V. I. LENINUN PASO
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NOTA DEL EDITOR
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I |
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a) |
PREPARACION DEL CONGRESO |
1 |
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b) |
SIGNIFICACION DE LOS AGRUPAMIENTOS EN EL CON- |
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c) |
COMIENZA EL CONGRESO. INCIDENTE CON EL COMITE |
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d) |
DISOLUCION DEL GRUPO "IUZHNI RABOCHI" |
21 |
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e) |
EL INCIDENTE DE LA IGUALDAD DE DERECHOS DE LAS |
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f) |
EL PROGRAMA AGRARIO |
36 |
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g) |
LOS ESTATUTOS DEL PARTIDO. PROYECTO DEL CAMA- |
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h) |
DISCUSION SOBRE EL CENTRALISMO ANTES DE LA |
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i) |
ARTICULO PRIMERO DE LOS ESTATUTOS |
64 |
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j) |
VICTIMAS INOCENTES DE UNA FALSA ACUSACION DE |
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k) |
CONTINUA LA DISCUSION SOBRE LOS ESTATUTOS. |
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l) |
TERMINA LA DISCUSION SOBRE LOS ESTATUTOS LA |
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ll) |
LAS ELECCIONES. FINAL DEL CONGRESO |
137 |
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m) |
CUADRO GENERAL DE LA LUCHA EN EL CONGRESO EL |
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n) |
DESPUES DEL CONGRESO. DOS METODOS DE LUCHA |
191 |
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ñ) |
PEQUEñOS DISGUSTOS NO DEBEN EMPAZAR UN GRAN |
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o) |
LA NUEVA ISKRA. EL OPORTUNISMO EN LAS CUES- |
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p) |
ALGO SOBRE LA DIALECTICA. DOS REVOLUCIONES |
272 |
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ANEXO. EL INCIDENTE DEL CAMARADA
GUSIEV CON EL |
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292 |
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pág. I
En toda lucha larga, tenaz y apasionada, comienzan a
diseñarse generalmente, al cabo de cierto tiempo, los puntos de divergencia
centrales, básicos, de cuya solución depende el desenlace definitivo de la
campaña y, en comparación con los cuales, pasan cada vez más a segundo
plano todos y toda clase de pequeños y mezquinos episodios de la lucha.
Esto es lo que sucede también con la lucha que se
desarrolla en el seno de nuestro Partido y que hace ya seis meses tiene
concentrada sobre sí la atención de todos los miembros del Partido. Y
precisamente porque en el esbozo de toda la lucha que ofrezco al lector he
tenido que referirme a muchas pequeñeces, que tienen un interés
insignificante, a muchas querellas que, en el fondo, no tienen interés
alguno, precisamente por ello quisiera, desde el comienzo mismo, ílamar la
atención del lector sobre dos puntos verdaderamente centrales y básicos que
presentan un interés enorme, que tienen indudable valor histórico y
constituyen las cuestiones políticas más urgentes en el orten del día de
nuestro Partido.
La primera de estas cuestiones es la de la significación
política de la división de nuestro Partido en "mayoría" y
"minoría", división que ha tomado forma en el II Congreso del
Partido y que ha dejado muy atrás todas las anteriores divisiones de los
socialdemócratas rusos.
pág. II
La segunda cuestión es la del valor de principio de la
posición de la nueva Iskra en las cuestiones de organización, en
tanto en cuanto esta posición es efectivamente de principios.
La primera cuestión es la del punto inicial de nuestra
lucha en el Partido, la cuestión acerca de su origen, de sus causas, de su
carácter político fundamental. La segunda cuestión es la de los resultados
finales de esa lucha, la cuestión acerca de su término, del total que, en el
terreno de los principios, resulta si se suma todo lo que se refiere a la
esfera de los principios y se resta todo lo que se refiere a la esfera de las
querellas. La primera cuestión se resuelve analizando la lucha que ha tenido
lugar en el Congreso del Partido; la segunda, analizando el nuevo contenido de
principio de la nueva Iskra. Uno y otro análisis, contenido de las
nueve décimas partes de mi folleto, llevan a la conclusión de que la
"mayoría" es el ala revolucionaria de nuestro Partido, y la
"minoría" es su ala oportunista. Las discrepancias que separan a un
ala de la otra en el presente, se reducen, principalmente, no a cuestiones de
programa y de táctica, sino sólo a cuestiones de organización; el nuevo
sistema de concepciones que se dibuja en la nueva Iskra con tanta mayor
claridad cuanto más procura ahondar su posición y cuanto más limpia va
quedando dicha posición de querellas por la cooptación, es el oportunismo en
las cuestiones de organización.
El principal defecto de la literatura con que ahora
contamos sobre la crisis de nuestro Partido, en el terreno del estudio e
ilustración de los hechos, es la falta casi total de un análisis de las
actas del Congreso del Partido, y, en el terreno del esclarecimiento de los
principios fundamentales del problema de organización, la falta de un análisis
del nexo que indudablemente existe entre el error fundamental cometido por el
camarada Mártov y el camarada Axelrod al formular
pág. III
el artículo primero de los estatutos y al defender esta fórmula, por una
parte, y todo el "sistema" (si es que puede hablarse en este caso de
sistema) de las concepciones de principio que ahora tiene Iskra sobre
el problema de organización. La actual redacción de Iskra ni siquiera
advierte, por lo visto, este nexo, aun cuando en las publicaciones de la
"mayoría" se ha señalado ya muchisimas veces la importancia de las
discusiones sobre el artículo primero. En el fondo, el camarada Axelrod y el
camarada Mártov no hacen ahora sino ahondar, desarrollar y extender el error
inicial respecto al artículo primero. En el fondo, ya en las discusiones
habidas con respecto al artículo primero comenzó a despuntar toda la posición
de los oportunistas en el problema de organización: su defensa de una
organización del Partido difusa y no fuertemente cimentada, su hostilidad a
la idea (a la idea "burocrática") de estructurar el Partido de
arriba abajo, a base del Congreso del Partido y de los organismos por él
creados; su tendencia a ir de abajo arriba, permitiendo considerarse como
miembros del Partido a cualquier profesor, a cualquier estudiante de
bachillerato y a "todo huelguista"; su hostilidad al
"formalismo" que exija a un miembro del Partido la pertenencia a una
de las organizaciones reconocidas por éste; su propensión a la psicologia de
intelectual burgués, dispuesto tan sólo a "reconocer platónicamente
las relaciones de organización"; la facilidad con que se entregan a
elucubraciones oportunistas y a frases anárquicas; su tendencia al
autonomismo en contra del centralismo; en una palabra, todo lo que florece
ahora exuberantemente en la nueva Iskra, contribuyendo cada vez más a
una palmaria y completa aclaración del error cometido en un principio.
Por lo que se refiere a las actas del Congreso del
Partido, la verdaderamente inmerecida falta de atención de que son
pág. IV
objeto, sólo puede explicarse-por las querellas que encizañan nuestras
discusiones y además, probablemente, por el exceso de verdades demasiado amárgas
que contienen esas actas. Las actas del Congreso del Partido brindan un cuadro
único en su género, insustituible por lo exacto, lo pleno, lo polifacético,
lo rico y lo auténtico, un cuadro de la verdadera situación de nuestro
Partido, un cuadro de los puntos de vista, de los estados de ánimo y de los
planes trazados por los mismos hombres que participan en el movimiento, un
cuadro de los matices políticos existentes en nuestro Partido, que permite
ver su fuerza correlativa, sus relaciones mutuas y su lucha. Precisamente las
actas del Congreso del Partido, y sólo ellas, son las que nos permiten ver
hasta qué punto hemos conseguido barrer realménte todos los restos de las
viejas relaciones, puramente de círculos, y sustituirlas por una grande y única
conexión del Partido. Todo miembro del Partido que quiera participar
conscientemente en los asuntos de su Partido está obligado a es tudiar de
manera minuciosa nuestro Congreso, y repito: a estutiar, porque la mera
lectura del montón de materiales en crudo, como son las actas, no bastan para
dar el cuadro del Congreso. Sólo por un estudio minucioso y personal pue de
conseguirse (y debe conseguirse) que los breves resúmenes de los discursos,
notas escuetas sobre las discusiones, pequeñas escaramuzas por pequeñas
(pequeñas al parecer) cuestiones se fundan en algo que sea un todo, para que
los miembros del Partido vean surgir como viva la~figura de cada orador
destacado y quede clara toda la fisonomía política de cada gNpO de delegados
del Congreso. El que escribe estas líneas no ha trabajado en vano si consigue
aunque sea impulsar hacia un estudio amplio y personal de las actas del
Congreso del Partido.
pág. V
Unas palabras más, para los adversarios de la
socialdemocracia. Con muecas de alegría maligna siguen nuestras discusione;
procurarán, naturalmente, entresacar para sus fines algunos pasajes aislados
de mi folleto, consagrado a los defectos y deficiencias de nuestro Partido.
Los socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados en el combate para
no dejarse turbar por semejantes alfilerazos y para continuar, pese a ellos,
su labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias
deficiencias, que de un modo necesario e inevitable serán enmendadas por el
desarrollo del movimiento obrero. ¡Y que ensayen los señores adversarios a
describirnos un cuadro de la situación efectiva de sus
"partidos" que se parezca aunque sea de lejos al que brindan las
actas de nuestro II Congreso!
N. Lenin
Mayo de 1904
pág. 1
Se dice que, en un plazo de veinticuatro horas, todo el
mundo tiene el terecho de maldecir a sus jueces. El Congreso de nuestra
Partido, como todo congreso de cualquier otro partido, ha sido también juez
de algunas persanas que aspiraban al puesto de dirigentes y han sufrido un
fracaso. Y ahora estos representantes de la "minoría", con una
candidez enternecedora, "maldicen a sus jueces" y tratan por todos
los medios de desacreditar el Congreso, de aminorar Recordemos, en efecto, los principales hechos de la
historia de la preparación del Congreso.
pág. 2
Desde el primer momento, en su anuncio de Igoo, que
precedió a la salida del periódico, Iskra declaró que, antes de
unificarnos, hacía falta deslindar nuestros campos. Iskra
procuró convertir la Conferencia de 1902[3]
en una reunión privada y no en un Congreso del Partido[*].
Iskra procedió con extraordinario cuidado en el verano y otoño de
1902, al renovar el Comité de Organización elegido por aquella Conferencia.
Por fin, terminó la labor de deslindamiento, y terminó con forme todos
nosotros reconocimos. El Comité de Organización se constituyo a fines de
1902. Iskra celebró su afianzamiento y declaró -- en el artículo de
fondo del núm. 32 -- que la convocatoria de un Congreso del Partido era
la necesidad más imperiosa y urgente[**].
De modo que lo que menos se nos puéde reprochar es precipitación en la
convocatoria del II Congreso. Precisamente nos atuvimos a la regla: mídelo
siete veces y córtalo una; teníamos pleno derecho moral a esperar de los
camaradas que, después de cortar, no serían ellos los que se lamentaran y
volvieran a medir.
El Comité de Organización elaboró para el II Congreso
unos estatutos extraordinariamente minuciosos (formalistas y burocráticos,
dirían ahora los que encubren con estas palabrejas su falta de carácter en
materia política), hizo que fue sen adoptados por todos los comités y, por
último, los aprobó, disponiendo, entre otras cosas, en el artículo 18:
"Todas las resoluciones del Congreso y todas las elecciones que en él
tienen lugar son decisiones del Partido, obligatorias para todas sus
organizaciones. Nadie, bajo pretexto alguno, puede protestar contra ellas, y sólo
el siguiente Congreso del Par-
pág. 3
tido puede anularlas o modificarlas"[ ¿De quién se ríe, pues, la nueva Iskra, al
hacer el nuevo descubrimiento de que el Congreso no es una divinidad y sus
decisíones no son sagradas? ¿Contiene este descubrimiento "un nuevo
punto de vista sobre los problemas de organización" o tan sólo nuevos
intentos de borrar viejas huellas?
pág. 4
Por tanto, el Congreso fue convocado después de la
preparación más minuciosa, teniendo como base el principio de plena
representación en su forma superior. El presidente, después de constituido
el Congreso (pág. 54 de las actas), declaró también que todos reconocían
que el Congreso tenía una composición justa y sus decisiones eran absolutamente
obligatorias.
¿Cuál era, pues, la principal tarea del Congreso?
Crear un partido efectivo, sobre las bases de principio y de organización
propuestas y elaboradas por Iskra. Tres años de actividad de Iskra,
aprobada por la mayoría de los comités, habían decidido de antemano que aquélla
debía ser precisamente la dirección en que debía trabajar el Congreso. El
programa y la orientación de Iskra debían convertirse en el programa
y la orientación del Partido, los planes de organización de Iskra debían
quedar afianzados en los estatutos de organización del Partido. Pero de suyo
se comprende que semejante resultado no podía conseguirse sin lucha: la
plenitud de representación en el Congreso aseguraba la presencia en él también
de organizaciones que sostenían contra Iskra una lucha decidida (Bund
y "Rabócheie Dielo"), y de otras que, reconociendo de palabra a Iskra
como órgano directivo, perseguían en la práctica sus planes especiales y se
pág. 5
distinguían por su falta de firmeza en el terreno de los principios (el
grupo "Iuzhni Rabochi" y los delegados de algunos comités adheridos
a él-). En semejantes condiciones, el Congreso no podía menos de convertirse
en campo de lucha por la victoria de la orientación iskrista. Todo el
que lea con un poco de atención las actas del Congreso, verá en seguida que,
efectivamente, fue campo de esta lucha. Y nuestra misión ahora consiste en
estudiar detalladamente los agrupamientos principales que, con motivo de
diversas cuestiónes, se han señalado en el Congreso, y reconstruir, con los
datos exactos de las actas, la fisonomía política de cada uno de los grupos
fundamentales del Congreso. ¿Qué eran realmente los grupos, tendencias y
matices que debían fundirse en el Congreso, bajo la dirección de Iskra,
en un partido único? Esto es lo que debemos demostrar, analizando los debates
y las votaciones. La aclaración de este punto es también de cardinal
importancia para estudiar lo que son en realidad nuestros socialdemócratas,
así como para comprender las causas de la divergencia. Por esto es por lo que
tanto en mi discurso ante el Congreso de la Liga, como en mi carta a la
redacción de la nueva Iskra, ponía precisamente en primer plano el análisis
de los diversos agrupamientos. Mis adversarios de la "minoría" (con
Mártov al frente) no comprendieron en absoluto el fondo del problema. En el
Congreso de la Liga se limitaron a enmiendas parciales, "justificándose"
de la acusación de viraje hacia el oportunismo de que se les había hecho
objeto, sin intentar siquiera trazar, en contraposición al mío, un cuadro algo
distinto de los agrupamientos en el Congreso. Ahora, en Iskra (n.
56), Mártov trata de presentar como simple "politiquería de círculos"
todos los intentos de delimitar exactamente los diversos grupos políticos del
Congreso. ¡Son palabras muy fuertes, camarada Mártov! Pe-
pág. 6
ro las palabras fuertes de la nueva Iskra tienen una propiedad
original: basta reproducir exactamente todas las peripecias de la divergencia,
empezando por el Congreso, y veremos que todas esas palabras fuertes se
vuelven, plenamente y sobre todo, contra la redacción actual. ¡Miraos
a vosotros mismos, señores que os llamáis redactores del Partido, y que
planteáis la cuestión de la politiquería de círculos!
Todo lo acontecido durante nuestra lucha en el Congreso
molesta ahora tanto a Mártov, que procura velarlo por completo.
"Iskrista -- dice -- es quien, en el Congreso del Partido y antes de él,
ha declarado que se solidariza plenamente con Iskra, ha defendido su
programa y sus puntos de vista en materia de organización y ha apoyado su política
en este terreno. En el Congreso hubo más de cuarenta iskristas de este tipo y
ése fue el número de votos favorables al programa de Iskra y por la
resolución reconociendo a Iskra órgano central del Partido."
Hojead las actas del Congreso y veréis que el programa fue aceptado por
todos (pág. 233), menos por Akímov, que se abstuvo. ¡Con esas palabras,
el camara da Mártov quiere asegurarnos que tanto los bundistas, como Brúker
y Martínov, han demostrado su "plena solidaridad" con Iskra
y defendido sus puntos de vista en materia de organización! Esto es ridículo.
El hecho de que, después del Congreso, todos los que en él
tomaron parte se hayan convertido en miembros del Pártido, con iguales
derechos (y aún no todos, porque los bundistas se retiraron), se confunde aquí
con aquellos grupos que provocaron la lucha en el Congreso. En lugar de
estudiar cuáles fueren los elementos que después del Congreso
formaron la "mayoría" y la "minoría", se hace una frase
oficial: ¡han aceptado el programa!
Ved la votación para reconocer a Iskra como órgano
central. Veréis que Martínov, a quien el camarada Mártov, con
pág. 7
valor digno de mejor causa, atribuye ahora la defensa de los puntos de
vista y de la política de Iskra en materia de organización, es quien
precisamente insiste en que se distingan dos partes en la resolución: el mero
reconocimiento de Iskra cómo órgano central y el reconocimiento de
sus méritos. Cuando se vota la primera parte de la resolución (en que se
reconoce los méritos de Iskra, y se expresa la solidaridad con
ella), hay sólo 35 votos en favor, dos en contra (Akímov y Brúker) y
once abstenciones (Martínov, los cinco bundistas y los cinco votos de la
Redacción, los dos míos, los dos de Mártov y el de Plejánov). Por
consiguiente, el grupo de antiiskristas (cinco bundistas y tres de "Rabócheie
Dielo") se destaca con toda claridad también aquí, en este ejemplo, el
más favorable para el punto de vista actual de Mártov, ejemplo que él mismo
ha elegido. Ved la votación de la segunda parte de la resolución, por la que
se reconoce a Iskra como órgano central, sin dar motivo alguno y sin
expresar solidaridad (pág. 147 de las actas): 44 votos en favor, que
el actual Mártov clasifica como iskristas. En total hubo 51 votos; restan do
las cinco abstenciones de los redactores, quedan 46; hubo dos votos en
contra (Akímov y Brúker); todos los cinco bundistas entran, por
tanto, en el número de los 44 restantes. De modo que los bundistas, en el
Congreso, "expresaron su completa solidaridad con Iskra". ¡Así se
escribe la historia oficial por la Iskra oficial! Adelantándonos al
relato, explicaremos al lector los verdáderos motivos de esta verdad oficial:
la actual redacción de Iskra podría ser y sería, en realidad,
redacción del Partido (y 40 seudo-redacción del Partido, como ahora), si
no se hubieran retirado del Congreso los bundistas y los rabócheiedielistas ".
Por esta razón hubo que convertir en "iskristas" a estos fieles guárdiancs
de la actual
pág. 8
redacción, sedicente redacción del Partido. Pero ya hablaremos
detalladamente de esto más adelante.
Luego cabe-preguntar: si el Congreso era una lucha de
elementos iskristas y antiiskristas, ¿no habría elementos intermedios,
vacilantes, que oscilaran entre unos y otros? Todo el que conozca algo nuestro
Partido y la fisonomía habitual de todos los congresos se inclinará, ya a
priori, a contestar a esta pregunta afirmativamente. El camarada Mártov
no siente ahora el menor deseo dé acordarse de estos elementos vacilantes y
describe el grupo de "Iuzhni Rabochi", con los delegados que tienden
hacia él, como iskristas típicos, presentando las discrepancias que nos
separan de ellos como insignificantes y sin importancia. Felizmente, tenemos
ahora ante nosotros el texto completo de-las actas, y podemos resolver este
problema -- el probléma de los hechos, claro está -- a base de datos
documentales, Lo que hemos dicho más arriba, sobre el agrupamiento general en
el Congreso, no pretende, naturalmente, resolver este problema, sino sólo
plantearlo de un modo acertado.
Sin analizar los agrupamientos políticos, sin trazar un
cuadro del Congreso como lucha de determinados matices, nuestras divergencias
son totalmente incomprensibles. Cuando Mártov intenta escamotear las
diferencias de matiz, incluyendo hasta a los bundistas entre los iskristas, no
hace más que esquivar la cuestión. Ya a priori, a base de la historia
de la socialdemocracia rusa antes del Congreso, se observan (para su ulterior
estudio y detallada comprobación) tres grupos principales: iskristas,
andiskristas y elementos inconstantes, vacilantes, inestables.
pág. 9
Como mejor se hará el análisis de los debates y
votaciones del Congreso será siguiendo el orden de las sesiones del mismo, a
fin de ir consignando consecutivamente los matices políticos que en él se
iban señalando cada vez más. Sólo cuando sea absolutamente necesario nos
apartaremos del orden cronológico para examinar en conjunto problemas que
guarden estrecha relación entre sí o agrupamientos homogéneos. En aras de
la imparcialidad, trataremos de señalar todas las votaciones más
importantes, dejando de lado, naturalmente, numerosos casos en que se votaron
menudencias, que se llevaron en nuestro Congreso una cantidad exorbitante de
tiempo (parte, por nuestra inexperiencia y porque no supimos distribuir el
material entre las reuniones de comisiones y las sesiones plenarias, y parte,
por dilaciones rayanas en la obstrucción).
La primera cuestión que suscitó debates en que
empezaron a marcarse los diferentes matices, fue, si debía figurar en primer
lugar, (en el "orden del día" del Congreso) la del punto siguiente:
"situación del Bund en el Partido" (págs. 29-33 de las actas).
Desde el punto de vista iskrista, que defendíamos Plejánov, Mártov, Trotski
y yo, no podía haber ningún género de dudas a este respecto. La salida del
Bund del Partido demostró palpablemente la justeza de nuestras
pág. 10
consideraciones: si el Bund no quería ir con nosotros ni reconocer los
principios de organización que con Iskra compartía la mayoría del
Partido, era inútil y absurdo "hacer como si" fuéramos juntos y
prolongar sólo el Congreso (como lo prolongaban los bundistas). La cuestión
estaba ya plenamente aclarada en las publicaciones, y para todo miembro del
Partido que reflexionara algo era evidente que sólo cabía plantear
francamente la cuestión y elegir de una manera directa y honrada entre la
autonomía (vamos juntos) y la federación (nos separamos).
Con toda su política de evasivas, también aquí
quisieron los bundistas eludir el problema, aplazándolo. Se les unió el
camarada Akímov, que en seguida, por lo visto en nombre de todos los
partidarios de "Rabócheie Dielo", planteó las discrepancias con Iskra
en materia de organización (pág. 31 de las actas). Al lado del Bund y de
"Rabócheie Dielo" se coloca Májov (¡dos votos del Comité de
Nikoláiev, que hacía poco había expresado su solidaridad con Iskrar! ).
El camarada Májov no comprende nada del problema; él considera también
"punto flaco" "la cuestión del régimen democrático o, por el
contrario [¡fijaos en esto!], del centralismo", lo mismo que la mayoría
de nuestra actual redacción "del Par tido", ¡que no ha visto todavía
en el Congreso este "punto flaco"!
De modo que contra los iskristas están: El Bund,
"Rabócheie Dielo" y el camarada Májov, que tienen juntos
precisamente los diez votos que hubo contra nosotros (pág. 33). En favor
nuestro hubo treínta votos, cifra alrededor de la cual, como
veremos más adelante, oscilan con frecuencia los votos de los iskristas. Hubo
11 abstenciones de los que, por lo visto, no se inclinaban por ninguno de los
dos "partidos" en lucha. Es interesante observar que, cuando votamos
el artí-
pág. 11
culo 2 de los estatutos del Bund (artículo que, al ser rechazado, provocó
la salida del Bund del Partido), los votos a favor del artículo 2 y las
abstenciones sumaron también diez (pág. 289 de las actas), absteniéndose
precisamente los tres de "Rabócheie Dielo" (Brúker, Martínov y Akímov)
y el camarada Májov. Es evidente que la votación sobre el lugar que
correspondía al problema del Bund había dado un agrupamiento que no era
casual. Es evidente que todos estos camaradas disentían de Iskra,
no sólo en una cuestión técnica, en ei orden de examen de las cuestiones, sino
también en el fondo. Por lo que se refiere a "Rabócheie
Dielo", todo el mundo ve claramente la divergencia de fondo, y el
camarada Májov definió de un modo magistral su actitud en el discurso que
pronunció con motivo de la retirada del Bund, (págs. 289-290 de las actas).
Vale la pena detenerse en este discurso. El camarada Májov dice que, después
de la resolución que rechazó la federación, "la situación del Bund en
el P.O.S.D.R., de problema de principio, se ha convertido para él en problema
de la política real con respecto a una organización nacional históricamente
constituida; aquí, -- continúa el orador --, no hubiera podido dejar de
tener en cuenta todas las consecuencias que pudieran resultar de nuestra
votación y por ello hubiera votado por el punto dos en su totalidad". El
camarada Májov ha asimilado perfectamente el espíritu de la "política
real": ¡en principio ha rechazado ya la federación y por eso,
en la práctica, hubiera votado un punto de los estatutos que sería
una aplicación de esta misma federación! Y este camarada "práctico"
explica su posición, basada en profundos principios, con las palabras
siguientes: "Pero [¡el famoso "pero" de Schedrín] como
cualquier votación mía sólo tenía un carácter de principio [¡!] y no podía
tener carácter práctico, debido a la casi completa unanimidad
pág. 12
de los demás miembros del Congreso, preferí abstenerme para señalar una
diferencia de principios". . .[¡líbrenos Dios de semejante apego a los
principios!]. . . "entre mi posición en este caso y la posición que
propugnaban los delegados del Bund que votaron a favor del punto. Por el
contrario, hubiera votado a favor de ese punto si los delegados del Bund se
hubieran abstenido de votar, cosa en la que insistían anteriormente". ¡Entiéndalo
quien pueda! Un hombre de principios se abstiene de decir bien alto que sí,
porque ello es prácticamente inútil cuando todos dicen que no.
Después de votar el lugar que correspondía al problema
del Bund, surgió en el Congreso la cuestión del grupo "Borbá" que
produjo también un agrupamiento extraordinariamente interesante y estaba
estrechamente relacionada con el problema más "agudo" del Congreso,
el de la composición de los organismos centrales. La comisión encargada de
determinar la composición del Congreso, opina que no debe invitarse al grupo
"Borbá", según la decisión reiterada del Comité de
Organización (v. págs. 383 y 375 de las actas) y el informe de sus
representantes en la comisión (pág. 35).
El camarada Iegórov, miembro del Comité de
Organización, declara que "el problema del grupo 'Borbá' [observad
que dice del grupo "Borbá", y no de tal o cual miembro] es para él
cosa nueva", y pide que se suspenda la sesión. Es un misterio cómo es
posible que un problema sobre el que han recaído dos decisiones del Comité
de Organización pueda ser cosa nueva para uno de sus miembros. Se suspende la
sesión y se reúne el Comité de Organización (pág 40 de las actas),
asistiendo aquellos de sus miembros que por casualidad se encuentran en el
Congreso (estaban ausentes unos cuantos miembros del Comité de Organización,
de los viejos
pág. 13
miembros de la organización de Iskra)[ Después de cerrada la lista de oradores, cuando sobre
el fondo de la cuestión ya no se puede hablar, el camarada Iegórov
"insiste en que se escuche la resolución que acaba de
pág. 14
tomar el Comité de Organización". No es de extrañar que los
miembros del Congreso se muestren indignados ante semejante proceder, y el
camarada Plejánov, como presidente, expresa su "asombro ante el hecho de
que el camarada Iegórov insista en su exigencia". Porque una de dos: o
había que hablar franca y precisamente sobre el fondo de la cuestión ante
todo el Congreso, o no había que hablar en absoluto. ¡Pero dejar que se
cerrara la lista de oradores y después, como "palabras de resumen",
presentar al Congreso una nueva resolución del Comité de Organización,
precisamente sobre el problema de que se trataba, era un golpe a traición!
La sesión se reanuda después del almuerzo, y el Buró,
que sigue asombrado, decide dejarse de "formalidades" y echar mano
del último recurso, que sólo en casos extremos se utiliza en los Congresos,
"la explicación entre camaradas". Un representante del Comité de
Organización, Popov, comunica el acuerdo del Comité aprobado por todos sus
miembros contra uno, Pavlóvich (pág. 43), y por el que se propone al
Congreso que invite a Riasánov.
Pavlóvich declara que él había negado y seguía
negando legitimidad a la reunión del Comité de Organización, y que el nuevo
acuerdo del citado Comité "está en pugna con el anterior ".
Esta declaración produce una verdadera tempestad. El camarada Iegórov, también
miembro del Comité de Organización y del grupo "Iuzhni Rabochi",
elude en su respuesta el fondo de la cuestión y quiere trasladar el centro de
gravedad a la cuestión de disciplina. Como si el camarada Pavlóvich
quebrantara la disciplina del Partido (!), porque el Comité de Organización,
después de examinar la protesta de aquél, había acordado "no poner en
conocimiento del Congreso la opinión particular de Pavlóvich". Se pasa
a discutir
pág. 15
el problema de la disciplina del Partido y Plejánov explica en forma didáctica
al camarada Iegórov, entre ruidosos aplausos del Congreso, que "nosotros
no tenemos mandatos imperativos " (pág. 42. Cfr. pág. 379,
reglamento del Congreso, artículo 7: "Los delegados no tendrán
limitados sus poderes por mandatos imperativos. Serán plenamente libres e
independientes en el ejercicio de sus poderes"). "El Congreso es la
instancia suprema del Partido" y, por tanto, falta a la disciplina del
Partido y al reglamento del Congreso precisamente todo el que en cualquier
forma ponga obstáculos a que cualquiera de los delegados apele, directamente
ante el Congreso, sobre todas las cuestiones de la vida del Partido,
sin excepción alguna. El problema en discusión se reduce de este modo a un
dilema: ¿el espíritu de corrillo o el espíritu de Partido? O se limitan los
derechos de los delegados del Congreso, en virtud de imaginarios derechos o
estatutos de toda suerte de comisiones y corrillos, o se disuelven totalmente
antes del Congreso, y no sólo de palabra, sino de hecho, todas las
instancias inferiores y los viejos grupitos, hasta que se creen verdaderas
instituciones funcionales del Partido. Ya por esto puede ver el lector qué
enorme importancia de principio tenía esta discusión al comienzo mismo
(tercera sesión) de un congreso que se planteaba como finalidad restaurar de
hecho el Partido. En esta discusión se concentraba, por decirlo así, el
conflicto entre los antiguos corrillos y grupitos (como "Iuzhni
Rabochi") y el Partido que renacía. Y los grupos antiiskristas salen en
seguida a la superficie: tanto el bundista Abramson, como el camarada Martínov,
ardiente partidario de la actual redacción de Iskra, y el camarada Májov,
a quien también conocemos, todos ellos se declaran a favor de Iegórov y del
grupo de "Iuzhni Rabochi", en contra
pág. 16
de Pavlóvich. El camarada Martínov, que ahora, a porfía con Mártov y
Axelrod, hace gala de "democratismo" en materia de organización,
recuerda hasta. . . ¡¡el ejército, donde sólo se puede apelar a la
instancia superior por mediación de la inferior!! Todo el que asistía al
Congreso o había seguido atentamente la historia interna de nuestro Partido
antes de su celebración, comprendía claramente el verdadero sentido de esta
"compacta" oposición antiiskrista. La tarea de la oposición (quizá
todos sus representantes no siempre se percataran de ello, y a veces lo
sostuvieran por inercia) consistía en salvaguardar la independencia, el
particularismo, los intereses de capilla de los pequeños grupos, para que no
se los tragara un partido amplio, que se venía estructurando a base de los
principios iskristas.
Tal es precisamente el punto de vista que, respecto a
esta cuestión, adoptó también el camarada Mártov, que por entonces aún no
se había unido a Martínov. El camarada Mártov se alza decididamente, y se
alza con razón, contra aquellos cuya "idea de la disciplina de partido
no va más allá de las obligaciones de un revolucionario respecto al grupo de
orden inferior del que forma parte". "En el seno de un
partido único no es admisible ningún agrupamiento forzoso "
(subrayado por Mártov), explica Mártov a los defensores de los corrillos,
sin prever cómo fustigan estas palabras su propia conducta política en las
últimas sesiones del Congreso y después de él. . . El agrupamiento forzoso
no es admisible para el Comité de Organización, pero es plenamente admisible
para la redacción. Mártov condena el agrupamiento forzoso mientras lo mira
desde el organismo central, pero lo defiende en cuanto deja de satisfacerle la
composición de este organismo central. . .
pág. 17
Es interesante observar el hecho de que en su discurso,
además del "enorme error" del camarada Iegórov, subraya el
camarada Mártov especialmente la inestabilidad política de que ha dado
prueba el Comité de Organización. "En nombre del Comité de Organización
-- se indigna Mártov con razón --, se ha hecho una proposición que
contradice al informe de la comisión [fundado, añadámoslo nosotros, en
el informe de los miembros del Comité de Organización: pág. 43, palabras de
Koltzov] y a las proposiciones anteriores del Comité de Organización "
(subrayado por mí). Como veis, Mártov comprendía perfectamente entonces,
antes de su "viraje", que el sustituir el grupo "Borbá"
por Riasánov nada quita de la completa contradicción y falta de firmeza de
la actuación del Comité de Organización (por las actas del Congreso de la
Liga, pág. 57, podrán ver los miembros del Partido el punto de vista de Mártov
después de su viraje). No se limitó entonces Mártov a examinar el problema
de la disciplina, sino que preguntó, además, directamente al Comité de
Organización: "¿qué ha sucedido para que sea necesaria esa refundición?"
(subrayado por mí). Porque, en efecto, el Comité de Organización, al hacer
su proposición, no tuvo ni siquiera el suficiente valor de defender
francamente su opinión, como la defendieron Akímov y otros. Mártov niega
esto (actas de la Liga, pág. 56), pero quien lea las actas del Congreso verá
que Mártov se equivoca. Popov, al hacer la proposición en nombre del Comité
de Organización, no dice ni una palabra de razones (pág. 41 de las
actas del Congreso del Partido). Iegórov traslada la discusión al punto
sobre la disciplina, pero, sobre el fondo de la cuestión, sólo dice "El
Comité de Organización podía tener nuevas consideraciones" . . . [pero
no se sabe si las tenía, ni de qué conside-
pág. 18
raciones se trata] . . . "ha podido olvidarse de inscribir a alguien,
etc.". [Este "etc." es la única salvación del orador, porque
el Comité de Organización no pudo olvidarse de la cuestión del grupo
"Borbá", que había examinado dos veces antes del Congreso y una
vez ante la comisión]. "El Comité de Organización no ha aprobado este
acuerdo porque haya cambiado de actitud respecto al grupo 'Borbá', sino
porque quiere quitar piedras sobrantes del camino de la futura organización
central del Partido, en los primeros pasos de su actuación". Esto no es
dar razones, sino eludirlas. Todo socialdemócrata sincero (y nosotros no
ponemos ni aun en duda la sinceridad de ninguno de los participantes en el
Congreso) se preocupa de apartar todo lo que él considera escollo, de
apartarlo por los procedimientos que él reconoce adecuados. Dar
razones significa explicar y decir exactamente la opinión de uno sobre las
cosas y no salir del paso con una perogrullada. Y no se hubieran podido
dar razones sin "cambiar de actitud respecto al grupo 'Borbá'",
porque las anteriores decisiones contradictorias del Comité de Organización
trataban también de apartar escollos, pero veían estos "es collos"
precisamente en lo contrario. El camarada Mártov ataca precisamente con
extraordinaria dureza y con muchísima razón este argumento, calificándolo
de "fútil " y debido al deseo de "excusarse "
y aconsejando al Comité de Organización que "no tema al qué dirán ".
Con estas palabras definía el camarada Mártov perfectamente el fondo y el
sentido de un matiz político que ha desempeñado en el Congreso un papel
importantísimo y que se distingue precisamente por la falta de independencia,
la mezquindad, la falta de línea propia,el temor al qué dirán, la eterna
vacilación entre las dos partes determinadas, el temor a exponer abiertamente
su
pág. 19
credo ; en una palabra, por todas las características de la
"charca"[*].
Esta falta de carácter, en política, de un grupo
inconstante condujo, entre otras cosas, a que nadie a éxcepción del
bundista Iudin (pág. 53), presentara al Congreso una resolución para invitar
a uno de los miembros del grupo "Borbá". La resolución de Iudin
obtuvo cinco votos a favor, pot lo visto, de todos los bundistas: ¡los
elementos vacilantes volvian a dar otro bandazol El contingente aproximado de
votos del grupo del centro se vio en las votaciones de las resoluciones de
Koltzov y de Iudin sobre este punto: la resolución del iskrista obtuvo 32
votos (pág. 47) y la del bundista I6, es decir, además de los ocho votos
antiiskristas, tuvieron los dos votos del camarada Májov (pág. 46), los
cuatro votos de los miembros del grupo "Iuzhni Rabochi" y otros dos
votos más. En seguida demostraremos que en ningún modo puede considerarse
esta distribución de votos casual, pero primero expondremos brevemente lo que
ahora opina Mártov sobre este incidente con el Comité de Organización.
Mártov ha dicho en la Liga que "Pavlóvich y otros atizaron las
pasiones". Basta ver las actas del Congreso para convencerse de que fue
el mismo Mártov quien pronunció los discursos más detallados, ardientes y
duros contra el grupo "Borbá" y el Comité
pág. 20
de Organización. Al tratar de descargar la "culpa" sobre Pavlóvich,
lo único que hace es demostrar su falta de firmeza: antes del Congreso eligió
precisamente a Pavlóvich séptimo miembro de la redacción y en el Congreso
se solidarizó por entero con él (pág. 44) contra Iegórov. Después, sin
embargo, cuando ha sido derrotado por Pavlóvich, le acusa de "atizar las
pasiones". Esto no pasa de ser ridículo.
En Iskra (núm. 56) Mártov habla con ironía de
la importancia que se da a invitar a fulano o zutano. Esta ironía se vuelve
de nuevo contra Mártov, porque precisamente el incidente con el Comité de
Organización dio origen a una discusión sobre problema tan
"importante" como el invitar a fulano o zutano a formar parte del
Comité Central o del Organo Central. No está bien eso de medir con dos varas
distintas, según se trate del propio "grupo de orden
inferior" (respecto al Partido), o de un grupo ajeno. Esto es
psicología filistea y de círculos, y no la actitud que el Partido exige ante
una cuestión. Lo demuestra suficientemente el simple cotejo del discurso de Mártov
en la Liga (pág. 57) con su discurso en el Congreso (pág. 44). "No
comprendo -- dijo Mártov, entre otras cosas, en la Liga -- cómo se las
arregla la gente para llamarse a toda costa iskristas y al mismo tiempo
avergonzarse de serlo". Extraña incomprensión de la diferencia que hay
entre "llamarse" y "ser", entre el dicho y el hecho. El
mismo Mártov se dijo en el Congreso adversario de los agrupamientos
forzosos y después del Congreso fue partidario de ellos.
pág. 21
Quizá pueda parecer obra de la casualidad la forma en
que se dividieron los delegados en el problema del Comité de Organización.
Pero tal opinión sería errónea, y para eliminarla, nos apartaremos del
orden cronológico y examinaremos en seguida un incidente que, aun cuando tuvo
lugar al finalizar el Congreso, está íntimamente relacionado con el que
acabamos de exponer. Se trata de la disolución del grupo "Iuzhni
Rabochi". En contra de las tendencias de Iskra en materia de
organización -- plena cohesión de las fuerzas del Partido y eliminación del
caos que las fragmentaba -- se levantaron en este caso los intereses de uno de
los grupos, cuyo trabajo era útil mientras faltaba un verdadero partido, pero
se hizo superfluo al organizarse el trabajo de un modo centralizado. En aras
de los intereses de un círculo, el grupo "Iuzhni Rabochi", con no
menos derecho que la vieja Iskra, podía pretender que se mantuviera la
"continuidad" y su inviolabilidad. En aras de los intereses del
Partido, este grupo debía someterse al traslado de sus fuerzas "a las
correspondientes organizaciones del Partido" (pág. 313, final de la
resolución adoptada por el Congreso). Desde el punto de vista de los
intereses de círculo y de la mentalidad pequeñoburguesa, no podía menos de
parecer "quisquillosa" (expresión del camarada Rúsov y del
camarada Deich) la disolución de
pág. 22
un grupo útil, que tenía tan pocas ganas de disolverse como la vieja
redacción de Iskra. Desde el punto de vista de los intereses del
Partido, era imprescindible la disolución, "la dilución" (expresión
de Gúsiev) en el Partido. El grupo "Iuzhni Rabochi" declaró
francamente que "no consideraba necesario" declararse disuelto y
exigía que "el Congreso expresara su opinión en forma categórica",
y además, "inmediatamente: sí o no". El grupo "Iuzhni
Rabochi" invocaba la misma "continuidad" a la que había
apelado la vieja redacción de Iskra . . . ¡después de su disolución!
"Aunque todos nosotros, tomados cada uno individualmente, constituimos un
partido único -- dijo el camarada Iegórov --, este Partido se compone, sin
embargo, de toda una serie de organizaciones que es menester tener en cuenta como
magnitudes históricas. . . Si una de estas organizaciones no perjudica
al Partido, no hay motivo para disolverla ".
De este modo, se planteaba en forma completamente
definida una importante cuestión de principio, y todos los iskristas
-- mientras no salieron a primer plano los intereses de sus propios círculos
-- se levantaron decididos contra los elementos vacilantes (los bundistas y
dos de "Rabócheie Dielo" no estaban ya entonces en el Congreso;
indudablemente, se hubieran declarado decididos partidarios de "tener en
cuenta las magnitudes históricas"). La votación dio 31 votos a favor,
cinco en contra y cinco abstenciones (cuatro miembros del grupo "Iuzhni
Rabochi" y probablemente Bielov, a juzgar por sus anteriores
declaraciones, pág. 308). El grupo de diez votos, tajantemente opuesto
al plan de organización consecuente propugnado por Iskra y partidarios
de los círculos contra el espíritu de partido, se dibuja con toda precisión.
En los debates, los iskristas plantean esta cuestión precisamente desde el
punto de vista de los principios (véase el discurso de Lan-
pág. 23
gue, pág. 315), declarándose en contra de los métodos primitivos de
trabajo y de la dispersión, negándose a tener en cuenta las
"simpatias" de algunas organizaciones y diciendo francamente que
"se hubiera conseguido antes la unificación del Partido y el triunfo de
los principios programáticos que aquí hemos sancionado, si los camaradas del
grupo 'Iuzhni Rabochi' se hubieran atenido antes, hace uno o dos años, a un
punto de vista más en consonancia con los principios". En el mismo
sentido hablan Orlov, Gúsiev, Liádov, Muraviov, Rúsov, Pavlóvich, Gliébov
y Gorin. No sólo no se alzaron los iskristas de la "minoría"
contra estas alusiones concretas, que repetidamente se hicieron en el
Congreso, a la política y la "linea" del grupo "Iuzhni
Rabochi", de Májov y otros, carente de principios, no sólo no hicieron
reserva alguna a este respecto, sino que, por el contrario, por boca de Deich,
se unieron decididamente a ellos, censurando el "caos" y aplaudiendo
el que "planteara francamente la cuestión" (pág. 315) el mismo
camarada Rúsov, que en aquella misma sesión tuvo -- ¡qué horror! --
la osadia de "plantear francamente también" el problema de la vieja
redacción en el terreno puramente de partido (pág. 325).
En el grupo "Iuzhni Rabochi" el asunto de su
disolución produjo una indignación terrible, de la que encontramos huellas
también en las actas (no debe olvidarse que las actas no dan más que un pálido
reflejo de los debates, pues en lugar de discursos completos no contienen más
que extractos y resúmenes muy abreviados). pág. 24
con profunda irritación (pág. 356), pidiendo que se haga constar en el
acta que, cuando se trató de este grupo, no se preguntó a sus miembros
acerca de los medios para las ediciones, ni sobre el control del Organo
Central y del Comité Central. Durante la discusión sobre el grupo
"Iuzhni Rabochi", el camarada Popov alude a la compacta mayoría que
pareció decidir de antemano la cuestión acerca de dicho grupo. "Ahora
-- dice (pág. 316) --, después de los discursos de los camaradas Gúsiev
y Orlov, todo está claro ". El sentido de estas palabras es
indudable: ahora, después de que los iskristas han expresado su opinión y
han propuesto una resolución, todo está claro, es decir, está claro que el
grupo "Iuzhni Rabochi" será disuelto contra su voluntad. El mismo
representante del grupo "Iuzhni Rabochi" separa aquí a los
iskristas (y, además, a tales como Gúsiev y Orlov) de sus partidarios,
considerando que representan "líneas" distintas de política de
organización. Y cuando la actual Iskra presenta al grupo "Iuzhni
Rabochi" (¿y también probablemente a Májov?) como "iskristas típicos",
esto no hace sino probar en forma patente un olvido de los acontecimientos más
importantes (desde el punto de vista de este grupo) sucedidos en el Congreso
y, por parte de la nueva redacción, un deseo de borrar las huellas para que
no se vea con qué clase de elementos se formó la llamada "minoría".
