[MATEMATICAS]
Los
llamados axiomas matemáticos constituyen las contadas determinaciones
discursivas de que necesitan las matemáticas como punto de partida. Las matemáticas
son la ciencia de las magnitudes; su punto de partida es el concepto de
magnitud. El matemático define de un modo manco este concepto y añade luego
exteriormente, como axiomas, las otras determinaciones elementales de la
magnitud que no entran en la definición, presentándose así como
determinaciones no demostradas y, como es natural, no demostrables tampoco
matemáticamente. Un análisis
de la magnitud nos aportaría todas estas determinaciones axiomáticas como
determinaciones necesarias de aquélla. Spencer tiene razón cuando afirma
que, al considerar nosotros estos axiomas como
evidentes
por sí
mismos, lo que hacemos
es repetir lo que se nos ha transmitido por
herencia. Los tales axiomas pueden demostrarse dialécticamente,
cuando no se trata de simples tautologías.1
*
Lo matemático.2 Nada parece descansar sobre una base tan
inconmovible como la diferencia entre las cuatro reglas, elementos de toda
matemática. Y, sin embargo, en seguida se ve que la multiplicación es una
suma abreviada y la división la resta condensada de un número determinado de
magnitudes numéricas iguales, y en uno de sus casos -cuando el divisor es un
quebrado- la división se opera multiplicando por el quebrado invertido. Y en
el cálculo algebraico se va todavía más allá. Toda resta (a - b)
puede representarse como una suma (- b +
a), y toda división a/b como
una multiplicación a x 1/b . Y
más allá todavía se llega en el cálculo a base de magnitudes elevadas a
una potencia. Aquí desaparecen las diferencias fijas entre las cuatro reglas
y todo puede presentarse bajo la forma inversa. Una potencia puede presentarse
como raíz (x2 = Öx4)
o una raíz como potencia (Öx = x
1/2). La unidad dividida por una potencia o la raíz como potencia
del denominador (1/Öx = x - 1/2 ; 1/x3 = x3
). La multiplicación o la división de las potencias de una magnitud se
convierte en la suma o la resta de sus exponentes. Todo número puede
concebirse y presentarse como potencia de otro (logaritmos, y = ax). Y esto
de convertir una forma
220
221
en la contraria no constituye un
juego ocioso, sino una de las más poderosas palancas manejadas por la ciencia
matemática, sin la que difícilmente podría plantearse un cálculo un tanto
complicado. No llegaríamos muy lejos en ellas, si borrásemos de las matemáticas
las potencias negativas y las fraccionarias.
(- . - = +, ¸ = +,
Ö-1,
etc., debe exponerse antes.)
El
punto de viraje de las matemáticas fue la magnitud
variable de Descartes. Esto introdujo en las matemáticas el movimiento
y, con él, la dialéctica y también, por tanto, necesariamente, el cálculo
diferencial e integral, que comienza inmediatamente, a partir de ahora, y
que Newton y Leibniz, en general, perfeccionaron, pero no inventaron.
*
Cantidad y cualidad.3
El número es la determinación cuantitativa más pura que
conocemos. Está lleno, sin embargo, de diferencias cualitativas. 1) Hegel, número
y unidad, multiplicar, dividir, potenciar, extraer raíces. Ya esto trae
consigo, cosa que Hegel no señala, diferencias cualitativas: números primos
y productos, raíces simples y potencias. 16 no es solamente la suma de 16
unidades, sino que es también el cuadrado de 4 y la cuarta potencia de 2. Más
aún. Los números primos comunican a los números derivados de ellos al ser
multiplicados por otros, nuevas cualidades fijas y determinadas: solamente los
números pares son divisibles por 2, y lo mismo por 4 y por 8. Para 3 rige la
regla de la suma de los valores abstractos de las cifras, y lo mismo ocurre
con el 9 y el 6, en este último caso en combinación con el número par. Para
el 7 rige una regla especial, en la que se basan los trucos con números, que
a los no iniciados les parecen inconcebibles. Es falso, pues, lo que Hegel
dice ("Cantidad", pág.
237)4 de que la aritmética es ausencia de pensamiento. Cfr., sin
embargo, "Medida".5
Cuando
las matemáticas entran a hablar de lo infinitamente grande y lo infinitamente
pequeño, introducen una diferencia cualitativa, que se manifiesta incluso
como una antítesis cualitativa insuperable: cantidades tan enormemente
distintas unas de otras, que cesa toda proporción racional, toda comparación
entre ellas, hasta el punto de ser ya cuantitativamente inconmensurables. La
inconmensurabilidad usual que media, por ejemplo, entre la circunferencia y su
diámetro entraña también una diferencia cualitativa dialéctica; pero aquí,6
es la diferencia cuantitativa entre
magnitudes similares la que eleva
hasta lo inconmensurable la diferencia cualitativa.
222
Número.7
Cada número de por sí adquiere ya una cualidad propia dentro
del sistema de numeración de que se trate, y según sea éste. El 9 no es
solamente el 1 sumado nueve veces, sino la base para 90, 99, 990.000, etc.
Todas las leyes numéricas dependen del sistema adoptado y se hallan
condicionadas por él. Así, en el sistema diádico y triádico 2X2
no = 4, sino = 100 o = 11. La diferencia
entre números pares e impares desaparece en todo sistema en que el número básico
sea impar; por ejemplo, en el pentasistema 5 = 10, 10 = 20, 15 =
30. Y, de igual modo, en este mismo sistema, las sumas de los números dígitos
3 n de productos del 3 o del 9 (6 =
11, 9 = 14). Por tanto, el número básico no determina solamente su propia
cualidad, sino también la de todos los demás números.
Y la
cosa va todavía más allá con la potenciación de los números: cada número
debe concebirse como la potencia de cualquier otro, y hay tantos sistemas de
logaritmos como números enteros y quebrados.
*
Uno.8 Nada parece más simple que la
unidad cuantitativa y nada es más variado que ella, cuando la ponemos en
relación con la correspondiente pluralidad e indagamos los diferentes modos
como surge, partiendo de ésta. El uno es, ante todo, el número básico de
todo el sistema numérico positivo y negativo y todos los demás números van
apareciendo al sumarse al anterior el uno. El uno es la expresión de todas
las potencias positivas, negativas y fraccionarias de uno: 12,
Ö1, 1-2
son todos igual a uno.- El uno es
el valor de todos los quebrados que tengan igual numerador y denominador. Es
la expresión de todo número elevado a la potencia 0. Y por tanto, el único
número cuyo logaritmo es el mismo en todos los sistemas, a saber = 0. El uno
es, por consiguiente, el límite que separa en dos partes todos los posibles
sistemas logarítmicos: si la base es mayor que uno, tendremos que los
logaritmos de todos los números que pasen de uno serán positivos y los de
los inferiores a uno negativos; y, a la inversa, si la base es menor que uno.
Así,
pues, si todo número lleva en sí mismo la unidad, por cuanto que se forma
mediante la suma de unidades, el número uno contiene, además, a todos los
otros. No sólo en cuanto a la posibilidad, por cuanto que se forman añadiendo
el número uno, sino también en la realidad, puesto que el uno constituye una
determinada potencia de cualquier otro número. Pero los mismos matemáticos
que, sin inmutarse, interpolan en sus cálculos, donde mejor les parece, x0
= 1 o un quebrado cuyo numerador y denominador son iguales y que, por tanto,
representan uno, lo que quiere decir que emplean matemáticamente la
pluralidad contenida
223
en la unidad, arrugan la nariz y
fruncen el ceño cuando se les dice, empleando una fórmula general, que
unidad y pluralidad son conceptos inseparables que se condicionan mutuamente y
que la pluralidad se contiene en la unidad, ni más ni menos que ésta en la
pluralidad. Y hasta qué punto es verdad esto lo vemos tan pronto como nos
salimos del terreno de los números abstractos. Ya cuando se trata de medir líneas,
superficies y volúmenes se ve que podemos tomar como unidad la magnitud que
mejor nos parezca del orden apropiado, y otro tanto ocurre cuando se plantea
la necesidad de medir el tiempo, el peso, el movimiento, etc. Para medir una célula
resultan ya excesivamente grandes el milímetro y el miligramo, y para medir
la distancia a que se hallan las estrellas o la velocidad de la luz, el kilómetro
resulta ya tan incómodamente pequeño como el kilogramo para pesar las masas
planetarias, y no digamos las masas solares. Lo cual muestra bien
palpablemente cuánta pluralidad y multiplicidad se contiene en el concepto, a
primera vista tan simple, de la unidad.
*
El
cero no carece de contenido porque sea la negación de toda cantidad
determinada. Por el contrario, tiene un contenido muy definido. Como línea
divisoria entre todas las magnitudes positivas y negativas, como único número
realmente neutral, que no puede ser ni + ni -, no
sólo es un número muy determinado, sino que es, además, de por sí, más
importante que todos los otros números deslindados por él. El cero tiene, en
realidad, mayor plenitud de contenido que cualquier otro número. Colocado a
la derecha de éste le atribuye, en nuestro sistema de numeración decimal, el
décuplo de su valor. Podría, ciertamente, emplearse en vez del cero
cualquier otro signo, pero a condición de que este signo, por separado,
equivaliese al cero, fuese = 0. Es, pues, la propia naturaleza del cero la que
hace que desempeñe esta función y que no pueda desempeñar otra. El cero
anula cualquier otro número por el que se multiplique; y, al combinarse con
otro número como divisor o como dividendo convierte a este número, en el
primer caso, en infinitamente grande y, en el segundo, en infinitamente pequeño;
es el único número que guarda con cualquier otro una relación infinita.
0/0 puede expresar
cualquier número comprendido entre -¥
y +¥, representando en todo caso una magnitud real.
El
contenido real de una ecuación sólo resalta claramente cuando todos los términos
de ella se han puesto a uno de los lados, con lo que la ecuación se reduce al
valor de cero, que es lo que se hace, en
efecto, en
las ecuaciones de
segundo grado
y lo
que
224
constituye casi una regla general
en el álgebra superior. La función F
(x, y) = 0 puede, así, expresarse como igual a z, y esta
z, aunque es = 0, aparecer
diferenciada como una variable subordinada corriente, determinada en cuanto a
su cociente diferencial parcial.
Lo
negativo de toda cantidad sigue siendo de por sí algo cuantitativamente
determinado, y solamente por esta razón es posible calcularlo a base del
cero. Los mismos matemáticos que, como más arriba veíamos, operaban
desembarazadamente con el cero, es decir, que lo manejaban como una
representación cuantitativa determinada, poniéndolo en relaciones
cuantitativas con otras representaciones de cantidades, se llevan las manos a
la cabeza cuando leen esto en Hegel, reducido a una fórmula general, en los
siguientes términos: la nada de un algo es una determinada
nada.9
Veamos
ahora lo que ocurre en la geometría (analítica). El cero es aquí un
determinado punto, a partir del cual se mide en una línea, en una dirección
de un modo positivo y en la otra de un modo negativo. Por tanto, el punto cero
no sólo tiene aquí una importancia tan grande como cualquier otro punto que
marca una magnitud positiva o negativa, sino que tiene una importancia mucho
mayor que todos ellos, ya que es el punto del que todos éstos dependen, al
que todos se refieren y por el que todos se determinan. En muchos casos, este
punto puede, incluso, establecerse de un modo totalmente arbitrario. Pero, una
vez establecido, permanece como el punto central de toda la operación y, no
pocas veces, determinada incluso la dirección de la línea en que deben
insertarse los demás puntos, los puntos finales de la abscisa. Si, por
ejemplo, para llegar a la ecuación del círculo, tomamos como punto cero un
punto cualquiera de la periferia, la línea de las abscisas tiene que pasar
necesariamente por el centro del círculo. Y todo esto que decimos se aplica
del mismo modo a la mecánica, donde, para calcular el movimiento, el punto
cero que en cada caso se establece forma el punto central y angular de toda la
operación. El punto cero del termómetro constituye el límite inferior muy
definido de la sección de la escala de la temperatura dividida en el número
de grados que se desee, sirviendo así de medida de las gradaciones de
temperatura que se dan en ella misma o de temperaturas más altas o más
bajas. También aquí representa, pues, el cero un punto muy esencial. E
incluso el punto cero absoluto del termómetro no representa, en modo alguno,
una negación pura y abstracta, sino un estado muy definido de la materia: el
límite a partir desaparece hasta el último rastro de movimiento
independiente de la molécula. y la materia actúa ya solamente en cuanto
masa. Dondequiera que vemos un cero,
éste representa
algo muy
determinado, y
su
225
aplicación práctica en geometría,
en mecánica, etc., demuestra que este cero es más importante -como límite-
que todas las magnitudes ralmente delimitadas por él."
*
Potencias cero.11 importantes, en la serie de logaritmos: 100
101 102 103 log. Todas las variables pasan de
un modo o de otro, a través de la unidad; también, por tanto, la constante
en potencia variable ax
= l, cuando x = 0. a0
= 1 no significa otra cosa que el concebir la unidad en conexión con
los otros miembros de la serie de potencias de
a, pues solamente así, y no
de otro modo, tiene un sentido y puede conducir a resultados (åx0
= x/w).12 De donde se sigue que también la unidad, por muy idéntica
consigo misma que parezca ser, encierra dentro de sí una variedad infinita,
en cuanto que puede ser la potencia 0 de cualquier otro posible número, y que
esta variedad no es algo puramente imaginario se demuestra cuantas veces la
unidad se concibe como una unidad determinada, como uno de los resultados
variables de un proceso (como momentánea magnitud o forma de una variable) en
relación con este proceso.
*
Ö-1.
Las magnitudes negativas del álgebra sólo son reales siempre y cuando que se
refieran a magnitudes positivas y solamente dentro de la relación que guardan
con éstas; fuera de ella, consideradas de por sí, son puramente imaginarias.
En la trigonometría y en la geometría analítica, así como en las ramas de
las matemáticas superiores basadas en ellas, expresan una determinada dirección
del movimiento, contrapuesta a la positiva; pero los senos y las tangentes del
círculo pueden calcularse tanto desde el cuadrante derecho superior como
desde el derecho inferior, invirtiendo directamente, así, el más y el menos.
