Existencia
(del latín «existentia», existencia). 1. Es toda la
diversidad de las cosas variables en su conexión e interacción. No es
posible reducir la existencia de las cosas ni a su esencia interna ni
exclusivamente a su manera de existir. Son erróneas las teorías
filosóficas que han situado la esencia de las cosas, su fundamento, por
encima de su existencia concibiendo esta última como algo bajo, casual y
de corta duración. Pero también es errónea la teoría que estima la
existencia de las cosas como superior a su esencia, considerando que esta
última no existe en absoluto o como algo inaccesible, fuera del alcance de
la cognición y de la práctica del hombre. El criterio acertado, en esta
cuestión, estriba en que ni la esencia es posible sin la existencia (en
este caso se obtiene la idea del imperio de la inmovilidad absoluta, que
nada tiene de común con la vida real de la naturaleza y de la sociedad) ni
la existencia es posible sin la esencia (en este caso, se fija sólo lo
externo, lo inquieto, lo casual). Únicamente la unidad de existencia y
esencia, de ser y de devenir, permite comprender todo lo existente. 2.
Categoría fundamental del existencialismo, introducida en «la
terminología filosófica por Kierkegaard. Se entiende por existencia
el «ser» interno aprehendido por la conciencia, del hombre; «ser» distinto
de la existencia empírica, que no es la real. La existencia como
posibilidad del ser está determinada por el hombre mismo, por su deseo,
pero tiene sus raíces (por ejemplo, según Jaspers) en cierta
«trascendencia» misteriosa, es decir en Dios. La existencia no llega a
conocerse, sino que se «ilumina» o se «revela» en «momentos críticos»
(ataraxía, acto heroico, muerte, &c). En los existencialistas,
esta categoría sirve para fundamentar el irracionalismo y el relativismo
moral.
Existencialismo
(del latín «existentia»: existencia). Filosofía de la
existencia, corriente irracionalista de la filosofía burguesa
contemporánea; surgió (después de la primera guerra mundial en Alemania, y
luego en Francia; después de la segunda guerra mundial en otros países,
entre ellos los Estados Unidos) como intento de crear una nueva concepción
del mundo en consonancia con los estados de ánimo de la intelectualidad
burguesa. El término «existencialismo» fue introducido por el neokantiano
Fritz Heinemann (1929). Las fuentes ideológicas del existencialismo son:
la filosofía de la vida, la fenomenología de Husserl, la
doctrina místico-religiosa de Kierkegaard. Se distingue el
existencialismo religioso (Marcel, Jaspers, Berdiáiev, Buber) y el ateo
(Heidegger, Sartre, Camus). En la filosofía de la [164] existencia
ha hallado su reflejo la crisis del liberalismo burgués, incapaz de dar
respuestas científicas a las cuestiones planteadas por el hacer práctico
social e histórico de nuestros días, liberalismo impotente para explicar
la inestabilidad y la desorganización de la vida humana en la sociedad
burguesa, los sentimientos de angustia, desesperación y desolación
inherentes al hombre de dicha sociedad. El existencialismo constituye una
reacción irracionalista al racionalismo de la Ilustración y a la filosofía
clásica alemana. Afirman los filósofos existencialistas que el principal
vicio del pensamiento racional estriba en tomar como punto de partida el
principio de la contraposición entre sujeto y objeto, o sea, el dividir el
mundo en dos esferas: la objetiva y la subjetiva. El pensamiento racional
veía toda la realidad, incluido el hombre, tan sólo como objeto, como
«esencia», como algo ajeno al hombre. La filosofía auténtica, desde el
punto de vista del existencialismo, ha de partir de la unidad entre sujeto
y objeto. Dicha unidad se halla encarnada en la «existencia», es decir, en
cierta realidad irracional. Según la doctrina existencialista, para
adquirir conciencia de sí mismo como «existencia» el hombre ha de
encontrarse en una «situación límite», por ejemplo, ante la faz de
la muerte. Ello hace que el mundo se convierta para el hombre en
«íntimamente próximo». Se declara que el procedimiento verdadero de
cognición o, según el existencialismo, de penetración en el mundo de la
«existencia», es la intuición («experiencia existencial» en Marcel,
«comprensión» en Heidegger, «iluminación existencial» en Jaspers), que es
el método fenomenológico de Husserl irracionalmente interpretado. En el
existencialismo, ocupa un importante lugar el planteamiento y la solución
del problema de la libertad, definida como «elección» que hace el hombre
de una posibilidad entre innumerables posibilidades. El carácter
voluntarista de la explicación que el existencialismo da de la libertad
estriba en separar la «elección» de las circunstancias, es decir, estriba
en aislar de la necesidad objetiva, de las leyes, al hombre. En última
instancia, los existencialistas convierten el problema de la libertad en
un problema puramente ético y entienden la libertad, según el espíritu del
individualismo extremo, como libertad del individuo respecto a la
sociedad. El existencialismo ha ejercido sensible influencia sobre el arte
y la literatura burgueses de nuestros días y, por este conducto, sobre la
mentalidad de una sensible parte de la intelectualidad burguesa. La
actitud política reaccionaria de la mayoría de los filósofos
existencialistas se halla íntimamente vinculada a sus concepciones
filosóficas («Man»).
Existencialismo en estética
Teoría idealista subjetiva del arte y de la creación
artística. Está representada por las concepciones de los existencialistas
alemanes, franceses y de otros países (Karl Jaspers: «Strindberg y van
Gogh», 1922; Gabriel Marcel: «Existencia y libertad humana en Jean Paul
Sartre» 1946; Albert Camus: «Discurso en Suiza», 1957). Las ideas
existencialistas aparecieron por primera vez en los sonetos y en las
elegías del poeta austríaco Rilke (1875-1926); más tarde, penetraron en el
arte y en la literatura de muchos países burgueses. Tales ideas encuentran
su más nítida plasmación en las obras de Camus («La peste» «El
extranjero»), de Simone de Beauvoir («Todos los hombres son mortales» «La
sangre de otros») y de Sartre («Los caminos de la libertad», «El diablo y
el buen Dios», «La náusea» y otras). Según la estética existencialista,
han de ser objeto de la representación artística la «iluminación de la
existencia» (es decir, la vivencia irracional del individuo) y los
fenómenos que dan origen a tal «iluminación». Exhortando a los artistas a
reproducir los bajos impulsos y las «facetas sombrías» de la existencia
humana, la estética de los existencialistas «ateos» enlaza con el
naturalismo. A juicio de los existencialistas «religiosos», el arte
es una «cifra», un signo de las fuerzas del más allá, un «reino
intermedio» entre el mundo y la «unidad divina», una coincidencia entre la
experiencia religiosa y la estética». Los existencialistas valoran el
talento del artista por el modo cómo éste trata, con cifras, de la
existencia, de la originalidad del individuo y de sus situaciones
límite». Ven la misión principal del arte en despertar las vivencias
subconscientes del ser humano. La estética del existencialismo es un
reflejo de la degeneración espiritual de la burguesía moderna.