeto en la sociedad.
Ética
evolutiva
Corriente vulgar y mecanicista, fundada por
Spencer, de la ética burguesa. En el siglo XX, defienden las ideas
de la ética evolutiva Julian Huxley, Waddington (Inglaterra), Edwin Holt,
Ralph Gerard (Estados Unidos), Teilhard de Chardin (Francia) y otros. Las
tesis básicas de la ética evolutiva estriban en lo siguiente: la conducta
moral del hombre ha de ser función del medio natural circundante y estar
adaptada al mismo. El criterio de la moralidad radica en el proceso
biológico (evolución); lo que facilita dicho proceso es bueno, lo que lo
dificulta es malo. El hombre elabora las representaciones y los conceptos
morales para orientarse en los hechos de la naturaleza. La sociedad misma
no es más que la forma natural superior de la asociación de organismos de
una especie. En la teoría de Holt, se encuentra incluso una exhortación a
liberar lo animal y biológico, en el hombre, de las limitaciones que la
sociedad le impone. Otros evolucionistas (Huxley, Chardin) no preconizan
semejantes ideas tan abiertamente antisociales y amorales, son más
circunspectos en la interpretación biológica de la sociedad. En su
conjunto, la ética evolutiva, al reducir la sociedad y la moral a la
biología, posee una orientación antisocial, por lo que es reaccionaria y
anticientífica.
Ética
teológica
Ética basada en algún sistema teológico. Sus tendencias
más influyentes fueron, y siguen siendo, las doctrinas éticas de las tres
religiones fundamentales: el cristianismo, el islamismo y el
budismo. En la ética teológica, la fuente de la moral es Dios. Éste
aparece como encarnación del bien moral y de la virtud, mientras que el
mal y la amoralidad de la sociedad se explican por la «caída en el pecado»
del hombre. Dios es, además, el criterio único de lo moral. Tal o cual
acción es un bien o es un mal por el hecho de corresponder o contraponerse
a la «esencia» o voluntad de Dios. Finalmente, Dios aparece en calidad de
sanción moral, es decir, constituye la autoridad única para estimar la
moralidad de un acto. Resulta, por tanto, que la ética teológica es
antisocial por su orientación, pues niega la competencia de la sociedad
para establecer valoraciones morales. En dicha ética se asigna un
importantísimo lugar a la doctrina que trata de la recompensa a los justos
y del castigo a los pecadores, doctrina que los teólogos relacionan con el
fin del mundo (Escatología). El pleno triunfo del bien y de la
justicia se vincula ya con la vida de ultratumba, ya con la llegada del
«reino de Dios». De ahí que se eleven al rango de virtudes la sumisión, la
resignación, la no resistencia y el perdón universal. La ética teológica
aparece en calidad de apología moral de la sociedad explotadora.