Y de modo parecido, en la geometría analítica, las abscisas pueden
calcularse partiendo de la periferia o del centro del círculo, y en todas las
curvas pueden calcularse partiendo de la curva en la dirección que
generalmente se señala como menos [o] en la dirección que se quiera, dando
siempre una ecuación racional y exacta de la curva. El más, aquí, es
simplemente el complemento del menos, y viceversa. Pero la abstracción del álgebra
las considera [a las magnitudes negativas] como magnitudes positivas reales e
independientes, incluso al margen de toda relación con una magnitud mayor.13
Matemáticas.14
Al sano sentido común se le
antoja absurdo reducir a una serie infinita y, por tanto, a algo indeterminado
una determinada magnitud, por ejemplo un binomio. Pero
¿qué sería de
226
nosotros sin las series infinitas
y el principio del binomio?
*
Asíntotas.15
La geometría comienza con el descubrimiento de
que entre la recta y la curva media una antítesis absoluta, de que lo recto
no puede en modo alguno expresarse en lo curvo ni esto en lo recto, de que lo
uno y lo otro son inconmensurables entre sí. Y, sin embargo, no hay más
manera de calcular el círculo que expresando su periferia en líneas rectas.
Pero en las curvas con asíntotas lo recto se pierde totalmente en lo curvo, y
viceversa; exactamente lo mismo que la noción del paralelismo: las líneas no son
paralelas, van acercándose constantemente y, sin embargo, no llegan a
encontrarse nunca; el trazo de la curva va haciéndose cada vez más recto,
pero sin llegar a serlo nunca por entero, del mismo modo que en la geometría
analítica la línea recta es considerada como una curva de primer grado con
una curvatura infinitamente pequeña. Por muy, grande que llegue a ser el -x de
la curva logarítmica, y no podrá ser nunca = 0.
*
Recta y curva 16 aparecen equiparadas, en última instancia en el cálculo
diferencial: en el triángulo diferencial, cuya hipotenusa forma la
diferencial del cálculo (en el método tangencial), puede considerarse esta
hipotenusa "como una pequeña línea recta que es, al mismo tiempo,
elemento del arco y elemento de la tangente", ya se considere la curva
como integrada por infinitas líneas rectas o se la considere "como una
curva fija; puesto que la curvatura es en cada punto, M, infinitamente pequeña,
no
cabe duda de que la última relación
existente entre el elemento de la curva y el de la tangente es una relación de igualdad".17 Por tanto, también aquí, aunque la relación
se
acerca siempre a la igualdad, pero la
naturaleza de la curva es siempre asintótica, puesto que el contacto se limita
a un punto,
carente
de longitud, se acepta en última instancia que se ha llegado a la igualdad
entre lo recto y lo curvo (Bossut, Calcul
diff. et intégr., París, An VI, I, pág. 149).18 En las curvas polares,19
incluso se considera la abscisa imaginaria diferencial como paralela a la
real, operándose en este sentido, aunque ambas se encuentran en el polo; más
aún, se llega, partiendo de aquí, a la conclusión de que existe semejanza
entre dos triángulos, uno de los cuales presenta un ángulo precisamente en
el punto de intercesión de ambas líneas, sobre cuyo paralelismo se cifra
toda la semejanza (figura 17).20
Allí
donde termina sobre poco más o menos la matemática de lo recto y lo curvo,
se abre una nueva
trayectoria, casi infinita con
227
la matemática que concibe lo curvo como recto (triángulo
diferencial) y lo recto como
curvo (curva de primer grado, con una
curvatura infinitamente pequeña). ¡Oh metafísica!
*
Trigonometría.21
Una vez que la geometría sintética ha agotado
las cualidades de un triángulo, considerado de por sí, y ya no tiene nada
muevo que decir acerca de él, se abre un nuevo horizonte a través de un método
muy simple y absolutamente dialéctico. El triángulo, ahora, no es considerado
ya en y de por sí, sino en relación con otra figura, en relación con el círculo.
Todo triángulo rectángulo puede considerarse como formando parte de un círculo.
Si la hipotenusa = r, los catetos serán sin y cos, y si un cateto = r,
el
otro = tg y la hipotenusa = sec. De
este modo, los lados y los ángulos se comportan entre sí en determinadas y muy
distintas relaciones, que sería imposible descubrir y utilizar sin este
contacto entre el triángulo y el círculo, y de este modo se desarrolla una
teoría totalmente mueva del triángulo, que supera con mucho a la antigua y que
puede aplicarse siempre, ya que todo triángulo puede reducirse a dos ángulos
rectos. Este desarrollo de la trigonometría, al que se llega partiendo de la
geometría sintética, es un buen ejemplo de dialéctica, del modo como ésta ve
siempre las cosas en su conexión, y no aisladas unas de otras.
*
Identidad y diferencia: la
relación dialéctica se contiene ya en el cálculo diferencial, donde
dx
es infinitamente pequeño y, sin
embargo, se manifiesta como eficiente y lo hace todo.`
*
Molécula y diferencial.23 Wiedemann
(III, pág. 636)24 contrapone directamente la distancia
finita
y la
distancia molecular.
SOBRE
LOS PROTOTIPOS DE LO INFINITO MATEMÁTICO
EN
EL MUNDO REAL25
Sobre págs. 17-1826: Concordancia de pensamiento y ser.
Lo
infinito, en matemáticas.
El
hecho de que nuestro pensamiento subjetivo y el mundo objetivo se rigen por
las mismas leyes, razón por la cual no pueden
228
llegar, en última instancia, a
resultados contradictorios entre sí, sino que estos resultados tienen que ser
coincidentes, domina en absoluto todo nuestro pensar teórico. Constituye la
premisa inconsciente e incondicional de éste. El materialismo del siglo XVIII
no llegó a investigar esta premisa más que en cuanto a su contenido, por razón
del carácter esencialmente metafísico de aquella concepción. Se limitó a
demostrar que el contenido de todo pensamiento y de todo saber se derivan
necesariamente de la experiencia sensible, restableciendo el principio de nihil est in intellectu, quod non fuerit in sensu ["Nada
se da en el entendimiento que no se diera previamente en los sentidos"].
Ha sido la moderna filosofía idealista, dialéctica al mismo tiempo, y
principalmente Hegel, quien primero ha investigado dicha premisa ateniéndose
también a su forma. Pese a las innumerables construcciones caprichosas y
fantasías con que aquí nos encontramos, pese a la forma idealista,
invertida, de su resultado, de la unidad entre el pensamiento y el ser, es
innegable que esta filosofía ha demostrado a la luz de una serie de casos y
en los campos más diversos la analogía existente entre los procesos del
pensamiento y los procesos naturales e históricos, y a la inversa, y la
vigencia de las mismas leyes para todos estos procesos. De otra parte, las
modernas ciencias naturales han ampliado el principio según el cual todo
contenido discursivo nace de la experiencia de tal modo, que se vienen a
tierra sus viejas limitación y formulación metafísicas. Al reconocer la
transmisión hereditaria de las cualidades adquiridas, estas ciencias
desplazan el sujeto de la experiencia del individuo a la especie; deja de ser
un factor obligado el sujeto individual, con su experiencia propia, desde el
momento en que su experiencia individual puede ser suplida hasta cierto punto
por los resultados de las experiencias de una serie de antepasados suyos. Así,
por ejemplo, el hecho de que cualquier niño de ocho años considere hoy los
axiomas matemáticos como verdades evidentes que no requieren demostración,
es simplemente el resultado de una "herencia acumulada". A un
bosquimano o a un negro australiano difícilmente se le inculcarían por medio
de la prueba.
En
esta obra27 se concibe la dialéctica como la ciencia de las leyes
más generales de todo movimiento. Esto significa que sus leyes deben regir
tanto para el movimiento en la naturaleza y en la historia humana como para el
que se da en el campo del pensamiento. Puede ocurrir que una de estas leyes se
reconozca en dos de las tres esferas citadas e incluso en las tres, sin que el
rutinario metafísico se percate de que la y por él reconocida es en todos
los casos la misma.
Pongamos
un ejemplo. De todos los progresos teóricos que se conocen,
tal vez ninguno represente un triunfo tan
alto del espíritu
229
humano como la invención del cálculo
infinitesimal, en la segunda mitad del siglo XVII Si en alguna parte asistimos
a una hazaña pura y exclusiva del espíritu humano, es precisamente aquí. El
misterio que todavía rodea a las magnitudes que se manejan en el cálculo
infinitesimal -a las diferenciales y a los infinitos de diversos grados-
constituye la mejor prueba de que se sigue creyendo que se está, en este
terreno, ante puras "creaciones e imaginaciones libres"28 del
espíritu humano, para las que no se encuentra equivalencia alguna en el mundo
objetivo. Pero lo que en realidad ocurre es lo contrario. Todas estas
magnitudes imaginarias tienen su modelo en la naturaleza.
Nuestra
geometría parte de las relaciones del espacio y nuestra aritmética y nuestra
álgebra arrancan de magnitudes numéricas que corresponden a nuestras
relaciones terrenales y, por tanto, a las magnitudes de los cuerpos que la mecánica
llama masas; masas como las que se dan en la tierra y son movidas por los
hombres. En comparación con ellas, la masa de la tierra se presenta como algo
infinitamente grande, y así, como infinitamente grande, es tratada también
por la mecánica terrestre. Radio de la tierra
=
¥, es el principio de toda mecánica en la ley de la gravitación. Pero, no sólo
la tierra, sino todo el sistema solar y las distancias que en él se dan
aparecen, a su vez, como magnitudes infinitamente pequeñas, tan pronto como
nos ocupamos del sistema planetario, visible para nosotros por medio del
telescopio y en sus distancias, mensurables en años-luz. Al llegar aquí,
estamos, pues, ante un infinito, no ya de primer grado, sino de segundo, y
podemos dejar que la fantasía de nuestros lectores se encargue de construirse
a su gusto otros infinitos de grado todavía superior, dentro del espacio
infinito, si ello le place.
Pero
las masas terráqueas, los cuerpos con los que opera la mecánica, se hallan
formadas, según la concepción que hoy prevalece en física y en química,
por moléculas, las partículas mínimas, que ya no pueden dividirse sin
destruir la identidad física y química del cuerpo de que se trata. Según
los cálculos de W. Thomson, el milímetro de la más pequeña de estas moléculas
no puede ser inferior a la cincuentamillonésima parte de un milímetro.29 Admitamos que la mayor de las moléculas
alcance un diámetro de la veinticincomillonésima parte de un milímetro;
entre la magnitud de esta masa y la mínima habrá siempre una diferencia
insignificante, con la que operarán la mecánica, la física e incluso la química.
Y, no obstante, esta masa insignificante se hallará dotada de todas las
cualidades propias de la masa de que se trata, podrá representar a la masa en
el campo de la física y en el de la química y la representará realmente en
todas las ecuaciones químicas. En una
palabra, tendrá
con respecto
a la
masa de
que se
trata
230
exactamente las mismas cualidades
que la diferencial matemática con respecto a su variable. Sólo que lo que en
la diferencial, en la substracción matemática, nos parece misterioso e
inexplicable, resulta aquí evidente y palpable, por así decirlo.
Ahora
bien, la naturaleza opera con estas diferenciales, con las moléculas,
exactamente del mismo modo y con arreglo a las mismas leyes que las matemáticas
con sus diferenciales abstractas. Así, por ejemplo, tenemos que la
diferencial de x3 es = 3x2
dx, dejando a un lado 3x dx2
y
dx3. Si
construimos esto geométricamente, obtenemos un cubo con una longitud de lado
x, longitud de lado que se amplía en la magnitud infinitamente pequeña
dx.
Supongamos que este cubo se halle
formado por un elemento sublimado, por ejemplo azufre, que las superficies
laterales se hallen protegidas y las otras tres libres. Si exponemos este cubo
de azufre a una atmósfera de gas sulfúrico y hacemos que su temperatura
descienda lo bastante, veremos que el gas sulfúrico se depositará sobre los
tres lados del cubo libres. Y nos mantendremos por entero dentro del modo de
proceder corriente en la física y en la química si, para representarnos el
caso en toda su pureza, suponemos que sobre cada uno de estos tres lados
comienza depositándose una capa del espesor de una molécula. La longitud
lateral x del cubo ha aumentado en el diámetro de una molécula, dx.
El contenido del cubo x3 ha aumentado en la diferencia entre x3
y x3
+ 3x2 dx + 3xdx2 + dx3, operación en que podemos prescindir, con el
mismo derecho con que lo hacen las matemáticas, de dx3, una molécula, y 3
xdx2, tres
series de moléculas simplemente estratificadas en orden lineal, de longitud
x + dx. El
resultado será el mismo: el aumento de la masa del cubo seguirá siendo de 3x2dx.
De un
modo riguroso, no se dan en el cubo de azufre ni dx3 ni 3xdx2, por la sencilla razón de que no puede haber dos
o tres moléculas en el mismo espacio, y su aumento de masa será, por tanto,
exactamente 3x2dx + 3xdx + dx. Esto se explica por el hecho de
que en matemáticas, dx es
una magnitud lineal, y en la naturaleza no se dan nunca de por sí, como es
sabido, líneas de éstas, sin espesor ni anchura, y las abstracciones matemáticas
sólo tienen vigencia incondicional en las matemáticas puras. Y, desde el
momento en que también éstas hacen caso omiso de 3xdx2 + dx3, no existe diferencia alguna.
Y lo
mismo ocurre con la evaporación. Cuando en un vaso de agua se evapora la capa
molecular superior, la altura del agua, x,
desciende en dx y
la continua evaporación de una
capa molecular tras otra constituyen, de hecho, una diferenciación constante.
Y cuando el vapor
caliente vuelve a condensarse, en una caldera,
en
231
forma de agua por medio
de la presión y el enfriamiento, depositándose una capa molecular tras otra
(operación en la que podemos prescindir de los factores secundarios o
concomitantes que transforman la pureza del proceso), hasta que el vaso se
llena, asistimos literalmente a una integración, que sólo se diferencia de
la integración matemática en que mientras la una se opera conscientemente
por la mente humana, la otra es obra inconsciente de la naturaleza.