Es de lamentar que no se haya planteado en el Congreso
el problema de un órgano popular. Todos los iskristas trataron con
extraordinario interés de este problema tanto antes del Congreso, como
durante el mismo, fuera de las sesiones, coincidiendo en que no sería nada
razonable iniciar la edición de semejante órgano o dar este carácter a uno
de los ya existentes en el momento actual de la vida de nuestro Partido. Los
antiiskristas, en el Congreso, se manifestaron en sentido
pág. 25
contrario, lo mismo que el grupo "Iuzhni Rabochi" en su informe,
y sólo la casualidad o el no haber querido plantear una cuestión
"desesperanzada" pueden explicar que no se presentara la
correspondiente resolución con diez firmas al pie.
pág. 26
Volvamos al orden de sesiones del Congreso.
Hemos podido persuadirnos de que, aún antes de que se
pasara a examinar el fondo de las cuestiones, se había manifestado ya con
claridad en el Congreso, no sólo un grupo perfectamente definido de
antiiskristas (8 votos), sino también un grupo de elementos intermedios,
inestables, dispuestos a apoyar a estos ocho y a aumentar su número hasta
unos 16 ó 18 votos.
La cuestión del lugar que en el Partido correspondía
al Bund, cuestión que se examinó en el Congreso de un modo extraordinaria y
excepcionalmente detallado, se redujo a resolver una tesis de principio,
posponiéndose la solución práctica hasta tanto se tratara de las relaciones
de organización. Como ya antes del Congreso se había consagrado bastante
espacio en las publicaciones a explicar temas referentes a este punto, los
debates del Congreso dieron poco que fuese relativamente nuevo. Sin embargo,
no se puede menos de observar que los partidarios de "Rabócheie
Dielo" (Martínov, Akímov y Brúker), declarándose conformes con la
resolución de Mártov, hicieron la reserva de que la consideraban
insuficiente y disentían de ella en las conclusiones (págs. 69, 73, 83, 86).
Después de la cuestión acerca del lugar que correspondía
al Bund, pasó el Congreso a tratar del programa. En este
pág. 27
punto, la mayor parte de la discusión giró en torno a enmiendas
particulares que presentaban escaso interés. En principio, la oposición de
los antiiskristas se manifestó únicamente en el enfoque del camarada Martínov
contra el célebre planteamiento de la cuestión acerca de la espontaneidad y
la conciencia. En favor de Martínov se mostraron plenamente de acuerdo, como
es natural, los bundistas y los de "Rabócheie Dielo". Mártov y
Plejánov, entre otros, demostraron lo infundado de las objeciones de Martínov.
¡Como cosa curiosa es de observar que ahora la redacción de Iskra
(tras de reflexionar un poco, por lo visto) se ha pasado al lado de Martínov
y dice lo contrario de lo que dijo en el Congreso! Probablemente, esto
corresponde al célebre principio de la "continuidad". . . Nos queda
ahora esperar a que la redacción acabe de orientarse y nos explique hasta qué
punto está de acuerdo con Martínov, en qué y exactamente desde cuándo.
Entre tanto, nos limitaremos a preguntar si se ha visto alguna vez un órgano
del Partido, cuya redacción diga después de un congreso precisamente
lo contrario de lo que ha dicho en él.
Pasando por alto las discusiones sobre el reconocimiento
de Iskra como órgano central (ya nos hemos referido a esto más
arriba) y el comienzo de los debates sobre los estatutos (de los que sera más
cómodo tratar cuando los examinemos en conjunto), pasemos a los matices de
principio que se señalaron cuando se trató del programa. Notemos, en primer
lugar, un detalle extraordinariamente característico: los debates sobre la
cuestión de la representación proporcional. El camarada Iegórov, del
"Iuzhni Rabochi", abogaba por que se incluyera en el programa, y
defendió este punto de vista de tal modo que provocó una observación
acertada de Posadovski (iskrista de la minoría) sobre la existencia de una
"seria discrepancia". "Es indudable -- dijo el camarada
Posadovski --
pág. 28
que disentimos en la cuestión fundamental siguiente: ¿es preciso
someter nuestra política futura a unos u otros principios democráticos
fundamentales, reconociéndoles un valor absoluto, o bien deben
quedar todos los principios democráticos sometidos exclusivamente a los
intereses de nuestro Partido? Yo me declaro decididamente partidario de este
último". Plejánov "se adhiere plenamente" a Posadovski,
expresándose aún más concreta y enérgicamente contra "el valor
absoluto de los principios democráticos", contra "el modo
abstracto" de interpretarlos. "Es concebible en hipótesis un caso
-- dice -- en el que nosotros, socialdemócratas, nos declaremos en contra del
sufragio universal. Hubo épocas en que la burguesía de las repúblicas
italianas privaba de derechos políticos a los individuos pertenecientes a la
nobleza. El proletariado revolucionario podría limitar los derechos políticos
de las clases altas, lo mismo que éstas hicieron antes respecto al
proletariado". El discurso de Plejánov es acogido con aplausos y siseos,
y cuando Plejánov protesta contra el Zwischenruf * "no hay que
sisear" y ruega a los camaradas que no se cohiban, se levanta el camarada
Iegórov y dice: "Cuando seme jantes discursos provocan aplausos, no
tengo más remedio que sisear". Juntamente con el camarada Goldblat
(delegado del Bund), el camarada Iegórov se declara en contra de las
opiniones de Posadovski y Plejánov. Es de lamentar que se cerrara la discusión
y el asunto que surgió en relación con ella desapareciese inmediatamente de
la escena. Pero en vano procura ahora el camarada Mártov aminorar e incluso
anular su significación, diciendo en el Congreso de la Liga: "Estas
palabras [de Plejánov] provocaron la indignación de una parte de los
delegados, indignación que hubiera sido fácil de evitar
pág. 29
de haber añadido el camarada Plejánov que, naturalmente, no puede
imaginarse una situación tan trágica, que el proletariado, para afianzar su
victoria, tenga que violar derechos políticos como la libertad de prensa. . .
(Plejánov: "merci")" (pág. 58 de las actas de la Liga). Esta
interpretación está en pugna directa con lo que, en forma
absolutamente categórica, dijo el camarada Posadovski en el Congreso
acerca de una "seria discrepancia" y una disensión sobre el
"problema fundamental". Respecto a este problema fundamental, todos
los iskristas se declararon en el Congreso contra los representan tes
de la "derecha" antiiskrista (Goldblat) y del "centro" del
Congreso (Iegórov). Esto es un hecho y podemos garantizar sin temor que si el
"centro" (espero que esta palabra chocará menos que ninguna otra a
los partidarios "oficiales" de la suavidad. . .), si el
"centro" (representado por el camarada Iegórov o Májov) hubiera
tenido que expresar "libremente " su opinión sobre esta o análogas
cuestiones, hubieran aparecido en seguida serias discrepancias.
Esta discrepancia se puso de manifiesto con mayor
relieve aún en la cuestión de la "igualdad de derechos de las
lenguas" (pág. 171 y siguientes de las actas). En cuanto a este punto,
no son tan elocuentes los debates como las votaciones: sumándolos, llegamos a
la increíble cifra de ¡dieciséis! ¿Por qué? Por si no basta señalar
en el programa la igualdad de derechos de todos los ciudadanos,
independientemente de su sexo, etc. y de su lengua, o si es preciso
decir: "libertad de lengua" o "igualdad de derechos de las
lenguas". El camarada Mártov ha definido con bastante acierto en el
Congreso de la Liga este episodio, diciendo que "una discusión
insignificante sobre la redacción de un punto del programa adquirió
significación de principio, porque la mitad del Congreso se mostraba
dispuesta a derrocar la comisión de programa".
pág. 30 Precisamente así[*]. El motivo
del choque fue, en efecto, insignificante, y, sin embargo, éste adquirió en
verdad carácter de principio y, por lo mismo, formas terriblemente
encarnizadas, llegándose al intento de "derrocar " la comisión
de programa, a sospechar que deseaba "jugar una mala pasada al
Congreso " (¡sospecha que Iegórov expresó respecto de Mártov!),
llegándose a cambiar alusiones personales del carácter más. . . injurioso
(pág. 178). Incluso el camarada Popov "lamentó que, con motivo de naderías,
se creara una tal atmósfera " (subrayado por mí, pág. 182), atmósfera
que reinó durante tres sesiones (16,17 y 18).
Todas estas expresiones confirmaban definida y categóricamente
el hecho importantísimo de que la atmósfera de "sospechas" y de
las más encarnizadas formas de lucha ("derrocar") -- ¡después, en
el Congreso de la Liga, se acusó a la mayoría de los iskristas de haberla
creado! -- había sido creada, en realidad, mucho antes de que nos escindiéramos
en
pág. 31
mayoría y minoría. Repito que es un hecho de enorme importancia,
un hecho fundamental, y el no comprenderlo conduce a muchísima gente a las
opiniones más ligeras sobre el carácter artificial de la mayoría a la
terminación del Congreso. Desde el punto de vista actual del camarada Mártov,
quien afirma que había en el Congreso 9/10 de iskristas, es absolutamente
inexplicable y absurdo el hecho de que, por "naderías", por un
motivo "insignificante", pudiera producirse una colisión que
adquirió "carácter de principios" y estuvo a punto de echar abajo
a la comisión del Congreso. Sería ridículo tratar de deshacerse de este hecho
con gimoteos y lamentaciones sobre el "daño" que han hecho ciertas
ocurrencias. El carácter de principio de la colisión no pudo resultar
de ninguna aspereza: sólo pudo nacer del carácter de los agrupamientos políticos
en el Congreso. No fueron las asperezas ni los chistes los que promovieron el
conflicto: eran sólo un síntoma de que en el mismo agrupamiento político
del Congreso existía una "contradicción", existían todos los
antecedentes de un conflicto, existía una falta de homogeneidad interna que
prorrumpía con fuerza inmanente con cualquier motivo, incluso
insignificante.
Por el contrario, desde el punto de vista que yo tengo
sobre el Congreso y que considero mi deber defender como una determinada
interpretación política de los acontecimientos, aunque semejante
interpretación pueda ofender a alguien, era plenamente explicable e
inevitable el conflicto más agudo de carácter de principio por un
motivo "insignificante". Puesto que en nuestro Congreso hubo constantemente
lucha entre iskristas y antiiskristas, puesto que entre éstos y aquéllos
estaban los elementos vacilantes y puesto que estos últimos, juntamente con
los antiiskristas, constituían 1/3 de los votos (8 + 10 = 18 de 51, según
mis cálculos, naturalmente, aproxima-
pág. 32
dos), resulta muy comprensible y natural que siempre que se apartaba de
los iskristas aunque fuera una pequeña minoría de ellos, eso creaba una
posibilidad de victoria de la tendencia antiiskrista y provocaba, por ello
mismo, una lucha "furiosa". Esto no es resultado de salidas de tono
y ataques de inadecuada dureza, sino resultado de una combinación política.
No eran las asperezas las que daban origen a un conflicto político, sino que
la existencia de un conflicto político en el mismo agrupamiento del Congreso
originaba asperezas y ataques: esta contraposición encierra la divergencia
fundamental de principio entre Mártov y nosotros en la apreciación de la
importancia política del Congreso y de sus resultados.
En el transcurso de todo el Congreso se produjeron tres
casos especialmente notables de separación de un grupo in significante de
iskristas de su mayoría -- la igualdad de derechos de las lenguas, el artículo
primero de los estatutos y las elecciones --, y en los tres casos se produjo
una lucha encarnizada que, al fin y al cabo, ha traído como consecuencia la
grave crisis que atraviesa actualmente el Partido. Para comprender el sentido
político de esta crisis y de esta lucha, no debemos limitarnos a frases sobre
chistes inadmisibles, sino examinar los agrupamientos políticos de los
matices que se enfrentaron en el Congreso. El incidente de la "igualdad
de derechos de las lenguas" presenta, por esto, un doble interés desde
el punto de vista del esclarecimiento de las causas de la divergencia, porque
en ese problema Mártov era (¡aún era!) iskrista y combatió quizá más que
nadie contra los antiiskristas y el "centro".
Comienza la guerra por una discusión entre el camarada
Mártov y el líder de los bundistas, camarada Líber (págs. 171-172). Mártov
demuestra que es suficiente exigir "la igualdad de derechos de los
ciudadanos". Se rechaza la "libertad de
pág. 33
lengua", pero inmediatamente se propone "la igualdad de derechos
de las lenguas" y con Líber se lanza al combate el camarada Iegórov. Mártov
declara que es fetichismo "el que los oradores insistan en la
igualdad de derechos de las nacionalidades y transfieran la desigualdad de
derechos al dominio linguístico. Sin embargo, esta cuestión debe examinarse
desde el ángulo opuesto: existe una desigualdad de derechos entre las
nacionalidades, y esta desigualdad se expresa, entre otras cosas, también en
el hecho de que las personas que pertenecen a una nacionalidad determinada se
ven privadas del derecho a hacer uso de su lengua materna" (pág. 172). Mártov
tenía entonces completa razón. En efecto, algo de fetichismo tenía el
intento de Líber y de Iegórov, que carecía absolutamente de sentido, de
defender lo acertado de sus fórmulas y considerar que nosotros no queríamos
o no sabíamos aplicar el principio de igualdad de derechos de las
nacionalidades. La realidad es que, como "fetichistas", defendían
precisamente una palabra, y no un principio, no procedían guiados por el
temor a algún error de principio, sino por temor al qué dirán. Justamente
esta psicología vacilante (¿y si "los demás" nos echan esto en
cara?), que señalamos en el incidente con el Comité de Organización, es la
que mostró aquí con plena claridad todo nuestro "centro". Otro
representante del mismo, Lvov, delegado de una región minera, próximo al
grupo "Iuzhni Rabochi", "considera muy serio el problema sobre
la opresión de las lenguas, planteado por la periferia. Importa que nosotros,
después de haber incluido un punto referente a la lengua en nuestro programa,
alejemos toda sospecha de rusificación, que podría suscitarse contra los
socialdemócratas". He aquí una magnífica motivación de la
"seriedad" del problema. ¡El problema es muy serio porque es
preciso evitar las posibles sospechas de la periferia! El orador no dice nada,
pág. 34
en el fondo, no contesta a las acusaciones de fetichismo, sino que las
confirma plenamente, dando pruebas de una completa falta de argumentos y
saliendo del paso con una alusión a lo que dirá la periferia. Se le
advierte: todo lo que puedan decir es falso. Pero, en lugar de
poner en claro si es exacto o no lo es, contesta: "pueden sospechar ".
Semejante modo de plantear el problema, con
pretensiones de seriedad e importancia, adquiere ya, en efecto, carácter de
principio, pero ni mucho menos el que querían ver en él los Líber, los Iegórov,
los Lvov. El que tiene carácter de principio es el problema de si debemos
facultar a las organizaciones y a los miembros del Partido para aplicar los
principios generales y fundamentales del programa, aplicándolos a
circunstancias concretas y desarrollándolos en el sentido de semejante
aplicación, o si, por simple temor a las sospechas, debemos llenar el
programa de detalles fútiles, de indicaciones particulares, de repeticiones,
de casuística. Lo que adquiere carácter de principio es la cuestión de cómo
pueden los socialdemócratas, en la lucha contra la casuística, ver
("sospechar") intentos de limitar los derechos y libertades democráticas
elementales. ¿Cuándo, por fin, dejaremos este culto fetichista a la casuística?
Este es el pensamiento que pasaba por nuestra mente tuando asistimos a la
lucha por las "lenguas".
El agrupamiento de Ios delegados en esta lucha es
especialmente claro, merced a la abundancia de votaciones nominales. Estas
votaciones fueron tres. Contra el núcleo iskrista están unánime y
constantemente todos los antiiskristas (8 votos) y, con muy ligeras
vacilaciones, todo el centro (Májov, Lvov, Iegórov, Popov, Medviédiev,
Ivanov, Tsariov, Bielov; tan sólo los dos últimos vacilaron al principio,
absteniéndose unas veces, votando otras con nosotros, y sólo to-
pág. 35
maron una actitud definitiva en la tercera votación). De los iskristas se
separa una parte, sobre todo los caucasianos (tres, con seis votos), y debido
a esto obtiene el predominio, al fin y al cabo, la tendencia del
"fetichismo". Cuando se votó por tercera vez, cuando los
partidarios de ambas tendencias pusieron más en claro sus posiciones, tres
caucasianos, con seis votos, se apartaron de los iskristas de la mayoría,
adhiriéndose al grupo contrario. De los iskristas de la minoría se apartaron
dos con dos votos: Posadovski y Kóstich. En las dos primeras votaciones se
pasaron al grupo opuesto o se abstuvieron: Lenski, Stepánov y Gorski, de la
mayoría iskrista, y Deich de la minoría. El hecho de que se apartaran
ocho votos iskristas (del total de 33) inclinó la balanza a favor
de la coalición de antiiskristas y elementos vacilantes. Este es precisamente
el hecho fundamental de la división en grupos que tuvo lugar en el
Congreso, hecho que volvió a repetirse (separándose tan sólo otros
iskristas) con motivo de la votación del artículo primero de los estatutos y
con motivo de las elecciones. No es de extrañar, pues, que quien ha salido en
las elecciones derrotado cierre ahora empeñadamente los ojos ante las causas
políticas de esa derrota, ante el punto de partida de la lucha de
matices, que ponía cada vez más de manifiesto y desenmascaraba cada vez más
despiadadamente ante el Partido a los elementos poco firmes y faltos de carácter
en política. El incidente de la igualdad de derechos de las lenguas nos
muestra esta lucha con tanto mayor relieve cuanto que entonces el mismo
camarada Mártov no había aún merecido los elogios y la aprobación de Akímov
y Májov.
pág. 36
La falta de firmeza de antiiskristas y
"centro" en el terre no de los principios se puso también de
relieve en las discusiones habidas en torno al programa agrario, que quitaron
al Congreso no poco tiempo (v. págs. 190-226 de las actas) y plantearon
numerosas cuestiones de extraordinario interés. Como era de esperar, es el
camarada Martínov quien promueve la ofensiva contra el programa (después de
unas pequeñas observaciones de los camaradas Líber y Iegórov). Utiliza el
viejo argumento de que corrigiendo "precisamente esta injusticia histórica",
"consagramos", según ellos, de un modo indirecto, "otras
injusticias históricas", etc. A su lado se coloca el camarada Iegórov,
que incluso "no ve claramente cuál es el sentido de este programa: si es
un programa para nosotros, es decir, si formula las reivindicaciones que nos
otros planteamos, o si es que queremos hacerlo popular" (!?!?). El
camarada Líber "quisiera hacer las mismas indicaciones que el camarada
Iegórov". El camarada Májov habla, con la decisión que le es propia,
declarando que "la mayoría [?] de los oradores no comprende en absoluto
qué es el programa propuesto ni los fines que persigue". Según dice,
"es difícil considerar el programa propuesto como programa agrario
socialdemócrata"; este programa. . . "huele un poco a juego de
corrección de injusticias históricas", tiene "un matiz de
demagogia y de aventurerismo". La confirmación teó-
pág. 37
rica de estas elucubraciones es la habitual exageración y simplificación
del marxismo vulgar: se pretende que los iskristas "quieren operar con
los campesinos como con algo homogéneo; y como los campesinos están ya hace
tiempo [?] divididos en clases, el proponer un programa único conduce
inevitablemente a convertir este programa en su conjunto en demagógico, y su
aplicación se transformará en una aventura" (202). El camarada Májov
"suelta" aquí la verdadera causa de la actitud negativa que ante
nuestro programa agrario adoptan muchos socialdemócratas, dispuestos a
"reconocer" a Iskra (como la ha reconocido el mismo Májov),
pero sin haber reflexionado ni poco ni mucho sobre su orientación, sobre su
posición teórica y táctica. Precisamente la vulgarización del marxismo
aplicada a un fenómeno tan complejo y polifacético como es el régimen
actual de la economía campesina rusa, y no la divergencia sobre algunas
particularidades, es lo que ha producido y sigue produciendo la incomprensión
de dicho programa. Y sobre este punto de vista de un marxismo vulgar se
pusieron rápidamente de acuerdo los líderes de los elementos antiiskristas
(Líber y Martínov) y los del "centro", Iegórov y Májov. El
camarada Iegórov expresó también francamente uno de los rasgos característicos
del grupo "Iuzhni Rabochi" y de los grupos y circulos que tienden
hacia él, a saber: la incomprensión de la importancia del movimiento
campesino, la incomprensión de que el lado débil de nuestros socialdemócratas,
durante las primeras y célebres insurrecciones campesinas, no consistió en
sobreestimar, sino más bien, por el contrario, en subestimar esa importancia
(y en no tener fuerzas suficientes para utilizar el movimiento). "Estoy
lejos del entusiasmo que la redacción siente por el movimiento campesino --
dijo el camarada Iegórov --, del entusiasmo que después de las revueltas
campesi-
pág. 38
nas se apoderó de muchos socialdemócratas". Pero, desgraciadamente,
el camarada Iegórov no se tomó la molestia de informar con alguna exactitud
al Congreso en qué consiste ese entusiasmo de la redacción, ni se tomó
la molestia de dar indicaciones concretas sobre el material bibliográfico
proporcionado por Iskra. Además, olvidó que Iskra había
desarrollado todos los puntos fundamentales de nuestro programa agrario
ya en su tercer número[ "¡No, no podemos hacer mucho entre los
campesinos!", exclama el camarada Iegórov, y luego explica esta
exclamación, no como protesta contra tal o cual "apasionamiento"
aislado, sino como repudio de toda nuestra posición: "y eso significa
precisamente que nuestra consigna no puede hacer competencia a una consigna de
aventureros". Fórmula ultra característica de una actitud falta de
principios ante la causa, ¡de una actitud que todo lo reduce a una
"competencia" de consignas de distintos partidos! Y esto lo dice el
orador después de haberse declarado "satisfecho" por las
explicaciones teóricas en las que se decía que nosotros aspiramos a un éxito
firme en la agitación, sin que nos asusten los reveses pasajeros y que un éxito
firme (a pesar del ruidoso griterío de los "competidores". . . de
un minuto), es imposible sin una firme base teórica en el programa (pág.
196). ¡Qué confusión trasluce esa afirmación de sentirse
"satisfecho", seguida in mediatamente de la repetición de las tesis
vulgares heredadas del viejo economismo, para el cual la "competencia de
consignas" decidía en todas las cuestiones, no sólo del programa
pág. 39
agrario, sino de todo el programa y de toda la táctica de la lucha económica
y política. "No podéis obligar a un jornalero -- decía el camarada Iegórov
-- a luchar al lado del campesino rico por los recortes, que ya están en
buena parte en manos de ese campesino rico".
Nos encontramos de nuevo ante la misma simplificación,
indudablemente emparentada con nuestro economismo oportunista, que insistía
en que era imposible "obligar" al proletariado a luchar por lo que
en gran parte está en manos de la burguesía y por lo que en proporción aún
más considerableirá a parar a sus manos en el futuro. Una vez más la misma
vulgarización, que olvida las particularidades rusas de las relaciones
capitalistas generales entre el jornalero y el campesino rico. Los recortes
oprimen ahora, oprimen en realidad también al jornalero, a quien no
hay que "obligar" a luchar por librarse de la sujeción a que está
sometido. En cambio, hay que "obligar" a algunos intelectuales:
obligarles a tener una visión más amplia de sus tareas, obligarles a que
renun cien a las fórmulas estereotipadas cuando traten problemas concretos,
obligarles a tener en cuenta la coyuntura histórica, que complica y modifica
nuestros objetivos. Precisamente sólo el prejuicio de que el mujik es tonto
-- prejuicio que, como observa en justicia el camarada Mártov (pág. 202), se
trasluce en los discursos del camarada Májov y de otros adversarios del
programa agrario --, sólo un prejuicio explica el que estos adversarios
olviden las condiciones reales de la vida de nuestros jornaleros.
Después de haber simplificado el problema reduciéndolo
a una mera contraposición: obrero y capitalista, los representantes de
nuestro "centro", como de costumbre, trataron de descargar su
estrechez mental sobre el mujik. "Precisamente porque considero -- decía
el camarada Májov -- que el mu-
pág. 40
jik es inteligente en la medida de su estrecho punto de vista de clase,
supongo que será partidario del ideal pequeñoburgués de la toma y el
reparto de la tierra". En estas palabras se mezclan claramente dos cosas:
una característica del punto de vista de clase del mujik, como pequeñoburgués,
y una restricción de este punto de vista, la reducción de éste
a una "medida estrecha". Precisamente en esta reducción es donde
está el error de los Iegórov y Májov (lo mismo que el error de los Martínov
y Akímov consistía en reducir a una "medida estrecha" el punto de
vista del proletario). Sin embargo, tanto la lógica como la historia enseñan
que el punto de vista pequeñoburgués de clase puede ser más o menos
estrecho, más o menos progresivo, precisamente por la doble posición del
pequeñoburgués. Y nuestra tarea no puede consistir en modo alguno en
desalentarnos ante la estrechez ("tontería") del mujik o ante el
hecho de que le dominen "prejuicios", sino, por el contrario, en
ensanchar constantemente su punto de vista, en contribuir a la victoria de su
juicio sobre sus prejuicios.
El punto de vista del "marxismo" vulgar sobre
el problema agrario ruso ha tenido su expresión culminante en las palabras
finales del profundo discurso del camarada Májov, fiel defensor de la vieja
redacción de Iskra. No en vano fue ron acogidas estas palabras con
aplausos. . . , es verdad que irónicos. "Desde luego, yo no sé a qué
llamar desgracia -- dice el camarada Májov, indignado porque Plejánov había
dado a entender que el movimiento en favor del reparto negro no nos asustaba
en absoluto y que no seríamos nosotros los que pondríamos trabas a ese
movimiento progresivo (progresivo-burgués) --. Pero esa revolución, si es
que puede dársele este nombre, no será revolucionaria. Yo diría más
exactamente que no será ya revolución, sino reacción (risas ), una
pág. 41
revolución parecida a un motín. . . Semejante revolución nos hará
retroceder y exigirá cierto tiempo para volver nuevamente a la situación en
que ahora nos encontramos. Porque ahora tenemos mucho más que en los tiempos
de la revolución francesa (aplausos irónicos ), tenemos un partido
socialdemócrata (risas ). . ." Sí, un partido socialdemócrata
que razonara a lo Májov, o tuviera instituciones centrales apoyadas en
personas como Májov, no merecería, en efecto, más que risas. . .
Por tanto, vemos que también en problemas puramente de
principios, suscitados por el programa agrario, se puso de manifiesto
inmediatamente el agrupamiento que ya conocemos. Los antiiskristas (8 votos)
emprenden una cruzada en nombre del marxismo vulgar; tras ellos se arrastran
los jefes del "centro", los Iegórov y Májov, errando y desviándose
siempre al mismo punto de vista estrecho. Por ello, es muy natural que en
algunos puntos del programa agrario, la votación arroje 30 y 35 votos a favor
(págs. 225 y 226), es decir, precisamente el número aproximado que ya hemos
visto cuando se discutía el momento en que había de tratarse la cuestión
del Bund, cuando se produjo el incidente con el Comité de Organización y
cuando se trató de la disolución del grupo "Iuzhni Rabochi". En
cuanto surgía una cuestión que se saliera algo del marco del lugar común,
ya establecido y habitual, una cuestión que exigiera una cierta aplicación
independiente de la teoría de Marx a relaciones económico-sociales de un carácter
peculiar y nuevo (nuevo para los alemanes), no resultaban más que 3/5
de los votos de iskristas que supieran ponerse a la altura de la tarea, todo
el "centro" se colocaba inmediatamente tras los Líber y Martínov.
¡Y el camarada Mártov se esfuerza aún por velar este hecho evidente, sor-
pág. 42
teando temeroso las votaciones en que se ponían claramente de manifiesto
los matices!
La discusión del programa agrario muestra bien
claramente la lucha de los iskristas contra las dos quintas partes bien
contadas del Congreso. Los delegados caucasianos ocuparon en este punto una
posición totalmente acertada, debido en gran parte, probablemente, al hecho
de que, conociendo de cerca las formas locales de numerosos restos del régimen
de servidumbre, estaban a salvo de las meras contraposiciones, de un carácter
abstracto y escolar, que satisfacían a los Májov. Contra Martínov y Líber,
contra Májov y Tegórov se alzaron tanto Plejánov como Gúsiev (quien
confirmó que "una concepción tan pesimista de nuestra labor pág. 43
se rechace todo nuestro programa agrario (pág. 212, nueve a favor,
38 en contra) y sus diversos puntos (págs. 216 y otras) con la posición de
Langue, que propone una redacción propia del punto referente a los
recortes (pág. 225), para convencer se de la diferencia radical que los
separa[*].
Hablando más adelante de los argumentos que huelen a
"filisteísmo", el camarada Trotski señalaba que "en el perío
do revolucionario que se avecina debemos ligarnos a los campesinos". . .
"Y ante semejante tarea el escepticismo y la 'perspicacia' política de Májov
y Iegórov son más dañinos que cualquer miopía". El camarada Kóstich,
otro iskrista de la minoría, señalaba muy certeramente la "falta de
seguridad en si mismo y en su firmeza de principios" que se observa en el
camarada Májov, característica que da justamente en el blanco en lo que se
refiere a nuestro "centro". "En su pesimismo coincide el
camarada Májov con el camarada Iegórov, aunque hay entre ellos matices --
continuaba el camarada Kóstich --. Olvida que, en el momento actual, los
socialdemócratas trabajan ya entre los campesinos y dirigen ya su movimiento,
en la medida de lo posible. Y con este pesimismo reducen la envergadura de
nuestro trabajo" (pág. 210).
Para terminar con la cuestión de las discusiones sobre
el programa en el Congreso, vale la pena señalar todavía los breves debates
sobre el apoyo a tendencias oposicionistas. En nuestro programa se dice
claramente que el partido socialdemócrata apoya "todo movimiento
de oposición y revolucionario, dirigido contra el régimen social y
político existente en Rusia "[8].
Parece que esta última reserva indica con suficiente precisión qué
tendencias oposicionistas son las que precisamente apoyamos. ¡Sin
embargo, los diferentes matices que
pág. 44 pág. 44
ya hace tiempo se han dado en nuestro Partido han aparecido en seguida también
en este punto, por difícil que fuera imaginarse que aún eran posibles
"confusiones e incomprensiones" en un asunto tan trillado! Se
trataba, de modo evidente, no de incomprensiones, sino preásamente de matices.
Májov, Líber y Martínov tocaron en seguida a rebato y volvieron a
encontrarse en tan "compacta" minoría, que, también en este punto,
el camarada Mártov hubiera tenido que tratar de atribuir esto a las intrigas,
los manejos, la diplomacia y otras cosas por el estilo (v. su discurso en el
Congreso de la Liga) a las que recurren las personas incapaces de reflexionar
sobre las causas políticas que llevan a la formación de grupos
"compactos" tanto de la mayoría como de la minoría.
Májov vuelve a empezar por una simplificación vulgar
del marxismo. "No tenemos más clase revolucionaria que el proletariado
-- dice; pero de este principio justo deduce en seguida una consecuencia
equivocada --: las demás son algo de poca monta, como un pegote (risa
general ). . . Sí, como un pegote, y lo único que quieren es
aprovecharse. Yo estoy en contra de que se les apoye" (pág. 226). La
formulación inimitable que el camarada Májov dio a su posición confundió a
muchos (de sus partidarios), pero en realidad coincidieron con él tanto Líber
como Martínov, proponiendo que se eliminara la palabra "de oposición"
o se la limitara añadiendo "democrático de oposición". Plejánov
se alzó con razón contra esta enmienda de Martínov. "Nosotros debemos
criticar a los liberales -- decía --, descubrir su posición ambigua. Esto es
verdad. . . Pero, al poner de manifiesto la estrechez y limitación de todos
los demás movimientos, a excepción del socialdemócrata, estamos obligados a
explicar al proletariado que, comparada con el absolutismo, incluso una
Constitución que no conceda el sufragio universal es un paso adelante y
pág. 45
que, por ello, el proletariado no debe preferir el régimen actual a
semejante Constitución". Los camaradas Martínov, Líber y Májov se
muestran disconformes con esto y mantienen su posición, contra la cual
dirigen sus ataques Axelrod, Starovier, Trotski y nuevamente Plejánov. Por lo
demás, el camarada Májov se ha derrotado una vez más a sí mismo. Al
principio dijo que las demás clases (fuera del proletariado) son "de
poca monta" y que "él está en contra de que se les apoye".
Después se compadeció y reconoció que, "siendo en en el fondo
reaccionaria, la burguesía es muchas veces revolucionaria, por ejemplo,
cuando se trata de luchar contra el feudalismo y sus vestigios".
"Pero hay grupos -- continuó, yendo más de mal en peor -- que son
siempre [?] reaccionarios, como son los artesanos". ¡A semejantes perlas
llevaron su palabrería en el terreno de los principios los mismos líderes de
nuestro "centro", que después defendían con espuma en los labios a
la vieja redacción! Precisamente los artesanos, incluso en la Europa
occidental, donde la organización gremial era tan fuerte, lo mismo que otros
pequeños burgueses en las ciudades, dieron pruebas de extraordinario espíritu
revolucionario en la época de la caída del absolutismo. Precisamente para el
socialdemócrata ruso es sobre todo absurdo repetir sin reflexionar lo que
dicen sus camaradas de Occidente, sobre los artesanos de ahora, en una época
separada por uno o medio siglo de la caída del absolutismo. En Rusia, decir
que los artesanos son reaccionarios en comparación con la burguesía en el
terreno de las cuestiones políticas, no es más que una estereotipia, una
frase aprendida.
Es de lamentar que las actas no hayan conservado
indicación alguna sobre el número de votos que lograron reunir las enmiendas
sobre esta cuestión presentadas por Martínov, Májov y Líber y que fueron
rechazadas. Sólo podemos decir
pág. 46
que los lideres de los elementos antiiskristas y uno de los líderes del
"centro"* se unieron también en este punto para formar el
agrupamiento que ya conocemos contra los iskristas. Resumiendo toda la
discusión sobre el programa, no podemos menos de llegar a la conclusión
de que ni un solo deba te algo animado y que despertara un interés
general dejó de poner de manifiesto los diferentes matices que ahora pasan en
silencio el camarada Mártov y la nueva redacción de Iskra.
pág. 47
Después del programa trató el Congreso de los
estatutos del Partido (pasamos por alto la cuestión del Organo Central y los
informes de los delegados, que por desgracia, en su mayoría, no pudieron
presentarlos en forma satisfactoria). Ni que decir tiene que la cuestión de
los estatutos tenía para to dos nosotros enorme importancia. En efecto, Iskra
había sido desde el primer momento, no sólo un órgano de publicación sino,
además, una célula de organización En el artículo de fondo de su cuarto número
("¿Por dónde empezar?"), Iskra había propuesto todo un
plan de organización*, aplicándolo sistemática e inflexiblemente durante
tres años. Cuando el II Congreso del Partido reconoció a Iskra como
Organo Central, entre los tres puntos que exponían los motivos de la resolución
correspondiente (pág. 147) dos estaban consagrados
pág. 48
precisamente a este plan de organización y a las ideas de organización
de Iskra : a su papel en la dirección del trabajo práctico del
Partido y a su papel dirigente en la labor de unificación. Por ello, es
completamente natural que la labor de Iskra y toda la obra de
organización del Partido, toda la obra de restablecimiento efectivo
del Partido no podía considerarse terminada si todo el Partido no
reconocía y no dejaba afianzadas de una forma taxativa determinadas ideas de
organización. Y esta tarea debían cumplirla los estatutos de organización
del Partido.
Las ideas fundamentales que Iskra trataba de
sentar como base de la organización del Partido, se reducían, en el fondo, a
las dos que damos a continuacion. La primera, la idea del centralismo
determinaba en principio el modo de resolver todo el cúmulo de problemas
particulares y de detalle en el terreno de la organización. La segunda, la
que se refería al papel especial que desempeña un órgano ideológico
directivo, un periódico, tenía en cuenta lo que necesitaba, de un modo
peculiar y temporal, precisamente el movimiento obrero socialdemócrata ruso
bajo la esclavitud política, a condición de crear en el extranjero una base
de operaciones inicial para la ofensiva revolucionaria. La primera
idea, como la única idea de principios, debía penetrar todos los estatutos;
la segunda, como idea particular, engendrada por una circunstancia temporal de
lugar y de modo de acción, se expresaba en un apartamiento aparente
del centralismo, en la creación de dos centros, el Organo Central y
el Comité Central. En el artículo editorial de Iskra "¿Por
dónde empezar?"* (núm. 4), así como en "¿Qué hacer?"**
desarrollé estas dos
pág. 49
ideas fundamentales de la organización iskrista del Partido y, por último,
las he explicado detalladamente, casi en forma de estatutos, en la "Carta
a un camarada"[ En relación con la labor de redacción para formular
las ideas de organización de Iskra en los estatutos, tengo que
referirme a un incidente, provocado por el camarada Mártov. ". . . La
aclaración de los hechos os demostrará -- decía Mártov en el Congreso de
la Liga (pág. 58) -- cuán inesperado fue para Lenin mi caida en el
oportunismo en lo que atañe a este artículo (es decir, al primero). Mes y
medio o dos meses antes del Congreso le enseñé a Lenin mi proyecto, donde el
artículo primero estaba expuesto exactamente en la misma forma en que lo
propuse en el Congreso. Lenin se declaró en contra de mi proyecto, considerándolo
demasiado detallado, y me dijo que a él le gustaba sólo la idea del artículo
primero, la determinación de la condición de miembro del Partido, que
trasladaría a sus estatutos con modificaciones, porque no consideraba
acertada la formulación que yo le había dado. Así, pues, hacía ya tiempo
que Lenin conocía mi formulación, mi punto de vista sobre este problema.
Como veis, fui al Congreso con la visera levantada, sin ocultar mis
pág. 50
opiniones. Yo había advertido que lucharía contra la cooptación recíproca,
contra el principio de unanimidad en la cooptación para el Comité Central y
para el Organo Central, etc.".
Ya veremos en el momento oportuno cómo fue el asunto en
lo que atañe a la advertencia de la lucha contra la cooptación recíproca.
Detengámonos ahora en esta "visera levantada" de los estatutos de Mártov.
Refiriendo en la Liga, de memoria, el episodio de su desafortunado proyecto
(que el mismo Mártov retiró en el Congreso, como desacertado, pero volvió a
sacarlo a la luz, con su habitual consecuencia, después del Congreso), Mártov,
como suele suceder, ha olvidado muchas cosas, y por ello ha vuelto a
enredarlas. Parece que había ya hechos bastantes para guardarse de
referencias a conversaciones privadas y a su memoria (¡porque los hombres,
involuntariamente, no recuerdan sino lo que les conviene!) y, a pesar de todo,
el camarada Mártov, no teniendo otros materiales, usa datos de pésima
calidad. Ahora, incluso el camarada Plejánov empieza a imitarle; por lo
visto, son contagiosos los malos ejemplos.
La "idea" del artículo primero del proyecto
de Mártov no podía "gustarme", porque en su proyecto no existía ninguna
idea que saliera a relucir en el Congreso. Le ha fallado su memoria. ¡He
tenido la suerte de encontrar entre mis papeles el proyecto de Mártov, donde
"precisamente el artículo primero n o está expuesto en la
forma en que lo propuso en el Congreso"! ¡Aquí tienen ustedes la
"visera levantada"!
Artículo primero del proyecto de Mártov: "Se
considerará como perteneciente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a
todo el que, aceptando su programa, trabaje activamente para llevar a la práctica
sus tareas bajo el control y la dirección de los órganos [¡sic!] del
Partido".
pág. 51
Artículo primero de mi proyecto: "Se considerará
miembro del Partido todo el que acepte su programa y apoye al Partido tanto
con recursos materiales, como con su participación personal en una de las
organizaciones del mismo".
Artículo primero de la fórmula propuesta por Mártov
en el Congreso y aceptada por éste: "Se considerará miembro del Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que acepte su programa, apoye al
Partido con recursos materiales y le preste su colaboración personal en forma
regular bajo la dirección de una de sus organizaciones".
Por este cotejo vemos con claridad que en el proyecto de
Mártov no hay precisamente ninguna idea, sino sólo una frase vacía.
Es claro de por sí que los miembros del Partido trabajan bajo el control y la
dirección de los órganos del Par tido, y no puedé ser de otro
modo ; de ello no hablan sino las gentes aficionadas a hablar por hablar,
los que gustan de llenar "estatutos" de un río de palabras y fórmulas
burocráticas (es decir, innecesarias para el objeto y, al parecer, necesarias
para hacer bulto). La idea del artículo primero sólo aparece al
plantearse la cuestión de si pueden los órganos del Partido llevar a
la práctica su dirección respecto a aquellos miembros del mismo que
no forman parte de ninguna de las organizaciones del Partido. No
hay ni rastro de esta idea en el proyecto del camarada Mártov. Por tanto, yo
no podía conocer las "opiniones" del camarada Mártov
"sobre este problema", porque no hay en el proyecto del camarada Mártov
opinión alguna sobre este problema. La aclaración de hechos del
camarada Mártov resulta un enredo.
En cambio, precisamente del camarada Mártov hay que
decir que él, por mi proyecto, "conocía mis opiniones sobre esta cuestión"
y no protestó ni las combatió, ni en la comi-
pág. 52
sión de redacción, aunque mi proyecto fue mostrado a todo el mundo dos o
tres semanas antes del Congreso, ni ante los delegados, que se enteraron sólo
de mi proyecto. Y aún más. Incluso en el Congreso, cuando presenté
mi proyecto de es tatutos[ En su folleto sobre el estado de sitio, el camarada Mártov
ha considerado preciso volver a recordar con peculiar meticulosidad sus
estatutos. Asegura allí que sus estatutos, que también ahora (en febrero de
I904; no se sabe lo que sucederá dentro de tres meses) está dispuesto a
firmar, a excepción de algunas particularidades secundarias, "expresaban
con bastante claridad su posición negativa respecto a la hipertro-
pág. 53
fia del centralismo" (pág. IV). El camarada Mártov explica ahora
el no haber propuesto este proyecto al Congreso dicien do, primero, que
"la educación iskrista le inspiró una actitud despectiva hacia los
estatutos". (¡La palabra iskrista, cuando así le place al camarada Mártov,
no significa ya para él el estrecho espíritu de círculo, sino la más
consecuente de las tendencias! Sólo es de lamentar que al cabo de tres años
la educación iskrista no haya inspirado al camarada Mártov una actitud
despectiva para la fraseología anarquista, con la que la inestabilidad propia
de un intelectual es capaz de justificar las violaciones de unos estatutos
aprobados en común). En segundo lugar, resulta nada menos que él, el
camarada Mártov, rehuía "introducir cualquier disonancia en la táctica
del núcleo orgánico fundamental que era Iskra " ¡Resulta de una
congruencia maravillosa! ¡En la cuestión de principio sobre la
formulación oportunista del artículo primero o de la hipertrofia del
centralismo tuvo el camarada Mártov tal miedo a la disonancia (temible tan sólo
desde el más estrecho punto de vista de círculo), que ni siquiera expuso sus
discrepancias ante un núcleo como la redacción! Sobre el problema práctico
acerca de la composición de los organismos centrales, el camarada Mártov
apeló contra el voto de la mayoría de los miembros de la organización de Iskra
(verdadero núcleo orgánico fundamental ) al auxilio del Bund y de los
miembros de "Rabócheie Dielo" El camarada Mártov no ve la
"disonancia" que hay en sus propias frases, cuando se vale de
procedimientos propios de los círculos en defensa de la seudoredacción para
renegar del espíritu de "círculo" en la forma en que enjuician la
cuestión las personas más competentes. Para castigarle, citaremos íntegro
su proyecto de estatutos
pág. 54
haciendo constar por nuestra parte qué puntos de vista y qué hipertrofia
se representan en el mismo.[ "Proyecto de estatutos del Partido. -- I.
Pertenencia al Partido. -- 1) Se considerará como perteneciente al Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que, aceptando su programa, trabaje
activamente para llevar a la práctica sus tareas bajo el control y la dirección
de los órganos del Partido. -- 2) El Comité Central acordará la expulsión
do los miembros del Partido por actos incompatibles con los intereses del
Partido. !La sentencia de expulsión, argumentada, se conservará en el
archivo del Partido y, en caso de exigencia, se comunicará a cada comité del
mismo. Se puede apelar ante el Congreso contra el acuerdo de expulsión tomado
por el Comité Central, siempre que lo exijan dos o más comités]". . .
Indicaré con corchetes los puntos evidentemente faltos de contenido en
el proyecto de Mártov, los que no sólo no contienen ninguna
"idea", sino ni siquiera ninguna condición ni exigencia
determinada, como es el caso sin igual de indicar en unos
"estatutos" dónde precisamente deberá conservarse la sentencia, o
de referirse a la apelación ante el Congreso de que puede ser objeto de un
acuerdo de expulsión tomado por el Comité Central (¿y no todos sus acuerdos
en general?). Esto es justamente una hipertrofia de frase, o un verdadero
formalismo burocrático en el sentido de componer puntos y artículos
superfluos, sabiendo de antemano que no sirven para nada o que sirven para
entor pecer. ". . . II. Comités locales. -- 3) Serán representantes del
Partido en su trabajo local los comités del Partido. . ." (¡qué nuevo
y qué ingenioso!). ". . . 4) [Se considerarán comités del Partido los
que existan al celebrarse el II Congreso y estén representados en él con la
composición que tengan en este momento]. -- 5) Los nuevos comités, es decir,
los que no queden comprendidos en el artículo 4, serán designados por el
Comité Central [que reconocerá como comité a la composición que en el
momento dado tenga la organización local, o constituirá el comité local
reformando esta última]. -- 6) Los comités completan el número de sus
miembros mediante la cooptación. -- 7) El Comité Central tiene derecho a
completar el número de miembros de un comité local con una cantidad de
camaradas (que él conozca), de modo que su número no constituya más de un
tercio del número total de miembros. . ." Modelo de estilo
pág. 55 pág. 55
ofidnesco: ¿por qué no más de un tercio? ¿Con qué objeto? ¿Qué-sentido
tiene esta limitación que nada limita, pues este modo de completar puede
repetirse muchas veces? ". . . 8) [Si un comité local se desmorona o es
deshecho" (¿es decir, si no son detenidos todos sus miembros?) "por
las persecuciones, el Comité Central lo restablecerá"]. . . (¿sin
tener ya en cuenta el artículo 7? ¿Y no encuentra el camarada Mártov que
existe un parecido entre el artículo 8 y las leyes rusas sobre la moral pública,
que prescriben trabajar en los días laborables y descansar en las fiestas?).
