Evolución emergente
(del latín «emergere»: aparecer, salir al exterior).
Teoría idealista del desarrollo. Se ha difundido en la filosofía burguesa
angloamericana, sobre todo entre los representantes del
neorrealismo. Las figuras más destacadas que mantienen dicha teoría
son Samuel Alexander, Conwy Lloyd Morgan y Charlie Dunbar Broad. La
teoría de la evolución emergente surgió en la década de 1920 en
contraposición a la dialéctica materialista. Su objetivo era «explicar» el
hecho de que el desarrollo se produjera en forma de cambios bruscos, la
aparición de lo nuevo, &c. Los teóricos de la evolución emergente
interpretan los procesos de transformación como actos irracionales,
incomprensibles desde un punto de vista lógico, y en última instancia
llegan al reconocimiento de la divinidad. Esa teoría conduce a la negación
de la sujeción natural e histórica a ley. Para Lloyd Morgan, toda la
naturaleza tiene espíritu: no existe lo físico sin lo psíquico. Alexander
declara que el «espacio-tiempo» inmaterial constituye la base primitiva de
la naturaleza y que la materia es derivada respecto a dicha base. Para él,
sirven como elementos primeros de la naturaleza «impulsos-elementos»
inmateriales. Broad defiende sin rodeos el vitalismo y la
transmigración de las almas.
Evolución y revolución
Partes del desarrollo indisolublemente concatenadas entre
sí; corresponden al incremento de las transformaciones cuantitativas en el
desarrollo del fenómeno (evolución) y al cambio cualitativo más o menos
rápido (revolución). La concepción materialista dialéctica de la evolución
y de la revolución ha superado las unilateralidades metafísicas del
evolucionismo simplista (Spencer), que circunscribía el desarrollo a
cambios cuantitativos graduales y no proporcionaba [163] la clave para la
comprensión del automovimiento, y del «catastrofismo» negaba el proceso de
las transformaciones cuantitativas, preparadoras de la revolución, y
confiaba en la voluntad de las grandes personalidades (voluntarismo), en
la casualidad o en el creador de la naturaleza (Cuvier). El movimiento
incluye en sí tanto el cambio cuantitativo gradual (evolución) como su
interrupción (revolución). Ésta no es fruto de la arbitrariedad, sino que
constituye un proceso objetivo en el que se superan las viejas
contradicciones, que alcanzan «un grado máximo de tensión» y el fenómeno a
que ello da origen se desarrolla en virtud de nuevas contradicciones. De
ahí que carezca de fundamento la teoría de la evolución emergente, que
reconoce de palabra la aparición de lo cualitativamente nuevo en el
proceso de desarrollo, pero en última instancia niega el autodesarrollo
dialéctico y no ve las premisas de la revolución en la evolución
precedente. Tergiversan, asimismo, la esencia de la evolución y de la
revolución, otros ideólogos de la burguesía y los revisionistas, a quienes
atemoriza la inevitabilidad de la revolución social. El concepto de
evolución también se emplea para designar al desarrollo en el amplio
sentido de la palabra (verbigracia, evolución del mundo orgánico) y, en
este caso, se entiende por evolución el movimiento que incluye en sí
cambios cuantitativos y cualitativos.
Evolucionismo vulgar
Teoría según la cual el desarrollo se concibe como un
simple aumento o disminución de las propiedades iniciales de un fenómeno
cualquiera, se niega que el desarrollo se efectúe a saltos, que los
cambios cuantitativos se transformen en cualitativos, que se pase de una
cualidad a otra; es antípoda de la dialéctica. El evolucionismo vulgar
constituye la base filosófica del reformismo y del oportunismo;
actualmente se ha convertido en en fundamento metodológico de las teorías
burguesas sobre la «transformación» del capitalismo en socialismo. Una de
sus manifestaciones es, en biología, el denominado preformismo.