Pero
estos procesos, absolutamente análogos a los del cálculo infinitesimal, no
se efectúan solamente en el tránsito de los estados líquidos a los
gaseosos, y viceversa. Guando el movimiento de masas se supera en cuanto tal
-por el impacto- y se trueca en calor, en movimiento molecular, ¿qué otra
cosa ha ocurrido sino que el movimiento de masas se ha diferenciado? Y cuando
los movimientos moleculares del vapor en el cilindro de la máquina de vapor
se suman de tal modo que elevan el pistón en un determinado grado, que se
truecan en movimiento de masas, ¿acaso no se han integrado? La química
disuelve las moléculas en átomos, magnitudes de masa menor y de menor
extensión en el espacio, pero magnitudes del mismo orden, entre las cuales
existen, por tanto, determinadas relaciones finitas. Todas las ecuaciones químicas
que expresan la composición molecular de los cuerpos son, por tanto, en
cuanto a la forma, ecuaciones diferenciales. Pero ya se hallan, en realidad,
integradas por los pesos atómicos que en ellas figuran. La química opera, en
efecto, a base de diferenciales, cuyas mutuas relaciones de magnitud son ya
conocidas.
Ahora
bien, los átomos no se consideran solamente, en modo alguno, como las simples
partículas de la materia o las partículas más pequeñas que se conocen.
Prescindiendo de la misma química, que se inclina cada vez más a pensar que
los átomos no son simples, sino complejos, la mayoría de los físicos
afirman que el éter cósmico, agente de las vibraciones del calor y de la
luz, consta también de partículas discretas, pero tan pequeñas, que se
comportan ante los átomos químicos y las moléculas físicas como éstos con
respecto a las masas mecánicas, es decir, como d2x con
respecto a dx.
Tenemos,
pues, aquí en la concepción hoy usual acerca de la constitución de la
materia, la misma diferencial de segundo grado, sin que haya absolutamente
ninguna razón para que cualquiera que tenga gusto en ello no pueda imaginarse
que también en la naturaleza se dan casos análogos a
d3x, d4x etc.
Así,
pues, de cualquier modo que se piense acerca de la constitución de la
materia, no cabe duda de que se halla estructurada en una serie de grandes
grupos, bien deslindados entre sí, de relativa masa, de tal modo que los
miembros de cada grupo de por sí
se mantienen
unos con
otros en
determinadas relaciones
232
finitas de masa y con respecto a
los de los grupos más cercanos en una relación de magnitud o pequeñez
infinitas, en sentido matemático. Forman cada uno de estos grupos el sistema
planetario visible, el sistema solar, las masas terráqueas, las moléculas y
los átomos y, por último, las partículas del éter. Ya para nada altera la
cosa el hecho de que encontremos eslabones intermedios entre los distintos
grupos. Así, por ejemplo, entre las masas del sistema solar y las masas terráqueas
tenemos los asteroides, el diámetro de algunos de los cuales no excede en
extensión de la frontera más reciente del principado de Reuss,30
los meteoros, etc. Y entre las masas terráqueas y las moléculas aparece, en
el mundo orgánico, la célula. Estos eslabones intermedios no hacen más que
demostrar que en la naturaleza no existen saltos, precisamente
porque toda ella está hecha de saltos.
Tan
pronto como la matemática opera con magnitudes reales, aplica sin más esta
manera de concebir. Para la mecánica terrestre, la masa de la tierra es ya
una magnitud infinitamente grande, lo mismo que para la astronomía las masas
terráqueas y los meteoros, correspondientes a ellas, son magnitudes
infinitamente pequeñas, y se le escapan, del mismo modo, las distancias y las
masas de los planetas del sistema solar, tan pronto como, remontándose sobre
las estrellas fijas más cercanas, se pone a investigar la constitución de
nuestro sistema planetario. Pero, tan pronto como el matemático se parapeta y
se hace fuerte en su inexpugnable fortaleza de la abstracción, caen en el
olvido todas aquellas analogías, lo infinito se convierte en algo totalmente
misterioso y el modo como se opera a base de ello en el análisis pasa a ser
algo puramente inconcebible, en contradicción con toda la experiencia y todo
el entendimiento. Las necedades y los absurdos con que los matemáticos han
disculpado más que explicado este su modo de operar, que, por muy extraño
que ello parezca, conduce siempre a resultados exactos, superan a las peores
fantasías reales y aparentes de la filosofía hegeliana de la naturaleza, por
ejemplo, de las que los matemáticos y los naturalistas hablan con
incontenible horror. Sin darse cuenta de que lo que reprochan a Hegel, o sea
el llevar las abstracciones hasta el máximo, lo hacen ellos mismos en
proporciones mucho mayores. Se olvidan de que todas las llamadas matemáticas
puras operan con abstracciones, de que todas
sus magnitudes son, en rigor, magnitudes puramente imaginarias y de que
todas las abstracciones, llevadas al extremo, se truecan en contrasentidos o
en lo contrario de lo que son. El infinito matemático está tomado, aunque
sea de un modo inconsciente, de la realidad, razón por la cual sólo puede
comprenderse partiendo de la realidad y no de él mismo, de la abstracción
matemática. Y si investigamos la
realidad
233
en esta dirección, encontramos
también en ella, como hemos visto, las relaciones reales de las que está
tomada la relación matemática del infinito, e incluso casos naturales análogos
al modo matemático como actúa esta relación. Con lo cual queda explicado el
asunto.
(Mala
reproducción en Haeckel del pensamiento y la identidad del ser." Pero
también la contradicción entre la
materia continua y la discreta,32
véase Hegel).33
*
El cálculo
diferencial, y sólo él, permite a las ciencias naturales exponer matemáticamente
los procesos, y no solamente los
estados:
movimiento.34
*
Aplicación
de las matemáticas: en la mecánica de los cuerpos sólidos, de un modo
absoluto; en la de los gases, de un modo aproximado; en la de los líquidos, ya
más difícil; en física, de un modo más bien por tanteos y relativo; en química,
simples ecuaciones de primer grado del carácter más simple; en biología = 0.35
[MECANICA
Y ASTRONOMIA]
*
Un
ejemplo de la necesidad de pensar dialécticamente y de no admitir en la
naturaleza categorías y relaciones fijas: la ley de la gravedad, que se
revela ya falsa cuando la caída dura varios minutos, puesto que, en ese caso,
el diámetro de la tierra no puede ya sin incurrir en error equipararse a ¥ y la fuerza de atracción de la
tierra aumenta, en vez de permanecer estacionaria, como presupone la ley de la
gravedad de Galileo. No obstante, esta ley sigue profesándose sin cesar, y se
da de lado a las reservas.1
*
La
atracción y la fuerza centrífuga de Newton, ejemplo de modo metafísico de
pensar: el problema no se resuelve; no hace más que plantearse,
presentándose
el planteamiento como solución. Y otro tanto puede decirse de la disminución
del calor de Clausius.2
*
La gravitación
de Newton.3 Lo mejor que de ella puede decirse es que no
explica, sino que ilustra plásticamente el estado actual del movimiento
planetario. El movimiento es algo dado. Y lo mismo la fuerza de atracción del
sol. ¿Cómo explicarse el movimiento, partiendo de estos datos? Por el
paralelogramo de las fuerzas, por una fuerza tangencial, convertido ahora en
un postulado necesario que debemos aceptar. Lo que quiere decir que,
supuesta la eternidad del
estado de cosas existente, necesitamos un
primer impulso,
necesitamos a Dios. Ahora bien, ni el estado
planetario actual es eterno, ni el movimiento es originariamente compuesto,
sino una simple
rotación, y el paralelogramo de las fuerzas, aplicado aquí, resulta falso, por
cuanto no se limita a poner en claro la magnitud que constituye todavía la
incógnita, la x; es decir, por cuanto Newton pretende, no simplemente plantear la
cuestión, sino resolverla.
234
235
El paralelogramo de las fuerzas de Newton, en el
sistema solar, puede responder a la verdad, cuando más, en el momento en que los cuerpos anulares se separan, ya que en ese
momento el movimiento de rotación entra en contradicción consigo mismo,
manifestándose de una parte como atracción y de otra como fuerza tangencial.
Pero, llevada a cabo la separación, el movimiento vuelve a ser uno.
El hecho de que esta separación tenga que producirse necesariamente, es una
prueba del proceso dialéctico.4
*
La
teoría de Laplace presupone solamente materia en movimiento; la rotación es
necesaria en todos los cuerpos que se mueven en el espacio cósmico.5
*
MÄDLER,
ESTRELLAS FIJAS6
Halley, a comienzos del siglo XVIII,
partiendo de la diferencia entre los datos de Hiparco y los de Flamsteed
acerca de tres estrellas, señala por vez primera la idea del movimiento
propio (pág. 410). El British Catalogue de Flamsteed [Catálogo británico de
las estrellas], el primero en cierto modo exacto y extenso (pág. 420) ; más
tarde, hacia 1750, Bradley, Maskelyne y Lalande.
Tolle,
Teoría del alcance de los rayos de luz
en los cuerpos enormes, y los cálculos de Mädler basados en ella, tan
disparatados como pueda serlo cualquier página de la filosofía de la
naturaleza de Hegel (páginas 424-425).
El más
fuerte movimiento propio (aparente) de una estrella 701" en el siglo =
11' 41" = 1/3 del diámetro del sol; el promedio menor de 921 estrellas
telescópicas 8", 65, algunas de ellas 4".
La Vía
Láctea, una serie de anillos, que tienen todos un centro de gravedad común
(pág. 434).
El grupo de las Pléyades y, en él, Alción, h Tauro, centro del movimiento para nuestra isla cósmica,
"hasta llegar a las más remotas regiones de la Vía Láctea" (pág.
448). Períodos de revolución dentro del grupo de las Pléyades, hacia 2
millones de años, por término medio (pág. 449). En torno a las Pléyades,
grupos anulares alternativamente pobres y abundantes en estrellas. Secchi
niega la posibilidad de fijar ya ahora un centro.
236
Sirio y Proción describen, según Bessel, una
trayectoria en torno a un cuerpo oscuro,
junto
al movimiento general (pág. 450).
Eclipse de Algol cada tres días, por espacio de
ocho horas, confirmado por el análisis
espectral (Secchi,7 pág. 786).
En la
zona de la Vía Láctea, pero
muy dentro de ella, un denso anillo de
estrellas, de magnitud
7-11; bastante fuera de este anillo, los anillos concéntricos de la Vía Láctea,
de los que vemos dos. En la Vía Láctea, según Herschel, hacia 18 millones
de estrellas visibles con su telescopio, que, sumadas a los
2 millones que hay dentro
del anillo, dan un total de más
de 20 millones. A esto hay que añadir el brillo que no acaba de extinguirse
en la Vía Láctea incluso detrás de las estrellas apagadas, lo que abre tal
vez la perspectiva de nuevos anillos ahora ocultos (páginas 451-452).
Alción,
a una distancia de 573 años luz del sol. Diámetro
del anillo de la Vía Láctea de algunas estrellas visibles por separado, 8.000 años
de tiempo luz, por lo menos (págs. 462-463).
La masa de los cuerpos que se mueven dentro del radio
sol-Alción de 573 años luz, calculada en 118 millones de masas sol (pág.
462), no coincide en modo alguno con la de las estrellas que se mueven allí y
que es, a lo sumo, de 2 millones. ¿Cuerpos obscuros? En todo caso, something
wrong [hay aquí algo falso]. Prueba de cuán imperfectas son aún las
premisas de nuestra observación.
Con
respecto al anillo exterior de la Vía Láctea, Mädler admite una distancia
de miles y tal vez, incluso, de cientos de miles de años luz (pág. 464).
Bonito razonamiento contra la llamada absorción de
la luz: "Cierto es que hay distancias de las que ya no llega ninguna luz
hasta nosotros, pero la razón de esto es muy distinta. La luz desarrolla una
velocidad finita;
desde
los comienzos de la creación hasta nuestros días ha transcurrido un tiempo
finito,
razón
por la cual sólo podemos observar los cuerpos celestes hasta aquella
distancia recorrida por la luz en dicho tiempo finito" (pág. 466). El
que la luz, atenuándose en el cuadrado de la distancia, tiene que llegar
necesariamente a un punto en que no sea ya visible para nuestro ojo, por mucho
que éste se aguce y se arme con instrumentos, es algo evidente y que basta
para refutar la concepción de Olbers, según la cual solamente la absorción
de la luz puede explicar la oscuridad del cielo, a pesar de estar lleno de
estrellas luminosas en todas direcciones y hasta una distancia infinita. Y
esto, sin decir que no existe ni una sola distancia en que el éter
no deje ya pasar
la luz.
237
Nebulosas.8
Todas las formas, nítidamente circulares, elípticas o irregulares y
dentadas. Todos los grados de la disolubilidad, hasta llegar a la
irreductibilidad total, en la que sólo se percibe una condensación hacia el
centro. En algunas de las solubles pueden percibirse hasta 10.000 estrellas,
el centro, en la mayoría de los casos, más denso, y muy rara vez una
estrella central dé resplandor más claro. El telescopio gigantesco de Rosse
ha vuelto a reducir muchas. Herschel I cuenta 197 conglomerados de estrellas y
2.300 nebulosas, a las que habría que añadir las catalogadas en los cielos
del sur por Herschel II.
Las
irregulares deben ser lejanas
islas cósmicas, ya que las masas de vapor sólo pueden mantenerse en
equilibrio bajo forma esférica o elipsoide. La mayoría de ellas sólo pueden
verse a través de los telescopios más poderosos. Las de forma circular
pueden
ser, en todo caso, masas de vapor, y este carácter tienen 78 de
las 2.500 mencionadas. Herschel
supone 2 millones, Mädler -partiendo de un diámetro real = 8.000 años luz-
30 millones de años luz de distancia de nosotros. Y, como la distancia de un
sistema astronómico de cuerpos con respecto al más cercano representa, por
lo menos, el diámetro del sistema multiplicado por cien, tenemos que la
distancia a que se halla nuestra isla cósmica de la más próxima a ella sería,
por
lo menos, cincuenta
veces 8.000 años luz = 400.000 años luz, en cuyo caso y partiendo de varios
millares de nebulosas, llegamos bastante más allá de los 2 millones de
Herschel ([Mädler, ob. cit.], pág. 492).
Secchi:9 Las
nebulosas reductibles dan un espectro estelar continuo y otro ordinario. Pero
las verdaderas nebulosas "dan, en parte, un espectro continuo, como la
nebulosa de la Andrómeda, o bien, en la mayor parte de los casos, un espectro
formado por una sola o por unas cuantas líneas luminosas, como la nebulosa de
Orión, la del Sagitario, la de la Lira y la mayor parte de las que se conocen
con el nombre de nebulosas planetarias (circulares
)10 (pág. 787). (La
nebulosa de Andrómeda, según Mädler, pág. 495, no es reductible. -La
nebulosa de Orión, irregular, en forma de copos y como si extendiera los
brazos, pág. 495-. La Lira y la Cruz, solamente un poco elípticas, pág.