". . . 9) El Congreso ordinario del Partido podrá encargar al C.C. que
reforme la composición de cualquier comité local, cuando se haya reconocido
que la actividad de este último es incompatible con los intereses del
Partido. En este último caso, el comité, con la composición que tenga se
declara disuelto y los camaradas de su localidad quedan exentos de la obligación
de prestarle obediencia*.]. . . La regla que se contiene en este artículo es
tan altamente útil como el artículo aún existente en las leyes rusas y que
dice: se prohibe a todos y cada uno el alcoholismo. ". . . 10) [Los comités
locales del Partido dirigen toda la labor de propaganda, agitación y
organización del Partido en la localidad y, en la medida que se lo permiten
sus fuerzas, cooperan con el Comité Central y el Organo Central en el
cumplimiento de las tareas generales del Partido que les incumben.]. . ."
¡Uf! ¿A qué viene esto, por todos los santos?. . . ". . . 11) [El régimen
interior de la organización local, las relaciones recíprocas entre el comité
y los grupos a él subordinados" (¿oye usted, oye usted, camarada
Axelrod?) "y los limites de competencia y autonomía" (¿pero es que
los límites de competencia no son lo mismo que los limites de autonomía?)
"de estos grupos los establecerá el mismo comite, poniéndolos en
conocimiento del C.C. y de la redacción del O.C.]. . ." (Hay una laguna:
no se dice dónde se archivan estas comunicaciones). ". . . 12) [Todos
los grupos y miembros individuales del Partido sometidos a los comités tienen
derecho a exigir que se comunique al C.C. del Partido y a sus órganos
centrales sus opiniones y deseos sobre cualquier problema.] -- 13) Cada comité
local del Partido quedara obligado a descontar de sus ingresos una parte que
corresponderá a la caja del C.C., según distribución que efectuará el C.C.
-- III. Organizacioncs destinadas a la agitación en diversas lenguas (además
del ruso). -- 14) [Para la agitación en una de las lenguas no rusas, y para
organizar a los obreros entre los que se lleve
pág. 56
a cabo tal agitación, podrán formarse organizadones aparte en los puntos
donde sea imprescindible especializar esa agitadón y establecer semejante
organización separada]. -- 15) Corresponderá al C.C. del Partido, y en los
casos litigiosos al Congreso del mismo, decidir cuándo existe en estos casos
verdadera necesidad. . ." La primera parte del artículo es superflua, si
se tienen en cuenta otras disposiciones de los estatutos, y la segunda, sobre
los casos litigiosos, mueve sencillamente a risa. . . "16) [Las
organizaciones locales a que hace referencia el artículo 14, serán autónomas
en sus objetivos especiales, pero actuarán bajo el control del comité local
y estarán sometidas a este último, siendo el comité local quien establecerá
las formas de este control y las normas que, en el trabajo de organización,
regularán las relaciones entre el comité y la organización especial. .
." (bueno, ¡gracias a Dios!, ahora se ve bien claro que no había razón
para toda esa montaña de palabras vadas). ". . . En cuanto a los asuntos
generales del Partido, tales organizaciones actuarán como parte de la
organización del comité.] -- 17) [Las organizaciones locales a que hace
referencia el artículo 14, podrán formar una unión autónoma para la
consecución eficaz de sus objetivos especiales. Semejante unión puede tener
sus órganos especiales, administrativos y publicaciones, quedando unos y
otros sometidos al control inmediato del C.C. del Partido. Tal unión
establecerá ella misma sus estatutos, pero los someterá a la aprobación del
C.C. del Partido.] -- 18) [De la unión autónoma a que hace referencia el artículo
17 pueden también entrar a formar parte los comités locales del Partido, si
debido a las condiciones locales se dedican principalmente a la agitación en
una lengua determinada. Nota. Siendo parte integrante de una unión autónoma,
semejante comité no deja, sin embargo, de ser un comité del Partido.]. .
." (Todo el artículo es de una utilidad extrema y de una profundísima
inteligencia, y la nota aún más). . . ". . . 19) [Las organizaciones
locales que formen parte de una unión autónoma quedarán sometidas al
control de los comités locales en sus relaciones con los órganos centrales
de la unión.] -- 20) [Los órganos literarios y administrativos centrales de
lás uniones autónomas tendrán con el C.C. del Partido las mismas relaciones
que los comités locales del Partido.] -- IV. El Comit¿ Central y los órganos
literarios del Partido. -- 21) [Representantes del Partido en su totalidad serán
el Comité Central y los órganos literarios: el órgano político y el órgano
científico.] -- 22) Incumbe al C.C. la dirección general de toda la labor práctica
del Partido; cuidar de que se utilicen y distribuyan debidamente todas sus
fuerzas; controlar la actuación de todos los sectores del Partido;
suministrar publicaciones a las organizaciones locales; organizar el aparato técnico
del Partido; convocar los
pág. 57
congresos del Partido. -- 23) Corresponderá a los organos literarios del
Partido la dirección ideológica de la vida del mismo; la propaganda del
programa del Partido y la exposidón científica y publicística de la
concepción del mundo de la socialdemocracia. -- 24) Todos los comités
locales del Partido, así como las uniones autónomas, mantendrán una relación
directa tanto con el C.C. del Partido, como con la redacdón de sus órganos,
poniendo periódicamente en su conocimiento la marcha del movimiento y del
trabajo de organización en el área local. -- 25) El Congreso del Partido
designará la redacción de los órganos literarios del mismo, que seguirá en
funciones hasta el Congreso siguiente. -- 26) [La redacción tendrá autonomía
en sus asuntos internos] y, en el intenalo entre dos Congresos, podrá
completar y modificar su composición, comunicándolo en cada caso al C.C. --
27) Todos los comunicados que emanen del C.C., o hayan sido sancionados por él
se publicarán, a petición del C.C., en el órgano del Partido. -- 28) El
C.C., de acuerdo con la redacción de los órganos del Partido, formará
grupos literarios espedales para determinados trabajos literarios. -- 29) El
Congreso del Partido designará al Comité Central, que seguirá en funciones
hasta el Congreso siguiente. El C.C. podrá completar su composición por
cooptación en número ilimitado, poniéndolo cada vez en conocimiento de la
redacción de los órganos centrales del Partido. -- V. Organización del
Partido en el extranjero. -- 30) La organización del Partido en el extranjero
cuidara de la propaganda entre los rusos residentes en el extranjero y de
organizar entre ellos a los elementos socialistas. A su frente figurará una
administración designada por elección. -- 31) Las uniones autónomas que
formen parte integrante del Partido podrán tener secciones en el extranjero
para cooperar a la consecución de los objetivos especiales de tales uniones.
Estas secciones, en calidad de grupos autónomos, quedarán incluidas en la
organización general en el extranjero. -- VI. Congresos del Partido. -- 32)
La instancia superior del Partido es su Congreso. -- 33) [El Congreso del
Partido establecerá su programa, sus estatutos y los principios por los que
se regirá su actuación; controlará la labor de todos los órganos del
Partido y entenderá en los conflictos que entre ellos puedan surgir.] -- 34)
Tendrán representación en el Congreso: a) todos los comités locales del
Partido; b) los órganos administrativos centrales de todas las uniones
autonomas que estén comprendidas en el Partido; c) el C.C. del Partido y la
redacción de sus órganos centrales; d) la organización del Partido en el
extranjero. -- 35) Se consentirá la transmisión de mandatos, pero a condidón
de que un delegado no represente más de tres mandatos efectivos. Podrá
dividirse un mandato entre dos representantes. No se consentirán mandatos
imperativos -- 36) El C.C. quedará facultado para in
pág. 58
vitar al Congreso, con voz, pero sin voto, a los camaradas cuya presencia
pueda ser útil. -- 37) Para introducir modificaciones en el programa o en los
estatutos, hará falta una mayoría de dos tercios de los votos presentes; las
demás cuestiones se resolverán por simple mayoría. -- 38) El Congreso se
considerará válido siempre que estén representados en él más de la mitad
de los comités del Partido existentes en el momento de su celebración. --
39) El Congreso se reunirá, siempre que las circunstancias lo permitan, una
vez cada dos años. [En caso de que, para su convocatoria en este plazo,
surjan dificultades ajenas a la voluntad del C.C., éste podrá aplazarlo bajo
su responsabilidad."]
De seguro que el lector que haya tenido paciencia, como
caso excepcional, suficiente para leerse hasta el final estos así llamados
estatutos no nos exigirá un examen especial de las conclusiones que a
continuación formulamos. Primera conclusión: los estatutos padecen una
hidropesía difícilmente curable. Segunda conclusión: no hay manera de
descubrir en estos estatutos ningún matiz especial, en punto a organización,
por lo que se refiere a una actitud negativa frente a la hipertrofia
centralista. Tercera conclusión: el camarada Mártov ha procedido muy
razonablemente, ocultando a los ojos del mundo (y al examen del Congreso) más
de los 38/39 de sus estatutos. Lo único que resulta algo original es que con
motivo de esta ocultación se hable de visera levantada.
pág. 59 Antes de pasar a una cuestión efectivamente interesante
que, de un modo indudable, pone al descubierto los diversos matices de opinión
respecto a la formulación del artículo primero de los estatutos, hemos de
detenernos aún someramente en la breve discusión general de los estatutos
que ocupó la sesión 14 y parte de la 15 del Congreso. Esta discusión tiene
cierta importancia, porque precedió al completo desacuerdo de la
organización de Iskra en lo tocante a la composición de los
organismos centrales. Por el contrario, las discusiones posteriores, sobre los
estatutos en general y sobre la cooptación en particular, tuvieron lugar después
de nuestro des acuerdo en la organización de Iskra. Naturalmente, antes
del desacuerdo podíamos expresar nuestras opiniones más imparcialmente, en
el sentido de que nuestras consideraciones eran más independientes del
problema de la composición personal del C.C., que a todos preocupaba. El
camarada Mártov, como he señalado ya, se adhirió (pág. 157) a mi
punto de vista en materia de organización, haciendo tan sólo dos reservas
por estar disconforme conmigo en particularidades. Por el contrario,
tanto los antiiskristas como el "centro" se alzaron en seguida
contra las dos ideas fundamentales de todo el plan de organización de Iskra
(y, por consiguiente, de todos
pág. 60
los estatutos): tanto contra el centralismo, como contra los "dos
organismos centrales". El camarada Líber calificó mis estatutos de
"desconfianza organizada", y vio descentralización en los
dos organismos centrales (lo mismo que los camaradas Popov y Iegórov). El
camarada Akímov expresó el deseo de ampliar la esfera de competencia de los
comités locales, en particular el otorgarles a ellos mismos "el derecho
de modificar su composición". "Es preciso darles mayor libertad de
acción. . . Los comités locales deben ser elegidos por los militantes
activos de la localidad, lo mismo que el C.C. es elegido por los
representantes de todas las organizaciones activas de Rusia. Y si tampoco esto
puede permitirse, que se limite entonces el número de miembros que el C.C.
puede designar para trabajar en los comités locales. . ." (158). Como
veis, el camarada Akímov apunta un argumento contra la "hipertrofia del
centralismo", pero el camarada Mártov sigue sordo a estas autorizadas
indicaciones, mientras la derrota en el problema de la composición de los
organismos centrales no le lleva a seguir a Akímov. ¡Sigue sordo incluso
cuando el camarada Akímov le apunta la "idea " de sus propios
estatutos (artículo 7: limitación de los derechos del C.C. a introducir
miembros en los comités)! El camarada Mártov no queria todavía entonces
ninguna "disonancia" con nosotros y consentia por ello la disonancia
tanto con el camarada Akímov, como consigo mismo. . . Entonces sólo abogaban
coné tra el "monstruoso centralismo" aquellos a quienes no
convenía, evidentemente, el centralismo de Iskra : abogaban contra
él Akímov, Líber, Goldblat, y les seguían con cautela y precaución
(de modo que siempre pudiera uno volverse atrás) Iegórov (v. págs. 156 y
276), etc.: Entonces, la inmensa mayoría del Partido veia aún con toda
claridad que eran precisamente los intereses de capilla, de círculo, del
"Bund", y del
pág. 61
grupo "Iuzhni Rabochi", etc. los que provocaban la protesta
contra el centralismo. Por lo demás, también ahora ve claramente la mayoría
del Partido que son precisamente los intereses de círculo de la vieja redacción
de Iskra los que provocan su protesta contra el centralismo. . .
Ved, por ejemplo, el discurso del camarada Goldblat
(160-161). Se pronuncia contra mi "monstruoso" centralismo, que según
él, conduce al "aniquilamiento" de las organizaciones de base y
"está imbuido de la tendencia de otorgar al centro un poder ilimitado,
el derecho de intervención ilimitada en todo", que reserva a las
organizaciones "el único derecho de someterse sin un murmullo de
protesta a lo que se les ordene desde arriba", etc. "El organismo
central que prevé el proyecto se encontrará en un espacio vacio: a su
alrededor no habrá periferia alguna, sino una especie de masa amorfa en la
que se moverán sus agentes ejecutores". Esto es, palabra por palabra, la
misma fraseología falsa con que, después de su derrota en el
Congreso, han comenzado a obsequiarnos los Mártov y los Axelrod. Ha merecído
risas el Bund, que, en guerra contra nuestro centralismo, concede él mismo, a
su organismo central derechos ilimitados, definidos de un modo todavía más
preciso (aunque sea, por no citar otros, la facultad de admitir y excluir
miembros e incluso la de rechazar delegados a los congresos). Risas merecerán
también, cuando se aclaren las cosas, las lamentaciones de la minoría,
que chilla contra el centralismo y contra los estatutos mientras está en la
minoría, y se apoya en estos últimos en cuanto ha logrado pasar a la mayoría.
También se puso claramente de manifiesto la división
en grupos en cuando a los dos organismos centrales: Líber, Akímov (el
primero con la cancioncita de moda, a lo Axelrod-
pág. 62
Mártov, sobre el predominio del O.C. sobre el C.C. en el Consejo), Popov y
Iegórov se opusieron a todos los iskristas. El plan de los dos
organismos centrales se desprendía lógicamente de las ideas que, en materia
de organización, había desarrollado siempre la vieja Iskra (¡y que de
palabra habían aprobado los camaradas Popov y Iegórov!). La política de
la vieja Iskra era diametralmente opuesta a los planes de "Iuzhni
Rabochi", a los planes de crear paralelamente un órgano popular y de
convertirlo en órgano en realidad predominante. He aquí el origen de la
contradicción que, a primera vista, podría parecer extraña: por un solo
organismo central, es decir, por lo que podria parecer un mayor centralismo,
están todos los antiiskristas y toda la charca. Claro que también hubo
delegados (sobre todo en la charca) que apenas si tenían clara comprensión
de a dónde conducirían y tenían que conducir, en virtud de la marcha de las
cosas, los planes de organización del grupo "Iuzhni Rabochi", pero
los impelía al bando de los antiiskristas su propia naturaleza vacilante y
poco segura de sí misma.
Entre los discursos pronunciados por iskristas durante
estos debates (que precedieron a la escisión de los iskristas) sobre los
estatutos, son particularmente notables los de los camaradas Mártov (la
"adhesión" a mis ideas en materia de organización) y Trotski. Este
último contestó a los camaradas Akímov y Líber en tal forma, que cada
palabra de su contestación descubre toda la falsedad de la conducta que después
del Congreso siguió la "minoría" y de las teorías que después
del Congreso adoptó la "minoría". "Los estatutos, dice (el
camarada Akímov), determinan la esfera de competencia del C.C. de un modo que
no es bastante preciso. No puedo estar de acuerdo con él. Por el contrario,
la determinación es pre-
pág. 63
cisa y significa: por cuanto el Partido es un todo, es imprescindible
asegurarle el control de la actividad de los comités locales. El camarada Líber
ha dicho que los estatutos, para emplear una expresión mía, son la
'desconfianza organizada'. Es verdad. Pero yo empleé esta expresión refiriéndome
a los estatutos propuestos por los representantes del Bund, estatutos que eran
la desconfianza organizada de un sector del Partido frente a todo el Partido
En cambio, nuestros estatutos [¡entonces esos estatutos eran
"nuestros", hasta que se produjo la derrota en lo tocante a la
composición de los organismos centrales!] representan la desconfianza
organizada del Partido frente a todos sus sectores, es decir, el control de
todas las organizaciones locales, regionales, nacionales, etc." (158). Sí,
nuestros estatutos quedan exactamente caracterizados aquí, y
nosotros aconsejaríamos recordar con más frecuencia esta característica a
las personas que ahora, con la conciencia tranquila, afirman que es la
intrigante mayoría quien ha discurrido la idea y establecido el sistema de la
"desconfianza organizada", o, lo que es lo mismo, "del estado
de sitio". Bastará comparar el discurso citado con los discursos
pronunciados en el Congreso de la Liga en el extranjero para obtener un modelo
de falta de carácter en política, un ejemplo de cómo cambian las opiniones
de Mártov y compañía, según se trata de organismo inferior propio o ajeno.
pág. 64
Ya hemos citado las diversas formulaciones que
suscitaron en el Congreso interesantes debates. Estos debates se llevaron casi
dos sesiones y terminaron por dos votaciones nominales (en todo
el Congreso no hubo, si no me equivoco, más que ocho votaciones nominales,
tan sólo en casos de especial importancia, por la enorme pérdida de tiempo
que su ponen tales votaciones) Se habla planteado una cuestión que,
indudablemente, tiene un carácter de principio. El interés del Congreso por
los debates era inmenso. En la votación tomaron parte todos los
delegados, fenómeno raro en nuestro Congreso (como en todo gran congreso) y
prueba, al mismo tiempo, del interés de los que discutían.
¿En qué consistía, pues, la esencia de la cuestión
en litigio? Ya dije en el Congreso, y lo he repetido después más de una vez,
que "no considero en absoluto nuestra discrepancia (respecto al artículo
primero) tan esencial, que de ella dependa la vida o la muerte del Partido. ¡No
pereceremos, ni mucho menos, por un mal artículo en los estatutos!"
(250)*. Esta discrepancia, por si misma, aunque pone de manifiesto matices de
carácter de principio, no pudo producir en modo alguno la divergencia (y en
realidad, para hablar sin convencionalismos, la escisión) que se ha producido
después del Con-
pág. 65
greso. Pero toda pequeña discrepancia puede hacerse grande
si se insiste en ella, si se la saca a primer plano, si nos ponemos a
buscar todas las raíces y todas las ramificaciones de la misma. Toda pequeña
discrepancia puede adquirir enorme importancia, si sine de punto de
partida para un viraje hacia ciertos conceptos equivocados, y si a
estos conceptos equivocados vienen a unirse, a consecuencia de nuevas
divergencias complementarias, actos anárquicos que llevan al Partido a
la escisión.
Esta era precisamente la situación en el caso que
examinamos. Una discrepancia relativamente pequeña sobre el artículo primero
ha adquirido ahora enorme importancia, porque es precisamente lo que ha
servido de punto de viraje hacia las elucubraciones oportunistas y hacia la
fraseología anarquista de la minoría (especialmente en el Congreso de la
Liga, y después también en las columnas de la nueva Iskra ). Esta
discrepancia ha sido precisamente el comienzo de la coalición de la
minoría iskrista con los antiiskristas y con la charca, que adquirió formas
definitivamente precisas en el momento de las elecciones. Sin comprender esta
coalición no es posible comprender tampoco la divergencia principal, básica,
en el problema de la composición de los organismos centrales. El pequeño
error de Mártov y Axelrod acerca del artículo primero era una pequeña
quebradura en nuestro vaso (según dije en el Congreso de la Liga). Podíamos
haberlo atado bien fuerte, con un nudo doble (y no con un nudo corredizo, como
creyó oir Mártov, que durante el Congreso de la Liga se encontraba en un
estado próximo a la histeria). Podían hacerse todos los esfuerzos
para agrandar la quebradura, para romper el vaso. Y esto fue precisamente lo
que sucedió por el boicot y demás medidas anárquicas de tipo parecido, de
los entusiastas partidarios de Mártov. La discrepancia acerca del
pág. 66
artículo primero desempeñó un papel considerable en el problema de la
elección de los organismos centrales, y la derrota de Mártov en este punto
lo llevó a la "lucha en el terreno de principios" por medios
toscamente mecánicos y hasta escandalosos (discursos en el Congreso de la
Liga de la socialdemocracia revolucionaria rusa en el extranjero).
Ahora, después de todas esas peripecias, el problema
del artículo primero ha adquirido, de este modo, enorme importancia, y
debemos darnos cuenta exacta tanto del carácter de los agrupamientos que se
establecieron en el Congreso al votarse este artículo, como -- lo que es
incomparablemente más importante -- del carácter efectivo de los matices
de opinión que se señalaron, o comenzaron a señalarse, en relación con
el artículo primero. Ahora, después de los acontecimientos
mencionados, la cuestión está ya planteada en la forma siguiente: ¿Se
ha reflejado en la formulación de Mártov defendida por Axelrod, su (de él o
de ellos) inestabilidad, su falta de firmeza y su vaguedad política, como
dije en el Congreso del Partido (333), su (de él o de ellos) desviación
hacia el jauresismo y el anarquismo, según suponía Plejánov en el Congreso
de la Liga (102 y otras de las actas de la Liga)? ¿O es que mi formulación,
defendida por Plejánov, reflejaba una concepción del centralismo equivocada,
burocrática, formalista autoritaria, no socialdemócrata? ¿Oportunismo y
anarquismo o buroaacia y formalismo? : en estos términos está planteada
la cuestión ahora, cuando se ha agrandado una pequeña divergencia. Y
nosotros debemos tener en cuenta precisamente esta forma de
plantear el problema, que los acontecimientos nos han impuesto a todos, diría
históricamente determinada, si no temiese expresiones demasiado rimbombantes,
al examinar el fondo de los argumentos en pro y en contra de mi
formulación.
pág. 67
Comencemos el examen de estos argumentos por un análisis
de las discusiones que se desarrollaron en el Congreso. El primer discurso, el
del camarada Iegórov, sólo interesá porque su actitud (non liquet,
no está aún claro para mí, no sé aún dónde está la verdad), fue muy
característica de la actitud de muchos delegados a quienes no les fue fácil
orientarse en un problema efectivamente nuevo, bastante complejo y minucioso.
El discurso siguiente, el del camarada Axelrod, plantea ya en seguida la
cuestión en el terreno de los principios. Es el primer discurso de esta índole,
mejor dicho, es, en general, el primer discurso del camarada Axelrod en el
Congreso, y cuesta trabajo considerar como muy feliz su debut con el célebre
"profesor". "Yo creo -- dijo el camarada Axelrod -- que debemos
delimitar los conceptos: Partido y organización. En cambio, aquí estos dos
conceptos están confundidos. Esta confusión es peligrosa", Tal es el
primer argumento contra mi formulación. Pero examinadlo más de cerca. Cuando
digo que el Partido debe ser una suma (y no una simple suma aritmética,
sino un complejo) de organizaciones *, ¿quiere esto decir que yo
"confunda" los conceptos pág. 68
de partido y organización? Claro que no. Al hacerlo, expreso de un modo
perfectamente claro y preciso mi deseo, mi exigencia de que el Partido, como
destacamento de vanguardia de la clase, sea lo más organizado posible
y sólo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por to
menos, un gredo mínimo de organización. Por el contrario, mi
contrincante confunde en el Partido elementos organizados y no
organizados, a los que se dejan dirigir con los que no se dejan, a los
avanzados con los incorregiblemente atrasados, pues los que son
corregiblemente atrasados pueden entrar en la organización. Esta confusión
es la efectivamente peligrosa. El camarada Axelrod alude luego "a
las organizaciones del pasado rigurosamente conspirativas y centralistas"
("Tierra y Libertad" y "La Voluntad del Pueblo");
alrededor de estas organizaciones, según dice, "se agruparon toda una
serie de personas que no formaban parte de la organización, pero que la
ayudaban en una u otra forma y se consideraban miembros del Partido. . . Este
principio debe aplicarse en forma aún más rigurosa en la organización
socialdemócrata". Y aquí hemos llegado precisamente a uno de los quids
de la cuestión: "este principio", que autoriza llamarse miembros
del Partido a personas que no figuran en ninguna de sus organizaciones, sino
que se limitan a "ayudarle de uno u otro modo", ¿es, efectivamente,
un principio socialdemócrata? Plejánov ha dado a esta pregunta la única
respuesta posible: "Axelrod no tenía razón cuando aludía a la década
del 70. Entonces existía un centro bien organizado, con una disciplina
perfecta;
pág. 69
alrededor de él existían organizaciones de diverso grado que él había
creado, y lo que estaba fuera de esas organizaciones era caos y anarquía. Los
elementos integrantes de este caos se daban el título de miembros del
Partido, pero la causa no salía ganando con ello, sino perdiendo. No debemos
imitar la anarquía de la década del 70, sino evitarla". Por tanto,
"este principio", que el camarada Axelrod quería hacer pasar por
socialdemócrata, es en realidad un principio anárquico. Para refutar
esto, es preciso demostrar la posibilidad del control, de la dirección
y de la disciplina al margen de la organización, hay que demostrar la necesidad
de que a los "elementos del caos" se les adjudique el título de
miembros del Partido. Los defensores de la formulación del camarada Mártov
no han demostrado y no podían demostrar ni una ni otra cosa. Para
poner un ejemplo, el camarada Axelrod ha hablado del "profesor que se
considera socialdemócrata y lo declara". Para llevar a su término la
idea que contiene este ejemplo, el camarada Axelrod debiera haber dicho luego
si los mismos socialdemócratas organizados reconocen como socialdemócrata a
este profesor. No habiendo formulado ulteriormente esta pregunta, el samarada
Axelrod ha dejado su argumentación a medias. En efecto, una de dos: o bien
los socialdemócratas organizados consideran al profesor de que tratamos como
socialdemócrata, y entonces, ¿por qué no incluirlo en esta o la otra
organización socialdemócrata? Sólo después de semejante incorporación
estarán "las declaraciones" del profesor en armonía con sus actos
y no serán frases huecas (que es en lo que quedan con demasiada frecuencia
las declaraciones de profesores). O bien los socialdemócratas organizados no
consideran socialdemócrata al profesor, y en este caso carece de sentido y es
absurdo y perjudicial concederle el derecho a ostentar el título de
miembro del Parti-
pág. 70
do, que entraña consideración y responsabilidad. Por tanto, lá cosa
queda reducida precisamente a aplicar de un modo consecuenté el principio de
organización o a consagrar la dispersión y la anarquía. ¿Estamos
constituyendo el Partido, tomando por base el núcleo de socialdemócratas
que ya ha sido creado y ha adquirido cohesión, el núcleo que ha organizado,
supongamos, el Congreso del Partido y que debe extender y multiplicar toda
clase de organizaciones del Partido, o nos contentamos con la frase
tranquilizadora de que todos los que ayudan son miembros del Partido? "Si
aceptamos la fórmula de Lenin -- continuó el camarada Axelrod --, echaremos
por la borda una parte de los que, aun cuando no puedan ser admitidos
directamente en la organización, son, sin embargo, miembros del
Partido". La confusión de conceptos de que Axelrod quiso acusarme a mí
se destaca aquí en sus propiás palabras con toda claridad: considera ya como
un hecho que todos los que ayudan son miembros del Partido, cuando esto
es precisamente lo que se discute y los oponentes tienen que demostrar
aún la necesidad y ventaja de semejante interpretación. ¿Cuál es el
contenido de esta frase, a primera vista terrible, de echar por la borda? Si
únicamente se consideran como miembros del Partido los miembros de
organizaciones reconocidas como organizaciones del mismo, entonces personas
que no pueden ingresar "directamente" en ninguna organización del
Partido, podrán, sin embargo, trabajar en una organización que no sea del
Partido, pero que esté en contacto con él. Por consiguiente, no se puede ni
hablar de arrojar por la borda en el sentido de apartar del trabajo, de la
participación en el movimiento. Por el contrario, cuanto más fuertes sean
nuestras organizaciones del Partido, integradas por socialdemócratas efectivos,
cuanta menos vacilación e inestabilidad haya dentro del Partido, tanto
más amplia y poli-
pág. 71
facética, tanto más rica y fructuosa será la influencia del Partido
sobre los elementos de las masas obreras que le rodean y que él
dirige. Porque no se puede, en verdad, confundir al Partido como destacamento
de vanguardia de la clase obrera con toda la clase. Y ésta es precisamente la
confusión (propia de nuestro economismo oportunista, en general) en que cae
el camarada Axelrod cuando dice: "Claro es que antes que nada
constituimos una organización de los elementos más activos del Partido, una
organización de revolucionarios, pero, puesto que somos un partido de clase,
debemos pensar en hacer las cosas de modo que no queden fuera de él personas
que, de un modo consciente, aunque quizá no con plena actividad, están en
contacto con dicho partido". En primer lugar, entre los elementos activos
del Partido Obrero Socialdemócrata en modo alguno figurarán tan sólo las
organizaciones de revolucionarios, sino toda una serie de
organizaciones obreras reconocidas como organizaciones del Partido. En segundo
lugar: ¿por qué motivo y en virtud de qué lógica podía deducirse, del
hecho de que somos un partido de clase, la consecuencia de que no es preciso
establecer una distinción éntre los que integran el Partido y los que
están en contacto con él? Muy al contrario: precisamente porque
existen diferencias en el grado de conciencia y en el grado de actividad, es
necesario establecer una diferencia en el grado de proximidad al Partido.
Nosotros somos el Partido de la clase, y, por ello, casi toda la clase
(y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe
actuar bajo la dirección de nuestro Partido, debe tener con nuestro Partido
la ligazón más estrecha posible; pero sería manilovismo y
"seguidismo" creer que casi toda la clase o la clase entera pueda
algún dia, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado
de conciencia y de actividad de su destacamento de
pág. 72
vanguardia, de su Partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata
juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la
organización sindical (más rudimentaria, más asequible al grado de
conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en condiciones de englobar
a toda o casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el
destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el
deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a
capas cada vez más amplias a su avanzado nivel, sería únicamente engañarse
a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir
nuestras tareas. Y precisamente así se cierran los ojos y tal es el olvido
que se comete cuando se borra la diferencia que existe entre los que están en
contacto y los que ingresan, entre los conscientes y los activos, por una
parte, y los que ayudan, por otra.
Remitirse a que somos un partido de clase para
justificar la difusíón orgánica, para justificar la confusión
entre organización y desorganización, significa repetir el error de
Nadiezhdin, que confundía "la cuestión filosófica e histórico-social
de las 'profundas raíces' del movimiento con una cuestión técnica de
organización" (¿ pág. 73 parte de su organización? La amplia difusión de una ficción es nociva, y
no útil. "Sólo podemos alegrarnos de que todo huelguista, todo
manifestante, respondiendo de sus actos, pueda declararse miembro del
Partido" (pág. 239). ¿De verdad? ¿Cualquier huelguista debe
tener derecho a declararse miembro del Partido? Con esta tesis lleva el
camarada Mártov su error al absurdo, rebajando el socialdemocratismo
al huelguismo, repitiendo las malandanzas de los Akímov. Sólo podemos
alegrarnos de que la socialdemocracia consiga dirigir cada huelga, porque la
obligación directa y absoluta de la socialdemocracia estriba en dirigir todas
las manifestaciones de la lucha de clase del proletariado, y la huelga es una
de las manifestaciones más profundas y potentes de esta lucha. Pero seremos
seguidistas si consentimos que esta forma elemental de lucha, ipso facto
nada más que forma trade unionista, se identifique con la lucha
socialdemocrática, multilateral y consciente. De un modo oportunista, consagraremos
una cosa manifiestamente falsa, si concedemos a todo huelguista el derecho
a "declararse miembro del Partido", pues semejante "declaración",
en una inmensidad de casos, será una declaración falsa. Nos
adormeceremos con ensueños manilovianos si se nos ocurre asegurarnos a
nosotros mismos y a los demás que todo huelguista puede ser
socialdemócrata y miembro del Partido Socialdemócrata, dada la infinita
fragmentación, opresión y embrutecimiento que, bajo el capitalismo, pesará
inevitablemente sobre sectores muy amplios de obreros "no
instruidos", no calificados. Precisamente el ejemplo del "huelguista
" muestra con singular claridad la diferencia entre la aspiración
revolucionaria a dirigir de un modo socialdemócrata cada huelga y la frase
oportunista que declara miembro del Partido a todo huelguista.
Nosotros somos un partido de clase por cuanto dirigimos, en efecto, de
pág. 74
un modo socialdemócrata, a casi toda e incluso a toda la clase del
proletariado; pero sólo los Akímov pueden deducir de esto que tengamos que
identificar de palabra el Partido y la clase.
"No me da miedo una organización de
conjuradores" -- decía el camarada Mártov en el mismo discurso --, pero
-- añadía -- "para mí una organización de conjuradores sólo tiene
sentido en la medida que la rodea un amplio Partido obrero socialdemócrata"
(pág 239) Para ser exacto debiera decir: en la medida que la rodea un amplio movimiento
obrero socialdemócrata. Y en esta forma, la tesis del camarada Mártov no sólo
es indiscutible, sino que es una evidente perogrullada. Me detengo en este
punto únicamente porque de la perogrullada del camarada Mártov, los oradores
siguientes dedujeron el argumento muy corriente y muy vulgar de que
Lenin quería "reducir todo el conjunto de miembros del Partido a un
conjunto de conspiradores". Tanto el camarada Posadovski como el camarada
Popov esgrimieron este argumento, que sólo puede provocar una sonrisa, y
cuando Martínov y Akímov lo hicieron suyo, su verdadero carácter, es decir,
el carácter de frase oportunista quedó ya esbozado con toda claridad. En el
presente, el camarada Axelrod desarrolla este mismo argumento en la nueva Iskra,
para poner en conocimiento de los lectores los nuevos puntos de vista de la
nueva redacción en materia de organización. Ya en el Congreso, en la primera
sesión en que se trató del artículo primero, obsené que los oponentes querían
aprovecharse de arma tan barata y por esto hice en mi discurso la advertencia
siguiente (pág. 240): "No debe pensarse que las organizaciones del
Partido habrán de constar sólo de revolucionarios profesionales. Necesitamos
las organizaciones más variadas, de todos los tipos, categorías y matices,
comenzando por or-
pág. 75
ganizaciones extraordinariamente reducidas y conspirativas y concluyendo
por organizaciones muy amplias, libres, lose Organisationen ". Se
trata de una verdad hasta tal punto evidente y lógica, que consideré
superfluo pararme en ella. Pero, en los momentos actuales, como nos han
arrastrado hacia atrás en muy mucho, también en este punto hay que
"repetir lo ya mascado". Y para hacerlo, citaré unos pasajes de ¿Qué
hacer? y de la "Carta a un camarada":
. . . "A un círculo de corifeos como Alexéiev y
Mishkin, Jalturin y Zheliábov le son accesibles las tareas políticas en el
sentido más real, más práctico de la palabra, y le son accesibles
precisamente por cuanto sus ardientes prédicas encuentran eco en la masa, que
se despierta espontáneamente; por cuanto su hirviente energía es comprendida
y apoyada por la energía de la clase revolucionaria"[*].
Para ser un partido socialdemócrata hay que conquistar el apoyo de
la clase propiamente No es el Partido el que debe rodear a la organización
conspirativa, como pensaba el camarada Mártov, sino que la clase
revolucionaria, el proletariado, debe rodear al Partido, el cual ha de abarcar
tanto las organizaciones conspirativas, como las no conspirativas.
. . . "Las organizaciones obreras para la lucha
económica deben ser organizaciones sindicales. Todo obrero socialdemócrata
debe, dentro de lo posible, apoyar a estas organizaciones y trabajar
activamente en ellas. . . Pero no estamos en manera alguna interesados en
exigir que únicamente los socialdemócratas puedan ser miembros de los
sindicatos: esto reduciría el alcance de nuestra influencia en la masa.
Dejemos participar en el sindicato a todo obrero que comprenda que es
necesario unirse para luchar contra los patronos y con-
pág. 76
tra el gobierno. El fin mismo de los sindicatos sería inasequible si no
agrupasen a todos los obreros capaces de comprender aunque no fuese más que
esta noción elemental, si estos sindicatos no fuesen organizaciones muy amplias.
Y cuanto más amplias sean estas organizaciones, tanto más podrá extenderse
nuestra influencia en ellas, influencia ejercida no solamente por el
desenvolvimiento 'espontáneo' de la lucha económica, sino también por la
acción consciente y directa de los miembros socialistas de los sindicatos
sobre sus camaradas" (pág 86)[ pág. 77
cisión rechazó la exigencia de identificar los intereses del Partido con
los intereses de los sindicatos, de hacer al Partido responsable de los
diversos pasos de los distintos sindicatos. El Partido debe y procurará
imbuir de su espíritu, someter a su influencia a los sindicatos, pero,
precisamente en aras de esa influencia, debe distinguir en estos sindicatos a
los elementos plenamente socialdemócratas (integrantes del Partido Socialdemócrata)
de los elementos que no tienen plena conciencia ni plena actividad política,
y no confundir a unos y a otros, como quiere el camarada Axelrod.
. . . "La centralización de las funciones más
clandestinas por la organización de los revolucionarios no debilitará, sino
que reforzará la amplitud y el contenido de la actividad de una gran cantidad
de otras organizaciones destinadas al gran público y, por consiguiente, lo
menos reglamentadas y lo me nos clandestinas posibles: sindicatos obreros, círculos
obreros de autodidactas y de lectura de publicaciones ilegales, círculos
socialistas, círculos democráticos para todos los demás sectores de
la población, etc., etc. Tales círculos, sindicatos y organizaciones son
necesarios por todas partes; es preciso que sean lo más numerosos, y
sus funciones, lo más variadas posible, pero es absurdo y perjudicial confundir
estas organizaciones con la de los revolucionarios, borrar entre ellas
las fronteras. . ." (pág. 96)*. Este pasaje muestra cuán
inoportunamente me recordó el camarada Mártov que la organización de
revolucionarios debía quedar rodeada de amplias organizaciones
obreras. Ya lo indiqué en ¿Qué hacer?, y en la "Carta a un
camarada" desarrollé esta idea de un modo más concreto. Los círculos
de las fábricas -- escribía yo en dicha carta -- "tienen especial
importancia para nosotros: en
pág. 78
efecto, toda la fuerza principal del movimiento reside en el grado en que
estén organizados los obreros de las grandes fábricas, pues las
grandes fábricas contienen la parte de la clase obrera predominante no sólo
por su número, sino, aún más por su influencia, su desarrollo y su
capacidad de lucha. Cada fábrica debe ser una fortaleza nuestra . . El
subcomité de fábrica debe procurar abarcar toda la empresa, el mayor número
posible de obreros en una red de toda clase de círculos (o agentes). . .
Todos los grupos, círculos, subcomités, etc., deben considerarse organismos
dependientes del comité o secciones filiales del mismo. Algunos de ellos
declararán francamente su deseo de ingresar en el Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia y, a condición de que sean aprobados por el Comité, entrarán
a formar parte del Partido, asumirán determinadas funciones (por encargo del
Comité o de acuer do con él), se comprometerán a someterse a las
disposiciones de los organismos del Partido, obtendrán los derechos de
todos los miembros del Partido, se considerarán los candidatos más próximos
a miembros del Comité, etc. Otros no entrarán a formar parte del
P.O.S.D.R., permaneciendo en la situación de círculos, organizados por
miembros del Partido o en con tacto con éste o el otro grupo del Partido,
etc." (págs. 17-18)*. Las palabras que he subrayado indican con
particular claridad que la idea de la formulación que yo di al artículo
primero estaba totalmente expresada ya en la "Carta a un camarada"
Allí están claramente indicadas las condiciones de admisión en el Partido,
a saber: 1) cierto grado de organización y 2) confirmación por un comité
del Partido. Una página más abajo indico también aproximadamente qué
grupos y organizaciones y por qué consideraciones deben (o no deben)
pág. 79
ser admitidos en el Partido: "Los grupos de distribuidores deben
pertenecer al P.O.S.D.R. y conocer a determinado número de sus miembros y de
sus funcionarios. Un grupo que estudie las condiciones profesionales del
trabajo y elabore proyectos de reivindicaciones sindicales no tiene que
pertenecer obligatoriamente al P.O.S.D.R. Un grupo de estudiantes, de
oficiales del ejército o de empleados que trabajen en su autoeducación con
la ayuda de uno o dos miembros del Partido, hasta no tiene a veces por qué
saber que éstos pertenecen al Partido, etc." (págs. 18-19)[ ¡Ahí tenéis nuevos materiales para la cuestión de la
"visera levantada"! Mientras que la fórmula del proyecto del
camarada Mártov no toca ni siquiera las relaciones entre el Partido y la
organización, yo, casi un año antes del Congreso, indicaba ya que ciertas
organizaciones debían entrar en el Partido y otras no. En la "Carta a un
camarada" se destaca ya claramente la idea que he defendido en el
Congreso. La cosa podría representarse en forma gráfica del modo siguiente.
Por el grado de organización en general, y por el grado de clandestinidad de
la organización en particular, pueden distinguirse, aproximadamente, las
categorías siguientes: 1) organizaciones de revolucionarios; 2)
organizaciones obreras, lo más amplias y diversas que sea posible (me limito
a la clase obrera, suponiendo, como cosa que se entiende por sí misma, que
ciertos elementos de las demás clases entrarán también en estas
organizaciones, en determinadas condiciones). Estas dos categorías
constituyen el Partido Luego: 3) organizaciones obreras en contacto con el
Partido; 4) organizaciones obreras que no están en contacto con el Partido,
pero subordinadas de hecho a su control y dirección; 5) elementos
pág. 80
inorganizados de la clase obrera, que en parte también se subordinan, al
menos en los casos de grandes manifestaciones de la lucha de clases, a la
dirección de la socialdemocracia. Así es, aproximadamente, cómo se
presentan las cosas, desde mi punto de vista. Desde el punto de vista del
camarada Mártov, por el contrario, las fronteras del Partido quedan
absolutamente indeterminadas, porque "cualquier huelguista" puede
"declararse miembro del Partido". ¿Cuál es el provecho de
semejante vaguedad? La gran difusión del "título". Lo que tiene de
nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora sobre la confusión
de la clase con el Partido.
Para ilustrar los principios generales que hemos
expuesto, dirigiremos aún una breve ojeada a los debates de que más tarde
fue objeto en el Congreso el artículo primero. El camarada Brúker (para
satisfacción del camarada Mártov) se declaró en favor de mi formulación,
pero su alianza conmigo, a diferencia de la alianza del camarada Akímov con Mártov,
resulto estar fundada en un malentendido. El camarada Brúker "no está
de acuerdo con el conjunto de los estatutos ni con todo su espíritu" (pág.
