Fetichismo
(del portugués «feitiço»: artificial, fabricado).
Veneración de objetos y fenómenos de la naturaleza; es una de las formas
tempranas de la religión de la sociedad primitiva. El término «fetichismo»
fue propuesto por el historiador y lingüista francés Charles de Brosses
(1760). Al no conocer la esencia de los objetos materiales, el hombre les
atribuía propiedades sobrenaturales, creía que dichos objetos (fetiches)
daban satisfacción a sus necesidades. El fetichismo se halla relacionado
con el totemismo y con la magia. Forma parte de muchas
religiones modernas (adoración de iconos, de la cruz) (Fetichismo de la
mercancía).
Fetichismo de la mercancía
Representación tergiversada, falsa e ilusoria del hombre
acerca de las cosas, mercancías y relaciones de producción; surge cuando
impera el régimen de la producción de mercancías basado en la propiedad
privada, sobre todo bajo el capitalismo. La aparición del fetichismo de la
mercancía se explica por el hecho de que los vínculos de producción entre
los individuos, en la sociedad basada en la propiedad privada, no se
establecen de manera directa, sino a través del intercambio de cosas en el
mercado, a través de la compra y venta de mercancías, adoptan la envoltura
de una mercancía (se materializan), y, como consecuencia, adquieren el
carácter de relaciones entre cosas, se convierten aparentemente en
propiedades de las cosas, de las mercancías. Las cosas, las mercancías
creadas por los hombres empiezan, en apariencia, a dominar sobre los
propios hombres. Esta materialización de las relaciones de producción
entre los hombres, de la dependencia en que el hombre se encuentra
respecto al movimiento espontáneo de las cosas, de las mercancías,
constituye la base objetiva del fetichismo de la mercancía. En los hombres
surge la idea ilusoria de que las cosas mismas, las mercancías, por su
propia naturaleza, poseen ciertas propiedades misteriosas, que en realidad
no poseen. El fetichismo de la mercancía oculta la verdadera situación: la
subordinación del trabajo al capital, la explotación de la clase obrera.
En la superficie de los fenómenos, los relaciones entre los capitalistas y
los obreros aparecen como relaciones entre poseedores iguales de
mercancías. Todas las ideas ilusorias sobre la igualdad y la libertad
engendradas por el capitalismo se apoyan en dicha forma tergiversada,
inevitable en la sociedad capitalista, en que se manifiestan las
categorías económicas. La economía política burguesa, vulgar, utiliza el
fetichismo de la mercancía con el propósito de encubrir la auténtica
naturaleza del capital y ocultar la causa verdadera de la explotación de
la clase obrera. El primero en develar el secreto del fetichismo de la
mercancía, sus raíces, su base objetiva, fue Marx. El fetichismo de la
mercancía tiene un carácter histórico; desaparecerá cuando se aniquile el
modo capitalista de producción.