498). Huggins encontró en el espectro de la nebulosa de Herschel núm. 4.374
tres líneas luminosas, "de donde en seguida se desprende que esta
nebulosa no está formada por un conglomerado de diferentes estrellas, sino
que es una verdadera11
nebulosa, una sustancia candente en estado gaseiforme". Las líneas
corresponden al nitrógeno (1) y al hidrógeno (1), la tercera es desconocida.
Y lo mismo ocurre en la nebulosa de
Orión. Incluso
las
nebulosas en que se
ven puntos
238
luminosos (Hidra, Sagitario)
presentan estas líneas luminosas, lo que indica que las masas de estrellas
agrupadas no se hallan todavía en estado sólido o líquido (pág. 789). La
nebulosa de la Lira presenta solamente una línea de nitrógeno (pág. 789).
La de Orión 1°, el lugar más denso; extensión total, 4° [págs. 790-791].
*
Secchi:12
Sirio: "Once años más
tarde" (según los cálculos de Bessel, Mädler, pág. 450)13 "no
sólo se descubrió el satélite de Sirio como una estrella de sexta magnitud
con luz propia, sino que se demostró, además, que su trayectoria coincidía
con la que había calculado Bessel. Y también la trayectoria de Proción y de
su satélite ha sido demostrada ahora por Auwers, aunque el satélite no haya
sido visto" (pág. 793).
Secchi:
estrellas fijas. "Como las estrellas fijas, exceptuando dos o tres, no tienen un paralaje comprobable, ello quiere decir que se hallan,
por lo menos, a unos 30 años luz de distancia de nosotros (pág. 799)."
Según Secchi, las estrellas de 16a magnitud (que todavía
se distinguen en el gran telescopio de Herschel) se hayan a una distancia de
7.560 años luz, y las que pueden apreciarse en el telescopio de Rosee, a
20.900 años luz, por lo menos (pág. 802).
El
propio Secchi se pregunta (pág. 810): cuando se acaben el sol y todo su
sistema, "¿existirán en la naturaleza las fuerzas suficientes para
retrotraer el sistema extinguido al estado inicial de la nebulosa ígnea y
hacer que cobre nuevamente vida? No lo sabemos".14
*
Secchi
y el papa. 15
*
Descartes descubrió que las mareas
obedecen a la atracción lunar. Y descubrió también, coincidiendo con
Snellius, la ley fundamental de la refracción de la luz,* pero bajo una forma
peculiar suya, diferente de la de Snellius.17
*
Mayer, Mechanische Theorie der Wärme,18 pág. 328: Ya
Kant ha dicho que las mareas ejercen una presión retardataria sobre la
tierra en rotación (según el cálculo de Adam,19 la duración del
día estelar aumenta actualmente 1/100 de segundo cada mil años).20
* Al margen del manuscrito, junto
a este pasaje, aparece la siguiente acotación: "Discutida por Wolf, pág. 325."16
[FISICA]
*
Impulso y fricción.1
La mecánica considera los
efectos del impulso como puramente
transitorios. Pero en la realidad
las cosas ocurren de otro modo. En todo impulso se transmuta en calor una
parte del movimiento mecánico, y la fricción no es sino una forma del
impulso, que transfiere continuamente el movimiento mecánico en calor (el
fuego por frotamiento es un fenómeno conocido desde tiempos muy remotos).
*
En la
dinámica, el empleo de la energía cinética
como
tal es siempre de dos clases y produce un doble resultado: 1) el trabajo cinético
realizado, la producción de la correspondiente cantidad de energía
potencial, la cual es siempre, sin embargo, menor que la energía cinética
empleada; 2) la superación -fuera de la gravedad- de las resistencias de la
fricción, etc., que transforman en calor el
resto de la energía cinética empleada. Y lo mismo ocurre en la reconversión:
según el modo y manera, una parte de la pérdida causada por la fricción,
etc., se disipa como calor, y todo esto se conoce desde tiempos muy remotos.2
*
La
primera concesión, ingenua, es generalmente más certera que la posterior,
metafísica. Así, ya Bacon
(y tras él Boyle, Newton y casi todos los ingleses) sabía que el calor
era movimiento (Boyle lo concebía ya como movimiento molecular). Es al llegar
el siglo XVIII cuando en Francia se admite el calorique
[la
materia-calor], concepción más o menos aceptada en el continente.3
*
Conservación de la energía.4 La constancia
cuantitativa del
movimiento fue
formulada ya por Descartes, y
además casi en las
239
240
mismas palabras que ahora por? (Clausius, Robert Mayer?) En
cambio, la mutación de
forma del movimiento no se descubrió hasta 1842, y esto, y no la ley de la
constancia cuantitativa, es lo nuevo.
*
Fuerza y conservación de la fuerza.5 Citar los pasajes de J. R. Mayer, en sus dos
primeros estudios, frente a Helmholtz 6
*
Fuerza.7 Hegel (Geschichte
der Philosophie, I, pág. 208) dice: "Es mejor decir que el imán
tiene un alma" (como lo dice Tales) "que no
que posee la fuerza de atraer; la fuerza es una clase
de cualidad que, separable
de la materia, puede representarse como un predicado; el alma, en cambio, este movimiento de sí mismo, identificado con la
naturaleza de la materia".8
*
Hegel
concibe como algo idéntico la fuerza y su manifestación, la causa y el
efecto, y así lo demuestra el cambio de forma de la materia, en que la
equivalencia se halla matemáticamente demostrada. Ya se había reconocido
previamente en la medida, al medir la fuerza por su manifestación y la causa
por su efectos.9
*
Fuerza.10 Si un
movimiento cualquiera se transfiere de un cuerpo a otro, puede considerarse el
movimiento, en
cuanto se transfiere, en cuanto es activo, como la causa del movimiento,
en
cuanto es transferido, pasivo, en cuyo caso esta causa, el movimiento
activo, aparece como fuerza y el pasivo como su
manifestación.
Según
la ley de la indestructibilidad del movimiento, se infiere de aquí, por sí
mismo, que la fuerza tiene exactamente la misma magnitud que su manifestación,
puesto que es el mismo
movimiento el que se contiene en una y en
otra. Ahora bien, el movimiento que se transfiere puede, más o menos,
determinarse de un modo cuantitativo, ya que se manifiesta en dos cuerpos, uno
de los cuales puede servir de unidad de medida para medir el movimiento en el
otro. La mensurabilidad del movimiento da su valor fuerza a la categoría, que
de otro modo no tendría ninguno. Por tanto, cuanto más sea así, más podrán
emplearse en la investigación las categorías de fuerza y manifestación.
De aquí, en
241
efecto,
que en la mecánica, en la que las fuerzas se descomponen todavía más, se
las considere como compuestas, obteniendo con ello, a veces, nuevos
resultados, pero sin que, al hacerlo, deba perderse nunca de vista que se
trata de una operación puramente mental; al aplicar a fuerzas realmente
simples la analogía de fuerzas realmente compuestas, tal como se las expresa
en el paralelogramo de las fuerzas, no se convierte a las primeras, por este
solo hecho, en fuerzas compuestas. Y lo mismo en la estática. Y así también
en la transmutación de otras formas de movimiento en formas mecánicas
(calor, electricidad, magnetismo en la atracción del hierro), donde el
movimiento originario puede medirse en el efecto mecánico producido. Pero, ya
en estos casos, en los que observamos simultáneamente diferentes formas de
movimiento, se revela la limitación de la categoría o de la abreviatura
fuerza. A ningún físico
normal se le ocurriría llamar ya simples
fuerzas
a la electricidad, el magnetismo o el calor, como tampoco las
llamaría materias o
imponderables. Si sabemos en qué cantidad de movimiento mecánico se
transmuta una determinada cantidad de movimiento calórico, nada sabemos todavía
acerca de la naturaleza del calor, por mucho que para investigarla sea
necesario indagar estas transmutaciones. El último paso de avance de la física
es el concebir el calor como una forma de movimiento, con lo que se anula en
él la categoría fuerza: en ciertos respectos -los de la transición- se las
puede considerar11 como fuerzas y medirlas, de ese modo. Medir, por
ejemplo, el calor por la dilatación del cuerpo calentado. Si, en este caso,
el calor no se transfiera de un cuerpo a otro -al que sirve de medida-, es
decir, si no se alterase el calor del cuerpo por el que medimos, no podría
hablarse de medición, de cambio de magnitud. Se dice simplemente que el calor
dilata los cuerpos; en cambio, el decir que el calor tiene la fuerza de
dilatar los cuerpos sería una pura tautología, y si afirmásemos que el
calor es la fuerza que dilata los cuerpos haríamos una afirmación falsa, 1)
porque la dilatación puede producirse de otros modos, por ejemplo en los
gases, y 2) porque con ello no expresaríamos exhaustivamente lo que es el
calor.
Algunos
químicos hablan también de fuerza química, entendiendo por tal la que
produce y mantiene en cohesión las combinaciones. Pero, en este caso, no se
trata de una verdadera transferencia, sino de la unión de los movimientos de
varios cuerpos en uno solo, razón por la cual la "fuerza", aquí,
se manifiesta al llegar a su límite. Todavía se la puede medir, sin embargo,
por la producción de calor, pero hasta ahora sin grandes resultados. En estos
casos, no pasa de ser una frase, como siempre que, en vez de investigar formas
de movimiento aún no estudiadas, se inventa para
explicarlas una llamada fuerza12
(como cuando,
por ejemplo, para
242
explicar por qué la madera flota
sobre el agua se inventa la fuerza de la flotación, cuando se habla de la
fuerza de refracción de la luz, etc.), camino por el cual obtenemos tantas
fuerzas como fenómenos no explicados hay, y no hacemos otra cosa que traducir
a una frase interna un fenómeno externo.13 (La atracción y la
repulsión son más bien excusables, ya que con ellas se compendian una gran
cantidad de fenómenos que el físico no sabe explicar bajo un nombre común
que sugiere la intuición de una conexión interna.)
Por
último, en la naturaleza orgánica la categoría fuerza resulta de todo punto
insuficiente, a pesar de la cual vemos que se la emplea a cada paso. Es cierto
que se puede llamar fuerza muscular a la acción de los músculos, fijándonos
en sus efectos, y también se la puede medir, e incluso podemos concebir como
fuerzas otras funciones mensurables, por ejemplo la capacidad digestiva de
diferentes estómagos, pero por este camino pronto llegamos ad absurdum [a lo disparatado] (por ejemplo, cuando se habla de la
fuerza nerviosa); en todo caso, sólo se puede hablar, aquí, de fuerzas en un
sentido muy restringido y figurado (como en el dicho usual de cobrar fuerzas).
Pero este abuso ha llevado a hablar de una fuerza vital. Si con ello se quiere
dar a entender que la forma de movimiento que se da en el cuerpo orgánico es
distinta de la fuerza mecánica, física o química y que las abarca todas,
superadas, esta manera de expresarse será falsa, y lo será, entre otras
razones, principalmente porque la fuerza -presuponiendo la transferencia de
movimiento- se representa aquí como algo que se le infunde al organismo desde
fuera, que no es inherente a él e inseparable de él, razón por la cual eso
que se llama fuerza vital es el último refugio de todos los
supernaturalistas.
La
falla está: 1) en que la fuerza es tratada, generalmente, como existencia
independiente (Hegel, Naturphilosophie, pág.
79).14
2)
Fuerza latente,
en quietud: esto hay que explicarlo a base de la relación entre el
movimiento y la quietud (inercia, equilibrio), donde debe tratarse también
del despertar de las fuerzas.
*
Fuerza (v. supra).15 La
transferencia del movimiento sólo se lleva a cabo, naturalmente, cuando se
dan todas
las diferentes condiciones, que, a veces, son muy diversas y
complicadas, sobre todo en las máquinas (máquina de vapor, carabina con
cerrojo, gatillo, fulminante y pólvora). Si falta
una
de estas condiciones, la transferencia no se.produce, hasta que esta condición se dé. Lo que
243
podemos representarnos como si la
fuerza tuviera que ser provocada por esta última condición, como
si se hallara latente en un
cuerpo, en el llamado portador de la fuerza (pólvora, carbón, etc.), cuando,
en realidad, para que la transferencia del movimiento se produzca, tienen que
darse, además de este cuerpo, todas las demás condiciones.
La
representación de la fuerza proviene directamente del hecho de poseer en
nuestro propio cuerpo medios para transferir el movimiento que,
dentro de ciertos límites, pueden ser puestos en acción por nuestra
voluntad, sobre todo los músculos de los brazos, con ayuda de los cuales
producimos el desplazamiento mecánico de lugar, el movimiento de otros
cuerpos, los levantamos, transportamos, arrojamos, golpeamos, etc., provocando
con ello determinados efectos útiles. En estos casos, parece como si el
movimiento, en vez de transferirse, se produjese, lo que provoca la creencia
de que la fuerza engendra
el movimiento. Pero ahora está
fisiológicamente demostrado que tampoco la fuerza muscular hace otra cosa que
transferir el movimiento.
*
Fuerza.16 Analizar también el aspecto negativo: la
resistencia con que tropieza la transferencia de movimiento.
*
Irradiación de calor en el espacio cósmico.17 Todas las hipótesis de renovación de los
cuerpos cósmicos extinguidos introducidas por Lavrov (pág. 199)18 incluyen
pérdida de movimiento. El calor ya irradiado, es decir, la parte infinitamente
mayor del movimiento originario, se pierde para siempre. En Helmholtz, hasta
ahora, 453/454. Se llega, por tanto, a la postre, al agotamiento y a la
terminación del movimiento. Y sólo podrá resolverse definitivamente el
problema cuando se demuestre cómo se puede llegar a utilizar de
nuevo el calor irradiado en el espacio cósmico. La teoría de la transformación
del movimiento plantea el problema en términos absolutos, sin que podamos
pasar de largo por delante de él a fuerza de dar largas al asunto y de escabullirse. Pero el que con ello se den al mismo tiempo las
condiciones para su solución c'est
autre chose [es otra cosa]. La
transformación del movimiento
y su indestructibilidad sólo
se han descubierto hace unos treinta
años, y hace muy poco que han llegado a desarrollarse en sus consecuencias.