239), y propugna mi fórmula como base del democratismo deseable para
los partidarios de "Rabócheie Dielo". El camarada Brúker no se ha
elevado aún al punto de vista de que, en la lucha política, hay que elegir a
veces el mal menor ; el camarada Brúker no se fijó en que era inútil
defender el democratismo en un congreso como el nuestro. El camarada Akímov
resultó ser más perspicaz. Planteó la cuestión de un modo absolutamente
exacto, reconociendo que "los camaradas Mártov y Lenin discuten sobre la
formulación que mejor alcanza su fin común" (pág 252) "Brúker y
yo -- continúa -- queremos elegir la que menos alcanza el fin. Yo, en
este sentido, elijo la formulación de Mártov". El camarada Akímov
explicó con franqueza que
pág. 81
"el propío fin de ellos" (de Plejánov, de Mártov y el mío, es
decir, la creación de una organización dirigente de revolucionarios) lo
considera "irrealizable y perjudicial"; lo mismo que el camarada
Martínov[ Primer argumento del camarada Mártov: el control de las
organizaciones del Partido sobre los miembros del mismo que no figuren en una
de sus organizaciones "es posible por cuanto un comité, al encargar a
cualquier persona una función determinada, puede controlar su
cumplimiento" (pág 245), Tesis en extremo característica, pues
"delata", si es que podemos permitirnos esta expresión, a quién
le hace falta y a quién senirá, en realidad, la formulación de Mártov,
a intelectua-
pág. 82 les aislados o a grupos de obreros y a las masas obreras. Por que la fórmula
de Mártov puede ser interpretada de dos maneras: 1) todo aquel que preste al
Partido de un modo regular su colaboración personal, bajo la dirección de
una de sus organizaciones, tiene derecho a "declararse "
(palabra del mismo camarada Mártov) miembro del Partido; 2) toda organización
del Partido tiene derecho a reconocer como miembro del mismo a toda
persona que le preste de un modo regular su colaboración personal, bajo su
dirección. Sólo la primera interpretación permite, en efecto, que
"todo huelguista" se llame miembro del Partido, y sólo esta
interpretación, por eso mismo, conquistó en seguida el corazón de los Líber,
Akímov y Martínov. Pero esta interpretación es ya, evidentemente, una
frase, porque entonces quedaría incluida en ella toda la clase obrera y se
borraría la diferencia entre partido y clase; tan sólo "simbólicamente"
puede hablarse de control y dirección de la actividad de todo
"huelguista". Esta es la razón de que, en su segundo discurso, el
camarada Mártov se haya desviado hasta caer en la segunda interpretación
(aunque, dicho sea entre paréntesis, ha sido francamente rechaza da por el
Congreso, que no aprobó la resolución de Kóstich, pág, 255): el comité
encomendará las funciones y controlará su cumplimiento. Naturalmente, nunca
existirán semejantes encargos especiales en relación con la masa de
los obreros, de los millares de proletarios (de quienes hablan los
camaradas Axelrod y Martínov): se darán muchas veces precisamente a los profesores
que recordaba el camarada Axelrod, a los estudiantes de bachillerato de
quienes se preocupaban los camaradas Líber y Popov (pág 241), a la juventud
revolucionaria a que se refería el camarada Axelrod en su segundo
discurso (pág 242), En una palabra, la fórmula del camarada Mártov, quedará
reducida a letra muerta, a frase vacía o ser-
pág. 83
virá principalmente y de un modo casi exclusivo "a intelectuales,
imbuidos de individualismo burgués " y que no desean ingresar en
una organización. De palabra, la fórmula de Mártov parece defender
los intereses de las extensas capas del proletariado; pero, de hecho,
esta fórmula servirá a los intereses de la intelectualidad burguesa,
que rehuye la disciplina y la organización proletarias. Nadie se atreverá a
negar que la intelectualidad, como una capa especial dentro de
las sociedades capitalistas contemporáneas, se caracteriza, en conjunto, precisamente
por su individualismo y su incapacidad de someterse a la disciplina y a la
organización (v. Ios conocidos artículos de Kautsky sobre los
intelectuales); en esto consiste, por cierto, la diferencia que separa del
proletariado, con desventaja, a ese sector social; en esto reside una de las
razones que explican la flojedad y vacilación de los intelectuales, que
tantas veces ha sentido el proletariado. Y esta cualidad de los intelectuales
está inseparablemente ligada a sus condiciones habituales de vida, a sus
condiciones de salario, que en muchísimos puntos se acercan a las condiciones
de existencia pequeñoburguesa (trabajo individual o en colectividades
muy pequeñas, etc.). ¡Por último, no es tampoco un fenómeno casual el que
precisamente los defensores de la fórmula del camarada Mártov hubieran de
poner ejemplos de profesores y estudiantes de bachillerato! No fueron
paladines de una amplia lucha proletaria los que, en la discusión acerca del
artículo primero, intervinieron contra los paladines de una organización
radical clandestina, como pensaban los camaradas Martínov y Axelrod, sino que
los partidarios del individualismo intelectual burgués chocaron con
los partidarios de la organización y disciplina proletarias.
El camarada Popov decía: "En todas partes, tanto
en Petersburgo como en Nikoláiev o en Odesa, según atestiguan
pág. 84
representantes de estas ciudades, hay decenas de obreros que hacen circular
publicaciones, realizan agitación oral y no pueden ser miembros de la
organización. Se les puede adscribir a ella, pero es imposible considerarlos
como miembros" (pág. 241). ¿Por qué no pueden ser miembros de la
organización? Sólo Popov conoce el secreto. Ya he citado más arriba un
pasaje de la "Carta a un camarada" que demuestra que es posible e
imprescindible incluir precisamente en organizaciones a todos estos obreros
(por centenares, y no por decenas), y, además, que muchísimas de estas
organizaciones pueden y deben ingresar en el Partido.
Segundo argumento del camarada Mártov: "Para
Lenin, no hay en el Partido otras organizaciones que las del Partido . .
." ¡Absolutamente exacto! . . . "Para mí, por el contrario, deben
existir semejantes organizaciones. La vida crea y multiplica organizaciones
con mayor rapidez de la que alcanzamos a incluirlas en la jerarquía de
nuestra organización combativa de revolucionarios profesionales. . ."
Esto es incierto en dos sentidos: 1) la "vida" crea muchas menos
verdaderas organizaciones eficientes de revolucionarios que las que
necesitamos, que las que precisa el movimiento obrero; 2) nuestro Partido debe
ser jerarquía no sólo de las organizaciones de revolucionarios, sino de la
masa de las organizaciones obreras. . . "Lenin cree que el C.C. sólo
concederá el título de organizaciones del Partido a las que sean
completamente seguras en el sentido de los principios. Pero el camarada Brúker
comprende perfectamente que la vida (¡sic! ) se impondrá y que el
C.C., para no dejar fuera del Partido a numerosas organizaciones, tendrá que
legalizarlas, aun cuando sean completamente inseguras: por eso es por lo que
se adhiere el camarada Brúker a Lenin. . ." ¡Esto sí que es una
concepción seguidista de la "vida"! Desde luego, si el C.C.
pág. 85
se compusiera obligatoriamente de personas que se orientaran, no por
su propio juicio, sino por lo que digan los demás (v. el incidente con el
C.O.), en ese caso la "vida" se "impondría" en el sentido
de que prevalecerían los elementos más atrasados del Partido (como ha
sucedido ahora, al formarse de los elementos atrasados "una minoría"
en el Partido ). Pero no podrá citarse ni un motivo razonable que
obligue a un C.C. inteligente a admitir en el Partido a elementos
"que no sean seguros". ¡Precisamente con esta alusión a la
"vida" que "crea" elementos "no seguros"
demuestra el camarada Mártov palpablemente el carácter oportunista de su
plan de organización. . . "Yo, por el contrario, creo -- continúa --
que si una organización de este tipo [que no es completamente segura] está
conforme en aceptar el programa del Partido y el control del Partido, podemos
admitirla en él sin convertirla por ello en organización del mismo. Yo
consideraría un gran triunfo de nuestro Partido el que, por ejemplo,
cualquier unión de "independientes" determinara aceptar el punto de
vista de la socialdemocracia y su programa e ingresar en el Partido, cosa que,
sin embargo, no significaría que incluyéramos dicha unión en la organización
del Partido. . ." He ahí a qué confusión lleva la fórmula de Mártov:
¡organizaciones sin partido que pertenecen al Partidol Imaginaos su
esquema: el Partido = 1) organizaciones de revolucionarios, +2) organizaciones
obreras a las que se reconoce como organizaciones del Partido, +3)
organizaciones obreras no reconocidas como organizaciones del Partido (sobre
todo, formadas por "independientes"), +4) individuos encargados de
diversas funciones, profesores, estudiantes de bachillerato, etc, +5)
"cualquier huelguista". Con tan excelente plan sólo pueden
parangonarse las palabras del camarada Líber: "Nuestra tarea no consiste
sólo en organizar una organiza-
pág. 85
ción [¡¡], sino que podemos y debemos organizar un partido" (pág.
241). Sí, desde luego, podemos y debemos hacerlo, pero para ello hace falta,
no las palabras sin sentido de "organizar una organización", sino exigir
directamente a los miembros del Partido que lleven a cabo efectivamente
una labor de organización. Hablar de "organización de un
partido" y propugnar que se encubra con la palabra partido toda especie
de desorganización y dispersión, es hablar par hablar.
"Nuestra formulación -- dice el camarada Mártov
-- expresa la aspiración a que existan una serie de organizaciones entre la
organización de revolucionarios y la masa". No es eso, precisamente.
Esta aspiración, en efecto obligatoria, justamente no la expresa la fórmula
de Mártov, porque no estimula a organizarse, no contiene la exigencia
de organizar se, no separa lo organizado de lo inorganizado. No da más que un
título *, y a este respecto no puede uno menos de re-
pág. 87
cordar las palabras del camarada Axélrod: "No hay decreto que pueda
prohibirles a ellos (a los círculos de la juventud revolucionaria, etc.) y a
personas aisladas que se llamen socialdemócratas (¡santa verdad!) e incluso
que se consideren parte integrante del Partido. . ." ¡Esto ya es absolutamente
inexacto! ¡No se puede y carece de objeto prohibir que se tome el
nombre de socialdemócrata, porque esta palabra sólo expresa directamente
un sistema de convicciones, y no determinadas relaciones de organización. Se
puede, se debe prohibir a círculos y personas aisladas "que se
consideren parte integrante del Partido", cuando estos círculos y perso
nas perjudican a la causa del Partido, lo corrompen o desorganizan. ¡Sería
ridículo hablar de un partido como de un todo, como de una entidad política,
si no pudiera "prohibir por decreto" a un círculo "que se
considere parte integrante" del todol ¿Qué objeto tendría entonces el
establecer un procedimiento y condiciones para la expulsión del Partido? El
camarada Axelrod ha llevado en forma palpable al absurdo el error fundamental
del camarada Mártov; ha erigido incluso este error en una teoría
oportunista, al añadir: "en la formulación de Lenin, el artículo
primero está manifiestamente en pugna de principios con la misma esencia (¡¡)
y con las tareas
pág. 88
del Partido socialdemócrata del proletariado" (pág. 243). Esto
significa, ni más ni menos, lo siguiente: exigir más del Partido que de la
clase, está en pugna de principios con la esencia misma de las tareas del
proletariado. No es de extrañar que Akímov se levantara con todas sus
fuerzas en favor de semejante teoría.
Hay que decir con justicia que el camarada Axelrod,
deseoso ahora de convertir esta formulación errónea, manifiestamente
inclinada hacia el oportunismo, en germen de nuevas opiniones, en el
Congreso se mostró, por el contrario, dispuesto a "regatear",
diciendo: "Pero advierto que estoy llamando a una puerta abierta. . .
(esto mismo advierto yo en la nueva Iskra ), porque el camarada Lenin,
con sus círculos de la periferia, que se consideran partes integrantes de la
organización del Partido, se adelanta a mi exigencia. . . (y no sólo con los
círculos de la periferia, sino con toda clase de uniones obreras: cfr. la pág
242 de las actas, el discurso del camarada Strájov y los pasajes de ¿Qué
hacer? y de la "Carta a un camarada" que más arriba hemos
citado). . . Aún quedan las personas aisladas, pero también sobre este punto
podría regatearse". Yo contesté al camarada Axelrod que, ha blando en
general, no era contrario a lo de regatear, y tengo que aclarar ahora en qué
sentido lo dije. Precisamente, por lo que se refiere a personas aisladas, a
todos esos profesores, estudiantes de bachillerato, etc., es donde menos
concesiones hubiera yo hecho; pero si se tratara de una duda acerca de las
organizaciones obreras, yo hubiera consentido (a pesar de que, como he
demostrado más arriba, tales dudas carecen en absoluto de fundamento) en añadir
a mi artículo primero una nota, aproximadamente del tenor siguiente:
"Las organizaciones obreras que acepten el programa y los estatutos del
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia deberán ser inclui-
pág. 89
das, en el mayor número posible, entre las organizaciones del
Partido". Claro que, hablando en rigor, el lugar de semejante deseo no
está en los estatutos, que deben limitarse a de finiciones jurídicas, sino
én comentarios aclaratorios, en folletos (y ya he dicho que, en mis folletos,
tiempo antes de los estatutos, figuraban tales aclaraciones), pero esa nota no
contendría, por lo menos, ni sombra de ideas falsas, que pudieran
llevar a la desorganización, ni sombra de elucubraciones oportunistas *
ni de "concepciones anárquicas ", que indudablemente entran
en la formulación del camarada Mártov.
pág. 90
La última expresión, que he citado entre comillas, pertenece al camarada
Pavlóvich, que atribuye, con mucha razón, a anarquismo el reconocer
como miembros a elementos irresponsables y que se incluyen ellos
mismos en el Partido". "Traducida al lenguaje corriente -- decía
el camarada Pavlóvich explicando mi formulación a Líber -- significa: si
quieres ser miembro del Partido, debes reconocer también las relaciones de
organización, y no sólo de una manera platónica". Por sencilla que sea
esa "traducción", no ha resultado, sin embargo, estar demás (según
han demostrado los acontecimientos posteriores al Congreso), no sólo para los
diversos profesores y estudiantes de bachillerato dudosos, sino incluso para
los más auténticos miembros del Partido, para la gente de arri-
pág. 92
ba. . . Con igual razón ha señalado el camarada Pavlóvich la contradicción
existente entre la fórmula del camarada Mártov y el principio indiscutible
del socialismo científico que con tan poca forturia citó el mismo camarada Mártov:
"Nuestro Partido es el intérprete consciente de un proceso
inconsciente". Exacto. Y precisamente por eso es un error el pretender
que "tódo huelguista" pueda adjudicarse el título de miembro del
Partido, porque si "toda huelga" no fuera sólo la expresión espontánea
de un poderoso instinto de clase y de lucha de clases, que conduce
inevitablemente a la revolución social, sino una expresión consciente
de ese proceso, entonces. . . , entonces la huelga general no sería una frase
anarquista, entonces nuestro Partido englobaría inmediatamente y de
golpe a toda la clase obrera y, por consiguiente, también acabaría de golpe
con toda la sociedad burguesa. . . Para ser en efecto intérprete
consciente, el Partido debe saber establecer unas relaciones de organización
que aseguren determinado nivel de conciencia y eleven sistemáticamente
este nivel. "De ir por el camino de Mártov -- dijo el camarada Pavlóvich
--, ante todo hay que suprimir el punto acerca del reconocimiento del programa,
porque para aceptar un programa es menester asimilarlo y comprenderlo. . . El
reconocimiento del programa está condicionado por un nivel bastante elevado
de conciencia política". Nunca consentiremos nosotros que el apoyo
a la socialdemocracia, la participación en la lucha que ella dirige, se
limiten artificialmente por ninguna exigencia, cualquiera que sea
(asimilación, comprensión, etc.), porque esa misma participación,
por el mero hecho de manifestarse, eleva tanto la conciencia como los
instintos de organización, pero ya que nos hemos agrupado en un partido
para un trabajo metódico, debemos preocuparnos de asegurar que sea metódico.
pág. 92
Inmediatamente, en el transcurso de aquella
misma sesión, se vio que no estaba de más la advertencia del camarada
Pavlóvich acerca del programa. Los camaradas Akímov y Líber, que habían
hecho triunfar la formulación del camara da Mártov[*],
descubrieron inmediatamente su verdadera naturaleza, al exigir (págs.
254-255) que (para "ser miembro" del Partido) también el programa
había que reconocerlo tan sólo de un modo platónico, tan sólo en sus
"principios fundamentales". "La proposición del camarada Akímov
es absolutamente lógica desde el punto de vista del camarada Mártov",
obsenó el camarada Pavlóvich. Es de lamentar que las actas no digan cuántos
votos reunió esa proposición de Akímov, pero según todas las
probabilidades, obtuvo no menos de siete (cinco del Bund, Akímov y Brúker).
¡Y precisamente al retirarse siete delegados del Congreso se convirtió
la "compacta mayoría" (de los antiiskristas, "centro" y
martovistas), que se había comenzado a formar alrededor del artículo primero
de los estatutos, en compacta minoría! ¡Precisamente por haberse retirado siete
delegados se vino abajo la proposi ción de confirmar la vieja redacción, al
parecer terrible trans gresión de la "continuidad" en la dirección
de Iskra! El original grupo de siete era la única salvación y
garantía de la "continuidad" de Iskra : los siete eran los
bundistas, Akímov
pág. 93
y Brúker, es decir, precisamente los delegados que votaron contra las
razones de reconocer a Iskra como Organo Central; precisamente los
delegados cuyo oportunismo reconoció decenas de veces el Congreso y
reconocieron, particularmente, Mártov y Plejánov en lo tocante a suavizar el
artículo primero acerca del programa ¡La "continuidad" de Iskra
salvaguardada por los antiiskristas! Nos acercamos al nudo de la
tragicomedia que se desarrolló después del Congreso
El agrupamiento de votos que se produjo con motivo del
artículo primero de los estatutos puso de manifiesto un fenómeno
absolutamente del mismo tipo que el que se obsenó en el incidente con motivo
de la igualdad de derechos de las lenguas: el hecho de que de la mayoría
iskrista se separase (aproximadamente) su cuarta parte, permitió el triunfo
de los antiiskristas, respaldados por el "centro". Claro que también
en este caso hay votos aislados que alteran la armonía total del cuadro: en
reunión tan numerosa como fue nuestro Congreso no puede evitarse que haya una
parte de "salvajes", que se inclinan por casualidad hacia uno u otro
lado, sobre todo en un problema como fue el artículo primero, donde el
verdadero carácter de la divergencia tan sólo apuntaba y muchos, en
realidad, no llegaban aún a orientarse (por no haberse tratado
previamente del problema en las publicaciones). De los iskristas de la mayoría
se apartaron cinco votos (Rúsov y Karski, con dos votos cada uno, y Lensky,
con un voto); en cambio, se les unió un voto antiiskrista (Brúker) y tres
del centro (Medviédiev, Iegórov y Tsariov); resultó así una suma de 23
votos (24 - 5 + 4), un voto menos que el agrupamiento definitivo en las
elecciones. La mayoría se la dieron
pág. 93
a Mártov los antiiskristas, siete de los cuales votaron por él y
uno por mí (del "centro" hubo siete votos a favor de Mártov y tres
a mi favor). La coalición de la minoría iskrista con los antiiskristas y el
"centro", que constituía una minoría compacta a la terminación
del Congreso y después de él, empezaba a formarse. El error político
de Mártov y Axelrod, que indudablemente habían dado un paso hacia
el oportunis mo y hacia el individualismo anarquista en la formulación
del artículo primero, y sobre todo en la defensa de esta formulación, se
manifestó en seguida y con peculiar relieve merced a la lucha, libre y
franca, que se desarrolló en el Congreso; se manifestó en que los elementos
menos estables y menos firmes en cuanto a los principios lanzaron
inmediatamente todas sus fuerzas para ensanchar los resquicios, la brecha que
se había abierto en las opiniones de la socialdemocracia revolucionaria. La
labor conjunta en el Congréso, por parte de gentes que en el terreno de la
organización perseguían abiertamente objetivos distintos (v. el
discurso de Akímov), llevó inmediatamente a los adversarios de principio
de nuestro plan de organización y de nuestros estatutos a apoyar el error de
los camaradas Mártov y Axelrod. Los iskristas, que también en este punto se
mantuvieron fieles a las concepciones de la socialdemocracia revolucionaria,
quedaron en minoría. Esta es una circunstancia de enorme
importancia, pues sin aclarárse la es absolutamente imposible comprender
ni la lucha por particularidades de los estatutos, ni la lucha por la
composición personal del Organo Central y del Comité Central.
pág. 95
Antes de pasar a los debates que siguieron sobre los
estatutos, es menester, para explicar nuestra divergencia en el problema de la
composición personal de los organismos centrales, tratar de pasada las
sesiones privadas de la organización de Iskra que tuvieron
lugar durante el Congreso. La última y más importante de estas cuatro
sesiones tuvo lugar precisamente después de la votación sobre el artículo
primero de los estatutos, de modo que la escisión de la organización de Iskra
que tuvo lugar en esta sesión fue, lógica y cronológicamente, condición
previa de la lucha que se desarrolló luego.
Las sesiones privadas de la organización de Iskra
* comenzaron poco después del incidente con el Comité de Organización,
incidente que dio motivo para tratar de las candidaturas posibles para el C.C.
Se sobreentiende que, por haberse suprimido los mandatos imperativos, tales
sesiones tuvieron un carácter meramente consultivo, que a nadie obligaba,
pero no obstante, su importancia fue enorme. La elección
pág. 96
para el C.C. presentaba considerables dificultades para delegados que no
conocían ni los nombres clandestinos, ni el trabajo interior de la organización
de Iskra, organización que había creado la unidad de hecho del
Partido, que había llevado una dirección del movimiento práctico, la cual
fue uno de los motivos de que se reconociera oficialmente Iskra. Ya
hemos dicho que los iskristas, manteniendo su unidad, tenían plenamente
asegurada en el Congreso una gran mayoría, hasta los 3/5, y todos los
delegados lo comprendían a la perfección. Todos los iskristas esperaban
precisamente que la organización de Iskra inteniniera recomendando una
composición personal determinada para el C.C., y ni un miembro de esta
organización opuso ni una palabra a que se examinara previamente, en su seno,
la composición personal del C.C., nadie dijo ni una palabra de aprobar toda
la composición del Comité de Organización, es decir, de transformarlo en
C.C., ni una palabra siquiera de celebrar una reunión con todos los
miembros del Comité de Organización para tratar de los candidatos al C.C.
Esta circunstancia es también extraordinariamente característica, y es
importante en extremo tenerlo en cuenta, porque ahora los partidarios
de Mártov, con fecha atrasada, defienden empeñadamente al Comité de
Organización, probando así tan sólo, por centésima y milésima vez, su
falta de carácter en política*. Mientras la escisión por la composición de
los organismos centrales no unió a Mártov con los Akímov, todo el mundo veía
claramente en el Congreso una cosa, de la que podrá convencerse fácilmente
por
pág. 97 las actas del mismo, y por toda la historia de Iskra, toda persona
imparcial, a saber: que el Comité de Organización era ante todo una
comisión formada para convocar el Congreso, una comisión formada
intencionadamente por representantes de diversas tendencias, incluso del Bund;
pero que el verdadero trabajo de crear la unidad orgánica del Partido
lo había llevado por entero sobre sus hombros la organización de Iskra
(hay que tener igualmente en cuenta que, por pura casualidad, estuvieron
ausentes del Congreso unos cuantos miembros iskristas del Comité de
Organización, El resultado definitivo de los acalorados debates que
tuvieron lugar en la organización de Iskra fueron dos votaciones que
ya he citado en la "Carta a la redacción". Primera votación:
"se rechaza una de las candidaturas apoyadas por Mártov, por nueve votos
contra cuatro, con tres abstenciones". Parece que nada puede haber más
sencillo y más natural que este hecho: por común acuerdo de los dieciséis
miembros de la organización de Iskra que asisten al Congreso, se
examinan las candidatúras posibles y se rechaza pdr mayoría de votos una de
las candidaturas del camarada Mártov (precisamente la candidatura del
camarada Stein, cosa que ha soltado ya ahora, no pudiendo resistir más, el
mismo camarada Mártov, pág. 69 del "Estado de sitio"). Porque
pág. 98
no hay que olvidar que nos habíamos reunido en el Congreso del Partido,
entre otras cosas, precisamente para tratar y resolver el problema de a quién
había que entregar "la batuta de director", y era obligación
general de partido para todos nosotros dedicar a este punto del orden del día
la más seria atención, resolver este problema desde el punto de vista de los
intereses de la causa y no de "sentimentalismos pequeñoburgueses",
según dijo después, con toda razón, el camarada Rúsov. Claro que, al
tratar de los candidatos en el Congreso, no hubo manera de no tocar a
ciertas cualidades personales, no hubo manera de no expresar aprobación o
desaprobación*, sobre todo en una reunión extraoficial y poco numerosa. Y
ya hice en el Congreso de la Liga la advertencia de que era absurdo
considerar como algo "infamante" la desaprobación de una
candidatura (pág. 49 de las actas de la Liga), que era absurdo "armar
escándalo" y entregarse a la histeria por una cosa que entra de lleno en
el cumplimiento de los deberes de partido en lo que se refiere a elegir de un
modo consciente y
pág. 99
cuidadoso a las personas para los cargos. Y, sin embargo, por ahi empezó
todo el barullo para nuestra minoría; después del Congreso pusieron
el grito en el cielo, diciendo que se "destruía una reputación" (pág.
70 de las actas de la Liga) y asegurando en letras de molde al gran público
que el camarada Stein era el "principal militante" del que fue Comité
de Organización y que se le había acusado sin fundamento "de no sé qué
planes siniestros" (pág. 69 del "Estado de sitio"). ¿No es
histerismo gritar que se "destruye una reputación" porque se
apruebe o se desapruebe a unos candidatos? ¿No es baja querella el que, después
de haber sufrido una derrota tanto en la reunión privada de la organización
de Iskra como en la reunión oficial, superior, del Partido, en el
Congreso, salga la gente a quejarse a la calle y recomiende al respetable público
a los candidatos rechazados como "principales militantes"? ¿No es
baja querella el tratar después de imponer sus candidatos al Partido, yendo a
la escisión y exigiendo cooptación? ¡Los conceptos políticos han
llegado entre nosotros, en la viciada atmósfera extranjera, a una confusión
tan grande, que el camarada Mártov no sabe ya distinguir entre el deber de
partido y el espíritu de círculos y el compadrazgo! Por lo visto, es
burocratismo y formalismo pensar que la cuestión de los candidatos debe
tratarse y resolverse tan sólo en los congresos, donde los delegados
se reúnen para tratar antes que nada de importantes problemas de principios,
donde se congregan representantes del movimiento capaces de tratar
desapasionadamente de las personas, representantes que pueden (y deben ) exigir
y reunir toda clase de informes sobre los candidatos para emitir un voto
decisivo, donde es natural e imprescindible que se dedique cierto espacio de
tiempo a discutir sobre quién debe llevar la batuta de director. En lugar de
este concepto burocrático y formalista, nos-
pág. 100
otros hemos establecido ahora otros usos: después de los congresos
hablaremos a derecha e izquierda del entierro político de Iván Ivánovich y
de la destrucción de la reputación de Iván Nikíforovich; unos u otros
escritores recomendarán a los candidatos en folletos, asegurando
farisaicamente, dándose golpes de pecho: no es un círculo, sino el Partido.
. . Y entre los lectores, el público aficionado a los escándalos recogerá
ávidamente la sensacional novedad de que Fulano era el principal militante
del Comité de Organización, según asegura el mismo Mártov[ Segunda votación de la organización de Iskra :
"por diez votos contra dos, con cuatro abstenciones, se aprueba una lista
de cinco (para el C.C.) entre los cuales se ha incluido, a propuesta mía, un
líder de los elementos no iskristas y un líder de la minoría
iskrista"**. Este voto tiene extraordinaria importancia, porque demuestra
de un modo claro e irrefuta-
pág. 101
ble toda la falsedad de las invenciones que surgieron después, en una atmósfera
de querellas, pretendiendo que nosotros habíamos querido echar del Partido o
dejar de lado a los no iskristas, y que la mayoría había participado en las
elecciones con sólo la mitad del Congreso y elegía de entre esa mitad, etc.
. . Todo esto es completamente falso. La votación que he citado demuestra que
nosotros no apartamos a los no iskristas, no sólo del Partido, sino ni
siquiera del C.C., y que dimos a nuestros adversarios una minoría
bastante considerable. Lo sucedido fue que ellos querían tener la mayoría
y cuando este modesto deseo no pudo realizarse, armaron un escándalo,
negándose terminantemente a participar en los organismos centrales. Y que las
cosas ocurrieron efectivamente así, a despecho de lo afirmado por Mártov en
la Liga, lo demuestra la siguiente carta que la minoría de la
organización de Iskra nos envió a nosotros, mayoría iskrista (y mayo
ría del Congreso al retirarse los siete), poco tiempo después de aprobarse
el artículo primero de los estatutos en el Congreso (hay que observar que la
reunión de la organización de Iskra, de la que he hablado, fue la última
: después de ella, la organización se disolvió de hecho y ambas
partes procuraron convencer a los demás delegados del Congreso de que tenían
razón). He aquí el texto de la carta:
"Oídas las explicaciones de los delegados Sorokin
y Sablina[ pág. 102
probado, por mediación de dichos delegados, que en la reunión anterior se
había leido una lista de candidatos al C.C. que se decía proceder de
nosotros, lista que se utilizó para dar una característica falsa de toda
nuestra posición política, y teniendo en cuenta que, en primer lugar,
se nos atribuia esta lista sin intentar siquiera poner en claro su origen;
que, en segundo lugar, esta circunstancia se relaciona indudablemente con la
acusación de oportunismo que se divulga abiertamente contra la mayoría de la
redacción de Iskra y el grupo "Emancipación del Trabajo"; y
que, en tercer lugar, nosotros vemos con toda claridad la relación que esta
acusación guarda con el plan absolutamente determinado que existe para modificar
la composición de la redacción de Iskra, consideramos que las
explicaciones que se nos han dado sobre los motivos de no habernos admitido a
la reunión no nos satisfacen y que el no habernos querido dejar asistir a
ella demuestra que no se nos quiere permitir refutar las falsas acusaciones a
que más arriba hemos hecho referencia. Por los camaradas Mártov y Starovier ". pág. 103
Esta carta, que refleja fielmente el estado de ánimo de
los contrincantes y la forma en que se desarrollaba la discusión, nos adentra
en seguida en el "centro" de la escisión que se iniciaba y nos
muestra sus verdaderas causas ¡La minoría de la órganización de Iskra,
no queriendo ponerse de acuerdo con la mayoría, prefiriendo la agitación
libre en el Congreso (teniendo, desde luego, pleno derecho a ello), consigue,
no obstante, que los "delegados" de la mayoría la admitan a una
reunión privada suya! Claro que la divertida exigencia sólo pudo ser acogida
en nuestra reunión (naturalmente, la carta se leyó en la reunión) con una
sonrisa y un encogimiento de hombros, y los gritos, ya casi histéricos, de
que se "había acusado falsamente de oportunismo" provocaron la risa
franca. Pero veamos primero, por puntos, cuáles son las amargas quejas de Mártov
y Starovier.
Se les atribuye injustamente la lista; se da una
característica falsa de su posición política. Pero, según reconoce el
mismo Mártov (pág. 64 de las actas de la Liga), a mí se me ha ocurrido
sospechar de la veracidad de sus palabras cuando dice que él no es el autor
de la lista. En general, la cuestión del autor no tiene nada que ver con lo
que estamos examinando y carece en absoluto de importancia si la lista se hizo
por algún iskrista o por alguno de los representantes del "centro",
etc. Lo importante es que esta lista, en la que sólo figuran miembros de la
actual minoría, circuló en el Congreso, aunque sólo fuera, en realidad,
como simple conjetura o hipótesis. Lo más importante, por último, es
que, en el Congreso, el camarada Mártov se vio obligado a renegar con
todas sus fuerzas de una lista que ahora tendría que aceptar
con entusiasmo. ¡No puede dibujarse con mayor relieve la inestabilidad en la
valoración de personas y matices que con este salto que se da, en el
transcurso de un par de meses, del cla-
pág. 104
mor sobre "rumores denigrantes" a imponer al Partido para su
organismo central a esos mismos candidatos de la lista que se decía
denigrante![*]
"Esa lista -- decía el camarada Mártov en el
Congreso de la Liga -- significaba una coalición política entre nosotros y
el grupo "Iuzhni Rabochi", por una parte, y el Bund, por otra, una
coalición en el sentido de pacto directo " (pág. 64). Esto no es
exacto, porque, en primer lugar, el Bund no hubiera aceptado nunca pacto sobre
una lista en la que no figuraba ningún miembro del Bund; y, en segundo lugar,
no sólo con el Bund, sino ni aun con el grupo "Iuzhni Rabochi" no
se podía ni hablar de un pacto directo (que parecía denigrante a Mártov).
Precisamente no se trataba de un pacto, sino de una coalición, no se trataba
de que el camarada Mártov llegara a una componenda, sino de que inevitablemente
habían de apoyarle los mismos elementos antiiskristas y vacilantes contra
los que había luchado en la primera mitad del Congreso y que se habían
aferrado a su error en lo tocante al artículo primero de los estatutos. La
carta que he insertado más arriba demuestra del modo más irrefutable que el origen
de la "ofensa" está precisamente en una acusación de
oportunismo, franca y, además, falsa. Estas
"acusaciones" por las que se ha armado toda la historia y de las que
tan cuidadosamente evita hablar ahora el camarada Mártov, a pesar de
que yo las he recordado en la "Carta a la redacción", eran de dos géneros:
en primer lugar, durante la discusión del artículo primero de los estatutos,
Piejánov dijo claramente que en él
pág. 105
se trataba de "separar" de nosotros "todo género de
representantes del oportunismo" y que a favor de mi proyecto, como garantía
contra la penetración de los representantes del oportunismo en el Partido,
"debían votar, aunque sólo fuera por eso, todos los enemigos del
oportunismo" (pág. 246 de las actas del Congreso). Estas enérgicas
palabras, a pesar de que yo las suavicé un poco (pág 250)[*],
produjeron una sensación que se obsenó claramente en los discursos de los
camaradas Rúsov (pág. 247), Trotski (pág. 248) y Akímov (pág. 253). En
los "pasillos" de nuestro "parlamento" se comentó
animadamente la tesis de Plejánov y se dieron de ella mil variantes en
interminables discusiones sobre el artículo primero. ¡Y ahora, en lugar de
defenderse en lo tocante al fondo, nuestros queridos camaradas han concebido
un ridículo sentimiento de ofensa llegando a quejarse por escrito de una
"falsa acusación de oportunismo"!
Con toda evidencia ello es resultado de una psicología
propia de círculos y de asombrosa falta de madurez en cuestiones de partido,
que impide soportar el viento fresco de discusiones francas ante todo el
mundo. Es la psicología, tan conocida del ruso, que expresa el viejo dicho:
"¡Tan pronto me besas la mano como me das de puñetazos!" La gente
está tan acostumbrada al fanal de un estrecho y amistoso compadrazgo, que ha
desmayado al actuar por primera vez con responsabilidad propia, en campo libre
y abierto. Acusar -- ¿y a quién? -- al grupo "Emancipación del
Trabajo", y, además, a su mayoría, de oportunismo ¡Podéis imaginaros
se mejante horror! 0 se llega a una escisión del Partido por tan imborrable
ofensa o se disimula ese "disgusto casero" restableciendo la
"continuidad" del fanal: éste es el dilema que
pág. 106
con trazos ya bastante determinados se dibuja en la carta insertada más
arriba. La psicología del individualismo propio del intelectual y de los círculos
ha chocado con la exigencia de una intervención abierta ante el Partido. ¡Imagináos
si es posible en el Partido alemán un absurdo, una querella semejante a las
quejas por una "falsa acusación de oportunismo"! La
organización y disciplina proletarias han desacostumbrado allí hace ya
tiempo a la gente de esa flojedad propia de intelectuales. Nadie siente allí
sino profundo respeto, por ejemplo, hacia Liebknecht, pero qué risas habría
levantado la queja de que se le había "acusado francamente de
oportunismo" (junto con Bebel) en el Congreso de 1895, cuando, en lo
tocante a la cuestión agraria, se encontró en la mala compañía del
conocido oportunista Vollmar y sus amigos. Claro que el nombre de Liebknecht
está indisolublemente ligado a la historia del movimiento obrero alemán, no
porque Liebknecht haya incurrido en oportunismo en una cuestión relativamente
particular y sin importancia, sino a pesar de ello. Y del mismo modo, a pesar
de todas las irritaciones de la lucha, el nombre del camarada Axelrod, por
ejemplo, inspira e inspirará siempre respeto a todo socialdemócrata ruso,
pero no porque al camarada Axelrod se le haya ocurrido defender una ideucha
oportunista en el II Congreso de nuestro Partido, ni porque se le haya
ocurrido sacar a relucir viejas vaciedades anarquistas en el II Congreso de la
Liga, sino a pesar de ello. Tan sólo la más rutinaria psicología de círculos,
con su lógica, del "tan pronto me besas la mano comó me das de puñetazos",
pudo provocar esos histerismos, esas peleas y una escisión del Partido porque
se "acusara falsamente de oportunismo a la mayoría del grupo 'Emancipación
del Trabajo'".
La otra base de esta terrible acusación se relaciona
del modo más íntimo con la precedente (en el Congreso de la
pág. 107
Liga (pág. 63), el camarada Mártov trato cuidadosamente de pasar por alto
y escamotear una de las partes de este incidente). Se relaciona precisamente
con la coalición que entre elementos antiiskristas y vacilantes, por
una parte, y el camarada Mártov, por otra, apuntó ya en lo tocante al
artículo primero de los estatutos. Claro que no hubo ni pudo haber acuerdo
alguno directo ni indirecto entre el camarada Mártov y los antiiskristas y
nadie concibió contra él semejante sos pecha: sólo a él se lo hizo creer
el miedo. Pero en el sentido político su error se traslució
precisamente en que las personas que de un modo indudable tendían hacia el
oportunismo comenzaron a formar alrededor de él, cada vez más apretadas, una
mayoría "compacta" (que ahora se ha hecho minoría sólo
merced a la retirada "casual" de siete delegados). Llamamos la
atención sobre esta "coalición", desde luego, también de un modo público,
inmediatamente después del artículo primero, tanto en el Congreso (v. la ya
citada observación del camarada Pavlóvich, pág. 255 de las actas del
Congreso) como en la organización de Iskra (recuerdo que lo subrayó
especialmente Plejánov). Esto es, literalmente, la misma indicación y la
misma burla que cayó sobre Bebel y Liebknecht en 1895, cuando Zetkin les
dijo: "Es tut mir in der Seele weh, dass ich dich in der Gesellschaft
seh" (me apena el verte a ti -- es decir, a Bebel -- en semejante compañía
-- es decir, con Vollmar y compañía --). En verdad que es de extrañar que
Bebel y Liebknecht no enviaran entonces a Zetkin y Kautsky un mensaje histérico
sobre la falsa acusación de oportunismo. . .
Por lo que se refiere a la lista de candidatos para el
C.C., la carta demuestra el error del camarada Mártov, que dijo en la Liga
que la negativa a llegar a un acuerdo con nosotros no era aún terminante; un
ejemplo más de cuán poco razo-
pág. 108
nable es, en la lucha política, tratar de repetir de memoria conversaciones,
en lugar de aportar documentos. En realidad, la "minoría" fue tan
modesta, que presentó a la "mayoría" un ultimátum: aceptar dos de
la "minoría" y uno de la "mayoría" (¡en calidad de
compromiso y, en realidad, tan sólo como concesión!). Es monstruoso,
pero es un hecho. Y este hecho demuestra palpablemente hasta qué punto es una
invención todo lo que se dice ahora de que la "mayoría", con una
mitad del Congreso, no elegía representantes sino de una mitad. Precisamente
lo contrario : sólo como concesión nos ofrecían los martovistas a uno
de los tres, deseando, por consiguiente, hacer triunfar a todos los
suyos, en caso de que nosotros no estuviéramos conformes con tan original
"concesión". Nosotros, en nuestra reunión privada, nos reímos de
la modestia de los martovistas y compúsimos nuestra lista: Gliébov,
Travinski (elegido después para el C.C.) y Popov. En lugar de este último
(también en una reunión privada de los 24) pusimos a Vasíliev (elegido
después para el C.C.) sólo porque el camarada Popov se negó a
figurar en nuestra lista; se negó primero en una conversación particular y
después públicamente en el Congreso (pág. 338).
Así es cómo sucedieron las cosas.
La modesta "minoría" tuvo el modesto deseo de
ser mayoría. Y no habiendo obtenido satisfacción este modesto deseo, la
"minoría", en general, tuvo a bien renunciar e iniciar un pequeño
escándalo. ¡Y ahora resulta que hay aún gentes que hablan con majestuosa
condescendencia de la "terquedad" de la "mayoría"!
La "minoría" presentó a la "mayoría"
divertidos ultimátums, emprendiendo una cruzada en favor de la libre agitación
en el Congreso. Habiendo sufrido una derrota, nuestros
pág. 109 héroes se entregaron a llantos y gritos sobre el estado de sitio. Voilà
tout.
La terrible acusación de que nos proponíamos modificar
la composición de la redacción, la recibimos también con una sonrisa (reunión
privada de los 24): todos sabian perfectamente desde el mismo principio del
Congreso, y aún antes de él, que había un plan de renovar la redacción
eligiendo el trío inicial (hablaré con más detalle de esto cuando trate de
la elección de la redacción en el Congreso). Nada nos extrañó, ya que era
absolutamente natural, el que la "minoría" se asustara de este plan
después de ver que era magnífica confirmación de la justeza del
mismo su coalición con los antiiskristas. Claro que nosotros no podíamos
tomar en serio la proposición de convertirnos, por las buenas, antes de
luchar en el Congreso, en minoría, ni podíamos tomar en serio toda la carta,
cuyos autores habían llegado a tan increíble grado de irritación, que
hablaban de "falsas acusaciones de oportunismo". Teníamos firme
confianza en que el deber de partido se impondría muy rápidamente sobre el
natural deseo de "desahogar la rabia".
pág.
Los demás artículos de los estatutos dieron lugar a
muchas más discusiones sobre detalles que sobre principios de organización.
La vigésima cuarta sesión del Congreso se dedicó por entero a tratar de la
representación en los congresos del Partido, sosteniendo nuevamente tan sólo
los bundistas (Goldblat y Líber, págs. 258-259) y el camarada Akímov una
lucha empeñada y definida contra los planes que eran comunes a todos los
iskristas. El camarada Akímov reconoció, con franqueza digna de encomio, su
papel en el Congreso: "Cada vez que intervengo tengo la plena convicción
de que no voy a influir con mis argumentos sobre mis camaradas, sino que, por
el contrario, perjudicaré al punto que defiendo" (pág. 261). Esta
certera observación estaba sobre todo en su lugar inmediatamente después del
artículo primero de los estatutos; lo único que no es muy apropiado es la
expresión "por el contrario", porque el camarada Akímov no sólo
supo hacer daño a determinados puntos, sino que a la vez y por lo mismo supo
también "influir sobre sus camaradas". . . de entre los iskristas
muy poco consecuentes, inclinados a la fraseología oportunista.
En conjunto, el artículo tercero de los estatutos, que
determina las condiciones de representación en el Congreso, fue
pág. 111
aprobado por mayoría, con siete abstenciones (pág. 263), que
evidentemente corresponden a los antiiskristas.
La discusión sobre la composición del Consejo, que se
llevó la mayor parte de la 25 sesión del Congreso, demostró cuán
extraordinariamente fragmentados estaban los grupos alrededor de una cantidad
enorme de diversos proyectos. Abramson y Tsariov rechazan totalmente el plan
del Consejo. Panin se empeña en hacer del Consejo, exclusivamente, un
tribunal de arbitraje y por ello propone con toda consecuencia Los problemas en discusión se reducían ante todo a
determinar las tareas del Consejo: tribunal de arbitraje u organismo superior
del Partido. Por la primera versión estaba, de un modo consocuente, según ya
he dicho, el camarada Panin. Pero estaba solo. El camarada Mártov se declaró
terminantemente en contra: "Propongo que se rechace la proposición de
suprimir las palabras 'el Consejo es el organismo superior'; nuestra formulación
[es decir, la formulación de las tareas del Consejo, sobre la que habíamos
llegado a un acuerdo en la comisión de estatutos] deja intencionadamente la
posibilidad
pág. 112
de que el Consejo se desarrolle y llegue a ser el organismo superior del
Partido. Para nosotros, el Consejo no es simplemente un organismo de
conciliación". Pero la composición del Consejo, según el proyecto del
camarada Mártov, correspondía plena y exclusivamente al carácter de
"organismo de conciliación" o tribunal de arbitraje: dos miembros
de cada uno de los dos organismos centrales y un quinto miembro invitado por
estos cuatro. No sólo semejante composición del Consejo, sino incluso la
composición que aprobó el Congreso, a propuesta de los camaradas Rúsov y
Guertz (el quinto miembro es designado por el Congreso), responde
exclusivamente a objetivos de conciliación o de mediación. Hay una
contradicción insuperable entre semejante composición del Consejo y el
designio de que llegue a ser organismo superior del Partido. El organismo
superior del Partido debe estar siempre constituidó, y no depender de
modificaciones casuales en la composición de los centros (a veces como
consecuencia de redadas). El organismo superior debe hallarse en relación
directa con el Congreso del Partido, recibiendo sus poderes de este último, y
no de otros dos organismos del Partido subordinados al Congreso. El organismo
superior debe estar compuesto por personas que el Congreso del Partido
conozca. Por último, el organismo superior no puede estar organizado
de modo que su propia existencia dependa de una casualidad: ¡basta que
las dos instancias no lleguen a un acuerdo en la elección del quinto miembro
y el Partido se ha quedado sin su organismo superior! Se objetó contra esto:
1) que también puede llegarse a una situación sin salida en caso de
abstenerse uno de los cinco y dividirse los otros cuatro por parejas (Iegórov).
Esta objeción carece de fundamento, porque todo organismo de dirección
colectiva está sujeto a veces, inevitablemente, a la imposibilidad de adoptar
un acuerdo, pero esto no tiene nada
pág. 113
que ver con la imposibilidad de constituir dicho organismo de
dirección colectiva. 2) "Si un organismo como el Consejo no puede elegir
a su quinto miembro, ello querrá decir que, en general, es un organismo
incapaz de actuar" (Zasúlich). Pero no se trata aquí de que no sea
capaz de actuar el organismo superior, sino de que no existe: sin
quinto miembro no existirá Consejo alguno, no existirá "organismo"
alguno y no podrá ni hablarse de su capacidad de actuar. Por último, aún
sería un mal reparable si pudiera darse el caso de no constituirse una
instancia del Partido sobre la cual hay otra más alta, por que entonces esta
instancia más alta podría siempre, en casos extraordinarios, de uno u otro
modo, llenar el hueco. Pero por encima del Consejo no existe instancia
alguna fuera del Congreso, y por ello se falta evidentemente a la lógica
dejan do en los estatutos una posibilidad de que el Consejo no pue da ni
siquiera constituirse.