El problema de qué pasa con el calor aparentemente perdido no ha sido
nettement
posee [claramente planteado], digamos,
desde 1867
(Clausius).19 Nada
tiene de
244
extraño qué aún no se haya resuelto, y podría ocurrir que tardásemos bastante en llegar a la Solución, con los
pequeños medios de que disponemos.
Pero no cabe duda de que se resolverá, con la misma certeza con que sabemos que
en la naturaleza no se dan milagros y que el calor originario de la nebulosa ígnea
no le fue infundido por un milagro desde fuera del cosmos. Y de nada sirve
tampoco la afirmación general de que la
masa de movimiento es
infinita, y por tanto inagotable, por
encima de las dificultades de cada caso concreto; tampoco ella conduce a la
reanimación de los mundos extinguidos, fuera de los casos previstos en las hipótesis
de que se hablaba más arriba, en las que se daba siempre una pérdida de fuerza
y, por tanto, solamente en casos temporales. El ciclo no podrá llegar a
establecerse hasta que se descubra el modo de volver a utilizar el calor
irradiado.20
*
Clausius
-if correct [si yo lo entiendo bien]- demuestra que el cosmos ha sido creado,
ergo que la materia es susceptible de creación, ergo que la fuerza o,
respectivamente, el movimiento pueden crearse y destruirse, ergo que toda la
teoría de la "conservación de la fuerza" es un disparate, ergo que
son también un disparate todas sus deducciones derivadas de ese principio.21
*
La tesis II de Clausius puede
interpretarse como él quiera. Siempre se producirá pérdida de energía, si
no cuantitativamente, sí de un modo cualitativo. La
entropía no puede destruirse por vía natural, pero sí crearse. Al
reloj del mundo hay que darle cuerda, después de lo cual marcha hasta que se
pare al equilibrarse las pesas, sin que pueda volver a ponerlo en marcha más
que un milagro. La energía empleada para darle cuerda se pierde, por lo menos
cualitativamente, y sólo puede producirse mediante un impulso
desde
fuera. Esto quiere decir que el impulso
desde fuera fue también necesario al principio, lo que significa que la
cantidad del movimiento o de la energía contenida en el universo no es
siempre la misma, razón por la cual la energía tiene que ser susceptible de
ser creada y, por tanto, también de ser destruida. Ad
absurdum! 22
*
Conclusión,
para Thomson, Clausius y Loschmidt: la
inversión consiste en que la repulsión se repela a sí misma, retornando así
del medio a los cuerpos cósmicos muertos.
Pero en ello
se
245
contiene también la prueba de
que la repulsión constituye el lado verdaderamente activo del movimiento y la atracción el lado pasivo.23
*
En el
movimiento de los gases -en el proceso de evaporación-, el movimiento de
masas se trueca directamente en movimiento molecular. Aquí hay que operar,
por tanto, la transferencia .24
*
Estados
de agregación, puntos nodulares en que los cambios cuantitativos se truecan
en cualitativos.25
*
Cohesión
-ya en los gases negativa-, trueque de la atracción en repulsión, la cual sólo es real en el gas y en el éter (?).26
*
En el
0° absoluto no es posible ningún gas, se detiene todo movimiento molecular y
la menos presión y aquí, por tanto, su propia atracción hace que las moléculas
se junten. Por tanto, un gas permanente,
algo inconcebible.27
*
mv2 demostrado también para una molécula de gas
por la teoría cinética del gas. La misma ley rige, por tanto, para el
movimiento molecular que para el movimiento de masas; la diferencia entre
ambos queda aquí superada.23
*
La
teoría cinética tiene que demostrar cómo las moléculas que tienden hacia
arriba pueden ejercer al mismo tiempo una presión hacia abajo y cómo
-suponiendo que la atmósfera sea más o menos permanente con respecto al
espacio cósmico-, a pesar de la fuerza de la gravedad, pueden alejarse del
centro de la tierra, pero, al llegar a cierta distancia, una vez que la fuerza
de la gravedad haya disminuido con arreglo al
cuadrado de las
distancias o resulte paralizada o invertida por él.29
246
Teoría cinética del gas. "En
un gas perfecto... se hallan ya tan separadas unas moléculas de otras, que
podemos dar de lado a su influencia mutua" (Clausius," pág. 6).
¿Qué
es lo que llena los espacios intermedios?
Idem
éter.31 Se formula, pues, aquí el postulado
de una materia no dividida en células moleculares o atómicas.32
*
Carácter
antagónico del desarrollo teórico: del
horror vacui33 se pasa inmediatamente al absoluto
espacio cósmico vacío, y solamente después al
éter.34
*
Eter.35
Si el éter opone resistencia en
general, tiene que oponer resistencia también a la luz y, por tanto, ser
impenetrable a la luz, a cierta distancia. Pero el hecho de que el éter
transmite
la luz, sea su
medio,
incluye
necesariamente el que opone también resistencia a ella, pues de otro modo no
podría la luz hacerlo vibrar. Tal es la solución de los puntos litigiosos
suscitados por Mädler36 y
señalados por Lavrov.37
*
Luz y tinieblas representan, sin duda alguna, el
más clamoroso y manifiesto contraste en la naturaleza, contraste que ha
servido siempre de frase retórica, desde el cuarto evangelio hasta las lumières [al siglo de las luces]. Fick,38
pág. 9: "la tesis desde hace ya mucho tiempo rigurosamente demostrada en
física... de que la forma de movimiento a que se da el nombre de calor
irradiado es en todos sus rasgos esenciales idéntica a la forma de movimiento
llamada luz".39 Clerk Maxwell,40 pág. 14:
"Estos rayos (los del calor
irradiado) presentan todas las cualidades físicas de los rayos de luz y
pueden producir reflejos, etc... Algunos rayos calóricos son idénticos a los
rayos luminosos, mientras que otras clases de rayos calóricos no producen
impresión alguna en el ojo humano."
Existen, por tanto, rayos de luz
oscuros, con
lo que el famoso contraste entre la luz y las tinieblas desaparece de la
ciencia de la naturaleza, en cuanto contraste absoluto. Por lo demás, dicho
sea de pasada, lo mismo las sombras más densas que la luz más cruda producen
en nuestro ojo la misma sensación de ceguera,
siendo,
por tanto, idénticas para nosotros.
La
cosa es como sigue: los rayos del sol producen diversos efectos según la
longitud de las vibraciones: el calor transferido por la mayor longitud de
onda, el transmitido con una luz media y el que tiene la acción química más
pequeña (Secchi,41 págs. 632 y sigs.),
de tal modo que los puntos máximos de las tres acciones, al
247
acercarse más y más, hacen que
los mínimos interiores
de los grupos exteriores de rayos
coincidan en cuanto a su acción en el mismo grupo de luz.42 Qué
es luz y qué no lo es depende de la estructura del ojo. Los animales
nocturnos pueden llegar a ver, incluso, una parte, no de los rayos calóricos,
pero sí de los rayos químicos, pues su ojo se adapta a una longitud de onda
menor que el nuestro. La dificultad desaparece cuando, en vez de tres clases
de rayos, se admite solamente una (y, científicamente, conocemos solamente una,
ya que todo lo demás no pasa de ser una conclusión precipitada), que
puede producir efectos distintos según la longitud de onda, pero todos ellos
compatibles dentro de ciertos estrechos límites.43
*
Hegel
construye la teoría de la luz y del calor a base del pensamiento puro,
cayendo con ello en el más tosco empirismo de
la experiencia del filisteo para andar por casa (aunque hay que decir que con
cierta razón, ya que en su tiempo este punto aún no se hallaba esclarecido),
por ejemplo cuando cita en contra de Newton las mezclas de colores de los
pintores (pág. 314, infra).44
*
Electricidad.45 Sobre los cuentos de ladrones de Thomson v.
Hegel,46 págs.
346-347. donde
se dice exactamente lo mismo. En cambio, Hegel explica ya con toda claridad la
electricidad por frotamiento como la tensión,
frente a la teoría del fluido y de la materia eléctrica (pág. 347).47
*
Cuando
Coulomb habla de "partículas eléctricas
que repelen unas a otras en proporción inversa al cuadrado de su
distancia", Thomson acepta tranquilamente esto, como si se tratase de
algo ya demostrado (pág. 358).48 Y lo
mismo (pág. 366) la hipótesis de que la electricidad consiste en "dos fluidos, uno
positivo y otro negativo", "cuyas partículas se repelen entre sí".
Que la electricidad es retenida en un cuerpo cargado simplemente por la presión
de la atmósfera (pág. 360). Faraday situaba la electricidad
en los polos opuestos de los átomos (o de las moléculas, lo que aparece
todavía muy embrollado), expresando así, por vez primera, que la
electricidad no es un fluido, sino una forma de movimiento, una fuerza (pág.
378). ¡Algo
que no le cabe en la cabeza al viejo
Thomson, que precisamente la chispa
es algo material!
248
Faraday
había descubierto. ya
en 1822 que la corriente momentáneamente
inducida -lo mismo la primera que la segunda, revertida- "participa más
de la corriente producida por la descarga del jarro de Leiden que la que se
engendra mediante la batería de Volta", y en eso residía todo el
secreto (pág. 385).
Entre
las chispas, toda suerte de cuentos de
ladrones, que ahora conocemos como casos especiales como engaños: que la
chispa producida por un cuerpo positivo era una "mecha, pincel o bola de
rayos" cuya punta servía de punto de descarga y, en cambio, la chispa
negativa una "estrella" (pág. 396). Que una chispa corta era siempre blanca y una larga casi
siempre rojiza o violácea. (Hermosa necedad de Faraday acerca de las chispas,
pág. 400).49
Que la chispa arrancada al conductor
primario [la máquina eléctrica] con una bola de metal era blanca, la
arrancada con la mano de color púrpura y la producida mediante la humedad del
agua roja (pág. 405). Que la chispa, es decir, la luz, no era "propia de
la electricidad, sino solamente el resultado de la compresión del aire".
Que el aire resulta comprimido violenta y súbitamente
cuando lo atraviesa una chispa eléctrica, lo demuestra el experimento llevado
a cabo por Kinnersley en Filadelfia, según el cual la chispa es producida por
una "súbita
y fina hendidura del aire en el tubo",50
que empuja dentro de él al agua (pág.
407). En Alemania, hace unos treinta años, Winterl y otros creían que la
chispa o la luz eléctrica tenía "la misma naturaleza que el
fuego"51
y se producía mediante la asociación
de dos electricidades. Frente a esto, Thomson demostró seriamente que el
punto en que convergían las dos electricidades ¡era precisamente el más
pobre en luz y 2/3 del extremo positivo y 1/3 del negativo! (págs. 409-410).
Salta a la vista que el fuego es todavía, aquí, algo completamente
mítico.
Con
no menos seriedad [cita Thomson] los experimentos de Dessaignes, según los
cuales al subir el barómetro y bajar la temperatura el vidrio, la resina, la
seda, etc., metidos en mercurio, se electrifican negativamente y, al bajar el
termómetro y subir la temperatura, se llenan de electricidad positiva, y en
verano, al sumergirse en mercurio sucio se electrifican siempre positivamente
y, si se los sumerge en mercurio puro, negativamente; que el oro y otros
diversos metales, al calentarse en verano, reaccionan positivamente y al
enfriarse en invierno negativamente; que al subir mucho el barómetro y soplar
el viento norte se muestran siempre "extraordinariamente eléctricos",
con electricidad positiva cuando la temperatura sube, y negativa cuando baja,
etc. (pág. 416).
Qué
ocurría, en lo tocante al calor: "Para producir efectos eléctricocalóricos,
no es necesario emplear calor. Todo lo que altera
249
la
temperatura en
uno de los eslabones de la cadena... 52 causa una desviación en la
declinación del imán." ¡Así, el enfriamiento de un metal por el hielo o
la evaporación del éter! (pág. 419).
La
teoría electroquímica (pág. 438), aceptada como "por lo menos, muy
ingeniosa y plausible".
Hacía
ya mucho tiempo que Fabroni y Wollaston habían afirmado, y Faraday lo ha
sostenido recientemente, que la electricidad voltaica es simple resultado de los
procesos químicos, y Faraday ha dado ya, incluso, la explicación certera del
desplazamiento atómico que se opera en el líquido, sentando la tesis de que la
cantidad de electricidad se mide por la cantidad del producto electrolítico.
Con
ayuda de Faraday ha formulado Thomson en forma acabada la ley de "que todo
átomo tiene que hallarse rodeado, naturalmente, de la misma cantidad de
electricidad, ¡por donde, en este
respecto, calor y electricidad son semejantes entre sí!"53
*
Electricidad estática y dinámica.54
La electricidad estática o de frotamiento es la que pone en tensión la
electricidad acabada que se halla en
la naturaleza en forma de electricidad, pero en estado equilibrado, neutral.
Por tanto, la superación de esta tensión se produce -siempre y cuando que la
electricidad pueda conducirse transplantándose- de un golpe, mediante la
chispa, que restaura el estado neutral.
Por
el contrario, la electricidad dinámica o voltaica es la electricidad que se
convierte en electricidad por transformación del movimiento químico. Una
disolución de cinc, cobre, etc., la produce en ciertas y determinadas
circunstancias. En cada momento, vemos que nuevos + y - de
electricidad se engendran, partiendo de otra forma de movimiento, que los ±
no existentes se disocian en + y
-. El
proceso es continuo, como lo es también su resultado, la electricidad; no una
tensión y descarga momentáneas, sino una corriente continua, que en los
polos puede convertirse de nuevo en el movimiento químico de que brotó, lo
que se llama electrólisis. En este proceso, lo mismo que en la producción de
la electricidad a base de una composición química (caso en el que se libra,
en vez de calor, electricidad, y además tanta electricidad como, entre otras
circunstancias, calor se libera, Guthrie, pág. 210),55 es posible
seguir la corriente en el líquido (cambio atómico en las moléculas vecinas:
tal es la corriente).
Esta
electricidad, que es por su naturaleza corriente, no puede,
precisamente por esta razón, convertirse
directamente en
250
electricidad de
tensión. Pero, por medio de la inducción, cabe ya desneutralizar la
electricidad neutral existente como tal. Con arreglo a la naturaleza de la
cosa, la inducida tiene que seguir a la inductora y ser también, por tanto,
corriente. En cambio, se da aquí manifiestamente la posibilidad de condensar
la corriente y convertirla en electricidad de tensión o, mejor dicho, en una
forma superior, en la que se combinen las cualidades de la corriente y las de
la tensión. Esto se ha resuelto en la máquina de Ruhmskorff, la que
suministra una electricidad de inducción que da ese resultado.
*
Un
bonito caso de dialéctica de la naturaleza cómo, según la actual teoría,
la repulsión
de polos magnéticos
iguales
es explicada partiendo de la
atracción
de corrientes eléctricas
iguales
(Guthrie, pág. 264).56
*
Electroquímica.57 Al exponer los efectos de la chispa eléctrica,
refiriéndolos a la descomposición y reagrupación químicas, dice Wiedemann
que esto interesa más bien a la química.58 Los químicos, en
cambio, dicen, ante el mismo
caso, que interesa más bien a la física. Así, en el punto tangencial entre
la ciencia molecular y la ciencia atómica, ambas se declaran incompetentes,
cuando es
aquí donde, en realidad, pueden esperarse mayores resultados.
*
Fricción
e impulso producen un movimiento interior de
los cuerpos en cuestión, movimiento molecular, diferenciado unas veces como
calor, otras como electricidad, etc. Sin
embargo, este movimiento es puramente transitorio: cessante causa cessat
effectus [al
cesar la causa, cesa el efecto]. Al llegar a una determinada fase, todos se
truecan en un cambio molecular permanente, el
cambio químico.
[QUIMICA]
La
idea de la materia real como una
unidad
química -por
muy antigua que ella sea- responde por entero a aquella concepción pueril,
tan extendida todavía hasta llegar a Lavoisier, de que la afinidad química
entre dos cuerpos se basa en el hecho de que cada uno de ellos contenga un
tercer cuerpo común (Kopp, Entwicklung,
pág.
105).1
*
Así
como ciertos métodos viejos y cómodos, que se ajustaban a la práctica usual
anterior, al transferirse a otras ramas se convierten en trabas, así también
en la química nos encontramos con que el cálculo del porcentaje de las
composiciones constituía el método más indicado para impedir que se
descubriera -como, en efecto, lo impidió durante largo tiempo- la proporción
constante de las relaciones y la proporción múltiple.2
*
En la
química se abre una nueva época con la atomística (razón por la cual
debemos considerar como el padre de la química moderna a Dalton, y no a
Lavoisier), y en la física, congruentemente con ello, con la teoría
molecular) (bajo otra forma, pero
constituyendo solamente, en lo esencial, el otro lado de este mismo proceso,
con el descubrimiento de la transformación de las formas del movimiento). La
nueva atomística se distingue de todas las anteriores por el hecho de que
(exceptuando a los asnos) no afirma que la materia sea
solamente
discreta,
sino que las partes discretas de las diferentes fases (átomos etéreos, átomos
químicos, masas, cuerpos celestes, constituyen diversos puntos nodulares
que condicionan diversos modos cualitativos
de existencia de la materia
general, hasta llegar al punto en que desaparecen la ausencia de gravedad y la
repulsión.3
*
Trueque de
cantidad en
cualidad: el ejemplo más sencillo es el
del oxígeno y
el ozono, en
que la
proporción 2 : 3
provoca
251
252
propiedades completamente
distintas, hasta el olor. Y, asimismo, los demás cuerpos alotrópicos, que la
química sólo explica por la diferente cantidad de átomos que entran en las
moléculas.4
*
Importancia de los nombres.5 En química orgánica, la significación de un
cuerpo y también, por tanto, de su nombre no depende ya solamente de su
composición, sino más bien del lugar que ese cuerpo ocupa en la serie a la que pertenece. Por tanto, si
encontramos que un cuerpo forma parte de tal o cual serie, tendremos que su
nombre antiguo se convertirá en un obstáculo para entenderlo, y será
necesario sustituirlo por un nombre
de la serie (parafinas, etc.).
[BIOLOGIA]
Reacción.1 La
reacción mecánica, física (alias
calor,
etc.) se agota con cada acto reactivo. La reacción química hace cambiar la
composición del cuerpo que reacciona y sólo se renueva añadiendo una nueva
cantidad de él. El cuerpo orgánico es el único que reacciona por sí
mismo
-dentro,
naturalmente, de sus posibilidades energéticas (sueño) y siempre y cuando
que se le suministre alimento-, pero este suministro de alimento sólo surte
efecto después de haber sido asimilado y no, como en las fases inferiores,
directamente, lo que quiere decir que el cuerpo orgánico posee, aquí, una
capacidad propia
de
reacción; es decir, que la nueva reacción tiene que producirse por medio de él.
*
Vida y muerte.2 Ya hoy debe desecharse como no científica
cualquier fisiología que no considere la muerte como elemento esencial de la
vida (Nota: Hegel, Enzyklopädie, I,
págs. 152-153),3 que
no incluya la negación de la, vida como elemento
esencial de la vida misma, de tal modo que la vida se piense siempre con
referencia a su resultado necesario, la muerte, contenida siempre en ella en
estado germinal. No otra cosa que esto es la concepción dialéctica de la
vida. Ahora bien, para quien comprenda que ello es así, carecen de todo
sentido las chácharas acerca de la inmortalidad del alma. O bien la muerte es
la descomposición del cuerpo orgánico, sin otro residuo que los elementos químicos
que formaban su sustancia, o bien deja tras sí un principio de vida, más o
menos idéntico al alma, que sobrevive a
todos los organismos vivos, y no solamente al hombre. Basta,
pues, en este punto, con ver claro por medio de la dialéctica, acerca de la
naturaleza de la vida y la muerte, para sobreponerse a una ancestral
superstición. Vivir es morir.
*
Generatio aequivoca [generación espontánea].4
Todas las investigaciones anteriores se reducen a lo siguiente: en los líquidos
que contienen materias orgánicas en descomposición y que se hallan en
contacto con el aire nacen organismos de tipo inferior, protistas,
hongos, infusorios.
¿De dónde nacen estos organismos?
253
254
¿Nacen por
generatio
aequivoca, o nacen de gérmenes depositados
allí por la atmósfera? La investigación queda, por tanto, circunscrita a un
campo muy delimitado, al problema de la plasmogonía.5
La
hipótesis de que los nuevos organismos pueden nacer de la descomposición de
otros procede, esencialmente, de la época de la inmutabilidad de las
especies. En aquel tiempo, imperaba la necesidad de suponer que todos los
organismos, hasta los más complicados, nacían a base de generación
originaria, partiendo de materias sin vida, y a menos que se quisiera salir
del paso recurriendo a un acto de creación, se caía fácilmente en la
creencia de que sería más fácil explicar este proceso partiendo de una
materia formativa procedente del mundo orgánico; ya nadie podía pensar,
entonces, en que pudiera brotar directamente, por vía química, directamente
a base de materia inorgánica, un animal mamífero.
Pero
semejante hipótesis se da de bofetones con el estado actual de la ciencia. La
química, mediante el análisis del proceso de descomposición de los cuerpos
orgánicos muertos, aporta la prueba de que este proceso suministra
necesariamente, a medida que se avanza por el mismo camino, productos más
muertos aún y que se hallan más cerca del mundo inorgánico, productos cada
vez más inservibles para ser utilizados en el mundo orgánico; lo que prueba
que a este proceso sólo se le puede imprimir otra dirección, es decir, que sólo
puede ser factible semejante utilización si estos productos de descomposición
son asimilados a su debido tiempo en un organismo ya existente apropiado para
ello. Y el cuerpo que antes se descompone y que hasta ahora no se ha logrado
sintetizar es precisamente el vehículo más esencial de la formación de las
células, la albúmina.
Más
aún. Los organismos de cuya generación originaria, partiendo de líquidos
orgánicos, se trata en estas investigaciones, son, aunque inferiores,
organismos ya esencialmente diferenciados, bacterias, hongos de levadura,
etc., con un proceso de vida formado por varias fases y dotados a veces, como
los infusorios, de órganos bastante desarrollados. Todos ellos constan,
cuando menos, de una célula. Pero, desde el momento en que conocemos las móneras
carentes de estructura, es una necedad querer explicar el nacimiento de una
sola célula partiendo directamente de la materia inerte, en vez de hacerlo a
base de la albúmina viva carente de estructura, creer que por medio de un
poco de agua putrefacta se puede obligar a la naturaleza a hacer en
veinticuatro horas lo que le ha costado miles de años conseguir.
255
Los
experimentos de Pasteur6 en
este sentido son estériles: jamás llegará a demostrar a quienes creen en la
posibilidad de la generación espontánea, por medio de tales experimentos,
que este tipo de generación sea imposible; tienen, sin embargo, su
importancia, por cuanto que arrojan mucha luz acerca de estos organismos, de
su vida, sus gérmenes, etc.
*
MORITZ
WAGNER
"NATURWISSENSCHAFTLICHE
STREITFRAGEN", I
(Allgemeine
Zeitung de Augsburg, suplementos 6, 7,
8 de octubre de 1874)7
En
los últimos años de su vida (en 1868), Liebig manifestó a Wagner lo
siguiente: "Lo único que podemos afirmar es que la vida es tan antigua y
tan eterna como la materia misma, y con esta hipótesis creo que queda
resuelto todo el litigio en torno a los orígenes de la vida. En efecto, ¿por
qué no hemos de considerar la vida orgánica como algo tan originario como el
carbono y sus combinaciones (!)8
o como toda la materia increable
e indestructible en general, y como las fuerzas eternamente vinculadas al
movimiento de la materia en el espacio cósmico?"
Liebig
le dijo, además (Wagner cree que en noviembre de 1868), que también él
reputaba "inadmisible" la hipótesis según la cual la vida orgánica
fue "importada" en nuestro planeta del espacio cósmico.
Helmholtz
(en el prólogo a la edición alemana del Handbuch
der theoretischen Physik de Thomson, parte II):9 "Caso de que fracasaran todos nuestros esfuerzos
para producir organismos a base de sustancia inerte, creo
que sería perfectamente correcto preguntarse si es que la vida tuvo un
nacimiento o es, por el contrario, tan antigua como la materia, y si sus gérmenes,
transferidos de un cuerpo celeste a otro, no se habrán desarrollado
dondequiera que se han encontrado con el terreno propicio para ello."
Wagner:
"El hecho de que la materia sea indestructible e imperecedera, de que...
ninguna fuerza pueda reducirla a la nada, basta
para que el químico la considere también "increable"... Pero,
según la concepción predominante en la actualidad (?), la vida es
considerada simplemente como una "propiedad" inherente a ciertos
elementos simples de que están formados los organismos inferiores,
propiedad que tiene, evidentemente,
que ser tan antigua, es
decir, tan
originaria como
estos mismos
elementos
256
fundamentales y sus combinaciones" (!!) En
este sentido, cabría hablar también de fuerza vital, como lo hace Liebig (Chemische Briefe, 4a ed.), "a
saber, como de "un principio plasmador que se da en las fuerzas físicas
y con ellas"10 y que no actúa, por tanto, al margen de la.
materia. Sin embargo, esta fuerza vital, considerada como una "propiedad
de la materia"..., sólo se manifiesta bajo ciertas condiciones
adecuadas, que han existido siempre y eternamente en el espacio infinito del
universo, en innumerables puntos, pero que necesariamente han tenido que
cambiar de sitio con harta frecuencia, en el curso de los diversos períodos
de tiempo".
Así,
pues, en la tierra en fusión de otro tiempo o en el sol actual no se da la
posibilidad de la vida, pero los cuerpos incandescentes tienen atmósferas
enormemente extensas, compuestas, según la moderna concepción, de las mismas
materias que, en estado de extrema volatilización, llenan el espacio cósmico
y se ven atraídas por los cuerpos celestes. La masa nebulosa en rotación a
base de la cual se ha desarrollado el sistema solar y que se extendía hasta más
allá de la órbita de Neptuno, contenía "también toda el agua (!)
evaporada en una atmósfora copiosamente saturada de ácido carbónico (!)
hasta llegar a alturas incomensurables, lo que hacía que contuviera también
las sustancias básicas necesarias para la existencia (?) de los gérmenes orgánicos
inferiores"; en ella, regían "en las más diversas regiones los más
diferentes grados de temperatura, razón por la cual debe considerarse como fundada la hipótesis de que en algún
lugar tuvieron que darse las condiciones necesarias para la vida orgánica.
Las atmósferas de los cuerpos celestes, lo mismo que las de las masas
nebulosas cósmicas en rotación, deben considerarse, por tanto, como las cámaras
permanentes de conservación de la forma viva, como los viveros eternos de los
gérmenes orgánicos". Las protistas más diminutas que viven, con sus gérmenes
invisibles, siguen llenando en masa la atmósfera por debajo del Ecuador, en
la Cordillera, hasta una altura de 16.000 pies. Perty dice que se hallan
"presentes casi por doquier". Sólo se las echa de menos allí donde
las mata el calor tórrido. Para ellas (para las vibriónidas, etc.) la
existencia "es concebible, por tanto, aun dentro de la órbita de vapor
de todos
los cuerpos
celestes", "dondequiera que se den las condiciones adecuadas".
"Según
Cohn, las bacterias... son tan imperceptibles que en un milímetro cúbico
caben 633 millones, y 636.000 millones de ellas pesan solamente un gramo. Y
los micrococos son aún más diminutos", sin ser todavía, posiblemente,
los más pequeños de todos. Tienen, sin embargo, las formas más diversas,
pues "las vibriónidas son tan pronto esféricas como ovoides y se
presentan unas veces en
forma de bastón y otras
en forma
espiral" (lo que
257
quiere decir que la forma
encierra ya, aquí, cierto valor). "Hasta ahora, no se ha aducido ninguna
objeción valedera contra la hipótesis fundada de que, partiendo de estos
primitivos seres neutros, los más simples de todos (!!) o de otros
semejantes, que oscilan entre el animal y la planta..., y tomando como base la
variabilidad individual y la capacidad para transmitir por herencia a los
descendientes los nuevos caracteres adquiridos, al cambiar las condiciones físicas
de los cuerpos celestes y al separarse en el espacio las variedades
individuales nacientes, pudieron
y debieron desarrollarse,
en el curso de largos períodos de tiempo, los más diversos seres vivos
altamente organizados pertenecientes a ambos reinos naturales."