Mis dos breves discursos en el Congreso sobre esta
cuestión los consagré únicamente (págs. 267 y 269) al examen de estas
dos objeciones injustas, con las que defendieron el proyecto de Mártov él
mismo y otros camaradas. En cuanto al predominio del Organo Central o del
Comité Central en el Consejo, ni siquiera lo toqué de pasada. El camarada
Akímov trató de él por primera vez, en el sentido de llamar la
atención sobre el peligro que representaba un predominio del Organo Central,
ya en la 14 sesión del Congreso (pág. 157), y sólo después del Congreso
los camaradas Mártov, Axelrod y otros siguieron a Akímov inventando la
absurda y demagógica leyenda de que la "mayoría" quería convertir
el C.C. en arma de la redacción. ¡Tratando de esta cuestión en su
"Estado de sitio", el camarada Mártov deja modestamente a un lado a
su ver dadero iniciador!
pág. 114
Quien desee saber con todos los detalles cómo se
planteó el problema del predominio del Organo Central sobre el Comité
Central en el Congreso del Partido, y no limitarse a citas sueltas y sin
conexión, comprenderá fácilmente cómo desvirtúa el camarada Mártov las
cosas. Ya en la 14 sesión, nadie más que el camarada Popov empieza
por una polémica contra las opiniones del camarada Akímov, que quiere
"defender en la cumbre del Partido 'la más rigurosa centralización', para
reducir la influencia del Organo Central " (pág. 154, subrayado por
mí), "que es en lo que consiste propiamente todo el objeto de semejante
sistema [del sistema de Akímov]". "No sólo -- añade el camarada
Popov -- no defiendo yo semejante centralización, sino que estoy dispuesto a
luchar contra ella por todos los medios, ya que es una bandera de
oportunismo ". Aquí es donde está la raiz de la famosa
cuestión del predominio del Organo Central sobre el Comité Central, y no es
de extrañar que el camarada Mártov se vea obligado ahora a silenciar
el verdadero origen del problema. Ni aun el mismo camarada Popov pudo
dejar de ver el carácter oportunista de estas disquisiciones de Akímov
sobre el predominio del Organo Central*, y para establecer una distinción
bien clara entre
pág. 115
su posición y la del camarada Akímov, el camarada Popov declara categóricamente
: "poco importa que haya en este centro (en el Consejo) tres miembros
de la redacción y dos del Comité Central. Esta es una cuestión
secundaria [subrayado por mí]; lo importante es que la dirección, la
alta dirección del Partido tenga un solo punto de origen" (pág. 155).
El camarada Akímov objeta: "según el proyecto, el Organo Central tiene
ya asegurado el predominio en el Consejo por el mero hecho de que la redacción
tiene una composición permanente, mientras que la del Comité Central es
modificable" (pág. 157), argumento que sólo se refiere al "carácter
permanente" de la dirección en el terreno de los principios (fenómeno
normal y deseable), pero en modo alguno al "predominio" en el
sentido de una intervención o un atentado contra la autonomía. Y el camarada
Popov, que entonces no pertenecía aún a la "minoría", que
disimula su descontento por la composición de los organismos centrales,
chismorreando sobre la falta de independencia del C.C, responde al camarada Akímov
de un modo absolutamente razonable: "Yo propongo que se le considere [al
Consejo] centro directivo del Partido, y entonces carece en absoluto de
importancia la cuestión de si hay en el Consejo mayor número de
representantes del O.C. o del C.C. " (págs. 157-158; subrayado por mí).
Cuando volvió a tratarse de la composición del Consejo en la sesión 25,
el camarada Pavlóvich, prosiguiendo las viejas deliberaciones, se declara en
favor de un predominio del Organo Central sobre el Comité Central
"teniendo en cuenta la estabilidad del primero" (264), refiriéndose
precisamente a la firmeza de principios, según entendió también el
camarada Mártov, que habló inmediatamente después del camarada Pavlóvich,
considerando innecesario "hacer constar el predominio de un organismo
sobre otro" y señalando la posibilidad
pág. 116
de que uno de los miembros del Comité Central resida en el extranjero:
"lo cual conservará hasta cierto punto la firmeza de principios del
Comité Central" (264). Aquí no hay aún ni sombra de demagógica confusión
entre el problema de la firmeza de principios y de su salvaguardia, con
la salvaguardia de la autonomía e independencia del Comité Central. Esta
confusión, que después del Congreso se ha convertido casi en caballo
de batalla del camarada Mártov, en el Congreso la propugnó con empeño
tan sólo el camarada Akímov, que fue quien habló ya entonces
del "espíritu de Arákchéiev de que estaban penetrados los
estatutos" (268), de que "si en el Consejo del Partido hay tres
miembros del Organo Central, el Comité Central guedará reducido a
mero ejecutor de la voluntad de la redacción [subrayado por mí]. Tres
personas residentes en el, extranjero recibirán facultades ilimitadas [!!]
para disponer del trabajo de todo [!!] el Partido. Quedan salvaguardados en el
sentido de su seguridad personal y por ello su poder es vitalicio" (268).
Y contra estas frases absolutamente absurdas y demagógicas, que sustituyen
una dirección ideológica por la intervención en el trabajo de todo el
Partido (y que después del Congreso proporcionaron al camarada Axelrod
una consigna barata para sus discursos sobre "teocracia"), fue
contra lo que protestó nuevamente el camarada Pavlóvich, subrayando que
estaba "por mantener en su firmeza y pureza los principios que
representaba Iskra. Concediendo el predominio a la redacción del
Organo Central, afirmo de este modo la posición de estos principios".
Tal es, en realidad, el problema acerca del célebre
predominio del Organo Central sobre el Comité Central. La famosa
"divergencia de principio" de los camaradas Axelrod y Mártov no es
sino una repetición de las frases oportunistas y demagógicas del camarada
Akímov, frases cuyo verdadero
pág. 117
carácter vio claramente incluso el camarada Popov, y lo vio cuando aún no
había sido derrotado en lo tocante a la composición de los organismos
centrales.
Resumen de la cuestión de la composición del Consejo:
a pesar de los intentos del camarada Mártov de demostrar en "Estado de
sitio" que era contradictoria e inexacta mi exposición en la "Carta
a la redacción", las actas del Congreso demuestran claramente que, en
comparación con el artículo primero, este problema no es efectivamente más
que un detalle, y que era una verdadera desvirtuación lo
manifestado en el artículo "Nuestro Congreso" (núm. 53 de Iskra
) de que "casi exclusivamente" nosotros habíamos discutido
sobre la formación de los organismos centrales del Partido. Tanto más clama
al cielo esta desvirtuación cuanto que el autor del artículo pasa en
completo silencio la discusión sobre el artículo primero. Las actas
demuestran, además, que no hubo agrupamiento determinado de los iskristas en
lo que se refiere a la composición del Consejo: no hay votaciones nominales,
Mártov disiente de Panin, yo estoy de acuerdo con Popov; Iegórov y Gúsiev
se mantienen aparte, etc. Finalmente, mi última afirmación (en el Congreso
de la Liga de la socialdemocracia revolucionaria rusa en el extranjero) de que
se afianzaba la coalición de los martovistas con los antiiskristas, se
confirma también por el viraje que, de un modo bien claro ahora para
todos, han hecho también en este problema los camaradas Mártov y Axelrod
hacia la posición del camarada Akímov.
pág. 118
De los debates que tuvieron lugar posteriormente sobre
los estatutos (sesión 26 del Congreso) sólo es digno de mención el problema
de la limitación de poderes del Comité Central, que arroja luz sobre el carácter
de los ataques que ahora dirigen los martovistas contra el
hipercentralismo. Los camaradas Iegórov y Popov tendían a limitar el
centralismo con alguna mayor convicción, independientemente de su candidatura
propia o de la que ellos presentaran. Ya en la comisión de estatutos
propusieron que se limitara el derecho del C.C. a disolver los comités
locales exigiendo la conformidad del Consejo, y, además, reservándolo a una
serie de casos especialmente enumerados (pág. 272, nota 1). Tres miembros de
la comisión de estatutos (Gliébov, Mártov y yo) nos declaramos en contra, y
en el Congreso el camarada Mártov defendió nuestra opinión (pág. 273),
haciendo a Iegórov y Popov la objeción de que "sin necesidad de más,
el Comité Central, antes de decidirse a dar un paso tan serio como el de
disolver una organización, lo examinaría detenidamente". Como veis, el
camarada Mártov hacía aún entonces oídos sordos a todas las
insinuaciones anticentralistas, y el Congreso rechazó la proposición de Iegórov
y Popov. Lo único
pág. 119
que no nos dicen las actas, y es de lamentar, es el número de votos.
En el Congreso del Partido, el camarada Mártov se
declaró también "en contra de que se sustituyera la palabra organiza
[el C.C. organiza los comités, etc. en el artículo 6 de los estatutos del
Partido] por la palabra confirma. Hay que conceder también derecho a
organizar", decía entonces el camarada Mártov, que no había
llegado aún a la maravillosa idea, que sólo descubrió en el Congreso de la
Liga, de que confirmar no entraba en el concepto "organizar".
Fuera de estos dos puntos, apenas si presenta interés
el resto de los debates, dedicados ya plenamente a cuestiones de detalle sobre
las particularidades de los artículos 5-11 de los estatutos (págs. 273-276
de las actas). El artículo 12 trata de la cooptación en todos los organismos
de dirección colectiva del Partido, en general, y en los organismos
centrales, en particular. La comisión propone que se aumente la mayoría
calificada, indispensable para la cooptación, de 2/3 a 4/5. El informante
(Gliébov) propone la cooptación por unanimidad para el C.C. El
camarada Iegórov, reconociendo que no son de desear las asperezas, se
declara partidario de la simple mayoría en caso de no haber veto motivado. El
camarada Popov no está de acuerdo ni con la comisión ni con el camarada Iegórov
y exige, o simple mayoría (sin derecho de veto), o unanimidad. El camarada Mártov
no está de acuerdo ni con la comisión, ni con Gliébov, ni con Iegórov, ni
con Popov; se declara en contra de la unanimidad, en contra de los 4/5 (en
favor de los 2/3), contra la "cooptación recíproca", es
decir, contra el derecho de la redacción del Organo Central a apelar
contra la cooptación en el C.C. y a la inversa (contra el "derecho
al control recíproco de la cooptación").
pág. 120
¡Como ve el lector, resulta un agrupamiento de lo más
abigarrado, y las discrepancias se fragmentan hasta llegar casi a unánimes
particularidades personales en el punto de vista de cada delegado!
El camarada Mártov dice: "Reconozco que es psicológicamente
imposible trabajar con personas desagradables. Pero a nosotros nos importa
también que nuestra organización sea capaz de vivir y actuar. . . No es
necesario el derecho al control recíproco del C.C. y de la redacción del
Organo Central en la cooptación. Y no me opongo a ello por pensar que uno no
pueda ser competente en la jurisdicción del otro. ¡No! La redacción del
Organo Central, por ejemplo, podría dar al Comité Central un buen consejo:
si convenía, por ejemplo, admitir en el C.C. al señor Nadiezhdin. Me sublevo
porqúe no quiero que se creen una serie de trámites que produzcan irritación
recíproca".
Yo le hice la objeción siguiente: "Hay aquí dos
problemas. En primer lugar, se trata de la mayoría calificada; yo me declaro
en contra de la proposición de que se rebaje de 4/5 a 2/3. No es razonable
establecer el veto motivado y estoy en contra de él. Muchísimo más
importante es el segundo problema: sobre el derecho al control recíproco del
C.C. y del Organo Central en la cooptación. El acuerdo recíproco de los dos
organismos centrales es condición imprescindible de armonía. Se trata aquí
de la ruptura entre los dos organismos centrales. Quien no quiera una escisión
debe preocuparse de que haya armonía. La vida del Partido demuestra que ha
habido gentes que han sembrado la escisión. Se trata de un problema de
principio, importante, del que puede depender toda la suerte futura del
Partido" (276-277). Tal es el texto completo del resumen que en el
Congreso se hizo de mi discurso, al cual el camarada Mártov atribuye una
importancia
pág. 121
singularmente seria. Pero es de lamentar que, aun atribuyéndole una seria
importancia, no se haya molestado en relacionarlo con todas las discusiones y
con toda la situación política del Congreso cuando este discurso fue
pronunciado.
En primer lugar, cabe preguntar: ¿por qué en mi
proyecto inicial (v. pág. 394, artículo 11)[ Respuesta a ella es mi discurso en el Congreso de la
Liga y la carta del camarada Pavlóvich sobre el II Congreso. En el Congreso
de la Liga dije que el artículo prlmero de los estatutos había "roto el
vaso" y había que atarlo "con un nudo doble". Lo cual quería
decir, en primer lugar, que en un problema puramente teórico Mártov había
resultado ser un oportunista, y su error lo habían defendido Líber y
Akímov. Quería decir, en segundo lugar, que la coalición de los martovistas
(es decir, de una insignificante minoría de iskristas con los antiiskristas
les daba mayoría en el Congreso al votarse la composición personal de
los organismos centrales. Y yo hablaba precisamente en ese caso de la composición
personal de los organismos centrales, subrayando que era imprescindible la
armonía y poniendo en guardia contra las "gentes que sembraban la
escisión ". Esta advertencia adquiría, en efecto, gran importancia
de principios, porque la organización de Iskra (sin duda alguna más
competente en lo que se refiere a la composición personal de los organismos
centrales, por conocer más de cerca todos los asuntos en la práctica y a
todos los candidatos), había emitido ya su voto consultivo sobre esta cuestión,
había adoptado el acuerdo que ya conocemos sobre las candi-
pág. 122
datutas que le infundían dudas. Tanto desde un punto de vista moral como
teniendo en cuenta la esencia del asunto (es decir, en punto a la competencia
de quien resolvía), la organización de Iskra debía tener valor
decisivo en esta cuestión tan delicada. Pero, desde un punto de vista
formal, el camarada Mártov tenía, naturalmente, pleno derecho a apelar
contra la mayoría de la organización de Iskra ante los Líber y Akímov.
~Y el camarada Akímov, en su brillante discurso sobre el artículo primero,
dijo con notable claridad e inteligencia que él, cuando veía una
discrepancia entre los iskristas sobre los medios de conseguir su objetivo común,
iskrista, votaba consciente e intencionadamente por el peor medio,
porque sus fines, los de Akímov, eran diametralmente opuestos a los de los
iskristas. Por tanto, no podía caber duda alguna de que, incluso
independientemente de la voluntad y la conciencia del camarada Mártov, sería
precisamente la peor composición personal de los organismos centrales la
que obtendría el apoyo de los Líber y Akímov. Ellos podían votar,
debían votar (a juzgar, no por sus palabras, sino por sus actos, por
su voto sobre el artículo primero) precisamente por la lista que pudiera
prometer la presencia de "gentes que sembraran la escisión", y
votar precisamente para "sembrar la escisión". ¿Puede extrañar
que, ante semejante situación, hablara yo de una cuestión importante de
principio (la armonía de los dos organismos centrales), de la que podía
depender toda la suerte futura del Partido?
Ningún socialdemócrata que conociera algo las ideas y
los planes iskristas y la historia del movimiento, y que las compartiera con
alguna sinceridad, pudo dudar ni un momento de que, si los Líber y Akímov
decidían la disputa promovida en el seno de la organización de Iskra
sobre la composición de los organismos centrales, esta decision se hallaría
formal-
pág. 123
mente dentro del reglamento, pero aseguraría el peor resulta do posible. Y
contra este peor resultado posible había que luchar necesariamente.
Pero: ¿cómo luchar? Nosotros no luchamos con
histerismos ni con pequeños escándalos, naturalmente, sino con
procedimientos en absoluto leales y en absoluto legítimos :
comprendiendo que estábamos en minoría (lo mismo que en el artículo
primero), solicitamos del Congreso que fuesen salvaguardados los derechos
de la minoría. Nos pusimos a defender una mayor severidad de calificación
en la admisión de los miembros (4/5 en lugar de 2/3), la unanimidad en la
cooptación y el control recíproco en la cooptación de los organismos
centrales, nos pusimos a defender todo esto cuando nos vimos en minoría en
la cuestión de la composición personal de los organismos centrales. Este
hecho lo dejan siempre de lado los Juanes y los Pedros, inclinados a hablar y
juzgar del Congreso de un modo irreflexivo, después de un par de
conversaciones de amigos, sin estudiar seriamente todas las actas y
todas las "declaraciones" de las personas interesadas. Y todo el que
quiera estudiar a conciencia esas actas y esas declaraciones, llegará
inevitablemente al hecho que he indicado: en ese momento del Congreso, la
base de la discusión estaba precisamente en el problema de la composición
personal de los organismos centrales, y tratábamos de conseguir
condiciones más severas de control precisamente porque estábamos en minoría,
porque queríamos "atar con doble nudo el vaso" roto por Mártov con
júbilo y con la jubilosa participación de los Líber y Akímov.
"Si no fuera así -- dice de este momento del
Congreso el camarada Pavlóvich --, sólo queda suponer que, al proponer el
punto de la unanimidad en la cooptación, nos preocupába-
pág. 124
mos de nuestros adversarios, porque para el partido dominante en cualquier
organismo la unanimidad. además de ser innecesaria, es incluso
desventajosa" (pág. 14 de la "Carta sobre el II Congreso").
Pero en el momento actual se olvida con demasiada frecuencia la cronología de
los hechos, se olvida que, durante todo un período del Congreso, la
actual minoría era mayoría (gracias a la participación de los Líber y Akímov)
y precisamente a este período corresponde el debate sobre la cooptación para
los organismos centrales, que tuvo por base la divergencia en la organización
de Iskra sobre la composición personal de éstos. Quien vea con
claridad esta circunstancia comprenderá también lo apasionado de nuestros
debates y no se extrañará ante la aparente contradicción de que
discrepancias menudas y de detalle provoquen cuestiones realmente importantes,
de principio.
El camarada Deich, que habló en la misma sesión (pág,
277), tenía bastante razón al decir: "Es indudable que esta proposición
está calculada para el momento actual". En efecto, tan sólo
comprendiendo aquel momento en toda su complejidad puede comprenderse
el verdadero sentido de la discusión. Y es de extraordinaria importancia
tener en cuenta que, cuando nosotros estábamos en minoría, defendimos
los derechos de la minoría por procedimientos que todo socialdemócrata
europeo considera legítimos y admisibles, a saber: solicitando del Congreso
un control más severo de la composición personal de los organismos
centrales. Del mismo modo tenía también bastante razón el camarada Iegórov
cuando igualmente en el Congreso, pero en otra sesión, dijo: "Me extraña
sobremanera oir de nuevo en los debates referencias a los principios. . . [Lo
dijo con motivo de las elecciones al C.C., en la sesión 31 del Congreso, es
decir, si no me
pág. 125 equivoco, un jueves por la mañana, y la sesión 26, de la que ahora se
trata, se celebró un lunes por la tarde]. . . Me parece que todo el mundo ve
claramente que en los últimos días todos los debates no han girado alrededor
de uno u otro modo de plantear el asunto en principio, sino exclusivamente
alrededor de la forma de asegurar o impedir el acceso de esta o de la otra
persona a los organismos centrales. Reconozca mos que hace ya tiempo se han
perdido los principios en este Congreso y llamemos las cosas por su nombre. (R
i s a g e n e r a l. M u r a v i o v: "Ruego se haga constar
en el acta que el camarada Mártov se ha sonreído"; pág. 337)". No
es de extrañar que tanto el camarada Mártov, como todos nosotros, nos riéramos
a carcajadas de las lamentaciones del camarada Iegórov, que efectivamente
mueven a risa. Sí, "en los últimos días ", muchísimas
cosas giraron alrededor de la composición personal de los organismos
centrales. Es verdad. Todo el mundo lo veía claramente en el Congreso,
en efecto (y sólo ahora trata la minoría de poner sombras en
este hecho claro). Por último, también es verdad que hace falta llamar las
cosas por sus verdaderos nombres. Pero, por Dios, ¿a qué viene aquí
lo de "perder los principios"? Precisamente habíamos ido al
Congreso (v. pág. 10, orden del día del Congreso) para hablar en
los primeros días del programa, de la táctica y de los estatutos y
resolver las cuestiones correspondientes, y para tratar en los últimos días
(puntos 18-19 del orden del día) de la composición personal de los
organismos centrales y resolver estos problemas. Es muy natural y
absolutamente legítimo el dedicar los últimos días de los congresos
a luchar por la batuta de director. (Lo que es baja querella, es pelearse por
la batuta de director una vez celebrados los congresos ). Si una
persona sufre en un congreso una derrota
pág. 126
en lo tocante a la composición personal de los organismos centrales (como
le ha ocurrido al camarada Iegórov), es sencillamente ridículo hablar
después de esto de que se han "perdido los principios". De modo que
es natural que todo el mundo se riera del camarada Iegórov. Y también es
natural que el camarada Muraviov pidiera que constara en acta la participación
que en esta risa tuvo el camarada Mártov: al reirse del camarada Iegórov,
el camarada Mártov se reía de sí mismo.
Para completar la ironía del camarada Muraviov, no
estaría quizá de más relatar el hecho siguiente. Después del Congreso,
el camarada Mártov, como es sabido, afirmó a diestro y siniestro que el
papel cardinal en nuestra divergencia lo había desempeñado precisamente el
problema de la cooptación para los organismos centrales, que "la mayoría
de la antigua redacción" estaba terminantemente en contra del control
recíproco en la cooptación para los organismos centrales. Antes del
Congreso, aceptando mi proyecto de elegir dos tríos, con cooptación por
ambas partes con 2/3, el camarada Mártov me escribió sobre esto:
"Aceptando esta forma de cooptación recíproca, hay que subrayar
que, después del Congreso, todas las instancias completarán el número de
sus miembros sobre principios algo distintos (yo recomendaría el
procedimiento siguiente : cada instancia coopta nuevos miembros, poniendo
su propósito en conocimiento de la otra instancia: esta última puede
protestar, y entonces resuelve la cuestión el Consejo. Para que no
haya trámites pesados, este procedimiento se aplicaría a candidatos señalados
de antemano, por lo menos para el C.C., los cuales pueden ya
cooptarse por un procedimiento más rápido). Para subrayar que, en el futuro,
la cooptación se haría por un procedimiento que se establecerá
pág. 127
por los estatutos del Partido, hay que añadir al artículo 22[ Huelgan los comentarios.
Explicada ya la significación del momento en que tuvo
lugar la discusión sobre la cooptación para los organismos centrales,
debemos detenernos brevemente a examinar las votaciones relacionadas
con este punto; no hay por qué detenerse en los debates, porque después
del discurso del camarada Mártov y el mío, que he citado, sólo hubo breves
réplicas, en las que tomaron parte un número insignificante de delegados (v.
págs. 277-280 de las actas). En lo tocante a las votaciones, el camarada Mártov
afirmó ante el Congreso de la Liga que yo, en mi exposición, había
"desvirtuado enormemente" los hechos (pág. 60 de las actas de la
Liga), "al trazar el cuadro de la lucha en torno a los estatutos. . .
[sin querer ha dicho el camarada Mártov una gran verdad: después del artículo
primero, la discusión giró acalorada, precisamente en torno a los
estatutos]. . . como lucha de Iskra contra los martovistas, que habían
formado coalición con el Bund".
Veamos con más detalle este interesante problema de
"desvirtuar enormemente". El camarada Mártov reúne las votaciones
sobre la composición del Consejo con las votaciones
pág. 128
sobre la cooptación y cita ocho votaciones: 1) Elección de dos miembros
para el Consejo por el Organo Central y otros dos por el Comité Central: 27
votos a favor (M), 16 en contra (L), 7 abstenciones[ Cabe preguntar: ¿por qué considera el camarada Mártov
evidente que un delegado del Bund había votado por él, por
Mártov, cuando no hubo votaciones nominales?
Se acepta la enmienda del camarada Fomín, reduciendo la mayoría
calificada de 4/5 a 2/3; 27 votos a favor, 21 en contra (pág. 278), es decir,
que participaron 48 votos. 2) Se acepta la proposición del camarada Mártov
de suprimir la cooptación recíproca: 26 votos a favor, 24 en contra (pág.
279), es decir, han tomado parte 50 votos. Por último, 3) se rechaza mi
proposición de que es indispensable la conformidad de todos los miembros del
Consejo para que se admita la cooptación para el C.C. y el Organo Central (pág.
280): 27 votos en contra, 22 a favor (hubo incluso votación nominal, pero no
figura en las actas, y es de lamentar), es decir, que fueron 49 los votantes.
Total: en lo que se refiere a la cooptación para los
organismos centrales, los bundistas no tomaron parte sino en cuatro
votaciones (las tres que yo acabo de citar, con 48, 50 y 49 votantes, y una
citada por el camarada Mártov, con 47 votantes). En todas estas votaciones
resultó vencedor el camarada Mártov. Mi exposición resulta exacta en
todos sus puntos : cuando indico la coalición con el Bund, cuando hago
constar que lós problemas tratados son relativamente cuestiones de detalle
(muchísimos casos con un número considerable de abstenciones), cuando digo
que no hay agrupamiento determinado de los iskristas (no hay votacioens
nominales; muy pocas personas expresan su opinión en los debates).
Cuando el camarada Mártov intenta encontrar en mi
exposición contradicciones, lo hace con medios que de nada le sirven, porque
el camarada Mártov ha arrancado palabrejas aisladas y no se ha tomado la
molestia de reproducir el cuadro por entero.
El último artículo de los estatutos consagrado a la
organización en el extranjero, provocó de nuevo debates y votacio-
pág. 131
nes sumamente característicos, desde el punto de vista de los
agrupamientos que había en el Cóngreso. Se trataba de reconocer a la Liga
como organización del Partido en el extranjero. El camarada Akímov,
naturalmente, se opuso en seguida, recordando la Unión en el extranjero,
aprobada por el I Congreso, y llamando la atención sobre la importancia que
el problema revestía desde el punto de vista de los principios. "En
primer lugar, he de decir -- declaró -- que no concedo gran valor práctico a
esta o la otra solución de este problema. La lucha ideológica que ha venido
desarrollándose hasta ahora en nuestro Partido no ha terminado,
indudablemente; pero continuará en otros planos y con otra agrupación de
fuerzas. . . En el artículo 13 de los estatutos ha quedado reflejada
nuevamente, y de un modo muy marcado, la tendencia a hacer de nuestro
Congreso, en lugar de un congreso de partido, un congreso de fracción. En vez
de obligar, en Rusia, a todos los socialdemócratas a someterse a las
decisiones del Congre so del Partido en aras de la unidad de éste, unificando
todas sus organizaciones, se propone al Congreso que disuelva la organización
de la minoría, que obligue a esta última a desaparecer" (281). Como
puede ver el lector, "la continuidad", que tanto aprecio le merece
ahora al camarada Mártov después de su derrota en el problema de la
composición de los organismos centrales, no era menos estimada por el
camarada Akímov. Pero, en el Congreso, los que aplicaban medidas distintas
según se tratara de ellos mismos o de los demás, se levantaron
apasionadamente contra el camarada Akímov. Aunque se ha aceptado el programa,
aunque se ha reconocido a Iskra y se han aprobado casi todos los
estatutos, se saca a escena precisamente el "principio" que separa
"en principio" a la Liga de la Unión. "Si el camarada Akímov
quiere plantear la cuestión en el terreno de los principios -- excla-
pág. 132
ma el camarada Mártov -- nada tenemos que objetar; sobre todo, teniendo en
cuenta que el camarada Akímov ha hablado de las combinaciones posibles en la
lucha contra dos tendencias. El triunfo de una tendencia no debe
sancionarse [¡no olvidéis que esto se ha dicho en la sesión 27 del
Congreso!] para poder hacer una nueva reverencia ante Iskra, sino para despedirse
definitivamente de todas las combinaciones posibles de que ha empezado e
hablar el camarada Akímov " (282. Subrayado por mí).
Cuadro: el camarada Mártov, después de
terminadas en el Congreso todas las discusiones sobre el programa, aún continúa
despidiéndose definitivamente de todas las combinaciones posibles. . .
¡mientras no ha sido derrotado en el problema de la composición de los
organismos centrales! En el Congreso el camarada Mártov "se despide
definitivamente" de la posible "combinación" que con
tanto éxito pone en práctica inmediatamente después del Congreso.
Pero el camarada Akímov demostró ya entonces ser mucho más perspicaz
que el camarada Mártov; el camarada Akímov se refirió a los cinco años de
trabajo de "la vieja organización del Partido, que por voluntad del I
Congreso llevaba el nombre de Comíté", y terminó con un ultraponzoñoso
y providencial alfilerazo: "Por lo que se refiere a la opinión
del camarada Mártov, que considera vanas mis esperanzas de que surja en
nuestro Partido una tendencia nueva, debo decir que incluso él mismo me da
esperanzas " (pág. 283).
¡Sí, hay que reconocer que el camarada Mártov ha
confirmado brillantemente las esperanzas del camarada Akímov!
El camarada Mártov ha seguido al camarada Akímov,
convencido de que éste tenía razón, después de que se rompió la
"continuidad" en el antiguo organismo de dirección colectiva del
Partido que, según constaba, había trabajado tres
pág. 133
años. No le ha costado muy caro al camarada Akímov su triunfo.
En el Congreso, sin embargo, sólo se pusieron de parte
del camarada Akímov -- y de un modo consecuente -- los camaradas Martinov, Brúker
y los bundistas (8 votos). El camarada Iegórov, como auténtico jefe del
"centro", prefiere la dorada medianía: está de acuerdo, como dice,
con los iskristas, "simpatiza" con ellos (pág. 282) y demuestra
esta simpatía proponiendo (pág. 283) que se pase por alto todo el
problema de principios planteado, que no se hable ni de la Liga ni de
la Unión. Se rechaza la proposición por 27 votos contra 15. Es evidente que,
además de los antiiskristas (8), votó con el camarada Iegórov casi todo el
"centro" (10) (los votantes son en total 42, de modo que hay un número
considerable de abstenciones o de ausentes, como sucedía muy a menudo
con las votaciones que carecían de interés y cuyo resultado era indudable
). En cuanto se habla de llevar a la práctica los principios
iskristas, resulta en seguida que la "simpatía" del
"centro" es puramente verbal y sólo nos siguen treinta votos
o poco más. Lo demuestran de un modo aún más diáfano los debates y las
votaciones sobre la proposición de Rúsov (reconocer a la Liga como única
organización en el extranjero). Los antiiskristas y la "charca"
adoptan ya francamente una posición de principios, que defienden los
camaradas Líber y Iegórov, declarando que la proposición del camarada Rúsov
no puede ponerse a votación y es ilegitima: "Con ella se da muerte a
todas las demás organizaciones en el extranjero" (Iegórov). Y el
orador, no queriendo intervenir en lo de "dar muerte a
organizaciones", no sólo se niega a votar, sino que incluso abandona la
sala. Sin embargo, hay que hacer justicia al lider del "centro": dio
diez veces más pruebas de convicción (en sus equivocados principios) y de
pág. 134
valentía política que el camarada Mártov y compañía, pues salió en
defensa de la organización liquidada no sólo cuando se trataba de su
propio círculo, que había sido derotado en lucha franca.
Por 27 votos contra 15 se acuerda someter a votación la
proposición del camarada Rúsov, que es aprobada por 25 votos contra 17. Añadiendo
a estos 17 el voto del camarada Iegórov, ausente, tenemos el conjunto
completo (18) de antiiskristas y "centro" .
Todo el artículo 13 de los estatutos, sobre la
organización en el extranjero, se aprueba sólo por 31 votos contra
12, con 6 abstenciones. Este número, 31, que nos da aproximadamente el número
de iskristas que había en el Congreso, es decir, de las personas que
propugnan consecuentemente y aplican en la práctica las opiniones de Iskra,
lo encontramos ya por lo menos la sexta vez al analizar las votaciones del
Congreso (lugar que correspondía a la cuestión del Bund, incidente con el
Comité de Organización, disolución del grupo "Iuzhni Rabochi" y
dos votaciones sobre el programa agrario). ¡Y el camarada Mártov, en serio,
quiere convencernos de que no hay fundamento alguno para señalar tan
"reducido" grupo de iskristas!
Tampoco podemos dejar de consignar que la aprobación
del artículo 13 de los estatutos provocó debates extremadamente característicos
cuando los camaradas Akímov y Martínov declararon "que se negaban a
tomar parte en la votación" (pág. 288). El Buró del Congreso examinó
esta declaración y reconoció -- con toda razón -- que incluso la misma
disolución de la Unión no hubiera dado a los delegados de ésta ningún
derecho a negarse a tomar parte en la labor del Congreso. El negarse a votar
era indudablemente algo anormal e inadmisible: tal era el punto de vista que,
con el Buró, adoptó
pág. 135
todo el Congreso, incluidos los iskristas de la minoría, que en la sesión
28 ¡censuraron apasionadamente lo que ellos mismos habían de hacer en la
sesión 31! Cuando el camarada Martínov salió en defensa de lo que había
dicho (pág. 291), se levantaron contra él Pavlóvich, Trotski, Karski y Mártov.
Con peculiar claridad reconoció el camarada Mártov los deberes de una minoría
descontenta (imientras no quedó él mismo en la minoría!) y de un modo muy
didáctico discurseó sobre ellos. "O sois miembros del Congreso --
exclamaba, dirigiéndose a los camaradas Akímov y Martínov -- y entonces debéis
tomar parte en todos sus trabajos [subrayado por mí; ¡el camarada Mártov
no veía aún entonces formalismo y burocratismo en la sumisión de la minoría
a la mayoríal], o no lo sois, y entonces no podéis permanecer en la sesión.
. . Con su declaración, los delegados de la Unión me obligan a hacerles dos
preguntas: ¿Son miembros del Partido? ¿Son miembros del Congreso?" (pág.
292).
¡El camarada Mártov alecciona al camarada Akímov
sobre los deberes de un miembro del Partido! Pero no en vano había ya
dicho el camarada Akímov que tenía ciertas esperanzas en el camarada Mártov.
. . Estas esperanzas habían de convertirse en realidad, pero sólo después
de la derrota del camarada Mártov en lás elecciones. Cuando no se trataba de
él mismo, sino de otros, el camarada Mártov hizo oídos sordos incluso a,
las terribles palabras de "ley de excepción", que pronunció por
primera vez (si no me equivoco) el camarada Martínov. "Las
explicaciones que se nos han dado -- contesta el camarada Martínov a los que
trataban de convencerle para que retirara su declaración -- no han puesto en
claro sí se trataba de una decisión en principio o de una medida de
excepctón contra la Unión. En este caso, consideramos que se ha inferido
a la Unión un agravio. El camarada
pág. 136 Iegórov, lo mismo que nosotros, tiene la impresión de que se trata de una
ley de excepción [subrayado por mí] contra la Unión y por ello
incluso ha abandonado la sala" (pág. 295). Tanto el camarada Mártov
como el camarada Trotski se alian enérgicamente, con Plejánov, contra la
idea absurda, verdaderamente absurda, de ver un agravio en el
voto del Congreso, y el camarada Trotski, defendiendo la resolución adoptada,
a propuesta suya, por el Congreso (los camaradas Akímov y Martínov pueden
considerarse absolutamente satisfechos), afirma que "tiene un carácter
de principio y no filisteo, y no nos importa que alguien se sienta
agraviado por él " (pág. 296). Muy pronto resultó, sin embargo,
que la mentalidad de círculos y el espíritu filisteo eran aún demasiado
fuertes en nuestro Partido, y las orgullosas palabras que he subrayado
quedaron reducidas a una frase altisonante.
Los camaradas Akímov y Martínov se negaron a retirar
su declaración y abandonaron el Congreso entre exclamaciones de todos los
delegados "¡No hay motivo!"
pág. 137
Después de los estatutos, el Congreso aprobó una
resolución sobre las organizaciones regionales, una serie de resoluciones
sobre diversas organizaciones del Partido y, después de un debate sumamente
instructivo sobre el grupo "Iuzhni Rabochi", que he analizado más
arriba, pasó a tratar de las elecciones para los organismos centrales del
Partido.
Ya sabemos que la organización de Iskra, de la
que todo el Congreso esperaba una recomendación autorizada, se escindió
sobre este punto, pues su minoría quiso probar en el Congreso, en
lucha abierta y libre, si conseguía conquistar la mayoría. Sabemos
también que, mucho antes del Congreso y en el Congreso, todos los delegados
tenían conocimiento del plan de renovar la redacción eligiendo dos tríos
para el Organo Central y el Comité Central. Detengámonos en este plan con más
detalle para aclarar las discusiones del Congreso.
He aquí el texto exacto de mi comentario al proyecto de
Tagersordnung del Congreso que exponía este plan*. "El Congreso
eligirá tres personas para la redacción del Organo Central y tres para el
Comité Central. Estas seis personas juntas, por mayoría de 2/3,
completarán en caso necesario el número de miembros de la redacción del
Organo Central y
pág. 138
del Comité Central por cooptación y harán el correspondiente informe
ante el Congreso. Cuando el Congreso haya aprobado este informe, la cooptación
se hará luego separadamente por la redacción del Organo Central y por el
Comité Central".
El plan se pone de relieve en este texto del modo más
claro e inequívoco: el plan significa que la redacción se renueva con la
participación de los dirigentes más influyentes del trabajo práctico.
Los dos rasgos de este plán que he señalado los notará en seguida todo el
que se tome la molestia de leer con atención el texto insertado. Pero en los
tiempos actuales hay que pararse a explicar las cosas más elementales. El
plan significa precisamente que la redacción se renueva, y no
necesariamente que se amplíe o se rduzca el número de sus miembros, sino
precisamente que se renueva, porque se deja en suspenso la cuestión de
una posible ampliación o reducción; la cooptación se establece tan sólo
para el caso en que sea imprescindible. Entre las hipótesis que
diversas personas formularon en lo tocante a esta renovación, hubo también
planes de una posible reducción o aumento del número de miembros de la
redacción hasta siete (yo mismo he considerado siempre que siete era mucho más
conveniente que seis) e incluso hasta once (cosa que yo consideraba posible en
caso de una unión pacífica con todas las organizaciones socialdemócratas en
general, y de un modo particular con el Bund y con la socialdemocracia
polaca). Pero lo más importante, que de ordinario olvidan quienes hablan del
"trío", es la exigencia de que los miembros del C.C. tomen luego
parte en la solución del problema de la cooptación para el Organo Central.
Ni un solo camarada, entre toda la masa de miembros
pág. 139
de la organización y delegados de la "minoría" en el Congreso
que conocían este plan y lo aprobaban (expresando su conformidad bien de un
modo explícito, bien con su silencio), se molestó en explicar lo que
significaba esa exigencia En primer lugar: ¿por qué se tomaba como punto de
partida para renovar la redacción precisamente un trío y sólo un trío? Es
evidente que esto carecería en absoluto de sentido, si exclusivamente,
o incluso principalmente, se tratara de ampliar ese organismo, si se
reconociera que ese organismo era realmente "armónico". Sería
extraño que para ampliar un organismo "armónico" no se partiera
de su conjunto, sino solamente de una parte de él. Es evidente que no
se consideraba a todos los miembros de ese organismo plenamente aptos
para tratar y resolver sobre la renovación de su composición
personal, sobre la conversión del viejo círculo de redactores en un organismo
del Partido. Es evidente que, incluso quien personalmente deseara una
renovación en forma de ampliación, reconocía que la vieja composición no
era armónica, que no respondía al ideal de organismo del Partido, porque de
otro modo no había por qué empezar por reducir los seis a tres
para ampliar su número. Repito que esto es de sobra evidente y sólo pudo
caer en olvido por haberse encizañado temporalmente el problema con
"cuestiones personales".
En segundo lugar, por el texto arriba citado se ve que
no bastaba ni aun la conformidad de los tres miembros del Organo Central
para ampliar el trío. También esto se olvida siempre. Para la cooptación se
necesitan dos tercios de seis, es decir, cuatro votos; por
tanto, bastaba con que los tres miembros elegidos para el Comité Central
presentaran su "veto", para que toda ampliación del trío fuese
imposible. Por el contrario, incluso si dos de los tres miembros
pág. 140
de la redacción del Organo Central estaban en contra de que siguiera la
cooptación, ésta podía, sin embargo, realizarse, en caso de estar conformes
los tres miembros del C.C. De este modo es evidente que, al convertir el viejo
círculo en organismo del Partido, se quería dar el voto decisivo a
los dirigentes del trabajo práctico, elegidos por el Congreso. Un hecho
muestra qué camaradas teníamos aproximadamente en cuenta al hacerlo: antes
del Congreso, la redacción eligió por unanimidad como séptimo miembro al
camarada Pavlóvich para el caso de que hubiera que intervenir en el Congreso
en nombre de nuestro organismo; además del camarada Pavlóvich, se propuso
para el séptimo puesto a un viejo miembro de la organización de Iskra
y miembro del Comité de Organización, que luego fue elegido miembro del
C. C.
Así, pues, el plan de elegir dos tríos tenía,
evidentemente, el objeto siguiente: 1) renovar la redacción, 2) borrar en
ella algunos rasgos del viejo espíritu de círculo, inadecuado en un
organismo del Partido (¡si no hubiera nada que borrar no había por qué
inventar el trío como punto inicial!) y, por último, 3) borrar los rasgos
"teocráticos" de un organismo de literatos (borrarlos haciendo que
destacados militantes prácticos intervinieran en la solución del
problema de la ampliación del trío). Este plan, que se puso en conocimiento
de todos los redactores, se fundaba, de un modo evidente, en tres años de
experiencia de trabajo y respondía, de un modo absolutamente
consecuente, a los principios de organización revolucionaria que nosotros
ponemos en práctica: en la época de dispersión, cuando apareció Iskra,
los diversos grupos se formaban con frecuencia de un modo casual y espontáneo,
adoleciendo inevitablemente de ciertas nocivas ma- pág. 141
nifestaciones del espíritu de círculo. Crear un partido suponía borrar
tales rasgos y exigía que fuesen borrados; era imprescindible la
participación de destacados militantes prácticos en dicho organismo, porque
algunos miembros de la redacción se ocupaban siempre de asuntos de
organización, y en el sistema de organismos del Partido tenía que haber no sólo
un organismo de literatos, sino un organismo de dirigentes políticos.
Igualmente era natural, desde el punto de vista de la política que siempre
había propugnado Iskra, que se diera a elegir al Congreso el trío que
debía servir de punto de partida: nosotros preparamos el Congreso con extremo
cuidado, en espera de que se aclararan totalmente los problemas
de principio que estaban en discusión en cuanto al programa, a la táctica y
organización; no dudábamos de que el Congreso serfa un congreso iskrista,
en el sentido de que la inmensa mayoría se solidarizaría en estos problemas
fundamentales (cosa que demuestran también, en parte, las resoluciones por
las que se reconocía a Iskra como órgano dirigente); por ello mismo, teníamos
que permitir a los camaradas sobre cuyos hombros había pesado toda la
labor de difusión de las ideas de Iskra y de preparación de su
conversión en Partido, que ellos mismos resolvieran quiénes eran los
candidatos más aptos para el nuevo organismo del Partido. Sólo este
carácter natural del plan de los "dos tríos", sólo el
hecho de que respondiera plenamente a toda la política de Iskra
y a todo lo que sabía de Iskra quien tuviera la más mínima relacion
con el trabajo, puede explicar que el plan mereciera la aprobación
general y que no hubiera ningún otro plan que le hiciera competencia.