Notable
prueba de hasta qué punto era Liebig un diletante en el campo de la biología,
a pesar de ser ésta una ciencia muy afín a la química. No leyó a Darwin
hasta 1861, y mucho más tarde todavía los importantes trabajos biológicos y
paleontológico-geológicos que vinieron después de Darwin. A Lamarck no
"lo leyó nunca". "Y asimismo desconocía totalmente las
importantes investigaciones especiales sobre paleontología de L. von Buch,
d'Orbigny Münster, Klipstein, Hauer y Quenstedt sobre los cefalópodos fósiles,
que han venido a esclarecer de un modo tan magnífico la conexión genética
entre las diversas especies. Todos estos investigadores... viéronse empujados
por la fuerza de los hechos y casi en contra de su voluntad a la hipótesis
lamarckiana de la descendencia", y todo ello ya
antes de que viera la luz la obra de Darwin. "Por consiguiente, la teoría
de la descendencia había ido echando ya, silenciosamente, raíces en aquellos
investigadores que se ocupaban más a fondo del estudio comparado de los
organismos fósiles... L. von Buch, ya en 1832, en su estudio Ueber die Ammoniten und ihre Sonderung in Familien ["Sobre
los amonitas y su diferenciación en familias"], y en 1848, en una
comunicación leída en la Academia de Ciencias de Berlín, había
"introducido en la ciencia de la paleontología (!) la idea lamarckiana
de la afinidad típica de las formas orgánicas, como signo de su descendencia
común". Y, basándose en su estudio sobre los amonitas, podía declarar,
en 1848, lo siguiente: "la desaparición de formas viejas y la aparición
de otras nuevas no es el resultado de una destrucción total de las especies
organizadas, sino que
la formación de nuevas especies a base de las formas anteriores sólo
obedece, según lo más probable, a las nuevas condiciones de vida".11
___
Glosas. La anterior hipótesis de la
"vida eterna" y la importación presupone lo siguiente
1. La
eternidad de la albúmina.
258
2. La
eternidad de las formas primigenias partiendo de las cuales puede
desarrollarse todo lo orgánico. Ambas cosas son inadmisibles.
Sobre 1.
La afirmación de Liebig de que las combinaciones de carbono son tan
eternas como el carbono mismo resulta dudosa, por no decir que es totalmente
falsa.
a) ¿Es
el carbono un elemento simple? De otro modo, no podría ser eterno, en cuanto
tal.
b) Las
combinaciones del carbono son eternas, en el sentido de que, bajo condiciones
iguales de mezcla, temperatura, presión, tensión eléctrica, etc., se
reproducen siempre. Lo que hasta ahora no ha afirmado nadie es que, por
ejemplo, las combinaciones más simples del carbono, CO2 o CH4
sean eternas en el sentido de que existan en todos los tiempos y, sobre poco más
o menos, en todos los lugares, y no en el sentido de que se reproduzcan
constantemente, para desaparecer de nuevo a cada paso, naciendo de sus
elementos y retornando a ellos. Si la albúmina viva es eterna en el sentido
en que lo son las otras combinaciones del carbono, no sólo deberá
desarrollarse constantemente en sus elementos simples, como es evidente que se
desarrolla, sino que deberá, además, reproducirse constantemente partiendo
de los elementos simples y sin contar con el concurso de la albúmina ya
constituida, que es cabalmente lo contrario del resultado al que llega Liebig.
c) La
albúmina es la combinación del carbono más inestable que conocemos. Se
descompone en cuanto pierde la facultad de cumplir las funciones propias de
ella y a que damos el nombre de vida, situación a que se halla abocada, más
tarde o más temprano, por virtud de su propia naturaleza. ¿Y es precisamente
esta combinación de la que se nos dice que es eterna y que puede, dentro del
espacio cósmico, sobrevivir a todos los cambios de temperatura y presión, a
la ausencia de alimento y de aire, etc., cuando su límite superior de
temperatura es ya tan bajo, inferior a 100° C? Las condiciones de existencia
de la albúmina son infinitamente más complicadas que las de cualquier otra
combinación de carbono de cuantas conocemos, ya que se trata de explicar no
solamente funciones físicas y químicas nuevas, sino también funciones de
nutrición y de respiración que exigen un medio estrictamente delimitado
desde el punto de vista físico y químico, ¿y podemos creer que esta albúmina
se haya conservado por toda una eternidad y a través de todos los cambios
posibles? "Entre dos hipótesis, ceteris paribus" [suponiendo que todo lo demás
permanezca igual], Liebig "prefiere la más simple", pero puede
ocurrir que algo parezca muy simple y sea, en realidad, muy complicado. Y la
hipótesis de series innumerables y continuas de cuerpos albuminoides vivos que
proceden eternamente
los unos
de los
259
otros, de tal
modo que, en cualesquiera circunstancias, queda siempre algo, lo bastante
para que el stock permanezca bien abastecido, es cosa más complicada del mundo.
Además, las atmósferas de los cuerpos celestes y, en particular, las atmósferas
de las nebulosas, se hallaban en su origen bajo temperaturas de ignición, razón
por la cual no había lugar para la existencia de cuerpos albuminoideos. Por
donde llegaríamos, en fin de cuentas, a la conclusión de que el espacio cósmico
es o debe ser el gran receptáculo de la vida, ¡un receptáculo sin aire y sin
alimento y en el que reina una temperatura en la cual podemos asegurar,
que ninguna albúmina puede ejercer sus funciones ni conservarse!
Sobre 2. Los vibriones, los micrococos, etc., de que aquí se habla son seres ya
bastante diferenciados, grumos de albúmina que han segregado una membrana, pero
sin
núcleo. Ahora bien, la serie susceptible
de evolución de los cuerpos albuminoideos crea primeramente
el núcleo y se convierte en célula; la membrana celular constituye luego un
progreso ulterior (Amoeba
sphaerococcus). Los organismos
que aquí nos interesan pertenecen, por tanto, a una serie que, a juzgar por
analogía con todo lo que hasta ahora conocemos, se pierde estérilmente en un
callejón sin salida y no puede contarse entre los antepasados de los organismos
superiores.
Lo que
Helmholtz dice de la esterilidad de cuantas tentativas se han hecho para
producir artificialmente la vida es sencillamente pueril. La
vida
es el modo de existencia de los cuerpos albuminoideos, cuya nota esencial
consiste en un intercambio permanente de
sustancias con la naturaleza exterior que los rodea y
que, al cesar este intercambio, dejan también de existir, entrando la albúmina
en estado de desintegración.* Si
alguna vez se consiguiera sintetizar químicamente cuerpos albuminoideos,
inmediatamente presentarían manifestaciones vitales y realizarían
intercambios de sustancias, por muy tenues y efímeros que fuesen. Pero lo que
sí podemos asegurar es que estos cuerpos tendrían,
cuando más, la
forma de las móneras más rudimentarias, y probablemente formas todavía
inferiores a ellas. No podrían llegar a revestir, en todo caso, la forma de
los organismos ya diferenciados a través de una evolución milenaria y que, a
lo largo de ella, han llegado a aislar la membrana del contenido interno y a
plasmarse con
* Este intercambio de sustancias puede darse también
en los cuerpos inorgánicos y, a la larga, se da en todas partes, ya que en
todas partes se producen efectos químicos, por muy lentos que ellos sean.
Pero la diferencia está en que, tratándose de cuerpos inorgánicos, el
intercambio de sustancias los destruye, mientras que en los cuerpos orgánicos
este intercambio constituye precisamente la condición necesaria de su
existencia. [Nota de Engels.]
260
una
determinada estructura hereditaria. Sin embargo, mientras no sepamos más
de lo que actualmente sabemos acerca de la composición química de la albúmina,
no podemos pensar, probablemente antes de que pase un siglo, en sintetizarla
artificialmente y, en estas condiciones, resulta ridículo lamentarse del
fracaso de nuestros esfuerzos.
A
la afirmación que acabamos de hacer de que el intercambio de sustancias
constituye la actividad característica de los cuerpos albuminoideos podría
objetarse remitiéndose al crecimiento de las "células
artificiales" de Traube. Pero esto no valdría, ya que aquí sólo se
produce un fenómeno de absorción de un líquido por endósmosis, sin
modificación alguna, mientras que en el intercambio de sustancias se trata de
la absorción de cuerpos cuya composición química se modifica, que el
organismo asimila y cuyos residuos son eliminados al mismo tiempo que los
productos de descomposición del organismo mismo resultantes del proceso
vital.* La importancia de las
"células" de Traube estriba en que nos revelan la endósmosis y el
crecimiento como dos fenómenos que podemos también poner de manifiesto en la
naturaleza inorgánica y sin carbono alguno.
Los
grumos de albúmina recién nacidos tienen que haber sido capaces de nutrirse
de oxígeno, de ácido carbónico, de amoniaco y de algunas sales disueltas en
el agua que los rodeaba. No contaban allí con alimentos orgánicos, puesto
que no podían devorarse unos a otros. Y ello demuestra hasta qué punto
representan ya una etapa superior a ellos, aunque carezcan de membrana, las móneras
actuales, que viven de diatomeas, es decir, que presuponen la existencia de
toda una serie de organismos va diferenciados.
*
Dialéctica de la naturaleza - referencias.12
"Naturaleza",
núms. 294 y sigs. Allman on Infusoria [Allman sobre los infusorios].13
Monocelulares, importante.
Croll
on Ice Periods and Geological Time [Croll sobre los períodos glaciares y el
tiempo geológico].14
"Naturaleza",
núm. 326, Tyndall sobre Generatio [generación]15 Putrefacción
específica y experimentos de fermentación.
* N. B. -Del mismo modo que nos vemos obligados
a hablar de vertebrados sin vértebras, aquí tenemos necesariamente que dar
el nombre de organismo al grumo de albúmina no organizado, amorfo,
indiferenciado. Esto es posible dialécticamente, pues así como en la cuerda dorsal se contiene ya, en
germen, la columna vertebral, el grumo de albúmina recién nacido lleva ya
implícita "en si", como en germen, toda la serie infinita de los
organismos superiores. [Nota de Engels.]
261
Protistas.16
1) Son
acelulares y comienzan por el simple grumo de albúmina, que extiende y recoge
seudópodos bajo esta o la otra forma, por la mónera. No cabe duda de que las
móneras que hoy conocemos se diferencian mucho de las originarias, ya que
viven en su mayor parte de materia orgánica, absorben diatomeas e infusorios
(es decir, cuerpos superiores a ellos y que han surgido más tarde y tienen,
como [demuestra] la tabla I de Haeckel,17 una historia evolutiva y
pasan a través de la forma de zoosporas acelulares. Nos encontramos ya aquí
con la tendencia a la forma, propia de todos los cuerpos albuminoideos. Esta
tendencia se manifiesta, además, en los foraminíferos acelulares, que
segregan conchas completamente artificiales (¿anticipos de colonia? Corales,
etc.) y se anticipan por su forma a los moluscos superiores, lo mismo que las
algas tubulares (sifóneas) preforman el tronco, el tallo, la raíz y la forma
de la hoja de las plantas superiores, a pesar de que no son otra cosa que albúmina
carente de estructura. Debemos, por tanto, separar la protoameba de la ameba.*
2)
De una parte, se forma la
diferencia entre la piel (ectosarco) y la capa medular (endosarco) en el
heliozoario llamado Actinophrys
Sol (Nicholson,18 pág. 49). La capa epidérmica
emite seudópodos (en la Protomyxa
aurantiaca, esta etapa se da ya como fase de transición, véase Haeckel, tabla I).
Por esta vía de evolución no parece que haya llegado muy lejos la albúmina.
3)
De otra parte, se diferencian en la albúmina el núcleo y el nucleolo: amebas desnudas. A partir de aquí, avanza rápidamente
la plasmación de la forma. Semejante a ésta es la evolución de la célula
joven en el organismo; cfr. acerca de esto Wundt
(al
principio).19 En la Amoeba
sphaerococcus, al igual que en la Protomyxa,
la
formación de la membrana celular es solamente una fase de transición, pero
ya aquí apunta la. circulación de la vacuola contráctil.20 Y muy
pronto nos encontramos o bien con conchas de arena aglutinada (Diffugia, Nicholson,21
pág. 47), como ocurre en los gusanos y en las larvas de los insectos, bien
con una concha realmente segregada. Por último,
4)
La célula con membrana celular
permanente. Según la dureza de la membrana celular, saldrá de aquí, según
Haeckel22 (pág. 382), la planta o el animal, lo segundo cuando la
membrana sea blanda (aunque la cosa no deba, ciertamente, interpretarse en un
* Al margen del manuscrito, Engels anotó, a la altura de este párrafo,
lo siguiente: "La individualización es
insignificante: se distinguen una de otra, pero también se confunden."--N.
del ed.
262
sentido tan general).Con
la membrana celular aparece la forma determinada y, al mismo tiempo, plástica.
Y volvemos a encontrarnos aquí con la diferencia entre la membrana celular
simple y la concha segregada. Pero (a diferencia del punto 3) con esta
membrana y esta concha cesa la emisión de seudópodos. Repetición
de formas anteriores (zoosporos) y variedad de formas. Forman el punto de
transición los laberintulados (Haeckel, página 385), que lanzan sus seudópodos
al exterior y se desplazan reptando en esta red y modificando en cierta medida
su forma en la de haz. Las gregarinas anuncian ya el tipo de vida de los parásitos superiores -algunas de ellas no
son ya células aisladas, sino agrupaciones
de células
(Haeckel, pág. 451), pero que sólo contienen dos o tres células, un conato
abortado. Los organismos unicelulares alcanzan su evolución más alta en los
infusorios, en aquellos que son realmente
unicelulares.
Aquí nos encontramos ya con una diferenciación importante (véase
Nicholson). Nuevamente colonias y animales-plantas23
(Epistylis). Y lo
mismo, en las plantas unicelulares, un elevado desarrollo de la forma (desmidiáceas,
Haeckel, pág. 410).
5) La
etapa siguiente en el desarrollo progresivo es la combinación de varias células
para formar un cuerpo,
no ya una colonia. Primeramente, los catalácteos de Haeckel, la Magosphaera planula (Haeckel, pág. 384), en que la
agrupación de células no es más que una fase de desarrollo. Pero también
aquí vemos que ya no existen seudópodos (Haeckel no dice con precisión si
han dejado de existir en cuanto fase de transición). De otra parte, los
radiolarios, también conglomerados de células no diferenciadas, retienen en
cambio los seudópodos y desarrollan hasta el máximo la regularidad geométrica
de la concha, que desempeña ya un papel en los rizopodios auténticamente
unicelulares: la albúmina se rodea, por así decirlo, de su forma cristalina.