Y he aquí que en el Congreso el camarada Rúsov propone
ante todo que se elijan los dos tríos. Los partidarios de Mártov, el
cual nos había comunicado por escrito la relación
pág. 142 que existía entre este plan y la falsa acusación de oportunismo, ni
siquiera pensaron, sin embargo, en reducir la discusión sobre los seis y
los tres al problema sobre la corrección o in corrección de semejante
acusación. ¡Ni uno de ellos lo men cionó siquiera! Ni uno de ellos se
atrevió a decir ni una palabra acerca de la diferencia de principio en
los matices relacionados con los seis y los tres. Prefirieron un procedimiento
más corriente y más barato: apelar a la lástima, hablar de un posible
agravio, fingir que el problema de la redacción estaba ya resuelto
al dar a Iskra el título de Organo Central. Este último argumento,
utilizado por el camarada Koltzov contra el camarada Rúsov, es manifiestamente
falso. En el orden del día del Congreso figuraban -- y desde luego no por
casualidad -- dos puntos especiales (v. pág. 10 de las actas): p. 4, "El
Organo Central del Partido", y p. 18, "Elecciones al C.C. y a la
redacción- del Organo Central". Eso, en primer lugar. En segundo lugar,
al designar el Organo Central, todos los delegados declararon categóricamente
que con ello no se confirmaba la redacción, sino sólo la orientación*
y no hubo protesta alguna contra tales declaraciones. pág. 143
Por tanto, al decir que, por aprobar un órgano
determinado, el Congreso, en el fondo, había confirmado ya también con ello
mismo a la redacción -- cosa que dijeron muchas veces los partidarios de la
minoría (Koltzov, pág. 321; Posadovski, idem; Popov, pág. 322, y muchos
otros) --, se incurría de hecho en una falsedad. De un modo evidente
para todos, se trataba de una maniobra que encubria el abandono
de las posiciones ocupadas cuando todos podían adoptar todavía una
actitud realmente imparcial en lo que se refería a la composición de
los organismos centrales. El abandono no podía justificarse, ni por motivos
de principio (porque plantear en el Congreso la cuestión de la
"falsa acusación de oportunismo" era demasiado desventajoso
para la minoría, que no dijo ni una palabra de ello ), ni alegando hechos
acerca de la efectiva capacidad de trabajo de los seis o los tres (porque sólo
el tocar esos hechos hubiera acumulado una montaña de pruebas en contra de la
minoría) Tuvieron que salir del paso con las frases sobre el
"todo armónico", sobre la "colectividad armónica", o
sobre la "armonía y la integridad cristalina del todo", etc. No es
de extrañar que semejantes argumentos fueran inmediatamente llamados por su
nombre: "palabras lastimeras " (pág. 328). El mismo plan del
trío era ya un testimonio evidente de la falta de "armonía", y las
impresiones recogidas por los delegados en el transcurso de más de un mes de
trabajo en común les proporcionaron evidentemente una gran cantidad de datos
para que pudieran juzgar de un modo independiente. Cuando el camarada
Posadovski aludió a estos datos (de un modo imprudente e irreflexivo, desde
su punto de vista: v. págs. 321 y 325 sobre el
pág. 144
uso "condicional" que hace de la palabra "asperezas"),
el camarada Muraviov declaró francamente: "A mi juicio, la mayoría del
Congreso ve con toda claridad en el momento actual que indudablemente existen
tales[ pág. 145
gue). Tampoco esta vez se decide la minoría a recoger el guante y no dice
ni una palabra sobre quien pueda ser, a su juicio, apto para un organismo de
dirección colectiva que no sea sólo literario, quién pueda ser la persona
"perfectamente determinada y conocida del Congreso". La minoría
sigue atrincherándose tras la tan decantada "armonía". Y aún más:
la minoría llega a utilizar argumentos que son absolutamente falsos en
principio y que por elío, y con justa razón, son enérgicamente desechados.
"El Congreso -- ¡figuráos! -- no tiene derecho moral ni político para
modificar la composición de la redacción" (Trotski, pág. 326), "ésta
es una cuestión demasiado delicada [¡sic!] " (el mismo orador); "¿qué
actitud deberán adoptar los miembros de la redacción no elegidos ante el
hecho de que el Congreso no desea verlos más entre los componentes de la
redacción? " (Tsariov, pág. 324)*.
Semejantes argumentos transferían ya plenamente la
cuestión al terreno de la lástima y de los agravios, reconociendo así
abiertamente la bancarrota en el terreno de los argumentos efectivamente de
principio, efectivamente políticos. Y la mayoría caracterizó al instante
este modo de plantear el problema con la palabra que le cuadraba: filisteísmo
(el camarada Rúsov). "En boca de revoíucionarios -- dijo el camarada Rúsov
con razón --, se oyen palabras extrañas, que están en completa desarmonía
con el concepto de trabajo de partido, de ética de partido. El argumento
fundamental de los adversarios de la elección de tríos se reduce a un
punto de vista puramente filisteo sobre los asuntos del Partido [todo el pág. 146
subrayado es mío]. . . Colocándonos en este punto de vista, que no es de
partido, sino filisteo, nos encontraremos en cada elección ante el
problema de si se ofenderá Petrov porque no le han elegido a él, sino a
Ivanov, de si se ofenderá determinado miembro del Comité de Organización,
porque no ha sido elegido él, sino otro para el C.C. ¿Adónde nos llevará
todo esto, camaradas? Si nos hemos reunido aquí, no para dirigirnos
mutuamente discursos agradables, ternuras filisteas, sino para
formar un partido, no podemos en modo alguno estar conformes con semejante
punto de vista. Se trata de elegir funcionarios y no puede plantearse
la cuestión de falta de confianza hacia ninguno de los no elegidos, sino sólo
del bien de la causa y lo adecuado de la persona elegida para el cargo de que
se trate " (pág. 325).
A todo el que quiera entender por sí mismo los motivos
de la escisión del Partido y llegar a sus raíces en el Congreso, le
aconsejaríamos que leyera y releyera el discurso del camarada Rúsov,
cuyos argumentos no sólo no refutó la minoría, sino que ni siquiera los
puso en discusión. Por lo demás, tampoco pueden ponerse en duda verdades tan
elementales y primarias, cuyo olvido explicó ya el mismo camarada Rúsov, con
razón, sólo por "excitación nerviosa ". Y ésta es,
efectivamente, para la minoría la explicación menos desagradable del hecho
de que haya podido pasar del punto de vista del Partido al punto de vista del
espíritu filisteo y de círculos*.
pág. 147
Pero la minoría estaba hasta tal punto imposibilitada
de buscar argumentos razonables y serios contra las elecciones,
pág. 148
que, además de poner espíritu filisteo en un asunto de partido, llegó a procedimientos
de carácter francamente escandaloso. En efecto, ¿qué otro
calificativo puede darse al proce dimiento que empleó el camarada Popov
cuando aconsejó al camarada Muraviov "que no aceptara encargos
delicados" (pág. 322)? ¿Qué es esto sino "indagar en conciencia
ajena", según dijo con razón el camarada Sorokin (pág. 328)? ¿Qué es
esto sino especular con "ofensas personales " cuando faltan
argumentos políticos? ¿Tenía o no razón el camarada Sorokin al
decir que "siempre hemos protestado contra procedimientos
semejantes"? "¿Es admisible la conducta del camarada Deich,
que de un modo ostensible trató de poner en la picota a los camaradas que no
estaban conformes con él?"* (pág. 328).
Resumamos los debates sobre la redacción. La minoría
no refutó (ni intentó refutar) las numerosas indicaciones de la mayoría
sobre el hecho de que los delegados conocían el pro-
pág. 149
yecto del trío en el comienzo del Congreso y antes del Congreso y
de que, por consiguiente, aquel proyecto se basaba en consideraciones y
datos que no dependían de lo que sucediera ni de lo que se discutiera en el
Congreso. Al defender a los seis, la minoría mantenía la posición de
las consideraciones filisteas, falsa e inadmisible en principio.
La minoría demostró haber olvidado plenamente el punto de vista del
Partido en la elección de funcionarios sin intentar siquiera valorar
a cada candidato, saber si era o no adecuado a las funciones del cargo. La
minoría evitaba tratar el problema a fondo, aduciendo la tan decantada
"armonía", "derramando lágrimas", "tomando
actitudes patéticas" (pág. 327, discurso de Langue), como si se tratara
de "matar" a alguien. Llegó la minoría a "indagar en
conciencia ajena ", a clamar que las elecciones eran
"criminales" y a otros procedimientos igualmente inadmisibles,
bajo la influencia de la "excitación nerviosa " (pág. 325).
La lucha del espíritu filisteo contra el espíritu
de partido, de las "cuestiones personales " del peor
gusto contra las consideraciones políticas, de palabras lastimeras
contra los conceptos más elementales del deber revolucionario : eso es
lo que fue la lucha por los seis y los tres en la sesión 30 de nuestro
Congreso.
Y también en la sesión 31, cuando, por una mayoría de
19 votos contra 17, con tres abstenciones, el Congreso rechazó la
proposición de confirmar toda la redacción antigua (v. pág. 330 y la fe
de erratas ), y cuando los antiguos redactores volvieron al salón
de sesiones, el camarada Mártov, en su "declaración en nombre de la
mayoría de la antigua redacción" (págs. 330-331), mostró en
proporciones aún más considerables las mismas vacilaciones y la misma falta
de firmeza en su posición política y en sus conceptos políticos.
Examinemos
pág. 150
en detalle cada uno de los puntos de la declaración colectiva y de
mi respuesta (págs. 332-333) a la misma.
"Desde ahora -- dice el camarada Mártov cuando la
antigua redacción no ha sido confirmada --, no existe ya la vieja Iskra,
y seria más consecuente que cambiara su nombre De todos modos, en el nuevo
acuerdo del Congreso vemos una limitación sustancial del voto de confianza
que se dio a Iskra en una de las primeras sesiones del Congreso".
El camarada Mártov, con sus colegas, plantea un
problema realmente interesante e instructivo en muchos sentidos: el de la
consecuencia política. Ya contesté a esto remitiéndome a lo que todos
habían dicho cuando se confirmó a Iskra (pág. 349 de las actas: cfr.
más arriba, pág. 82)*. Indudablemente, estamos en presencia de uno dé los
casos más flagrantes de inconsecuencia política; el lector dirá por parte
de quién: si por parte de la mayoría del Congreso o por parte de la mayoría
de la antigua redacción. Y dejaremos también que el lector resuelva otras
dos cuestiones, muy oportunamente planteadas por el camarada Mártov y sus
colegas: 1) ¿es un punto de vista filisteo o de partido el que
se manifiesta en el deseo de ver una "limitación del voto de confianza a
Iskra en la resolución del Congreso de elegir funcionarios para la
redacción del Organo Central? 2) ¿En qué momento deja realmente de
existir la vieja Iskra ": desde el número 46, cuando empezamos a
dirigirla los dos con Plejánov, o desde el número 53, en que empezó a
dirigirla la mayoría de la antigua redacción? Mientras que la primera
pregunta es un interesantisimo problema de principio, la segunda es una
interesantisima cuestión de hechos.
pág. 151
"Como ahora se ha acordado -- continúa el camarada
Mártov -- elegir una redacción de tres personas, yo declaro, en nombre
propio y en el de mis otros tres camaradas, que ninguno de nosotros formará
parte de esa nueva redacción. Por lo que a mí personalmente se refiere,
añadiré que si es verdad que algunos camaradas han querido inscribir mi
nombre entre los candidatos a ese 'trío' me veo obligado a ver en ello una
ofensa que no he merecido [¡sic!]. Lo digo por las circunstancias que han
acompañado a la decisión de modificar la redacción. Se llegó a este
acuerdo por ciertos 'rozamientos'*, por la incapacidad de la antigua
redacción para actuar, habiendo resuelto, además, el Congreso este problema
en determinado-sentido sin preguntar a la redacción sobre esos rozamientos y
sin nombrar siquiera una comisión para poner en claro eso de su incapacidad
de actuar. . . [¡Lo extraño es que a nadie de la minoría se le ocurriera
proponer al Congreso que "preguntara a la redacción" o que nombrara
una comisiónl ¿No se deberá esto a que, después de la escisión de la
organización de Iskra y del fracaso de las negociacio-
pág. 152
nes, sobre las que han escrito los camaradas Mártov y Starovier, no
hubiera tenido objeto alguno?]. . . En semejantes circunstancias tengo que
considerar como una mancha en mi reputación política* la conjetura de
algunos camaradas de que yo consentiría en trabajar en la redacción
reformada de esta manera. . ."
He citado con toda intención el texto completo de este
razonamiento, para que el lector pudiera ver el ejemplo y principio de lo que
llegó a espléndida floración después del Congreso y que no puede
llamarse de otro modo que querella. Ya he empleado esta expresión en
mi "Carta a la redacción de Iskra " y, a pesar del disgusto
de la redacción, me veo obligado a usarla de nuevo, porque su exactitud es
indiscutible. Se equivocan los que piensan que tales querellas suponen
"motivos bajos" (según la conclusión a que ha llegado la
redacción de la nueva Iskra ): todo revolucionario que conoz-
pág. 153 ca algo nuestras colonias de desterrados y emigrados ha visto, seguramente,
decenas de casos de semejantes querellas, en que se planteaban y se examinaban
hasta la saciedad las más absurdas acusaciones, sospechas, autoacusaciones,
"cuestiones personales", etc., querellas a las que daba lugar la
"excitación nerviosa" y unas condiciones de vida anormales,
viciadas. Ninguna persona razonable tratará de buscar a toda costa en
semejantes querellas motivos bajos, por bajas que sean sus
manifestaciones. Porque precisamente la "excitación nerviosa"
es lo único que puede explicar ese embrollado ovillo de absurdos, de
cuestiones personales, de fantásticos horrores, de pesquisas en conciencias
ajenas, de atormentadas ofensas e imputaciones que es el párrafo del discurso
del camarada Mártov que acabo de reproducir. Las condiciones de vida viciadas
engendran entre nosotros, a centenares, semejantes querellas, y un partido político
no sería merecedor de respeta si no supiera dar a la enfermedad que padece su
verdadero nombre, sentar un diagnóstico despiadado y buscar el medio de
curarse.
Por cuanto puede distinguirse en ese ovillo algo de
principios, se ha de llegar inevítablemente a la conclusión de que
"las elecciones no tenían nada de común con una ofensa inferida a la
reputación política", que "negar el derecho del Congreso a
realizar nuevas elecciones, a introducir cualquier modificación en el número
de funcionarios, a seleccionar los organismos a quienes otorga poderes"
significa embrollar la cuestión, y que "el punto de vista del
camarada Mártov referente a si era admisible el elegir parte del antiguo
organis mo, demostraba una enorme confusión de conceptos políticos "
(según dije en el Congreso, pág. 332)*.
pág. 154
Hago caso omiso de la observación "personal"
del camarada Mártov sobre la persona de quien partió el plan del trío y
paso a la característica "política" que dio del sentido que tiene
el hecho de no haber sido confirmada la antigua redacción: ". . . Lo que
acaba de suceder es el último acto de la lucha que se ha desarrollado a lo
largo de la segunda mitad del Congreso. . . [¡Muy bien! Y esa segunda mitad
empieza desde el momento en que Mártov, en lo tocante al artículo primero de
los estatutos, cae en el apretado abrazo del camarada Akímov]. . . Para nadie
es un secreto que en esta reforma no se trata de 'capacidad de trabajo', sino
de una lucha por la influencia sobre el C.C. . . ." [En primer lugar,
para nadie es un secreto que se trataba tanto de la ca pacidad de
trabajo, como de una divergencia por la composición personal del C.C.,
porque el plan de la "reforma" se propuso cuando aún no podía
ni hablarse de la segunda divergencia, ¡cuando, juntamente con el
camarada Mártov, elegimos como séptimo miembro de la redacción al camarada
Pavlóvich! En segundo lugar, ya hemos demostrado a base de datos documentales
que se trataba de la composición personal del C.C. y que, à fin
des fins la cosa se redujo a una diferencia de listas: Gliébov-Travinski-Popov
y Gliébov-Trotski-Popov]. . . "La mayoría de la redacción ha hecho ver
que no desea que el C.C. se convierta en un instrumento de la redacción. .
." [Empieza la canción de Akímov: el problema de la influencia, por la
que lucha toda mayoría en todo congreso de partido, siempre y en todas
partes, para consolidar esta influencia con la mayoría en los
organismos centrales, pasa al terreno del chisme oportunista con lo de
"instrumento" de la redacción, lo de "mero apéndice
" de la redacción, según dijo el mismo camarada Mártov un poco
después, pág. 334]. . . "Por este motivo ha sido necesario redu-
pág. 155
cir el número de miembros de la redacción [!!]. Y por eso mismo, no puedo
yo entrar a formar parte de semejante redacción. . ." [Fijaos bien en
este "por eso mismo": ¿cómo hubiera pódido la redacción
convertir al C.C. en apéndice o instrumento? ¿Tan sólo en el caso de
tener tres votos en el Consejo y de abusar de este predominio? ¿No está
claro? ¿Y no está igualmente bien claro que el camarada Mártov, elegido
como tercer miembro, siempre hubiera podido impedir cualquier abuso y
deshacer, con su solo voto, todo predominio de la redacción en el
Consejo? Por tanto, la cosa se reduce precisamente a la composición personal
del C.C., y al punto queda bien claro que lo del instrumento y el apéndice
son meros chismes ]. . . "Como la mayoría de la antigua redacción,
yo pensaba que el Congreso pondría término al "estado de sitio"
dentro del Partido y establecería en él un régimen normal. En la práctica,
el estado de sitio, con las leyes de excepción contra algunos grupos, se ha
prorrogado e incluso agudizado. Sólo con el conjunto de toda la antigua
redacción podemos garantizar que las facultades que los estatutos conceden a
la redacción no se utilizarán en perjuicio del Partido. . ."
Tal es el pasaje completo del discurso del camarada Mártov
en que lanzó por primera vez la tristemente célebre con signa del
"estado de sitio ". Y ahora ved mi contestación:
". . . Al corregir la declaración de Mártov sobre
el carácter particular de los dos trios, ni se me ocurre, sin embargo,
oponerme a lo que el mismo Mártov dice sobre la 'significación política'
del paso que hemos dado al no confirmar la antigua redacción. Por el
contrario, estoy plena e incondicionalmente de acuerdo con el camarada Mártov
en que este paso tiene gran importancia política, pero no en el sentido que
le atribuye Mártov. Según él dice, es un acto de la lucha por la influencia
sobre el C.C. en Rusia. Voy a ir más lejos que Mártov. Lucha por la
influencia ha sido hasta ahora toda la actuación de Iskra como grupo
particular, y
pág. 156
ahora se trata ya de algo más, de afirmar orgánicamente la influencia, y
no solo de luchar por ella. La profundidad de nuestra divergencia política
con el camarada Mártov sobre este punto se ve claramente cuando él me echa
en cara este deseo de influir sobre el C.C., mientras yo me precio de haber
procurado y de seguir procurando afirmar por la vía de organización, esta
influencia. Resulta que hasta hablamos lenguajes diferentes. ¿De qué
serviria todo nuestro trabajo, todos nuestros esfuerzos, si viniera a
coronarlos la misma vieja lucha por la influencia, y no la influencia
plenamente adquirida y afirmada? Si, el camarada Mártov tiene completa razón:
el paso dado es indudablemente un paso de gran importancia política, prueba
de que se ha elegido una de las tendencias que en la actualidad se han señalado
para el trabajo ulterior de nuestro Partido. Y a mí no me asustan lo más
minimo las terribles palabras de 'estado de sitio en el Partido', de
'leyes de excepción contra determinadas personas y grupos', etc.
Respecto a los elementos vacilantes y poco firmes, no sólo podemos, sino que
estamos obligados a declarar el 'estado de sitio', y todos los estatutos de
nuestro Partido, todo nuestro centralismo desde ahora ratificado por el
Congreso no es sino el 'estado de sitio' para tan numerosas fuentes de
vaguedad política. Y precisamente contra la vaguedad es contra lo que hacen
falta leyes especiales, aunque sean de excepción, y el paso dado por el
Congreso ha señalado con acierto la dirección política a seguir,
estableciendo una sólida base para tales leyes y tales medidas"[*]. He subrayado en este resumen de mi discurso en el
Congreso la frase que el camarada Mártov, en su "Estado de
sitio " (pág. 16) ha preferido omitir. No es de extrañar que
esta frase no le agradara y que no quisiera comprender sy claro sentido.
¿Qué significa la expresión "terribles
palabras", camarada Mártov?
Es una burla, una burla dirigida contra quien da
grandes nombres a cosas pequeñas, contra quien embrolla una cuestión
sencilla con verborrea pretenciosa.
El único hecho, pequeño y sencillo, que pudo
dar y dio motivo a la "excitación nerviosa" del camarada Mártov
consis-
pág. 157
tía exclusivamente en que el camarada Mártov había sido
derrotado en el Congreso en el problema de la composición personal de
los organismos centrales. La significación política de este sencillo
hecho se cifraba en que la mayoría del Congreso del Partido, habiendo
triunfado, afirmaba su influencia estableciendo igualmente la mayoría en la
dirección del Partido, sentando, en el terreno de la organización, una base
para la lucha, por medio de los estatutos, contra lo que esa mayoría
consideraba falta de firmeza, inestabilidad y vaguedad*. Hablar a este propósito,
con un semblante de horror, de una "lucha por la influencia" y
quejarse del "estado de sitio" no sería más que verborrea
pretenciosa, terribles palabras.
¿No está de acuerdo con esto el camarada Mártov? ¿Por
qué no intenta demostrarnos si ha habido en el mundo un congreso de partido,
si es posible en general un congreso de partido en que la mayoría no afirme
la influencia que ha conquistado: 1) estableciendo la misma mayoría en los
organismos centrales, 2) dándole poderes para neutralizar la falta de
firmeza, la inestabilidad y la vaguedad?
Antes de las elecciones, nuestro Congreso tenía que
resolver un problema: ¿era a la mayoría o a la minoría del Partido a quien
se debía reservar el tercio de los votos para el
pág. 158
C.C. y para el Organo Central? Los seis y la lista del camarada Mártov
significaban que el tercio nos correspondía a nosotros y los dos tercios a
sus partidarios. El trío para el Organo Central y nuestra lista significaban
que nosotros teníamos dos tercios y un tercio los partidarios del camarada Mártov.
El camarada Mártov se negó a llegar a un acuerdo con nosotros o a ceder y
nos llamó a combate, por escrito, ante el Congreso: ¡derrotado ante
ei Congreso, se echó a llorar y empezó a quejarse del "estado de
sitio"! ¿No es esto querella? ¿No es esto una nueva manifestación de
flojedad propia de intelectuales?
No podemos menos de recordar, con este motivo, la
brillante definición psicológico-social que hace poco ha dado C. Kautsky de
esta última cualidad. Los Partidos socialdemócratas de diversos países
tienen que padecer muchas veces, en la actualidad, las mismas enfermedades, y
nos es sumamente útil aprender de los camaradas que tienen más experiencia
el diagnóstico justo y el tratamiento acertado. Por ello, la característica
que C. Kautsky hace de ciertos intelectuales no nos apartará sino en
apariencia de nuestro tema.
". . . En el momento actual presenta de nuevo un
vivo interés para nosotros el problema del antagonismo entre los
intelectuales* y el proletariado. Mis colegas [el mismo Kautsky es
intelectual, literato y redactor] se indignarán en muchos casos al ver que yo
reconozco este antagonismo. Pero es que existe de hecho, y la táctica más
absurda (tanto aquí, como en otros casos) sería intentar deshacerse de él
negando un hecho. Este antagonismo es un antagonismo social, que se manifiesta
en las clases, y
pág. 159 no en individuos aislados. Lo mismo que un capitalista, un intelectual
puede, individualmente, incorporarse de lleno a la lucha de clase del
proletariado. Cuando esto sucede, el intelectual cambia asimismo de carácter.
En lo que sigue no trataré, principalmente, de este tipo de
intelectuales, que siguen constituyeqdo aún excepciones en su clase. En lo
que sigue, cuando no hay una advertencia especial en contra, no entiendo
por intelectual sino al intelectual común, que se coloca en el terreno
de la sociedad burguesa, representante característico de la clase
intelectual. Esta clase se mantiene en cierto antagonismo
respecto al proletariado. pág. 160
. . . La filosofía de Nietzsche, con su culto del
superhombre, para el que todo se reduce a asegurarse el pleno desarrollo de su
propia personalidad, al que parece vil y despreciable toda sumisión de su
persona a cualquier gran fin social, esta filosofía es la verdadera concepción
del mundo del intelectual, que le inutiliza en absoluto para tomar parte en la
lucha de clase del proletariado. Y precisamente uno de estos lloriqueos blandengues de
intelectual en minoría, y nada más, fue la renuncia de Mártov
pág. 160
y sus colegas al cargo, sólo porque no se había aprobado eí antiguo círculo:
y lo mismo puede decirse de las lamentaciones sobre el estado de sitio y las
leyes de excepción "contra determinados grupos", que a Mártov no
le merecieron aprecio cuando se disolvieron los grupos "Iuzhni
Rabochi" y "Rabócheie Dielo", pero por los que cobró gran
estima cuando se disolvió su organización.
Y nada más que lloriqueo blandengue de intelectuales en
minoría fue todo ese sinfín de quejas, recriminaciones, alusiones,
acusaciones, chismes e insinuaciones sobre la "compacta mayoría"
que, como un río, inundaron todo nuestro Congreso del Partido[ La minoría se quejaba amargamente de que la compacta
mayoría tuviera sus reuniones privadas: de algún modo, en verdad, tenía que
encubrir la minoría la desagradable realidad de que los delegados que ella
invitaba a sus reuniones particulares se negaban a concurrir a ellas, y los
que hubieran ido con gusto (los Iegórov, los Májov, los Brúker) no podían
ser invitados por la minoría después de toda la lucha entre unos y otros en
el Congreso.
Se quejaban amargamente de la "falsa acusación de
oportunismo": de algún modo, en verdad, tenían que encubrir la
desagradable realidad de que precisamente los oportunistas, que con
mucha más frecuencia seguían a los antiiskristas, y en parte, estos mismos
antiiskristas formaban la compacta minoría y se aferraban obstinadamente al
mantenimiento del espíritu de círculo en los organismos, del oportunismo en
los razonamientos, del espíritu filisteo en los asuntos de parti-
pág. 162
do, de la falta de firmeza y de la blandenguería propia de intelectuales.
En el apartado siguiente veremos qué es lo que
explicaba el interesantísimo hecho político de que, al final del
Congreso, se formara una "compacta mayoría" y de que la minoría, a
pesar de las repetidas invitaciones, tuviera tal empeño en dejar a un lado
el problema de las causas y la historia de su formación. Pero
vamos primero a terminar el análisis de los debates en el Congreso.
Durante las elecciones para el C.C., el camarada Mártov
propuso una resolución extraordinariamente característica (pág. 336) cuyos
tres rasgos fundamentales he llamado yo algunas veces "mate en tres
jugadas". He aquí estos rasgos: 1) se votan listas de candidatos
para el C.C. y no candidaturas individuales; 2) después de leídas las listas
se dejan pasar dos sesiones (por lo visto, para discutirlas); 3) no habiendo
mayoría absoluta, la segunda votación se declara definitiva. Esta resolución
es de una estrategia admirablemente medita da (¡también al adversario hay
que hacerle justicia!), con la que no está de acuerdo el camarada Iegórov (pág.
337), pero que seguramente hubiera dado un completo triunfo a Mártov, si
el grupo de los siete formado por los bundistas y los partidarios de "Rabócheie
Dielo" no se hubieran retirado del Congreso. La estrategia se explica
precisamente porque no había ni podía "acuerdo directo" de
la minoría iskrista (como la había de la mayoría iskrista) no sólo con el
Bund y con Brúker, sino ni siquiera con camaradas como los legórov y los
Májov.
Recordad que el camarada Mártov se dolió en el
Congreso de la Liga de que la "falsa acusación de oportunismo"
supusiera un acuerdo directo entre él y el Bund. Repito que fue el miedo lo
que inspiró al camarada Mártov esa idea, y
pág. 163
precisamente el no estar conforme el camdrada Iegórov con la votación
de las listas (el camarada Iegórov "no había perdido aún sus
principios", probablemente los principios que le llevaron a unirse a
Goldblat en la apreciación del valor absoluto de las garantías democráticas)
derriuestra de un modo evidente qué enorme importancia tiene el hecho
de que no se pudiera ni hablar de "acuerdo directo" ni aún con
Iegórov. Pero podía haber y había coalición tanto con Iegórov
como con Brúker, coalición en el sentido de que los martovistas tenían
asegurado su apoyo cada vez que surgía un conflicto serio entre los
martovistas y nosotros, y cuando Akímov y sus amigos tenían que escoger el
mal menor. No cabía ni cabe la menor duda de que, como mal menor,
como lo que menos convenía a los fines iskristas (v. el discurso de Akímov
sobre el artículo primero y sus "esperanzas" en Mártov), los
camaradas Akímov y Líber hubieran elegido, desde luego, tanto
a los seis para el Organo Central, como la lista de Mártov para el
C.C. La votación por listas, el dejar pasar las dos sesiones y la nueva
votación tenían precisamente por objeto conseguir este resultado con precisión
casi mecánica, sin ningún acuerdo directo.
Pero como nuestra compacta mayoría seguía siendo mayoría
compacta, el rodeo del camarada Mártov no era sino un entorpecimiento y
nosotros no pudimos menos de rechazarlo. La minoría, por escrito (en una
declaración, pág. 341), desahogó sus quejas y, siguiendo el ejemplo de
Martínov y Akímov, se negó a votar y a tomar parte en las
elecciones para el C.C. "en vista de las condiciones en que se
celebraban". Después del Congreso, estas quejas sobre las condiciones
anormales de las elecciones (v. "El estado de sitio", pág. 31) se
derramaron a diestro y siniestro ante centenares de coma tres del Partido.
Pero, ¿en qué consistía la anormalidad?
pág. 164 ¿En la votación seSreta, prevista ya de antemano por el reglamento del
Congreso (apart. 6, pág. 11 de las actas) y en la que era ridículo ver
"hipocresía" o "injusticia"? ¿En la formación de una
mayoría compacta, "monstruosa" para los intelectuales dados al
lloriqueo? ¿O en el anormal deseo de estos respetables intelectuales
de faltar a la palabra de reconocer todas las elecciones del Congreso,
palabra que ellos habían empeñado ante el mismo Congreso (pág. 380, artículo
8 de los estatutos del Congreso)?
El camarada Popov hizo una fina alusión a este
deseo cuando, el día de las elecciones, preguntó directamente en el
Congreso: "¿Está seguro el Buró de que la decisión del Congreso es
legítima y válida cuando la mitad de los participantes en él se han negado
a votar?"*. El Buró, naturalmente, contestó que estaba seguro y recordó
el incidente con los camaradas Akímov y Martínov. El camarada Mártov se
adhirió al Buró y declaró terminantemente que el camarada Popov se
equivocaba y que "las decisiones del Congreso son legítimas "
(pág. 343). El lector puede juzgar por sí mismo de la consecuencia política
-- por lo visto, altamente normal -- que resulta al confrontar semejante
declaración ante el Partido con la conducta seguida después del Congreso
y con la frase de "El estado de sitio" sobre "la sublevación
de la mitad del Partido, que había empezado ya en el Congreso "
(pág. 20). Las esperanzas que en el camárada Mártov cifraba el camarada Akímov
resultaron ser más fuertes que las pasajeras buenas intenciones del mismo Mártov.
pág. 165
¡"Venciste ", camarada Akímov!
Algunos detalles del final del Congreso, de aquel
final que tuvo lugar después de las elecciones, detalles aparentemente
menudos, pero que, en el fondo, son muy importantes, pueden servirnos para
comprender hasta qué punto era "terrible palabra" la tristemente célebre
frase del "estado de sitio", que ha adquirido ya para siempre un
sentido tragicómico. El camarada Mártov anda ahora por todas partes hablando
de ese tragicómico "estado de sitio", afirmando muy en serio, a sí
mismo y al lector, que ese espantajo inventado por él significaba una
persecución anormal, un acoso, un atropello de la "minoría" por la
"mayoría". En seguida vamos a ver lo que sucedió después
del Congreso. Pero básta fijarse in cluso en el final del Congreso para ver
que, después de las elecciones, no sólo no persigue la "compacta
mayoría" a los pobrecitos martovistas, atropellados, ofendidos y
llevados al patíbulo, sino que, al contrario, les ofrece (por boca de
Liádov) ella misma dos puestos, de tres, en la comisión de
actas (pág. 354). Fijáos en las resoluciones sobre problemas de táctica y
sobre otros puntos (pág. 355 y siguientes) y veréis que fueron discutidos en
sí mismos de un modo puramente oficial y que las firmas de los camaradas que
proponían resoluciones corresponden muchas veces alternativamente tanto a
representantes de la monstruosa y compacta "mayoría", como a
partidarios de la "humillada y ofendida" "minoría" (págs.
355, 357, 363, 36S, 367 de las actas). ¿Verdad que se parece esto mucho a un
"apartamiento del trabajo" y a todos los demás
"atropellos"?
pág. 166
La única discusión de fondo interesante, pero por
desgracia demasiado breve, surgió con motivo de la resolución de Starovier
sobre los liberales. El Congreso la aprobó, pág. 167
resueltamente al lado de la socialdemocracia de Rusia". ¿En qué
consiste la diferencia existente entre las tendencias liberales y las
tendencias democrático-liberales? La resolución no contiene dato alguno que
permita contestar a esta pregunta ¿No consistirá la diferencia en que las
tendencias liberales expresan la posición de las capas de la burguesía políticamente
menos progresivas, mientras que las tendencias democrático-liberales expresan
la posición de las capas más progresivas de la burguesía y de la pequeña
burguesía? Si es así ¿¿acaso el camarada Starovier considera posible que
las capas menos progresivas (pero, no obstante, progresivas, porque de otro
modo no cabría hablar de liberalismo) de la burguesía "se pondrán
resueltamente al lado de la socialdemocracia"?? Esto es un absurdo, y aun
cuando los representantes de semejante tendencia "lo dijeran de un
modo claro e inequívoco " (hipótesis absolutamente imposible),
nosotros, Partido del proletariado, estaríamos obligados a no dar crédito
a sus declaraciones. Ser liberal y ponerse resueltamente al lado de la
socialdemocracia son cosas que se excluyen mutuamente.
Y aún más. Supongamos el caso de que las
"tendencias liberales o democrático-liberales" declaren de un modo
claro e inequívoco que, en su lucha contra la autocracia, se ponen
resueltamente al lado de los socialrevolucionarios. Esta hipótesis es
mucho menos inverosímil que la del camarada Starovier (en virtud del fondo
democrático-burgués de la tendencia de los socialrevolucionarios). Por el
sentido de su resolución, en virtud de su vaguedad y carácter casuístico,
resulta que en tal caso no son admisibles acuerdos temporales con
semejantes liberales. Y, sin embargo, esta consecuencia inevitable de la
resolución del camarada Starovier lleva a una tesis francamente falsa.
Los acuerdos temporales son
pág. 168
también admisibles con los socialrevolucionarios (v. la resolución del
Congreso sobre ellos), y, por consiguiente, con los Iiberales que se
pusieran al lado dé los socialrevolucionarios.
Segunda condición: si dichas tendencias "no
incluyen en sus programas reivindicaciones que estén en pugna con los
intereses de la clase obrera y de la democracia en general, o reivindicaciones
que oscurezcan su conciencia". Se repite el mismo error: no ha habido ni
puede haber tendencias democrático-liberales que no incluyan en sus programas
reivindicaciones que no estén en pugna con los intereses de la clase obrera y
no oscurezcan su conciencia (la conciencia del proletariado) Incluso una de
las fracciones más democráticas de nuestra tendencia democrático-liberal,
la fracción de los socialrevolucionarios, tiene en su programa, embrollado,
como todos los programas liberales, reivindicaciones que están en pugna con
los intereses de la clase obrera y que oscurecen su conciencia. De este hecho
hay que deducir que es imprescindible "desenmascarar la estrechez
e insuficiencia del movimiento de liberación de la burguesía", pero en
modo alguno que sean inadmisibles los acuerdos temporales.
Por último, también la tercera "condición"
del camarada Starovier (que los demócratas-liberales hagan consigna de su
lucha el derecho al sufragio universal, igual, secreto y directo) es falsa
en la forma general que se le ha dado: no sería razonable, en caso
alguno, declarar inadmisibles acuerdos temporales y particulares con las
tendencias democrático-liberales que propugnaran la consigna de una
constitución limitada por los censos, una constitución "menguada"
en general. En el fondo, precisamente a este caso correspondería la
"tendencia" de los señores del grupo "Osvobozhdenie",
pero sería miopía política, incompatible con los principios del marxismo,
atarse las manos, prohibiendo de antemano los
pág. 169
"acuerdos temporales" aunque fuera con los liberales más tímidos.
En resumen: la resolución del camarada Starovier,
firmada también por los camaradas Mártov y Axelrod, es equivocada, y
el III Congreso procederá de un modo razonable en caso de abolirla. Adolece
de vaguedad política en su posición teórica y táctica, de casuística
en las "condiciones" prácticas que exige. Confunde dos
cuestiones distintas : 1) el desenmascaramiento de los rasgos
"antirrevolucionarios y antiproletarios" de toda tendencia
democrático-liberal y la necesidad de luchar contra estos rasgos, y 2)
las condiciones para los acuerdos temporales y particulares con
cualquiera de dichas tendencias. No da lo que es preciso dar (un análisis del
contenido de clase del liberalismo) y da lo que no es necesario (prescripción
de "condiciones"). En un congreso de partido es, en general, absurdo
establecer "condiciones" concretas para acuerdos temporales, cuando
no se ha presentado todavía ningún contratante determinado -- sujeto del
posible acuerdo. Y aunque existiera tal "contratante" sería cien
veces más racional dejar que fueran los organismos centrales del Partido
quienes establecieran las "condiciones" del acuerdo temporal, como
lo ha hecho el Congreso en lo que se refiere a la "tendencia" de los
señores socialrevolucionarios (v. la modificación introducida por Plejánov
al final de la resolución del camarada Axelrod, págs. 362 y 15 de las
actas).
Por lo que se refiere a las objeciones de la "minoría"
contra la resolución de Plejánov, el único argumento del camarada Mártov
decía: la resolución de Plejánov "termina por un argumento mísero:
hay que desenmascarar a un hombre de letras. ¿No será eso 'atacar a una
mosca con un mazo'?" (pág. 358). Este argumento, en el que la ausencia
de ideas se disfraza con la mordaz expresión de "mísero
argumento", nos
pág. 170 proporciona un nuevo modelo de frases pretenciosas. En primer lugar, la
resolución de Plejánov habla de "desenmascarar ante el proletariado la
estrechez y la insuficiencia del movimiento de liberación de la burguesía en
todos los puntos en que se manifiesten esa estrechez y esa
insuficiencia". De aquí que sea la más simple de las tonterías la
afirmación del camarada Mártov (en el Congreso de la Liga, pág. 88 de las
actas) de que "toda la atención debe concentrarse únicamente en Struve,
en un solo liberal". En segundo lugar, comparar al señor Struve con una
"mosca", cuando se trata de la posibilidad de acuerdos temporales
con los liberales rusos, es sacrificar a la mordacidad algo que es de
elemental evidencia política. No, el señor Struve no es una mosca, sino una
magnitud política, y no es una magnitud por ser personalmente una figura muy
destacada. El valor de magnitud política se lo da su posición, su posición
de único representante del liberalismo ruso, del liberalismo con cierta
organización y capacidad de actuar, en el mundo de la clandestinidad. Por
eso, hablar de los liberales rusos y de la actitud de nuestro Partido respecto
a ellos y no tener en cuenta precisamente al señor Struve, precisamente a
"Osvobozhdenie", es hablar por hablar. ¿O quizás probará el
camarada Mártov a indicarnos aunque sea una sola "tendencia liberal o
democrático-liberal", en Rusia, que pueda compararse, aunque sea de
lejos, en el momento actual, con la tendencia de "Osvobozhdenie"? ¡Sería
curioso ver semejante tentativa!*
pág. 171
"Nada significa el nombre de Struve para los
obreros", decía el camarada Kostrov en apoyo del camarada Mártov.
Esto, dicho sea sin molestar al camarada Kostrov ni al camarada Mártov, es un
argumento a lo Akímov. Como lo del proletariado en caso genitivo[14].
¿Para qué obreros "no significa nada el nombre de
Struve" (y el nombre de "Osvobozhdenie", citado en la resolución
del camarada Plejánov junto al nombre del señor Struve)? Para los obreros
que conocen muy poco o no conocen en absoluto las "tendencias liberales y
democrático-liberales" de Rusia Cabe preguntar ¿en qué debe consistir
la actitud del Congreso de nuestro Partido para con semejantes obreros: en
encargar a los miembros del Partido que les hagan conocer a estos obreros la
única tendencia definitivamente liberal que existe en Rusia, o en callar
un nombre poco conocido de los obreros precisamente porque ellos entienden
poco de política? Si el camarada Kostrov, después de dar el primer paso tras
pág. 172
el camarada Akímov, no quiere dar el segundo, resoIverá seguramente este
dilema decidiéndose por lo primero. Y en cuanto lo haya resuelto en este
primer sentido verá cuán inconsistente era su argumento. En todo caso,
las palabras "Struve" y "Osvobozhdenie", de la resolución
de Plejánov, pueden dar a los obreros mucho más que las palabras
"tendencia liberal y democrático-liberal" de la resolución de
Starovier.
Sólo por "Osvobozhdenie" puede conocer en la
práctica el obrero ruso, en el momento actual, las tendencias políticas un
poco precisas de nuestro liberalismo. Las publicaciones liberales de carácter
legal no sirven en este caso, precisamente por su nebulosidad Y nosotros, con
el mayor celo (y ante masas obreras lo más amplias posible), debemos dirigir
el arma de nuestra crítica contra los elementos de "Osvobozhdenie",
para que, en el momento de la revolución que se avecina, el proletariado ruso
sepa parar con la verdadera crítica de las armas las inevitables tentativas
de los señores de "Osvobozhdenie" por cercenar el carácter democrático
de la revolución.
Fuera de la "perplejidad" del camarada Iegórov
con respecto al "apoyo" que hayamos de prestar al movimiento
oposicionista y revolucionario, "perplejidad" que he referido más
arriba, la discusión sobre las resoluciones no dio material interesante, y en
general casi no hubo discusión.
Terminó el Congreso con unas palabras del presidente,
en las que se recordó brevemente que las decisiones adoptadas en el Congreso
eran obligatorias para todos los miembros del Partido.
pág. 173
Termínado el análisis de las deliberaciones y votaciones
del Congreso, debemos hacer ahora el resumen, para, fundándonos en todos
los materiales que proporciona el Congreso, contestar a la pregunta siguiente:
¿cuáles fueron los elementos, grupos y matices que formaron, en definitiva, la
mayoría y la minoría que vimos en las elecciones y que estaban destinadas a
constituir durante cierto tiempo la división fundamental de nuestro Partido? Es
necesario hacer un resumen de todos los datos sobre matices de principios, de
teoría y de táctica que ofrecen en tanta abundancia las actas del Congreso.
Sin este "resumen" general, sin un cuadro general de todo el Congreso
y de todos los agrupamientos más importantes en las votaciones, estos
materiales quedarán demasiado fragmentados, dispersos, pareciendo, a primera
vista, que los diversos agrupamientos son obra de la casualidad, sobre todo para
quien no se tome la molestia de estudiar personalmente y en todos sus
aspectos las actas del Congreso (¿serán muchos los lectores que se hayan
tomado tal molestia?)
En los diarios de sesiones del Parlamento de Inglaterra se
encuentra con frecuencia la típica palabra división. La Cámara
"se ha dividido" en tal mayoría y tal minoría, se
pág. 174
dice hablando de la votación de un asunto determinado. La "división"
de nuestra cámara socialdemócrata, en las diversas cuestiones tratadas en el
Congreso, nos proporciona un cuadro, único en su género, insustituible
por lo completo y exacto, de la lucha interna que se desarrolla en el
Partido, un cuadro de sus matices y grupos. Para dar relieve a este cuadro, para
que sea un verdadero cuadro y no un amontonamiento de hechos y pequeños
hechos sin ilación, fragmentados y aislados, para poner término a las
discusiones, sin fin y sin sentido, sobre las diversas votaciones (de quién votó
a quién y quién apoyó a quién), he decidido intentar representar todos
los tipos fundamentales de "división" en nuestro Congreso en
forma de diagrama. Semejante procedimiento parecerá, se guramente, extraño
a muchos, pero yo dudo de que pueda encontrarse otra forma de exposición que en
efecto sintetice y formule los resultados, que sea más completa y más exacta.
En las votaciones nominales se puede determinar con absoluta exactitud si este o
el otro delegado ha votado a favor o en contra de determinada proposición; y en
algunas votaciones importantes no nominales se ptlede determinar esto, por me
dio de las actas, con gran aproximación a la verdad. Si al hacerlo se tienen en
cuenta todas las votaciones nominales y no nominales en las que se
trataba de puntos de alguna importancia (a juzgar, por ejemplo, por lo detallado
y apasionado de las discusiones), obtendremos un esquema de la lucha interna de
nuestro Partido, esquema que tendrá la máxima objetividad que es posible
alcanzar con los materiales de que disponemos. Al hacerlo, en lugar de dar un
esquema fotográfico, es decir, en lugar de dar cada votación por separado,
procuraremos trazar un cuadro, es decir, presentar todos los tipos
principales de votaciones, pasando por alto las diferen-
pág. 175
cias y variedades que relativamente carecen de importancia y que sólo podrían
enredar las cosas. En todo caso, cualquiera podrá, a base de las actas,
comprobar cada trazo de nuestro cuadro, completarlo con cualquier votación
aislada y, en una palabra, someterlo a crítica, no sólo con consideraciones,
dudas e indicaciones sobre casos aislados, sino trazando otro cuadro a
base de los mismos materiales.
Al hacer figurar en el diagrama cada uno de los delegados
que tomaron parte en las votaciones, representaremos gráficamente, de un modo
distinto, los cuatro grupos fundamentales que hemos ido siguiendo minuciosamente
en el transcurso de todos los debates del Congreso, a saber: 1) iskristas de la
mayoría; 2) iskristás de la minoría; 3) "centro", y 4)
antiiskristas. En multitud de ejemplos hemos visto la diferencia de
matices de principios existente entre estos grupos, y si a al guien le disgustan
los nombres que les hemos dado, por recordar excesivamente a los
aficionados al zig-zag la organización de Iskra y la tendencia de Iskra,
les haremos observar que no se trata de nombres. Ahora, cuando ya hemos seguido
los matices en todos los debates del Congreso, pueden sustituirse fácilmente
los nombres ya establecidos y habituales en el Partido (pero que hieren ciertos
oídos) por la característica de la esencia del matiz de cada grupo. Al
hacerlo, obtendremos los siguientes nombres para los cuatro grupos: 1) socialdemócratas
revolucionarios consecuentes; 2) pequeños oportunistas; 3) medianos
oportunistas y 4) grandes oportunistas (grandes medidas por la escala rusa).
Esperemos que estos nombres causarán menos extrañeza a los que desde hace
cierto tiempo han empezadD a decir, para sí y para los demás, que
"iskrista" es un nombre que sólo comprende un "círculo". y
no una tendencia.
pág. 176
Pasemos a exponer en detalle qué tipos de votaciones
"fotografía" el diagrama adjunto (v. el diagrama "Cuadro general
de la lucha en el Congreso").
pág. 177
El primer tipo de votaciones (A) comprende los casos en
que a los iskristas se unió el "centro", contra los antiiskristas o
contra una parte de éstos. Pertenecen a este tipo la votación del programa en
su conjunto (el camarada Akímov fue el único que se abstuvo, los demás
votaron a favor), la votación de la resolución de principio contra la federación
(todos a favor, menos los cinco bundistas), la votación del artículo segundo
de los estatutos del Bund (votaron contra nosotros los cinco bundistas, y hubo
cinco abstenciones: Martínov, Akímov, Brúker y Májov con dos votos, y los
demás con nosotros): esta votácíón es la representada en el diagrama A.
Del mismo tipo fueron luego las tres votaciones sobre la confirmación de
Iskra como órgano central del Partido; la redacción (cinco votos) se
abstuvo, votaron en contra en las tres votaciones dos personas (Akímov y Brúker)
y, además, al votarse los motivos de confirmación de Iskra, se
abstuvieron los cinco bundistas y el camarada Martínov*.
El tipo de votación que acabamos de examinar contesta a
una pregunta de extraordinario interés e importancia: ¿cuándo votó con los
iskristas el "centro" del Congreso? Cuando, con contadas excepciones, estaban
también con nosotros los antiiskristas (aprobación del programa,
confirmación de Iskra prescindiendo de~motivos), o cuando se trataba de declaraciones
que no obligan aún directamente a determinada posición política (reconocer el
trabajo de organización de Iskra no
pág. 178 obliga aún a llevar a la práctica su política de organización en cuanto a
los grupos particulares; rechazar la federación no impide aún abstenerse
cuando se trata de un proyecto concreto de federación, como vimos en el ejemplo
del camarada Májov). Ya hemos visto más arriba, al hablar de la significación
de los agrupamientos en el Congreso, en general, cuán inexactamente se enfoca
este problema en la exposición oficial de la Iskra oficial, que (por
boca del camarada Mártov) borra y vela la diferencia entre iskristas y
"centro", entre los socialdemócratas revolucionarios consécuentes y
los oportunistas, ¡aludiendo a los casos en que también los antiiskristas
fueron con nosotros! Incluso los más "derechistas" de los
oportunistas alemanes y franceses en los partidos socialdemócratas no votan en
contra sobre puntos como el reconocimiento del prográma en su conjunto.
El segundo tipo de votaciones (B) comprende los casos en
que los iskristas, consecuentes e inconsecuentes, se unieron contra todos los
antiiskristas y todo el "centro". Corresponden estos casos,
principalmente, a las cuestiones en que se trataba de aplicar los planes
concretos y determinados de la política iskrista, cuando se trataba de
reconocer a Iskra en la práctica y no sólo de palabra. A este grupo
pertenece el incidente con el Comité de Organización *, la prelación
del asunto relativo a la situación del Bund en el Partido, la diso-
pág. 179
lución del grupo "Iuzhni Rabochi", las dos votaciones sobre el
programa agrario y, por último, en sexto lugar, la votación contra la Unión
de socialdemócratas rusos en el extranjero ("Rabócheie Dielo"), es
decir, el reconocimiento de la Liga como única organización del Partido en el
extranjero. El viejo espíritu de círculos, anterior a la formación del
Partido, los intereses de organizaciones o grupitos oportunistas y una concepción
restringida del marxismo luchaban allí con la política, firme y consecuente en
los principios, de la socialdemocracia revolucionaria; los iskristas de la minoría
estuvieron todavía a nuestro lado en toda una serie de casos, en toda una serie
de votaciones de la máxima importancia (desde el punto de vista del Comité de
Organización, de "Iuzhni Rabochi" y de "Rabócheie Dielo").
. . , mientras no se trató de su propio espíritu de círculos, de su propia
inconsecuencia. Las "divisiones", en el tipo de votaciones que
examinamos, demuestran de un modo evidente que en una serie de cuestiones
concernientes a la aplicación de nuestros principios, el centro estaba al
lado de los antiiskristas, resultaba mucho más próximo a ellos que a
nosotros, mucho más inclinado de hecho hacia el ala oportunista
que hacia el ala revolucionaria de la socialdemocracia.
"Iskristas" de nombre, con verguenza de serlo, ponían
al desnudo su naturaleza, y la inevitable lucha provocaba no poca irritación
que ocultaba a los espíritus menos reflexivos y más impresionables el sentido
de los matices de principio que se revelaban en esa lucha. Pero ahora, cuando se
ha calmado algo el ardor de la lucha y han quedado las actas como extracto
objetivo de una serie de encarnizadas
pág. 180
batallas, ahora, sólo quien cierre los ojos puede dejar de ver que no era ni
podía ser casualidad la unión de los Májov y Iegórov con los Akímov y los Líber.
A Mártov y Axelrod no les queda sino esquivar el análisis completo y minucioso
de las actas o intentar, con fecha atrasada, modificar su conducta en el
Congreso con toda clase de expresiones de arrepentimiento. ¡Como si con
el arrepentimiento pudiera suprimirse la diferencia de opiniones y la diferencia
de política! Y como si la actual alianza de Mártov y Axelrod con Akímov, Brúker
y Martínov pudiera hacer que nuestro Partido, restaurado en el II Congreso,
olvide la lucha que los iskristas sostuvieron contra los antiiskristas durante
casi todo el Congreso.
El tercer tipo de votaciones del Congreso, que comprende
las tres últimas partes del diagrama, de cinco (a saber: C, D y E), se
caracteriza por el hecho de que una pequeña parte de los iskristas se separa
y pasa al lado de los antiiskristas, que por ello mismo vencen (mientras
permanecen en el Congreso). Para seguir con plena exactitud el desarrollo de
esta célebre coalición de la minoría iskrista con los antiiskristas,
cuya sola mención inducía a Mártov a histéricos mensajes en el Congreso,
citamos los tres tipos fundamentales de votaciones nominales de esta
clase. C, es la votación sobre la igualdad de derechos de las lenguas
(tomando la tercera de las votaciones nominales sobre este punto, por ser la más
completa). Todos los antiiskristas y todo el centro se levantan como una muralla
contra nosotros, y de los iskristas se separa una parte de la mayoría y una
parte de la minoría. No puede verse aún qué iskristas son capaces de una
coalición sólida y definitiva con la "derecha" oportunista del
Congreso. Sigue la votación de tipo D, sobre el artículo primero de
los estatutos (de las dos votaciones hemos tomado la más definida, es decir, la
votación en que nadie se abstuvo). La coalición adquiere contor-
pág. 181
nos de mayor relieve y se hace más sólida [ pág. 182
Hagamos ahora un resumen del Congreso, basándonos en
datos objetivos sobre ]as votaciones de todo tipo.
Mucho se ha hablado del carácter "casual" de la
mayoría de nuestro Congreso. Ese fue el único argumento con que se consolaba
el camarada Mártov en su "De nuevo en minoría". El diagrama muestra
claramente que en un sentido, pero sólo en uno, puede considerarse que
la mayoría fuera obra de la casualidad, a saber: en el sentido de que puede
decirse que los siete elementos más oportunistas de la "derecha "
se retiraron por casualidad. En lo que tenga de casual esta retira da
(nada más que en eso) es también obra de la casualidad nuestra mayoría. Mejor
que largos razonamientos, una simple ojeada al diagrama demuestra al lado de quién
hubiera estado y debiera haber estado el grupo de los siete*. ¿Pero,
cabe preguntar, hasta qué punto puede considerarse la retirada de estos siete
como obra de la casualidad? Esto es cosa que no gustan de preguntarse los
aficionados a hablar de la "casualidad" de la mayoría. Les molesta
esa pregunta. ¿Es casualidad que se retiraran los más acérrimos
representantes del ala derecha de nuestro Partido, y no del ala izquierda?
¿Es casualidad que se retíraran los oportunistas y no los socialdemócratas
revolucionarios consecuentes? ¿No guardará esta retirada
"casual" cierta relación con la lucha contra el ala oportunista, que
se sostuvo durante todo el Congreso y que con tanta evidencia se señala en
nuestro diagrama?
pág. 183
Basta formular estas preguntas, desagradables para la
minoría, para aclararnos cuál es el hecho que se oculta tras las
habladurías sobre el carácter casual de la mayoría Es un hecho indudable e
indiscutible que la minoría estaba formada por los miembros de nuestro
Partido más indinados al oportunismo. Constituyeron la minoría los
elementos del Partido menos firmes desde el punto de vista teórico, menos
consecuentes en el terreno de los principios. Formó la minoría
precisamente el ala derecha del Partido. La división en mayoría y minoría
es continuación Este hecho tiene cardinal importancia para explicar los
motivos y las peripecias de las divergencias. Tratar de eludir este
hecho, negando o disimulando la lucha que tuvo lugar en el Congreso y los
matices de principios que en ella se señalaron, significa firmarse a uno mismo
el certificado de la más completa pobreza mental y política. Y para refutar
ese hecho, hay que demostrar, en primer lugar, que el cuadro general de
las votaciones y "divisiones" en el Congreso de nuestro Partido no es
como yo lo he expuesto; en segundo lugar, hay que demostrar que, en el
fondo de todas las cuestiones por las que "se dividió" el
Congreso, estaban equivocados los socialdemócratas revolucionarios más
consecuentes, que llevan en Rusia el nombre de iskristas*. ¡Probad a demostrar
esto, señores!
pág. 184
El hecho de que formaran la minoría los elementos más
oportunistas, menos firmes y menos consecuentes del Partido, contesta, entre
otros, a muchas dudas y a objeciones que dirigen a la mayoría gentes que
conocen poco el asunto o no han pensado bastante en la cuestión. ¿No es
mezquino, se nos dice, explicar la divergencia por un pequeño error del
camarada Mártov y del camarada Axelrod? Sí, señores, el error del camarada Mártov
fue pequeño (y yo lo señalé ya en el Congreso, en el ardor de la lucha), pero
de ese pequeño error podía resultar (y resultó ) un gran daño,
porque al camarada Mártov lo arrastraron a su lado delegados que habían
cometido toda una serie de errores, que habían demostrado en toda una
serie de cuestiones su inclinación hacia el oportunismo y su inconsecuencia en
el terreno de los principios. Hecho individual y sin importancia fue el de
mostrar inconsecuencia, por parte del camarada Mártov y del camarada Axelrod;
pero no fue ya hecho individual, sino de partido y no por completo privado de
importancia, la formación de una minoría muy significativa de todos
los elementos menos firmes, de todos aquellos que no reconocian en
absoluto la tendencia de Iskra y luchaban francamente contra ella o la
reconocían
pág. 185
de palabra, mientras que de hecho iban constantemente con los antiiskristas.
¿No es ridículo explicar la divergencia por el
predominio del viejo espíritu rutinario de círculos y de la mentalidad
revolucionaria pequeñoburguesa en el pequeño círculo de la vieja redacción
de Iskra ? No, no es ridículo, porque en apoyo de ese espíritu
de círculos individual se levantó todo lo que en nuestro Partido,
durante todo el Congreso, había luchado por el espíritu de círculos en
todas sus formas, todo lo que en general no había podido elevarse
por encima de la mentalidad revolucionaria pequeñoburguesa, todo lo que
invocaba el carácter "histórico" del mal de la mentalidad pequeñoburguesa
y del mal de los círculos para justificar y mantener ese mal. Aún podría
considerarse, quiza, como casualidad el hecho de que los intereses estrictamente
de círculo triunfaran sobre el espíritu de partido en el pequeño círculo de
la redacción de Iskra ; pero no fue una casualidad el hecho de que se
levantaran en espesa muralla para defender ese espíritu de círculos los Akímov
y Brúker, que tenían en igual aprecio (si no en más) la
"continuidad histórica" del célebre Comité de Vorónezh y de la
famosa "Organización Obrera" de Petersburgo[16],
que se levantaran los camaradas Iegórov, llorando el "asesinato" de
"Rabócheie Dielo" tan amargamente (si no más) como el
"asesinato" de la vieja redacción, que se levantaran los camaradas Májov,
etc., etc. Dime con quién andas y te diré quién eres, dice la sabiduría
popular. Dime quién es tu aliado político, quién vota por ti y te diré cuál
es tu fisonomía política.
El pequeño error del camarada Mártov y del camarada
Axelrod siguió y podía seguir siendo pequeño mientras no sirvió de
punto de partida para una firme alianza entre ellos y toda el ala
oportunista de nuestro Partido; mientras, en vir-
pág. 186
tud de esta alianza, no condujo a una reincidencia del oportunismo, a
un desquite de todos aquellos contra quienes luchaba Iskra y que,
con inmenso gozo, estaban dispuestos a desahogar toda su rabia en los
partidarios consecuentes de la socialdemocracia revolucionaria. Lo ocurrido
después del Congreso ha conducido precisamente a que, en la nueva Iskra,
veamos justamente una reincidencia del oportunismo, el desquite de los Akímov y
Brúker (v. Ia hoja del Comité de Vorónezh)[*],
el entusiasmo de los Martínov, que por fin (¡por fin!) se les permitía cocear
en la odiada Iskra al odiado "enemigo" por todos los viejos
agravios. Esto nos demuestra con singular evidencia hasta qué punto era
imprescindible "restablecer la vieja redacción de Iskra (del ultimátum
del camarada Starovier, de fecha 3 de noviembre de 1903) para salvaguardar la
"continuidad" iskrista. . .
De por sí, el hecho de la división del Congreso (y del
Partido) en ala izquierda y derecha, en ala revolucionaria y oportunista, no sólo
no representaba aún nada terrible ni nada crítico, sino ni siquiera
absolutamente nada anormal. Por el contrario, todo el último decenio de la
historia de la socialdemocracia rusa (y no sólo de la rusa) llevaba de un modo
fatal e ineludible a semejante división. El que el motivo de esta última fuera
una serie de bien pequeños errores del ala derecha, de discrepancias sin
gran importancia (relativamente), es una circunstancia que (pareciendo chocante
a un observador superficial y a un espíritu filisteo) significaba un gran
paso hacia adelante de todo nuestro Partido en su conjunto. Antes, divergíamos
por grandes problemas que, a veces, hasta podían justificar una escisión;
ahora, estamos ya de acuerdo en todo lo grande e importante; ahora, sólo nos
separan
pág. 187
matices, por los cuales se puede y se debe discutir, pero sería
absurdo e infantil separarse (como ya ha dicho con toda razón el camarada Plejánov
en el interesante artículo "¿Qué es lo que no hay que hacer?", artículo
del que aún hemos de volver a hablar). Ahora, cuando la conducta
anarquista de la minoría después del Congreso casi ha llevado al
Partido a la escisión, es frecuente encontrar sabios que digan: ¿acaso valía,
en general, la pena de haber luchado en el Congreso por pequeñeces como el
incidente con el Comité de Organización, la disolución del grupo "Iuzhni
Rabochi", o "Rabócheie Dielo", el artículo primero, la disolución
de la vieja redacción, etc.? Quien así razona* transfiere precisamente el
punto de vista de círculos a los asuntos del Partido: la lucha de matices
es, en el Partido, inevitable y necesaria, mientras la lucha no lleva a
la anarquía y a la escisión, mientras la lucha transcurre en el marco
aceptado de común acuerdo por todos los camaradas y miembros del Partido. Y nuestra
lucha contra el ala derecha del Partido en el Congreso, contra Akímov
y Axelrod, contra Martínov y Mártov en nada se salió de ese marco.
pág. 188
Bastará, aunque sólo sea, recordar dos hechos que lo atestiguan del modo más
indiscutible: 1) cuando los camaradas Martínov y Akímov se retiraron del
Congreso, todos estábamos dispuestos a eliminar por todos los medios la
idea de "agravio", todos adoptamos (por 32 votos) la resolución
de Trotski, que invitaba a estos camaradas a darse por satisfechos con las
explicaciones y a retirar su declaración; 2) cuando se llegó a la elección de
los organismos centrales, nosotros concedíarnos a la minoría (o ala
oportunista) del Congreso la minoría en ambos organismos : a Mártov en
el Organo Central, a Popov, en el C.C. No podíamos proceder de otro modo
desde el punto de vista de partido, ya que aún antes del Congreso habíamos
decidido elegir dos tríos. Si no era considerable la diferencia de matices
que se señaló en el Congreso, tampoco era considerable la
consecuencia práctica que nosotros deducíamos de la lucha de tales
matices: consecuencia que se reducía exclusivamente a la necesidad de
atribuir a la mayoría del Congreso del Partido los dos tercios en
ambos tríos.
Sóío el que la minoría del Congreso del Partido no
estuviera conforme con ser minoría en los organismos centrales condujo,
primero, al "blandengue lloriqueo" de intelectuales derrotados, y
después a frases anarquistas y actos anarquistas.
Para terminar, echemos una nueva ojeada al diagrama, desde
el punto de vista de la composición de los organismos centrales. Es
completamente natural que, además del problema de los matices, se
planteara también ante los delegados, en las elecciones, el problema de la aptitud,
de la capacidad de trabajo, etc. de esta o de la otra persona. La minoría
recurre ahora gustosamente a la confusión de estos problemas. Pero es evidente
que son problemas distintos y lo demuestra aunque sólo sea el sencillo hecho de
que, aún antes del Con-
pág. 189
greso, cuando absolutamente nadie podía prever la alianza de Mártov
y Axelrod con Martínov y Akímov, se proyectó la elección del trío inicial
para el Organo Central. A cuestiones distintas tiene también que buscarse
solución por distintos medios: al problema de los matices debemos buscarle
solución en las actas del Congreso, en la discusión pública y
en la votación de todos y cada uno de los puntos. El problema de la aptitud de
las personas, según acordamos todos en el Congreso, había de decidirse
en votaciones secretas. ¿Por qué adoptó semejante resolución todo
el Congreso por unanimidad? La cuestión es tan elemental que resulta extraño
examinarla. Pero la minoría (después de su derrota en las elecciones) ha
empezado a olvidar hasta el abecé. Hemos oído torrentes de discursos
ardientes, apasionados, excitados casi hasta la locura, en defensa de la vieja
redacción, pero absolutamente nada hemos oído de los matices que en
el Congreso guardaban relación con la lucha por los seis y los tres. Oímos
haklar y charlar por todas las esquinas de incapacidad para el trabajo, de
ineptitud, de malas intenciones, etc, refiriéndose a las personas elegidas para
el C.C., pero no oímos absolutamente nada sobre los matices que en el
Congreso lucharon por el predominio en el Comité Central. A mí me parece
que fuera del Congreso es indigno e indecoroso hablar y charlar de
aptitudes y actos de la gente (porque estos actos, en el 99 por ciento de los
casos, constituyen un secreto de organización que sólo debe descubrirse a la
instancia superior del Partido). Estoy convencido de que luchar fuera del
Congreso por medio de semejantes habladurías significaría luchar
por medio de chismes. Y la única respuesta que podría dar a la gente
respecto a tales habladurías sería indicarles la lucha en el Congreso: decís
que el C.C. ha sido elegido por una pequeña mayoría. Es verdad. Pero esa pequeña
mayoría la
pág. 190 constituían todos los que, del modo más consecuente, no de palabra, sino en
la práctica, luchaban para realizar los planes iskristas. La autoridad moral
de tal mayoría debe estar, por ello, muchísimo más alta aún que su autoridad
formal, para todo el que tenga en más la continuidad de la tendencia
de Iskra que la de cualquiera de los círculos de Iskra. ¿Quién
era más competente para juzgar de la aptitud de estas o las otras
personas para llevar a la práctica la política de Iskra ? ¿Los que habían
aplicado esta política en el Congreso, o los que, en toda una serie de casos,
habían luchado contra dicha política, defendiendo toda clase de cosas
atrasadas, toda clase de morrallas, toda clase de espíritu de círculos?
pág. 191
El análisis de los debates y votaciones del Congreso, que
acabamos de terminar, explica in nuce (en embrión) todo lo ocurrido
después del Congreso, y podemos ser breves al señalar las etapas
siguientes en la crisis de nuestro Partido.
La negativa de Mártov y Popov a hacerse elegir dio en
seguida un tono de querella a la lucha de los matices de partido dentro
del mismo. El camarada Gliébov, considerando inverosímil que los redactores no
elegidos hubieran decidido seriamente volverse hacia Akímov y Martínov,
y explicándose lo sucedido más que nada por exaltación, nos propuso, a Plejánov
y a mí, al día siguiente de terminar el Congreso, que acabáramos por una paz,
"cooptando" a los cuatro con la condición de que se asegurara una
representación de la redacción en el Consejo (es decir, que de dos
representantes, uno perteneciera necesariamente a la mayoría del Partido ).
Esta condición nos pareció, a Plejánov y a mí, razonable, ya que aceptarla
significaba reconocer tácitamente el error cometido en el Congreso,
significaba un deseo de paz y no de guerra, un deseo de estar más cerca de mí
y de Plejánov que de Akímov y Martínov, Iegórov y Májov. La concesión en
lo tocante a la "cooptación" adquiría de ese modo un carácter
personal, y no valía la pena de negarse a una concesión personal que
había de calmar la irritación y restablecer
pág. 192
la paz. Por ello dimos, Plejánov y yo, nuestro consentimiento. La mayoría
de la redacción rechazó la condición. Gliébov se marchó. Nosotros
esperamos las consecuencias: ¿se mantendría Mártov en el terreno leal en que
se había colocado (contra el camarada Popov, representante del centro)
en el Congreso, o se impondrían los elementos inestables e inclinados a la
escisión, a los que había seguido?
Estábamos ante el dilema siguiente: ¿tendría el
camarada Mártov a bien considerar su "coalición" en el Congreso como
un hecho político aislado (como había sido un hecho aislado la coalición de
Bebel con Vollmar en 1895, si licet parva componere magnis [ pág. 193
. . . "La negativa de Mártov a formar parte de la
redacción, su negativa a colaborar. así como la de otros literatos del
Partido, la negativa de toda una serie de personas a trabajar para el C.C., Ia
propaganda de ideas de boicot o de resistencia pasiva, todo ello conducirá
inevitablemente, aun contra la voluntad de Mártov y sus amigos, a una escisión
en el Partido. Induso si Mártov se mantiene en terreno leal (en el que tan
decididamente se ha colocado en el Congreso), los demás no se mantendrán, y el
final que he indicado será inevitable. . . pág. 194
Este trío, después de lo sucedido en el Congreso,
legalizaba, sin duda alguna, una línea que, en el terreno político y en el de
organización se dirigia en cierto sentido contra Mártov. Desde luego. Pero ¿habíamos
de romper por ello? ¿Escindir por ello el Partido? ¿No habían estado Mártov
y Plejánov contra mí en la cuestión de las manifestaciones? ¿No estuvimos Mártov
y yo contra Plejánov en lo tocante al programa? ¿No está siempre dirigido
todo grupo de tres, por uno de sus lados, contra cada una de las personas que lo
forman? Si la mayoría de los iskristas, tanto en la organización de Iskra
como en el Congreso, había juzgado erróneo ese matiz especial de la línea de
Mártov en el terreno de organización y en el político, ¿no son, en verdad,
descabellados los intentos de explicar esto por 'maquinaciones' y
'azuzamientos', etc.? ¿No hubiera sido descabellado querer refutar este hecho tildando
a la mayoría de 'gentuza'? He creído necesario reproducir ahora estas declaraciones
mías, hechas por escrito, porque demuestran exactamente que la mayoría
deseaba establecer inmediatamente cierta línea de demarcación entre las
ofensas personales posibles (e inevitable en una lucha encarnizada), la irritación
personal por lo duro y "furioso" de los ataques, por una parte, y
determinado error político, determinada línea política (la coalición con el
ala derecha), por otra.
pág. 195
Estas declaraciones demuestran que la resistencia
pasiva de la minoría comenzó inmediatamente después del Congreso y
provocó en seguida por nuestra parte la advertencia de que aquello era un
paso hacia la escisión del Partido ; de que estaba directamente en pugna
con las declaraciones de lealtad hechas en el Congreso ; de que sería
una escisión exclusivamente motivada por la separación de los organismos
centrales (es decir, por no haber sido elegidos), porque nadie había
pensado nunca en separar a ninguno de los miembros del Partido del trabajo ;
de que la divergencia política entre nosotros (inevitable mientras no esté
aclarada y resuelta la cuestión de si fue en el Congreso la línea de Mártov o
la nuestra la equivocada) empieza a degenerar cada vez más en querella
con injurias, sospechas, etc., etc.
De nada sirvieron las advertencias. La conducta de la
minoría demostraba que se imponían entre ella los elementos menos firmes, los
que menos apreciaban al Partido. Esto nos obligó, a Plejánov y a mí, a
retirar nuestro consentimiento a la proposición de Gliébov: porque, en efecto,
si la minoría daba en sus actos pruebas de vacilación política, no sólo
en el terreno de los principios, sino en el de la más elemental lealtad al
Partido, ¿qué valor podían tener ya las palabras acerca de la
decantada "continuidad"? ¡Nadie ha ironizado con más agudeza que
Plejánov sobre lo absurdo que era exigir que "se cooptara" para la
redacción de partido a una mayoría de personas que hablaban francamente de sus
nuevas y crecientes discrepancias! ¿En qué parte del mundo se ha visto que antes
de explicar en la prensa, ante el Partido, las nuevas discrepancias,
la mayoría del Partido en los organismos centrales se convierta a sí misma en
minoría? ¡Expónganse antes las discrepancias, juzgue el Partido de su
profundidad e importancia, corrija el Partido mismo el error que ha cometído
pág. 196 en el II Congreso, si es que se demuestra que ha habido algún error! El mero
hecho de formular semejante exigencia en nombre de discrepancias aún
desconocidas demostraba la plena inestabilidad de quienes lo exigían, la
degeneración de divergencias políticas en una querella, una total falta de
consideración hacia todo el Partido y hacia sus propias convicciones. No ha
habido aún y no habrá nunca en el mundo personas convencidas en principio
que renuncien a convencer, hasta obtener (por vía privada ) la
mayoría en el organismo que se proponen convencer.
Por fin, el 4 de octubre, el camarada Plejánov declara
que va a hacer el último intento de acabar con ese absurdo. Se reúnen
los seis miembros de la vieja redacción en presencia de un nuevo miembro del
C.C.* Tres horas enteras se pasa el camarada Plejánov demostrando que es
absurdo exigir la "cooptación" de cuatro de la "minoría"
por dos de la "mayoría". Propone la cooptación de dos, por
una parte, para eliminar el temor de que queramos "atropellar",
aplastar, rechazar, sentenciar y enterrar a alguien, y por otra parte, para
salvaguardar los derechos y la posición de la "mayoría" del Partido.
La cooptación de dos es igualmente rechazada.
El 6 de octubre, Plejánov y yo escribimos una carta
oficial a todos los antiguos redactores de Iskra y a su colaborador,
camarada Trotski, en los términos siguientes:
"Estimados camaradas: La tedacción del Organo
Central se considera en el deber de expresar oficialmente cuánto lamenta
vuestro apartamiento de la colaboración en Iskra y Zariá. A
pesar de las repetidas invitaciones a colaborar que hemos hecho inmediatamente
después del II Congreso pág. 197
del Partido y que hemos tepetido más de una vez con posterioridad, no hemos
recibido de vosotros ni una sola obra literaria. La redacción del Organo
Central declara que no cree haber provocado en modo alguno vuestro apartamiento
de esa colaboracion. Ninguna irritación personal debe, naturalmente, ser obstáculo
para el trabajo en el Organo Central del Partido. Si vuestro apartamiento se
debe a una divergencia de opi niones entre vosotros y nosotros, consideraríamos
de extraordinaria uti lidad, en interés del Partido, una exposición detallada
de tales discre pancias. Aún más. Consideraríamos muy deseable qae el carácter
y la profundidad de tales discrepancias se pongan cuanto antes en claro ante
todo el Partido en las páginas de las publicaciones que redactamos"[*]. Como ve el lector, seguiamos aún sin ver claramente si en
los actos de la "minoría" predominaba la irritación personal o el
deseo de imprimir al Organo (y al Partido) un rumbo nueuo ; qué rumbo y
en qué debía consistir. Yo creo que si ahora mismo se pusieran los 70
interpretadores a explicar este problema, a base de todas las publicaciones y de
todos los testimonios que se quisiera, nunca llegarian a poner en claro ese
embrollo. Muy pocas veces puede ponerse en claro una querella: hay que cortar
por lo sano o apartarse**.
A la carta del 6 de octubre nos contestaron Axelrod, Zasúlich,
Starovier, Trotski y Koltzov con un par de renglones, diciendo que los firmantes
no aceptaban participación alguna en Iskra desde el momento de su paso a
manos de una nueva
pág. 198
redacción. El camarada Mártov fue más explícito y nos honró con la
respuesta siguiente;
"A la redacción del Organo Central del Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia. Estimados camaradas: En respuesta a vuestra
carta del 6 de octubre, declaro lo siguiente: Considero que todas nuestras
explicaciones sobre el trabajo en común en un mismo órgano han terminado después
de la reunión que tuvo lugar en presencia de un miembro del C.C. el 4 de
octubre, reunión en la que vosotros os negasteis a contestar sobre las causas
que os habían inducido a retirar la proposición que nos habíais hecho, en el
sentido de que Axelrod, Zasúlich, Starovier y yo entraramos a formar parte de
la redacción con la condición de comprometernos a elegir al camarada Lenin
'representante' nuestro en el Consejo. Después de que en la mencionada reunión
rehuísteis repetidas veces formular vuestras propias declaraciones, hechas ante
testigos, yo no considero necesario explicar en una carta dirigida a vosotros
los motivos de mi negativa a trabajar en Iskra en las condiciones
actuales. Cuando haga falta, hablaré de esto detalladamente ante todo el
Partido, que ya por las actas del II Congreso sabrá por qué he rechazado la
proposición, que ahora repetís vosotros, de ocupar un puesto en la redacción
y en el Consejo. . .[ L. Mártov " Esta carta, juntamente con los documentos precedentes,
explica de un modo irrefutable la cuestión del boicot, de la desorganización,
de la anarquía y de la preparación de la escisión, que con tanto celo (con
admiraciones y puntos suspensivos) evita el camarada Mártov en su "Estado
de sitio", la cuestión de los medios de lucha leales y desleales.
Se ofrece al camarada Mártov y a otros que
expongan las discrepancias, se les ruega que digan con franqueza qué es
lo que pasa y qué es lo que se proponen, se les persuade de que dejen
sus caprichos y pongan tranquilamente en claro el error sobre el artículo
primero (ligado de un modo indisoluble al error del viraje hacia la derecha), y
el camarada Mártov y
pág. 199
compañía se niegan a hablar, y gritan: ¡Nos asedian, nos
atropellan! Las ironías de que fue objeto la "palabra terrible" no
han enfriado el ardor de estas cómicas lamentaciones.
Porque ¿cómo se puede asediar al que se niega
a trabajar en común? -- le preguntábamos al camarada Mártov --. ¿¿Cómo
puede agraviarse, "atropellarse" y oprimirse a una minoría cuando se
niega a ser minoría?? Porque el estar en una minoría significa, absoluta e
indefectiblemente, ciertas desventajas para el que ha quedado en minoría. Estas
desventajas consisten, bien en la necesidad de formar parte de un organismo en
el que se impondrá la mayoría en determinados problemas, bien en la necesidad
de quedarse fuera del organismo, atacándolo y exponiéndose, por consiguiente,
al fuego de bien fortificadas baterías.
¿Es que con sus gritos sobre el "Estado de
sitio" quería el camarada Mártov decir que se luchaba de un modo injusto
y desleal contra los que habían quedado en minoría, o que se les dirigía de
ese modo? Solamente esta tesis hubiera tenido (a los ojos de Mártov)
cuando menos una sombra de razón, porque, repito, el estar en minoría trae
consigo, de un modo obligado e indefectible, ciertas desventajas. ¡Pero lo cómico
está precisamente en que no había manera de luchar contra el camarada Mártov
mientras él se negaba a hablar con nosotros! ¡No había manera de dirigir
la minoría mientras se negara a ser minoría!
Ni un solo caso de abuso de autoridad o de exceso
de poder pudo demostrar el camarada Mártov respecto a la redacción del Organo
Central cuando Plejánov y yo estábamos en ella. Ni un solo caso han
demostrado tampoco los militantes prácticos de la minoría por parte del Comité
Central. Por muchas vueltas que le dé ahora el camarada Mártov en su
pág. 200
"Estado de sitio", queda como hecho incontrovertible que en las
lamentaciones sobre el "estado de sitio" no había absolutamente nada
más que "lloriqueo blandengue" .
La carencia total de argumentos razonables contra
la redacción nombrada por el Congreso, por parte del camarada Mártov y compañía,
ilustra mejor que nada su frasecilla: "Nosotros no somos siervos"
("Estado de sitio", pág. 34). En esta frase se trasluce con notable
nitidez la psicología del intelectual burgués, que se considera un "espíritu
selecto", por encima de la organización de masas y de la disciplina de
masas. Explicar la negativa a trabajar en el Partido diciendo
"nosotros no somos siervos", es descubrirse por entero,
reconocer una completa carencia de argumentos, una total incapacidad de motivar,
una ausencia total de causas razonables de descontento. Plejánov y yo
declaramos considerar que, por nuestra parte, nada ha provocado la negativa,
rogamos que se expongan las discrepancias y se nos contesta: "nosotros no
somos siervos" (añadiendo: aún no hemos llegado a un arreglo por lo que
hace a la cooptación).
Para el individualismo propio de intelectuales, que ya se
asomó en los debates sobre el artículo primero, descubriendo su inclinación
hacia los razonamientos oportunistas y las frases anarquistas, toda
organización y toda disciplina proletarias son un avasallamiento
feudal. Pronto sabrán los lectores que también el nuevo Congreso del
Partido es para estos "militantes" y "funcionarios" del
Partido una institución feudal, terrible e insoportable para los "espíritus
selectos". . . Y, en efecto, es una "institución" terrible para
los que quieren aprovecharse de su título de miembros del Partido, pero que se
dan cuenta de que ese título no corresponde a los intereses del Partido
y a la voluntad del Partido.
pág. 201
Las resoluciones de los comités, que he enumerado en mi
carta a la redacción de la nueva Iskta y que el camarada Mártov ha insertado
en su "Estado de sitio" demuestran de hecho que la conducta de la
minoría fue una constante insubordinación a las decisiones del
Congreso, una desorganización del trabajo práctico positivo. Compuesta
de oportunistas y gentes que odiaban a Iskra, la minoría destrozaba
el Partido, estropeaba, desorganizaba el trabajo, buscando venganza por la
derrota sufrida en el Congreso y comprendiendo que, por medios honrados y
leales (explicando las cosas en la prensa o en el Congreso?, no lograría
nunca refutar la acusación de oportunismo e mconsecuencia propia de
intelectuales de que había sido objeto en el II Congreso. Comprendiendo su
impotencia para convencer al Partido, actuaban desorganizando al
Partido y entorpeciendo todo el trabajo. Se les echaba en cara que (por
la confusión que habían sembrado en el Congreso) habían quebrado nuestro vaso
y ellos contestaban al reproche procurando por todos los medios que se
acabara de romper el vaso ya quebrado.
La confusión llegó a tal punto que el boicot y la
negativa a colaborar se declaraban "medios honrados "* de
lucha. El camarada Mártov no hace ahora más que dar vueltas alrededor de este
delicado punto. ¡Está tan aferrado a los "principios", que defiende
el boicot . . . cuando lo hace la minoría y lo censura cuando constituye una
amenaza para el propio Mártov, una vez que se encuentra en la mayoría!
Yo creo que, por lo que se refiere a los medios de lucha
honrados en el Partido Obrero Socialdemócrata, podemos pasar por alto la cuestión
sin establecer si es "discrepancia de principio" o querella.
pág. 202
Después de haber intentado en vano (4 y 6 de octubre)
obtener una explicación por parte de los camaradas que habían iniciado la
historia a causa de la "cooptación", no les quedaba a los organismos
centrales sino ver qué sería en la práctica la lealtad de lucha que habían
prometido de palabra. El 10 de octubre, el C.C. dirige una circular a la Liga
(v. actas de la Liga, págs. 3-5), poniendo en su conocimiento que está
redactando unos estatutos e invitando a los miembros de la Liga a colaborar. La
administración de la Liga había denegado por aquel entonces la celebración de
un congreso (por dos votos contra uno; v. pág. 20, lug. cit.). Las respuestas
de los partidarios de la minoría a dicha circular demostraron en seguida que la
decantada lealtad y aceptación de las decisiones del Congreso no eran más que
frases, y que, en realidad, la minoría había decidido terminantemente no
someterse a los organismos centrales del Partido, contestando a sus llama
mientos para una labor en común con frases llenas de sofismas y palabras
anarquistas. A la célebre carta abierta de uno de los miembros de la
administración, Deich (pág. 10), contestamos, Plejánov, otros partidarios de
la mayoría y yo, con una enérgica nota de "protesta contra las burdas
infracciones de la disciplina del Partido que permiten a una persona que
desempeñe un cargo en la Liga entorpecer el trabajo de organización de una
institución del Partido y llamar a otros camaradas a idéntica violación de la
disciplina y de los estatutos. Frases como 'no me considero autorizado a tomar
parte en semejante trabajo por invitación del C.C.' o 'camaradas, de ningún
modo debemos confiarle (al C.C.) la redacción de los nuevos estatutos de la
Liga', etc., son procedimientos de agi-
pág. 203
tación de un tipo que sólo puede despertar indignación en cualquier
persona que entienda lo más mínimo lo que significan los conceptos de partido,
organización y disciplina de partido. Semejantes procedimientos producen tanta
mayor indignación cuanto que se dirigen contra un organismo del Partido que
acaba de ser creado y representan, por tanto, una tentativa indudable de
privarle de la confianza de los camaradas del Partido; además, se ponen en
circulación bajo el nombre de un miembro de la administración de la Liga y a
espaldas del C.C." (pág. 17).
En semejantes condiciones, el Congreso de la Liga
prometía no ser más que un escándalo.
El camarada Mártov, desde el primer momento, continuó la
táctica que seguía en el Congreso de "indagar en conciencia ajena",
esta vez en la del camarada Plejánov, desvirtuando conversaciones particulares.
El camarada Plejánov protesta y el camarada Mártov se ve obligado a retirar
(págs. 39 y 134 de las actas de la Liga) palabras de reproche pronunciadas a la
ligera o por irritación.
Llega el momento del informe. Yo había sido delegado de
la Liga en el Congreso del Partido. Con una simple ojeada al resumen de mi
informe (págs. 43 y siguientes)* verán los lectores que yo hice un bosquejo
del mismo análisis de las votaciones del Congreso que en forma detallada
constituye el contenido del presente folleto. El centro de gravedad de mi
informe iba dirigido precisamente a probar que Mártov y compañía, a
consecuencia de los errores por ellos cometidos, habían quedado en el ala
oportunista de nuestro Partido. A
pág. 204
pesar de que hice mi informe ante una mayoría de los más rabiosos
adversarios, nada absolutamente pudieron descubrir en él que se apartara de los
procedimientos leales de lucha y polémica del Partido.
El informe de Mártov, en cambio, prescindiendo de
pequeñas "enmiendas" particulares a mi exposición (ya hemos
demostrado más arriba que estas enmiendas eran inexactas) representaba. . .
algo así como un producto de unos nervios enfermos.
Nada es extraño que la mayoría se negara a luchar en
semejante atmósfera. El camarada Plejánov protestó contra el "escándalo
" (pág. 68) -- ¡en efecto, había sido un verdadero
"escándalo"! -- y se retiró del Congreso, no queriendo exponer las
objeciones que ya tenía preparadas sobre el fondo del informe. Igualmente se
retiraron del Congreso casi todos los demás partidarios de la mayoría,
consignando por escrito su protesta contra "la indigna conducta" del
camarada Mártov (pág. 75 de las actas de la Liga).
Todo el mundo veía con entera claridad cuáles eran los
procedimientos de lucha de la minoría. Nosotros echábamos en cara a la
minoría el error político cometido en el Congreso, su viraje hacia el
oportunismo, su coalición con los bundistas, con los Akímov, los Brúker, los
Iegórov y los Májov. La minoría había sufrido una derrota en el Congreso y
"fraguaba" en aquel momento dos precedimientos de lucha, que
comprendían toda la infinita variedad de ataques por sorpresa, a saltos, golpes
de mano, etc.
Primer procedimiento : desorganizar todo el
trabajo del Partido, estropear las cosas, procurar entorpecerlo todo "sin
explicar las causas".
pág. 205
Segundo procedimiento : armar
"escándalos", etc., etc.[*]
Este "segundo procedimiento de lucha" aparece
también en las decantadas resoluciones de "principio" de la Liga, en
cuyo examen, naturalmente, no tomó parte la "mayoría". Veamos más
de cerca estas resoluciones, que el camarada Mártov ha reimpreso ahora en su
"Estado de sitio".
La primera resolución, firmada por los camaradas Trotski,
Fomín, Deich y otros, contiene dos tesis, dirigidas contra la
"mayoría" del Congreso de Partido: 1) "La Liga expresa su
profundo sentimiento ante el hecho de que, merced a las tendencias surgidas en
el Congreso, contrarias en el fondo a la política anterior de Iskra, no
se haya concedido la debida atención, al redactarse los estatutos del Partido,
al problema de establecer garantias suficientes para asegurar la independencia y
la autoridad del C.C." (pág. 83 de las actas de la Liga).
Esta tesis "de principio" se reduce, según ya
hemos visto, ¡a la frase de Akímov, cuyo carácter oportunista
fue desenmascarado en el Congreso del Partido incluso por el camarada
Popov! En el fondo, nunca fueron más que chismes todo lo que se habló
de que la "mayoría" no pensaba salvaguardar la independencia y la
autoridad del C.C. Baste decir que, cuando Plejánov y yo estábamos en la
redacción, no teníamos en el Consejo predominio del Organo Central
sobre el Comité
pág. 206
Central, mientras que cuando los martovistas entraron en la redacción,
resultó en el Consejo un predominio del Organo Central sobre el Comité
Central. Cuando nosotros estábamos en la redacción, en el Consejo predominaban
los militantes prácticos que trabajan en Rusia sobre los literatos que
residen en el extranjero; con los martovistas resultó lo contrario. Mientras
nosotros estábamos en la redacción, ni una sola vez intentó el Consejo
intervenir en ningún problema práctico ; desde el momento de la
cooptación por unanimidad, comenzó semejante intervención, según
podrán verlo de un modo completo más adelante los lectores.
La tesis siguiente de la resolución que examinamos
decía: ". . . al formar los organismos centrales oficiales del Partido, el
Congreso prescindía de las relaciones de continuidad con los ya formados de
hecho. . ."
Esta tesis se reduce, por entero, al problema de la
composición personal de los organismos centrales. La
"minoría" prefirió dejar de lado el hecho de que los viejos
organismos centrales habían demostrado en el Congreso su incapacidad y cometido
una serie de errores. Pero lo más cómico es la alusión a la
"continuidad" en lo tocante al Comité de Organización. En el
Congreso, según hemos visto, nadie dijo una palabra de confirmar a todos los
miembros de dicho Comité. Mártov profirió en el Congreso exaltados gritos
sobre la ver guenza que para él representaba figurar en una lista con tres
miembros de este Comité. En el Congreso, la "minoría" propuso su última
lista con un miembro del Comité de Organización (Popov, Gliébov
o Fomín y Trotski), mientras que la "mayoría" hizo triunfar una
lista con dos miembros de dicho Comité (Travinski, Vasíliev
y Gliébov). Cabe preguntar: ¿acaso esta alusión a la "continuidad"
puede calificarse de "discrepancia de principios"?
pág. 207
Pasemos a la otra resolución, firmada por cuatro miembros
de la vieja redacción con el camarada Axelrod al frente. Encontramos en ella
todas las principales acusaciones contrá la "mayoría", repetidas
más de una vez en la prensa. Lo más conveniente es examinarlas precisamente
tal como las formularon los miembros del círculo de redactores. Las acusaciones
van dirigidas contra "el sistema burócrata-autocrático de dirigir el
Partido", contra el "centralismo burocrático", que, a diferencia
del "centralismo verdaderamente socialdemócrata", se define del modo
siguiente: "No coloca en primer plano la unidad interna, sino la externa,
la unidad formal, realizada y defendida por medios puramente mecánicos,
aplastando sistemáticamente la iniciativa individual y la actuación
social"; de aquí que resulte "por su misma esencia incapaz de
unificar orgánicamente los elementos que componen la sociedad".