6) La
Magosphaera
planula forma la transición hacia la planula y la gastrula, etc.,
propiamente dichas. V. lo que sigue en Haeckel (págs. 452 y sigs.).24
El batibio.25
Las piedras que hay en su cuerpo demuestran que la forma primitiva de
la albúmina, todavía sin diferenciación ninguna de forma, lleva ya en sí
el germen y la capacidad de la formación del esqueleto.26
* Al margen del manuscrito, Engels escribió a la
altura de este párrafo lo siguiente: "Atisbo de una diferenciación superior." -N.
del ed.
263
El individuo.27
También este concepto se reduce a una serie de
elementos puramente relativos. Cormo,28 colonia, gusano y, de otra
parte, célula y metámero 29 en cuanto individuos en cierto
sentido (antropogenia30 y morfología).31
*
Toda
la naturaleza orgánica es una continua prueba de la identidad o carácter
inseparable de forma y contenido. Fenómenos morfológicos y fisiológicos,
forma y función se condicionan mutuamente. La diferenciación de la forma (célula)
condiciona la diferenciación de la materia en el músculo, la piel, los
huesos, el epitelio, etc., y la diferenciación de la materia condiciona, a su
vez, la diferenciación de la forma.32
*
Repetición
de las formas morfológicas en todas las fases de la evolución: formas
celulares (las dos esenciales se dan ya en la gástrula);33 formación
de metámeros, al llegar a cierta fase: anulados, artrópodos, vertebrados. En
los renacuajos de los anfibios se repite la forma primitiva de la larva de los
ascidios. Diferentes formas de marsupiales, que se repiten en los placentarios
(aunque sólo se tomen en consideración los marsupiales que todavía viven).34
*
Hay
que admitir, en lo que se refiere a toda la evolución de los organismos, la
ley de la aceleración en proporción al cuadrado de la distancia que separa
en el tiempo esta evolución de su punto de partida. Cfr. en Haeckel, Schöpfungeschichte ["Historia de la creación"]35 y Anthropogenie ["Antropogenia"],36
las formas orgánicas que corresponden a las distintas eras geológicas. La
rapidez aumenta a medida que se asciende.37
*
Poner
de manifiesto la teoría de Darwin como la demostración práctica de la
exposición hegeliana de la conexión interna entre necesidad y casualidad.38
*
La lucha por la existencia.39
Ante todo, debe limitarse estrictamente a las luchas que provoca la
superpoblación
vegetal y animal, luchas que se producen, de hecho, en el reino vegetal
y en
264
ciertas fases inferiores del
animal. Pero de esto hay que distinguir rigurosamente las condiciones en que las
especies se transforman, en que especies viejas se extinguen y dejan el sitio a
otras nuevas, desarrolladas, sin que medie tal superpoblación: por ejemplo, en
la emigración de animales y plantas a nuevas regiones, en las que las nuevas
condiciones climáticas, del suelo, etcétera, se encargan de provocar el
cambio. Si, en esas condiciones, los
individuos que se adaptan
sobreviven y, por medio de una creciente adaptación, se desarrollan hasta
formar una nueva especie, mientras otros individuos más estables agonizan y
acaban extinguiéndose, desapareciendo con ellos las fases intermedias
imperfectas, esto puede producirse y se produce sin
ninguna clase de maltusianismo, y aun suponiendo que lo hubiera, ello no haría
cambiar para nada el proceso, sino que simplemente, a lo sumo, lo aceleraría.
Otro tanto ocurre con motivo del cambio progresivo de las condiciones geográficas,
climáticas, etc., en determinado territorio (desecación del Asia Central, por
ejemplo). El hecho de que la población animal o vegetal se halle o no en
condiciones de penuria es indiferente; tanto en uno como en otro caso, se opera
el proceso de desarrollo de los organismos por los cambios geográficos, climáticos
o de otro tipo. Y lo mismo sucede en la selección natural, en la que tampoco
desempeña ningún papel real el maltusianismo.
De ahí
también que "la adaptación y la herencia" de Haeckel puedan explicar
todo el proceso de la evolución, sin necesidad de recurrir a la selección ni
al maltusianismo.
Es
cabalmente un error de Darwin el mezclar y confundir en la "natural
selection or the
survival of the fittest [selección natural o
la supervivencia de los más aptos] dos cosas totalmente distintas:
1) La
selección bajo la presión de la superpoblación, donde es posible, que sean
los más fuertes los primeros que sobrevivan, pero en que éstos se revelen
también como los más débiles, desde muchos puntos de vista.
2) La
selección debida a una capacidad mayor de adaptación a nuevas condiciones, en
que los sobrevivientes se adaptan mejor a éstas; pero esta adaptación puede
significar, en su conjunto, tanto un progreso como una regresión (así, por
ejemplo, la adaptación a la vida parasitaria representa
siempre
una regresión).
Lo
fundamental, aquí, es que todo progreso en la evolución orgánica constituye
al mismo tiempo un retroceso, desde el momento en que, al fijar una evolución
unilateral,
excluye
la posibilidad de la evolución en muchas otras direcciones.
Pero
esto constituye una ley fundamental.
265
Struggle for life [Lucha por la vida].40
Hasta Darwin, los partidarios modernos de esta teoría insistían precisamente
en la cooperación armónica que reinaba en la naturaleza orgánica, en cómo
el reino vegetal suministra a los animales alimento y oxígeno, mientras que
éstos aportan a las plantas abono, amoniaco y ácido carbónico. Pero, tan
pronto como se reconoció la doctrina de Darwin, los mismos que antes hablaban
de armonía no veían en todas partes más que lucha.
Ambas concepciones tienen su razón de ser dentro de estrechos límites,
pero ambas son también igualmente unilaterales y limitadas. La acción mutua
entre los cuerpos inanimados de la naturaleza entraña conjuntamente armonía
y colisión; la que media entre los seres vivos implica la cooperación
consciente e inconsciente y la lucha inconsciente o deliberada. Así, pues, ya
en el mundo de la naturaleza no vale levantar exclusivamente y de un modo
unilateral la bandera de la "lucha". Y lo que resulta ya
perfectamente pueril es empeñarse en subordinar toda la multiforme riqueza
del desarrollo y de la complejidad históricos a esa frase tan pobre y tan
limitada de la "lucha por la existencia". Frase que no dice nada y
menos aún que nada.
Toda
la teoría darvinista de la lucha por la existencia es, pura y simplemente, la
teoría del bellum omnium contra omnes [guerra
de todos contra todos] de Hobbes, la teoría de los economistas burgueses
sobre la competencia y la teoría maltusiana de la población, llevadas de la
sociedad a la naturaleza viva. Una vez realizado este juego de manos (cuya
incondicional legitimidad sigue siendo muy dudosa, sobre todo en lo que se
refiere a la teoría maltusiana), resulta muy fácil retrotraer de nuevo estas
teorías de la historia natural a la historia social y, con un candor en
verdad excesivo, sostener que, al hacerlo así, se ha dado a estas
afirmaciones el valor de leyes naturales eternas de la sociedad.
Aceptemos
por un momento, for argument's sake [para fines de argumentación], la frase
de lucha por la existencia. El animal llega, a lo sumo, a actos de recolección;
el hombre, en cambio, produce, crea
medios de vida en el más amplio sentido de la palabra, medios de vida que sin
él jamás habría llegado a producir la naturaleza. Ya esto por sí solo hace
imposible transferir, sin más, a la sociedad humana las leyes de vida de las
sociedades animales. La producción no tarda en hacer que la llamada struggle
for existente [lucha por la existencia] no gire ya solamente en torno a los
medios de vida propiamente dichos, sino también en torno a los medios de
disfrute y de desarrollo. Y aquí -tratándose de los
medios de desarrollo producidos
por la sociedad- resultan
266
ya absolutamente inaplicables las
categorías tomadas del mundo animal. Por último, al llegar al régimen
capitalista de producción, ésta se remonta a una altura tal, que la sociedad
ya no puede consumir los medios de vida, disfrute y desarrollo producidos, por
una razón, a saber: que a la gran masa de los productores se les cierra,
artificial y violentamente, el acceso a ellos; y así, cada diez años, tiene
que venir una crisis a restablecer el equilibrio perturbado, destruyendo no
solamente los medios de vida, disfrute y desarrollo producidos, sino también
una gran parte de las mismas fuerzas productivas; es decir, que la llamada
lucha por la existencia reviste, en estas condiciones,
la siguiente forma:
proteger
los productos y las fuerzas
productivas producidos por la sociedad burguesa contra la acción destructora
y devastadora de este mismo orden social capitalista, arrebatando la dirección
de la producción y la distribución sociales de manos de la clase
capitalista, incapacitada ya para gobernarlas, y entregándola a la masa
productora, lo que equivale a llevar a cabo la revolución socialista.
Por sí
sola, la concepción de la, historia como una serie de luchas de clases es
mucho más rica en contenido y más profunda que la simple reducción a las
diferentes fases, poco variadas entre sí, de la lucha por la existencia.
*
Vertebrados.41 Su
característica esencial consiste
en la agrupación de todo el cuerpo en
torno al sistema nervioso. Ello entraña la posibilidad de desarrollo hasta
llegar a la conciencia de sí mismo, etc. En todos los demás animales, el
sistema nervioso es accesorio; aquí, en cambio, constituye el fundamento de
toda la organización. El sistema nervioso, desarrollándose hasta cierto
grado -mediante la prolongación hacia atrás del ganglio cervical de los
gusanos-, se apodera de todo el cuerpo y lo organiza a tono con sus
necesidades.
*
Cuando
Hegel pasa de la vida al conocimiento por medio de la fecundación (procreación),42 en
ello se contiene ya en germen la teoría de la evolución, según la cual,
partiendo de la vida orgánica como de algo dado, tiene necesariamente que
desarrollarse, a través del desarrollo de las generaciones, hasta llegar a
una generación de seres pensantes.43
*
Lo
que Hegel llama la acción mutua es el cuerpo orgánico, que forma también, por tanto, el
tránsito a la conciencia, es decir, de la necesidad a la libertad, al
concepto (véase Lógica. II,
final).44
267
*
Conatos en la naturaleza:45
los Estados de los insectos
(que, ordinariamente, no van más allá de las relaciones puramente
naturales): aquí se da incluso un conato social. Idem los animales
productores con órganos herramientas (las abejas, etc., los castores); se
trata siempre, sin embargo, de cosas accesorias y que no influyen sobre el
conjunto de la situación. Ya antes: las colonias de corales y de hidrozoos,
en las que el individuo constituye, a lo sumo, una fase de transición y la
community [comunidad] corpórea es, en la mayoría de los casos, una etapa del
pleno desarrollo. Véase Nicholson.46 Y lo mismo ocurre con los
infusorios, la forma más alta y en parte muy diferenciada que una célula puede revestir.
*
El trabajo.47
La teoría mecánica del calor transfiere esta categoría de la economía
a la física (pues, desde el punto de vista fisiológico, dista mucho todavía
de hallarse científicamente determinada); pero, al mismo tiempo, aparece
determinada de un modo muy distinto, como se desprende del hecho de que
solamente pueda expresarse en kilogramos-metros una parte muy pequeña y poco
importante del trabajo económico (levantamiento de cargas, etc.). Sin
embargo, tendencia a retransferir el concepto termodinámico de trabajo a
ciencias de las que ha sido tomada esta categoría, pero con una determinación
distinta, por ejemplo a identificarla burdamente y sin limitación con el
trabajo fisiológico, como ocurre en la experiencia del Faulhorn48
llevada a cabo por Fick y Wislicenus y en la que la elevación de un cuerpo
humano disons [digamos] de 60 kg. a
una altitud disons [digamos] de
2.000 metros, o sea en 120.000 kg., tendría, a juicio de estos
investigadores, que expresar el trabajo fisiológico realizado. Pero
representa una diferencia enorme, en cuanto al trabajo fisiológico realizado,
el cómo se efectúe esta elevación, ya sea que la carga se levante
directamente, trepando por escaleras verticales, o subiendo un camino o
escalera de 45° de inclinación (= terreno militarmente impracticable), o por
un camino con una inclinación de 1/18 y, por tanto, de 36 km. de largo
(aunque este caso es dudoso, si para todos se conoce el mismo tiempo). Pero de
un modo o de otro, no cabe duda de que, en todos los casos viables, se
requiere también un movimiento de impulso hacia arriba, impulso además
bastante considerable si se trata de un camino en línea recta y que, como
trabajo fisiológico, no puede considerarse igual a cero. Hay quienes
parecen complacerse
en retransferir
a la
economía la
268
categoría termodinámica de
trabajo, como hacen los darvinistas con la lucha por la existencia, lo que sólo
conduciría a un resultado absurdo. ¡Que alguien intente reducir cualquier
clase de skilled labour [trabajo calificado] a kilográmetros y determinar el
salario sobre esta base! Fisiológicamente considerado, el cuerpo humano cuenta
con órganos que, en su conjunto y en
cierto aspecto, pueden
considerarse como máquinas termodinámicas, mediante las cuales una cantidad de
calor se convierte en movimiento. Pero, aun suponiendo que se dieran las mismas
condiciones en los otros órganos del cuerpo, el problema está en saber si un
trabajo fisiológico realizado, incluso el levantamiento de un cuerpo, puede
expresarse totalmente en kilogramos-metros, desde el momento en que simultáneamente
se efectúa en el cuerpo una función interna,
que
no se manifiesta en el resultado. En efecto, el cuerpo no es una simple máquina
de vapor expuesta solamente al frotamiento y el desgaste. El trabajo fisiológico
sólo puede llevarse a cabo mediante constantes transposiciones químicas
realizadas en el cuerpo mismo y que dependen también del proceso de la
respiración y del funcionamiento del corazón. Toda contracción o relajación
muscular produce en los nervios y en los músculos modificaciones químicas que
no es posible equiparar a las que sufre el carbón en la máquina de vapor. Cabe
comparar entre sí dos trabajos fisiológicos realizados en circunstancias
iguales, pero no es posible medir el trabajo físico del hombre con arreglo al
de una máquina de vapor, etc.; tal vez se puedan comparar sus resultados
externos, pero no los procesos mismos, sin hacer reservas muy importantes.
(Todo
esto debe ser revisado a fondo.)