Alá sabrá a qué "sociedad" se refieren aqui
el camarada Axelrod y compañía. Por lo visto, el mismo camarada Axelrod no
sabía muy bien si escribía el mensaje de un zemstvo sobre las reformas
que serían de désear en la administración, o exponia las quejas de la
"minoría". ¿Qué puede querer decir lo de la
"autocracia" en el Partido, sobre la que chillan los
"redactores" descontentos? La autocracia es el poder supremo,
incontrolado, irresponsable y no electivo de una persona. Por las publicaciones
de la "minoría", se sabe perfectamente que como semejante autócrata
se me considera a mí, y a nadie más. Cuando se redactó y se aprobó la
resolución que ahora examinamos, yo estaba en el Organo Central juntamente con
Plejánov. Por consiguiente, el camarada Axelrod y compañía quieren decir que
están convencidos de que tanto Plejánov, como todos los miembros del Comité
Central, "no dirigían el Partido" de acuerdo con su concepto del bien
de la causa, sino siguiendo la voluntad del autócrata
pág. 208
Lenin. El acusar de dirección autócrata conduce, necesaria e
inevitablemente, a reconocer que todos los demás miembros de la dirección,
menos el autócrata, son meros instrumentos en manos ajenas, peones, ejecutores
de una voluntad ajena. Y nosotros preguntamos una y otra vez: ¿es en verdad
posible que sea ésta la "discrepancia de principio" del
respetabilísimo camarada Axelrod?
Prosigamos. ¿De qué unidad exterior, formal, hablan
aquí nuestros "miembros del Partido", que acaban de volver de un
Congreso del Partido, cuyas decisiones han reconocido solemnemente como
legítimas? ¿No conocerán, fuera del Congreso del Partido, otro medio de
conseguir la unidad de un partido organizado sobre la base de principios más o
menos firmes? Si es así, ¿por qué no tienen el valor de decir claramente que
ya no consideran legítimo el II Congreso? ¿Por qué no prueban a exponernos
sus nuevas ideas y los nuevos medios de conseguir la unidad en el supuesto
partido supuestamente organizado?
Prosigamos. ¿De qué "iniciativa individual
aplastada" hablan nuestros intelectuales individualistas, a quienes un
momento antes había rogado nuestro Organo Central que expusieran sus
discrepancias y que, en lugar de hacerlo, regateaban sobre la
"cooptación"? ¿Cómo es posible, en general, que Plejánov y yo o el
C.C. aplastáramos la iniciativa y la actuación individual de gentes que se
negaban a toda "actuación" con nosotros? ¿Cómo puede
"aplastarse" a alguien en un organismo o grupo en que se han negado
a tomar parte los sojuzgados? ¿Cómo pueden quejarse los redactores no
elegidos del "sistema de dirección", cuando se han negado a "ser
dirigidos"? No pudimos nosotros cometer falta alguna al dirigir
a nuestros camaradas, por la sencilla razón de que
pág. 209 estos camaradas no trabajaban en absoluto bajo nuestra dirección.
Está claro, me parece, que los clamores contra el famoso
burocratismo no son más que un medio de encubrir el descontento por la
composición de los organismos centrales, no son más que una hoja de parra que
oculta una palabra solemnemente empeñada en el Congreso y a la que se ha
faltado. ¡Eres un burócrata, porque has sido designado por el Congreso sin mi
voluntad y contra ella! ¡Eres un formalista, porque te apoyas en las decisiones
formales del Congreso, y no en mi consentimiento! ¡Obras de un modo brutalmente
mecánico, porque te remites a la mayoría "mecánica" del Congreso
del Partido y no prestas atención a mi deseo de ser cooptado! ¡Eres un autócrata,
porque no quieres poner el poder en manos de la vieja tertulia de buenos
compadres que defienden su "continuidad" de círculo con tanta mayor
energía cuanto que le es más desagradable la desaprobación directa de ese
mismo espíritu de círculo por parte del Congreso.
Ningún contenido real, fuera del indicado, tuvo ni
tiene ese griterío sobre el burocratismo*. Y precisamente este método de lucha
no hace sino probar una vez más la inestabilidad intelectual de la minoría.
Quería convencer al Partido de que no habían sido bien elegidos los organismos
centrales. ¿Cómo? ¿Criticando la Iskra que habíamos dirigido Plejánov
y yo? No, no tenían fuerzas para hacerlo. Quisieron convencerle por la negativa
de un sector del Partido a trabajar bajo la dirección de los odiados organismos
centrales. Pero ningún organismo central de ningún partido del mundo podrá
pág. 210
demostrar que es capaz de dirigir a personas que no quieran someterse a la
dirección. No someterse a la dirección de los organismos centrales equivale a
una negativa a seguir en el Partido, equivale a deshacer el Partido, no es una
medida de persuasión, sino una medida de destrucción. Y precisamente el
trocar de este modo la persuasión por la destrucción demuestra una falta de
firmeza de principios, una falta de fe en las ideas propias.
Se habla de burocratismo. Burocratismo puede traducirse al
ruso por una palabra: puestismo. Burocratismo es subordinar los intereses de la causa
a los intereses de la carrera, es conceder la más profunda atención a
los puestos y desentenderse del trabajo, pelearse por la cooptación,
en lugar de luchar por las ideas. Semejante burocratismo, en efecto, es,
sin duda alguna, indeseable y perjudicial para el Partido, y yo dejo con toda
tranquilidad al lector que juzgue cuál de los dos bandos actualmente en lucha
dentro de nuestro Partido adolece de tal burocratismo. . . Se habla de
procedimientos toscamente mecánicos en la unificación. Desde luego, los
procedimientos toscamente mecánicos son perjudiciales, pero yo vuelvo a dejar
al lector que juzgue si puede imaginarse un procedimiento de lucha más tosco y
más mecánico entre la nueva y la vieja tendencia, que el introducir a
determinadas personas en los organismos del Partido antes de haber convencido a
éste de la justeza de las nuevas concepciones, antes de haber expuesto al
Partido estas concepciones.
Pero ¿quizá las palabrejas de que tanto gusta la minoría
tengan también cierto sentido de principio, expresen cierto orden especial de
ideas, independientemente del motivo, pequeño y particular, que, sin duda
alguna, ha servido en este caso de punto de partida para el "viraje"?
¿Quizá, dejando a un lado la pelea por la "cooptación", estas
palabrejas sean,
pág. 211
sin embargo, refíejo de un sistema de concepciones distinto?
Examinemos el problema desde este punto de vista. Antes de
hacerlo, deberemos decir ante todo que el primero en intentar semejante examen
fue el camarada Plejánov en la Liga, al indicar que la minoría había virado
hacia el anarquismo y el oportunismo, y que precisamente el
camarada Mártov (que ahora se muestra muy dolido porque no todos quieren
reconocer que su posición es una posición basada en los principios)* había
preferido pasar totalmente por alto este incidente en su "Estado de
sitio".
En el Congreso de la Liga se planteó la cuestión general
de si serían o no efectivos los estatutos que la Liga o un comité redactaran
para sí mismos, sin la aprobación de tales estatutos por el C.C., o a pesar de
su aprobación. La cuestión parece estar más clara que el agua: los estatutos
son la expresión formal del estado de organización, y el derecho a organizar
comités está reservado de un modo terminante, por el artículo 6 de nuestros
estatutos, precisamente al C.C.; los estatutos determinan los límites de
autonomía del comité, y
pág. 212
el voto decisivo en la definición de tales límites corresponde al organismo
central del Partido y no al organismo local. Esto es elemental, y era
sencillamente cosa de niños la grave disquisición de que "organizar"
no supone siempre "aprobar unos estatutos" (como si la misma Liga no
hubiera expresado espontáneamente su deseo de ser organizada precisamente a
base de unos estatutos formales). Pero el camarada Mártov ha llegado a olvidar
(es de esperar que temporalmente) hasta el abecé de la socialdemocracia. Según
él, exigir que se aprueben los estatutos significa sólo "sustituir el
anterior centralismo revolucionario iskrista por el centralismo burocrático"
(pág. 95 de las actas de la Liga), declarando en ese mismo discurso el camarada
Mártov que precisamente en ello ve el "aspecto de principios" del
asunto (pág. 96), ¡aspecto de principios que prefirió pasar por alto en su
"Estado de sitio"!
El camarada Plejánov coatesta inmediatamente a Mártov,
rogándole que se abstenga de expresiones como las de burocratismo, despotismo,
etc., que "atentan a la dignidad del Congreso" (pág. 96). Sigue un
intercambio de observaciones con el camarada Mártov, que ve en tales
expresiones "una definición de principios de determinada tendencia".
El camarada Plejánov, como todos los partidarios de la mayoría, veía entonces
en dichas expresiones su significación concreta, comprendiendo claramente su
sentido, no de principio, sino exclusivamente "cooptacionista", si se
me permite emplear esta expresión. Sin embargo, cede a la insistencia de los Mártov
y los Deich (págs. 96-97) y pasa a examinar, desde el punto de vista de los
principios, opiniones que pretenden ser de principio. "Si así fuera --
dice -- [es decir, si los comités tuvieran autonomía para crear sus
organizaciones y redactar sus estatutos], serían autónomos respecto al todo,
al Partido. Esto no es ya un punto de vista bundista, sino franca-
pág. 213
mente anarquista. En efecto, los anarquistas razonan del modo siguiente: los
derechos del individuo son ilimitados; pueden llegar a un choque; cada individuo
determina por sí mismo los límites de sus derechos. Los límites de la autonomía
no los debe definir el grupo mismo, sino el todo del que forma parte el grupo.
De ejemplo evidente de falta a este priacipio puede servir el Bund. De modo que
los límites de la autonomía los determina el Congreso o el organismo superior
que éste haya constituido. La autoridad del organismo central debe basarse en
su prestigio moral e intelectual. Desde luego, estoy de acuerdo con esto. Todo
representante de una organización debe preocuparse de que ésta tenga prestigio
moral. Pero de ello no se sigue que, si hace falta prestigio, no es, en cambio,
necesaria la autoridad. . . Oponer el prestigio de la autoridad al prestigio de
la idea es hacer una frase anarquista que no debe pronunciarse aquí" (98).
Estas tesis son absolutamente elementales, verdaderos axiomas que es incluso
extraño someter a votación (pág. 102), y que sólo han sido objetó de duda
porque "en el momento actual se han confundido los conceptos" (ibídem).
Pero el individualismo propio de intelectuales condujo fatalmente a la minoría
al deseo de hacer fracasar el Congreso, de no someterse a la mayoría; semejante
deseo no podía justificarse más que con la fraseología anarquista. Y
es sumamente curioso que la minoría no pudiera contestar a Plejánov sino con lamentaciones
por el uso de palabras demasiado fuertes, como oportunismo, anarquismo, etc.
Plejánov, con razón, puso en ridículo estas lamentaciones, preguntando por qué
"no estaban bien empleadas las palabras jauresismo y anarquismo y en cambio
podían emplearse las de lèse-majesté (lesa majestad) y
despotismo". No se contestó a estas preguntas. Siempre sucede
pág. 214 este original qui pro quo [ Muchas veces se han entretenido el camarada Mártov y toda
clase de "mencheviques" en dirigir contra mí la no me nos infantil
acusación de la "contradicción" siguiente. Se coge un pasaje de ¡Qué
hacer? o de la "Carta a un camara da", en que se habla de la
influencia ideológica, de la lucha por la influencia, etc. y se enfrenta con la
influencia "burocrática" por medio de los estatutos, con la tendencia
"autócrata" a apoyarse en la autoridad, etc. ¡Gentes cándidas! Han
olvidado ya que antes nuestro Partido no era un todo formalmente
organizado, sino, simplemente una suma de diversos grupos, razón por la cual no
podía de ningún modo existir entre ellos otra relación que la de la
influencia ideológica. Ahora, somos ya un Partido organizado, y esto entraña
la creación de una autoridad, la transformación del prestigio de las ideas en
el prestigio de la autoridad, la sumisión de las instancias inferiores a las
instancias superiores del Partido. ¡En verdad que parece algo incómodo tener
que rumiar, para viejos camaradas, semejante abecé, sobre todo cuando uno
comprende que todo se reduce sencillamente a que la minoría no quiere someterse
a la mayoría en lo que se refiere a las elecciones! Pero, en principio, este
sinfín de acusaciones de contradicción dirigidas contra mí quedan totalmente
reducidas
pág. 215
a frases anarquistas. La nueva Iskra no tiene inconveniente en
utilizar el título y derechos de organismo de partido, pero no quiere
subordinarse a la mayoría del Partido.
Y si hay en las frases sobre burocratismo algún
principio, si no son una negación anarquista de la obligación de la parte a
someterse al todo, estamos ante el principio del oportunismo, que quiere
disminuir la responsabilidad de ciertos intelectuales ante el Partido del
proletariado, debilitar la influencia de los organismos centrales, reforzar la
autonomía de los elementos menos firmes del Partido, y reducir las relaciones
de organización a su reconocimiento meramente platónico, de palabra. Ya lo
hemos visto en el Congreso del Partido, donde los Akímov y los Líber
pronunciaron sobre el "monstruoso" centralismo, palabra por palabra,
los mismos discursos que en el Congreso de la Liga fluyeron de labios de Mártov
y compañía. Y más abajo, cuando examinemos el artículo del camarada Axelrod
en la nueva Iskra, veremos que, no por obra del azar, sino por su propia
naturaleza, y no sólo en Rusia, sino en todo el mundo, el oportunismo conduce
al "punto de vista" de Mártov y Axelrod sobre la organización.
pág. 216
El rechazo de la Liga a la resolución acerca de la
necesidad de someter a la aprobación del Comité Central sus estatutos (pág.
105 de las actas de la Liga) era, como lo hizo notar en seguida toda la mayoría
del Congreso del Partido, "una flagrante violación de los estatutos del
Partido ". Esta violación, considerada como acto de hombres de
principios, era del más puro anarquismo; pero en el ambiente de la lucha que
siguió al Congreso producía fatalmente el efecto de que la minoría del
Partido "ajustaba las cuentas" con su mayoría (pág. 112 de las actas
de la Liga), significaba que no quería someterse al Partido ni seguir en él.
El negarse la Liga a aceptar la resolución en cuanto a la declaración del
Comité Central de que era necesario modificar los estatutos (págs. 124-125)
tuvo como consecuencia inevitable el que se declarara ilegítima una
reunión que quería ser considerada como reunión de una organización
del Partido y, al mismo tiempo, no someterse al organismo central de éste. Y
los partidarios de la mayoría del Partido abandonaron inmediatamente esta
pretendida reunión de partido para no participar en una indigna comedia.
El individualismo propio de intelectuales, con su
reconocimiento platónico de las relaciones de organización, que ya se había
dejado ver en las vacilaciones del pensamiento sobre el artículo primero de los
estatutos, llegaba de este modo, en
pág. 217
la práctica, al fin lógico que ya en septiembre, es decir, mes y medio
antes, había yo predicho: la destrucción de la organización del
Partido. Y en aquel momento, en la tarde del mismo día en que terminó el
Congreso de la Liga, el camara da Plejánov declaró a sus colegas de ambos
organismos centrales del Partido que no se sentía con fuerzas de "disparar
contra los suyos", que "mejor era pegarse un tiro que ir a la escisión"
y que, para evitar mayores males, había que hacer las máximas concesiones en
el terreno personal, concesiones que, en el fondo, eran la causa de esa lucha
enconada (mucho más que los principios que habían mostrado en la injusta
posición respecto al artículo primero). Para definir de un modo más exacto
este viraje del camarada Plejánov, que ha cobrado gran importancia para todo el
Partido, considero que lo más conveniente es partir no de conversaciones o
cartas particulares (dejando este recurso para casos extremos), sino de la
propia exposición que del asunto hace el mismo Plejánov ante todo el Partido,
de su artículo "¿Qué es lo que no hay que hacer?", en el número 52
de Iskra, artículo escrito precisamente después del Congreso de la
Liga, después de mi retirada de la redacción del Organo Central (1 de
noviembre de 1903) y antes de la cooptación de los martovistas (26 de noviembre
de 1903).
La idea fundamental del artículo "¿Qué es lo que
no hay que hacer?" es que, en política, no se debe ser rectilíneo,
inoportunamente áspero e inoportunamente intransigente, que algunas veces, para
evitar la escisión, es preciso hacer concesiones tanto a los revisionistas (de
los que se aproximan a nosotros o de los inconsecuentes), como a los
individualistas anarquistas. Es muy natural que tales tesis generales y abs-
pág. 218
tractas hayan dejado totalmente perplejos a los lectores de Iskra. No
puede uno menos de reírse a leer las magníficas y orgullosas declaraciones del
camarada Plejánov (en artículos siguientes) de que no se le había comprendido
por la novedad de sus pensamientos, por no conocer la dialéctica. La verdad es
que el artículo "¿Qué es lo que no hay que hacer?", cuando fue
escrito, sólo podían haberlo comprendido unas diez personas en dos pueblecitos
situados en los alrededores de Ginebra cuyos nombres empiezan por las mismas
iniciales. La desgracia del camarada Plejánov fue poner en circulación ante
decenas de miles de lectores un sinfín de alusiones, reproches, charadas y
signos algebraicos que sólo estaban destinados a esa decena de personas que habían
tomado parte en todas las peripecias de la lucha con la minoría después del
Congreso. El camarada Plejánov incurrió en esta desgracia pór violar el
principio fundamental de la dialéctica que con tan poca fortuna había
invocado: no hay verdades abstractas la verdad es siempre concreta. Precisamente
por ello estaba fuera de lugar el revestir de una forma abstracta el concretísimo
pensamiento de hacer una concesión a los martovistas después del Congreso de
la Liga.
Las concesiones, idea que el camarada Plejánov propugna
como nueva palabra de combate, son legítimas e imprescindibles en dos casos: o
cuando el que cede se ha convencido de que tiene razón quien le exige que ceda
(los dirigentes políticos honrados reconocen en este caso franca y
terminantemente su error), o cuando se cede a una exigencia que no es razonable
ni beneficiosa para la causa en evitación de mayores males. Del artículo que
examinamos resulta bien claro que el autor se refiere al segundo caso: habla
francamente de hacer una concesión a revisionistas y a individualistas
anarquistas (es
pág. 219 decir, a los martovistas, según saben ahora, por las actas de la Liga, todos
los miembros del Partido), concesión que es imprescindible para evitar la
escisión. Como veis, la pretendida idea nueva del camarada Plejánov se reduce
plenamente a la no muy nueva sabiduría popular: los pequeños disgustos no
deben empañar un gran placer, una pequeña necedad oportunista y una pequeña
frase anarquista son preferibles a una gran escisión del Partido. El camarada
Plejánov veía claramente, cuando escribía este artículo, que la minoría
representa el ala oportunista de nuestro Partido y que lucha empleando
procedimientos anarquistas. El camarada Plejánov proponía combatir a esta
minoría por medio de concesiones personales, algo así como (de nuevo si
licet parva componere magnis ) la socialdemocracia alemana luchó contra
Bernstein. Bebel de claraba públicamente en los congresos de su Partido que no
conocía hombre más sensible a la influencia del ambiente que el camarada
Bernstein (no el señor Bernstein, según gustaba de decir antes el camarada
Plejánov, sino el camarada Bernstein): lo acogeremos entre nosotros, le haremos
delegado en el Reichstag, lucharemos contra el revisionismo, pero no lo
combatiremos con inoportuna aspereza (a lo Sobakévich-Parvus), sino que le
daremos "dulce muerte" (kill with kindness ), según la
definición que, si no recuerdo mal, hizo el camarada M. Beer en una reunión
socialdemócrata inglesa, defendiendo el espíritu de concesión de los
alemanes, su espíritu pacífico, dulce, flexible y prudente ante los ataques
del Sobakévich Hyndman inglés. Del mismo modo deseaba el camarada Plejánov
"dar dulce muerte" al pequeño anarquismo y al pequeño oportunismo de
los camaradas Axelrod y Mártov. Verdad es que, junto a alusiones bien claras a
los "anarquistas individualistas", el camarada Plejánov habla
intencionada-
pág. 220
mente con poca claridad de los revisionistas, como si se refiriera a los
miembros de "Rabócheie Dielo" que pasaban del oportunismo a la
ortodoxia, y no a Axelrod y Mártov, que empezaban a pasar de la ortodoxia al
revisionismo. Pero esto fue un inocente ardid* militar, una mala obra de
fortificación que no podía resistir al fuego de artillería de la publicidad
hecha en el seno del Partido.
En efectó, quien se entere de las circunstancias
concretas del momento político que describimos, quien penetre en la psicología
del camarada Plejánov comprenderá que yo no pude entonces proceder de otro
modo que como procedí. Lo digo para los partidarios de la mayoría que me
acusaron de haber hecho entrega de la redacción Cuando el camarada Plejánov
viró, después del Congreso de la Liga, y de partidario de la mayoría se hizo
partidario de la reconciliación a toda costa, yo estaba obligado a interpretar
este viraje en el
pág. 221
mejor sentido. ¿Habría querido dar el camarada Plejánov en su artículo un
programa de buena y honrada paz? Todo programa de este tipo se reduce a que
ambas partes reconozcan sinceramente las faltas cometidas. ¿Cuál era el error
que el camarada Plejánov señalaba en la mayoría? Una aspereza fuera de lugar,
digna de Sobakévich, para los revisionistas. No sabemos a qué se refería el
camarada Plejánov al decir esto: a su chiste de los asnos o a aquella alusión
de imprudencia suma en presencia de Axelrod, al anarquismo y al oportunismo; el
camarada Plejánov había preferido expresarse en forma "abstracta",
señalando, además, a Pedro. Cuestión de gustos, claro. Pero yo había
reconocido mi aspereza personal francamente tanto en mi carta a un iskrista,
como en el Congreso de la Liga: ¿cómo podía dejar de reconocer tal
"error" en la mayoría? Por lo que hace a la minoría, el camarada
Plejánov indicaba claramente su falta: revisionismo (cfr. su observación sobre
el oportunismo en el Congreso del Partido y sobre el jauresismo en el Congreso
de la Liga) y anarquismo, que había conducido hasta la escisión. ¿Podía yo
oponerme a que, por medio de concesiones personales y en general de toda clase
de "kndness " (amabilidad, dulzura, etc.), se consiguiera el
reconocimiento de esas faltas y se para lizara el mal por ellas originado? ¿Podía
yo oponerme a se mejante tentativa, cuando el camarada Plejánov trataba
directamente de convencer en el artículo "¿Qué es lo que no hay que
hacer?" que se "perdonara a los adversarios "
revisionistas, que sólo eran revisionistas "por cierta
inconsecuencia"? Y si yo no creía en semejante tentativa, ¿podía
proceder de otro modo que no fuera haciendo una concesión personal en lo
tocante al Organo Central y pasando al C.C. para defender
pág. 222
la posición de la mayoría?* Negar en absoluto la posibilidad de semejantes
tentativas y cargar yo solo con la responsabilidad de la inminente escisión era
cosa que yo no podía hacer, por el solo hecho de que yo mismo, en mi carta del
6 de octubre, me inclinaba a explicar la pelea por "irritación
personal". Por otra parte consideraba y considero que es para mí un deber
político defender la posición de la mayoría. Era difícil y arriesgado
confiar en este sentido en el camarada Plejánov, porque todo indicaba que su
frase: "un dirigente del proletariado no tiene derecho a ceder a sus
inclinaciones combativas cuando son contrarias a los cálculos políticos",
el camarada Plejánov estaba dispuesto a interpretarla dialécticamente en el
sentido de que, ya que había que tirar, lo más ventajoso (dado el clima de
Ginebra en noviembre) era tirar contra la mayoría. . . Era imprescindible
defender la posición de la mayoría, porque el camarada Plejánov -- mofándose
de la dialéctica, que pide un examen concreto y omnilateral --,
pág. 223
al tratar el problema de la buena (?) voluntad del revolucionario, dejó
modestamente a un lado la cuestión de la confianza en el revolucionario,
de la fe en el "dirigente del proletariado" que dirigía un ala
determinada del Partido. Ha blando del individualismo anarquista y recomendando
cerrar "de cuando en cuando" los ojos a los casos de infracción de la
disciplina, y ceder "a veces" al relajamiento propio de intelectuales,
que "radica en un sentimiento que nada tiene de común con la fidelidad a
una idea revolucionaria", olvidaba el camarada Plejánov, por lo visto, que
también hay que tener en cuenta la buena voluntad de la mayoría del Partido, y
que son precisamente los militantes prácticos quienes deben determinar
la medida en que ha de cederse a los individualistas anarquistas. El
trabajo práctico con un individualista anarquista en una misma organización es
tan difícil como fácil resulta la lucha literaria contra los infantiles
absurdos anarquistas. El escritor que se comprometiera a determinar la medida en
que es posible ceder al anarquismo en la práctica, sólo demostraría al
hacerlo desmesurada fatuidad literaria, una fatuidad realmente de doctrinario.
El camarada Plejánov observaba majestuosamente (para darse aires de importancia
como decía Basárov[19])
que en caso de una nueva escisión los obreros dejarían de comprendernos, y a
la vez iniciaba él mismo en la nueva Iskra una infinita serie de artículos
que en su verdadero sentido, en sentido concreto, tenían necesariamente que ser
incomprensibles, no sólo para los obreros, sino en general para todo el mundo.
No es de extrañar, pues, que un miembro del C.C., que leyó en las pruebas el
artículo "¿Qué es lo que no hay que hacer?", advirtió al camarada
Plejánov que su plan de reducir hasta cierto punto determinada publicación
(las actas del Congreso del Partido y del Congreso de la Liga) lo desbarataba
precisamente ese artículo, que encendía
pág. 224 la curiosidad, sacaba al juicio de la calle[*]
algo picante y falto, al mismo tiempo, de toda claridad, provocando
inevitablemente preguntas de personas extrañadas: "¿Qué es lo que ha
pasado?" No es de extrañar que precisamente este artículo del camarada
Plejánov, por el carácter abstracto de sus razonamientos y la falta de
claridad de sus alusiones, fuera motivo de júbilo en las filas de los enemigos
de la socialdemocracia: un cancán en las páginas de "Revolutsiónnaia
Rossía" y entusiastas elogios de los consecuentes revisionistas de
"Osvobozhdenie". El origen de todas estas divertidas y amargas
confusiones, de las que en forma tan divertida y amarga se desenredó después
el camarada Plejánov, estaba precisamente en una violación del principio
fundamental de la dialéctica: los problemas concretos hay que tratarlos
plenamente de un modo concreto. Sobre todo, el júbilo del señor Struve no podía
ser más natural: a él no le importaban los "buenos" fines (kill
with kindness ) que perseguía (pero podía no alcanzar) el camarada Plejánov;
el señor Struve aplaudía, y no podía por menos de aplaudir el viraje hacia
el ala oportunista de nuestro Partido que se había iniciado en la nueva Iskra,
como ve ahora todo el mundo. Los demócra-
pág. 225
tas burgueses rusos no son los únicos en aplaudir cualquier viraje hacia el
oportunismo, por pequeño y provisional que sea, en todos los partidos socialdemócratas.
Lo más raro en el juicio que viene de un enemigo inteligente es la total
confusión: dime quién te alaba y te diré en qué te has equivocado. Y en vano
cuenta el camarada Plejánov con un lector poco atento, tratando de presentar
las cosas como si la mayoría estuviera terminantemente en contra de la concesión
personal en lo tocante a la cooptación, y no contra el paso del ala izquierda
del Partido a la derecha. La cuestión no consiste de ningún modo en que el
camarada Plejánov, para evitar la escisión, haya hecho una concesión personal
(lo cual es muy de elogiar), sino en que, después de reconocer plenamente la
necesidad de discutir con los revisionistas inconsecuentes y con los
individualistas anarquistas, prefirió discutir con la mayoría, de la que se
había separado por la medida de las concesiones prácticas que era
posible hacer al anarquismo. La cuestión no consiste de ningún modo en que el
camarada Plejánov haya cambiado la composición personal de la redacción, sino
en que ha cambiado su posición en el debate contra el revisionismo y el
anarquismo, ha cesado de defender esta posición en el Organo Central del
Partido.
Por lo que se refiere al C.C., que era entonces el
único representante organizado de la mayoría, la divergencia entre él (el
C.C.) y el camarada Plejánov consistía en aquel momento exclusivamente en
la medida de las concesiones prácticas que era posible hacer al anarquismo.
Había pasado casi un mes desde el primero de noviembre, fecha en que, al
retirar me, dejé las manos libres a la política del kill with kindness.
Por medio de toda clase de relaciones, el camarada Plejánov pudo comprobar
perfectamente lo que vale esta política. En
pág. 226
este período, el camarada Plejánov publicó su artículo "¿Qué es lo
que no hay que hacer?", artículo que fue -- y sigue siendo -- el único
pase, por decirlo así, con que los martovistas entraron en la redacción. Las
consignas de revisionismo (con el que hay que discutir, pero perdonando al
adversario) e individualismo anarquista (al que hay que mimar, dándole dulce
muerte) están escritas en este pase en llamativa negrilla. Venid, señores,
venid, yo os daré dulce muerte, eso es lo que dice el camarada Plejánov con
esa tarjeta de invitación a sus nuevos colegas de redacción. Claro que al C.C.
no le quedaba sino decir su última palabra (que es lo que quiere decir ultimátum:
última palabra sobre las posibilidades de paz) acerca de la medida en que podrían
consentirse, desde su punto de vista, concesiones prácticas al individualismo
anarquista. O queréis la paz, en cuyo caso ahí tenéis determinado número de
puestos, que demuestran nuestra bondad, nuestro deseo de paz, nuestra
condescendencia, etc. (y más no podemos dar, si queremos garantizar la paz en
el Partido, y no la paz en el sentido de no haber discusiones, sino en el
sentido de no destruir el Partido por el individualismo anarquista); tomad estos
puestos e iniciad nuevamente, poco a poco, el viraje des de las posiciones de Akímov
hasta las de Plejánov. O bien queréis manteneros en vuestro punto de vista y
desarrollarlo, virar definitivamente (aunque sólo sea en el terreno de los
problemas de organización) hacia Akímov, y convencer al Partido de que tenéis
razón contra Plejánov, y en ese caso haceos cargo del grupo literario, obtened
una representación en el Congreso y poneos a conquistar la mayoría en lucha
honrada, en franca polémica. Esta alternativa, que con toda claridad ponía
ante los martovistas el ultimátum del Comité Central, el 25 de noviembre de
1903 (v "Estado de sitio" y
pág. 227
"Comentarios a las actas de la Liga")* concuerda plenamente con la
carta que el 6 de octubre de 1903 dirigíamos Plejánov y yo a los antiguos
redactores: irritación personal (y entonces, en el peor de los casos, se
podía "cooptar") o divergencia de principio (y entonces había que empezar
por convencer al Partido, y luego hablar de cambios en la composición personal
de los organismos centrales). El C.C. podía dejar la solución de tan delicado
dilema a los mismos martovistas, tanto más cuanto que precisamente por
entonces el camarada
pág. 228
Mártov escribía en su profesión de fe ("De nuevo en minoría")
los renglones siguientes:
"La minoría aspira a un solo honor : dar en
la historia de nuestro Partido el primer ejemplo de que es posible ser
"vencido" sin formar un nuevo Partido. Esta posición de la
minoría resulta de todas sus opiniones sobre el desarrollo del Partido en el
terreno de la organización, resulta de la conciencia de los fuertes lazos que
la unen al anterior trabajo del Partido. La minoría no cree en la fuerza mística
de las 'revoluciones en el papel' y ve en la profunda razón de ser de
sus aspiraciones la garantía de que, por medio de una propaganda puramente
ideológica en el seno del Partido, conseguirá el triunfo de sus
principios de organización " (subrayado por mí).
¡Bellas y altivas palabras! Y qué amargo fue convencerse
en la práctica de que eran sólo palabras. . . Perdóneme usted,
camarada Mártov, pero ahora yo en nombre de la mayoría, declaro
aspirar a ese "honor", que usted no ha merecido. El honor
será, en efecto, considerable y vale la pena luchar por él, porque la tradición
del espíritu de círculo nos ha dejado una herencia de escisiones
extraordinariamente fáciles, un aplicar con inusitado celo la regla de: tan
pronto me besas la mano como me das de puñetazos.
Un gran placer (tener un partido único) debía pesar más,
y pesó más, que pequeños disgustos (las querellas por la cooptación). Yo me
retiré del Organo Central, y el camarada Igrek (delegado por mí y por Plejanov
al Consejo del Partido, por la redacción del Organo Central) se retiró del
Consejo. Los martovistas contestaron a la última palabra del C.C. sobre la paz
con una carta (v. obras citadas) que equivalía a una declaración de guerra.
Entonces, y sólo entonces, escribo
pág. 229 yo a la redacción (N.ƒ 53 de Iskra ) la carta en que exigía la
publicidad[*]. Si hablamos de
revisionismo, si discutimos sobre inconsecuencia y sobre individualismo
anarquista, sobre el fracaso de diversos dirigentes, vamos a contarlo todo, señores,
sin ocultar nada de lo sucedido: ése era el contenido de mi carta sobre la
publicidad. La redacción contesta a ella con furiosas injurias e instructivos
consejos: no te atrevas a venir con "minucias y querellas propias de la
vida de círculos " (N.ƒ 53 de Iskra). Ah, con que "minucias y
querellas propias de la vida de círculos", pienso para mis adentros. . . es
ist mir recht, señores, en eso estoy de acuerdo. Porque eso quiere decir
que toda la historia de la cooptación vosotros la colocáis directamente entre
las querellas de círculos. Y es verdad. Pero ¡qué extraña disonancia
resulta cuando, en el artículo de fondo del mismo número 53, la misma (parece
ser que la misma) redacción empieza a hablar de burocratismo, formalismo,
etc.!** No te atrevas a plantear la cuestión de la lucha por la cooptación
para el Organo Central, porque eso son querellas. Pero nosotros plantearemos la
cuestión de la cooptación para el Comité Central y no la llamaremos querella,
sino divergencia de principio sobre "formalismo". -- Bueno, me parece,
queridos camaradas, que nos permitiréis no consentiros esto. Queréis tirar
contra mi fortaleza y me exigís que os entregue mi artillería. ¡Qué
bromistas! Y yo escribo y publico fuera de Iskra mi "Carta a la
redacción"
pág. 230
("Por qué me he retirado de la redaccián de Iskra)[ A esta mención de la paz contestaron abriendo fuego todas
las baterías enemigas, incluso el Consejo. Llovían los proyectiles. Autócrata,
Schweitzer, burócrata, formalista, supercentro, unilateral, rígido, terco,
estrecho, sospechoso, intratable . . . ¡Muy bien, amigos! ¿Habéis terminado?
¿No tenéis nada más en reserva? Malas son vuestras municiones.
Ahora tengo yo la palabra. Vamos a ver qué contenido
tienen los nuevos puntos de vista de la nueva Iskra en el terreno de la
organización y la relación que estos puntos de vista guardan con la división
de nuestro Partido en "mayoría" y "minoría", división
cuyo verdadero carácter hemos demostrado al analizar los debates y votaciones
del II Congreso
pág. 230
Para analizar la posición de principios de la nueva Iskra,
hay que tomar por base, sin duda, dos folletones del camarada Axelrod[ La tesis fundamental del camarada Axelrod (N.ƒ 57 de Iskra
) es la siguiente: "Nuestro movimiento ha encerrado en sí desde el
primer momento dos tendencias opuestas, cuyo mutuo antagonismo no podía por
menos de desarrollarse y reflejarse en él paralelamente a su propio
desarrollo" A saber: "En principio, el objetivo proletario del
movimiento (en Rusia) es el mismo que el de la socialdemocracia de
Occidente".
pág. 232
Pero en nuestro país la influencia sobre las masas obreras emana "de un
elemento social que les es extraño": los intelectuales radicales. De modo
que el camarada Axelrod constata que en nuestro Partido existe un antagonismo
entre las tendencias proletarias y las tendencias intelectuales radicales.
En esto tiene el camarada Axelrod absoluta razón. No hay
duda de que existe semejante antagonismo (y no sólo en el Partido Socialdemócrata
Ruso). Y aún más: todo el mundo sabe que precisamente este antagonismo explica
en gran medida la división de la socialdemocracia contemporánea en
socialdemocracia revolucionaria (ortodoxa también) y socialdemocracia
oportunista (revisionista, ministerialista, reformista), división que también
se ha puesto con plena claridad de manifiesto en Rusia en el transcurso de los
últimos diez años de nuestro movimiento. Todo el mundo sabe también que es
precisamente la socialdemocracia ortodoxa la que expresa las tendencias
proletarias del movimiento, mientras que la socialdemocracia oportunista expresa
las tendencias intelectuales democráticas.
Pero, al abordar de lleno este hecho notorio, el camarada
Axelrod, temeroso, empieza a retroceder. No hace ni el mínimo intento de
analizar cómo se ha manifestado esta división en la historia de la
socialdemocracia rusa, en general, y en el Congreso de nuestro Partido, en
particular, launque el camarada Axelrod escribe precisamente con motivo del
Congreso! Lo mismo que toda la redacción de la nueva Iskra, el camarada
Axelrod da myestras de un miedo mortal ante las actas de este Congreso.
Esto no debe extrañarnos después de todo lo que hemos dicho más arriba, pero,
tratándose de un "teórico" que pretende estudiar las diversas
tendencias de nuestro movimiento, es un caso original de fobia a la verdad.
Después de haber relegado al olvido, por esta particularidad
pág. 233
que le caracteriza, los datos más recientes y más exactos sobre las
tendencias de nuestro movimiento, el camarada Axelrod busca la salvación en la
esfera de los dulces sueños: "Puesto que el marxismo legal o
semimarxisrno, dice, ha dado un jefe literario a nuestros liberales, ¿por qué
no ha de procurar la traviesa historia a la democracia burguesa revolucionaria
un jefe procedente de la escuela del marxismo ortodoxo, revolucionario?" A
propósito de este sueño, grato al camarada Axelrod, sólo podemos decir que,
si la história hace a veces travesuras, ello no justifica las travesuras del
pensamiento de una persona que se pone a analizar esa misma historia. Cuando
bajo el jefe del semimarxismo aparecía el liberal, las personas que querían (y
sabían ) averiguar el fondo de sus "tendencias", no se remitían
a posibles travesuras de la historia, sino a decenas y centenares de rasgos
psicológicos y lógicos La otra referencia del camarada Axelrod -- a los
"jacobinos" -- es aún más instructiva. El camarada Axelrod no
ignora, probablemente, que la división de la socialdemocracia contemporánea en
revolucionaria y oportunista ha dado lugar hace ya tiempo, y no solamente en
Rusia, "a analogías histó-
pág. 234
ricas con la época de la Gran Revolución Francesa". El camarada
Axelrod no ignora, probablemente, que los girondinos de la socialdemocracia
contemporánea recurren siempre y en todas partes a los términos de
"jacobinismo", "blanquismo", etc. para caracterizar a sus
adversarios. No imitemos, pues, al camarada Axelrod en su fobia a la verdad y
veamos las actas de nuestro Congreso, por si contienen datos para el análisis y
comprobación de las tendencias que estudiamos y de las analogías que estamos
examinando.
Primer ejemplo. La discusión del programa en el Congreso
del Partido. El camarada Akímov ("enteramente de acuerdo" con el
camarada Martínov) declara: "El párrafo sobre la conquista del Poder político
(sobre la dictadura del proletariado), si se compara con todos los demás
programas socialdemócratas, ha sido redactado de un modo que puede
interpretarse, y en efecto ya ha sido interpretado por Plejánov, en el sentido
de que el papel de la organización dirigente deberá dejar en un segundo plano
a la clase por ella dirigida, y aislar a la primera de la segunda. Y la
formulación de nuestras tareas políticas es exactamente igual que la hecha por
'La Voluntad del Pueblo'" (pág. 124 de las actas). El camarada Plejánov y
otros iskristas replican al camarada Akímov, acusándole de oportunismo. ¿No
cree el camarada Axelrod que esta discusión nos demuestra (en realidad, y no en
imaginarias travesuras de la historia) el antagonismo existente entre los modernos
jacobinos y los modernos girondinos de la socialdemocracia? ¿Y no
será que el camarada Axelrod ha hablado de jacobinos porque (a consecuencia de
los errores que ha cometido) se encuentra entre los girondinos de la
socialdemocracia?
Segundo ejemplo. El camarada Posadovski plantea la cuestión
de una "seria discrepancia" sobre la "cuestión fun-
pág. 235
damental" del "valor absoluto de los principios democráticos"
(pág. 169). Juntamente con Plejánov, niega que tengan un valor absoluto. Los líderes
del "centro" o de la charca (Iegórov) y de los antiiskristas
(Goldblat) se alzan resueltamente contra esto, considerando que Plejánov
"imita la táctica burguesa" (pág. 170). Esto es precisamente la
idea del camarada Axelrod sobre la relación entre la ortodoxia y la tendencia
burguesa, con la única diferencia de que Axelrod deja esta idea en el aire,
mientras que Goldblat la relaciona con determinados debates. Una vez más
preguntamos si el camarada Axelrod no cree que también esta discusión nos
muestra palpablemente, en nuestro Congreso del Partido, el antagonismo
entre los jacobinos y girondinos de la socialdemocracia contemporánea ¿No
gritará el camarada Axelrod contra los jacobinos porque ha resultado que se
encuentra entre los girondinos?
Tercer ejemplo. La discusión sobre el artículo primero
de los estatutos. ¿Quién defiende "las tendencias proletarias en
nuestro movimiento ", quién subraya que el obrero no teme a la
organización, que el proletario no simpatiza con la anarquía, que aprecia el
estímulo de la consigna "¡Organizaos!"? ¿Quién pone en guardia
contra la intelectualidad burguesa, penetrada hasta la médula de oportunismo? Los
jacobinos de la socialdemocracia. ¿Y quién pasa de contrabando en el
Partido a los intelectuales radicales, quién se preocupa de los profesores, de
los estudiantes de bachillerato, de los individuos sueltos, de la juventud
radical? El girondino Axelrod junt
* Véase las actas del II Congreso.
** Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VI.
* Véase las actas del II Congreso.
EN EL CONGRESO
CON EL COMITE DE ORGANIZACION
* Véase sobre esta reunión la
"Carta" de Pavlóvich[4],
miembro del Comité de Organización, que, además, había sido elegido por
unanímidad, antes del Congreso, representante autorizado de la redacción,
de la que era séptimo miembro (actas de la Liga, pág. 44).
* Tenemos ahora en el Partido gentes que,
al oir esta palabra, se horrorizan y se lamentan a gritos de una polémica
impropia de camaradas. ¡Extraña deformación del sentido común bajo la
influencia de la corrección oficial. . . cuando se aplica indebidamente! Casi
no hay partido político con lucha interna que prescinda de este término, que
sirve siempre para designar a los elementos inconstantes que vacilan entre los
que luchan. Tampoco los alemanes, que saben mantener la lucha interna en un
marco de exquisita corrección, se ofenden por la palabra "versumpft [encharcado
-- N. de la Red.] Y no se horrorizan ni manifiestan ridícula "pruderie
" [gazmoñería -- N. de la Red.] oficial.
RABOCHI"
DERECHOS DE LAS LENGUAS
* Observación desde un escaño durante un
discurso. (N. de la Red.)
* Mártov añade: "En este caso
nos hizo mucho daño el chiste de Plejánov a propósito de los burros"
(cuando se hablaba de la libertad de lengua, alguien, creo que un bundista,
recordó entre las instituciones la de la cría caballar, y Plejánov dijo
para sí: "Los caballos no hablan, pero sí lo hacen algunas veces los
burros"). Claro que yo no puedo ver en este chiste una suavidad especial,
espíritu de concesión, prudencia ni flexibilidad. Pero me extraña, sin
embargo, que Mártov, después de reconocer el carácter de principio
de la discusión, no se detenga en absoluto a examinar en qué consiste este
carácter de principio ni qué matices tiene, limitándose a una indicación
de lo "perjudiciales" que son los chistes. ¡Esto sí que es ya un
punto de vista auténticamente burocrático y formalista! Los chistes pesados,
en efecto, "hicieron mucho daño en el Congreso", y no sólo los
referentes a los bundistas, sino otros que iban dirigidos contra personas a
quienes éstos algunas veces apoyaron e incluso salvaron de la derrota. Pero,
una vez reconocido el valor de principio del incidente, no puede uno salir del
paso limitándose a decir que son "inadmisibles" ciertos chistes (pág.
58 de las actas de la Liga).
* Véase V. I. Lenin: Obras Completas,
t. IV.
* V. el discurso de Gorin.
* Otro lider de ese mismo grupo, del
"centro", el camarada Iegórov, expresó en otro lugar su opinión
sobre el apoyo a las tendencias oposicionistas, al tratarse de la resolución
de Axelrod sobre los socialrevolucionarios (pág. 359). El camarada Iegórov
ve una "contradicción" entre la exigencia, que figura en el
programa, de apoyar todo movimiento de oposición y revolucionario, y
la actitud negativa ante socialrevolucionarios y liberales. En otra
forma, y abordando la cuestión de un modo algo distinto, el camarada Iegórov
muestra en este punto la misma concepción estrecha del marxismo que los
camaradas Májov, Liber y Martinov y la misma actitud vacilante y semihostil
ante la posición de Iskra (que él mismo ha "reconocido").
PROYECTO DEL CAMARADA MARTOV
* En el discurso pronunciado cuando se
reconoció a Iskra como Organo Central, el camarada Popov, entre otras
cosas, dijo lo siguiente: "Recuerdo, en el número tres o cuatro de Iskra,
el artículo '¿Por dónde empezar?' Muchos de los camaradas que por entonces
actuaban en Rusia lo encontraron falto de tacto; a otros, el plan les parecla
fantástico, y la mayoría (probablemente la mayoría de las personas que
rodeaban al camarada Popov) lo explicaba sólo por vanidad" (pág. 140).
Como puede ver el lector, estoy ya acostumbrado a esta explicación de mis
opiniones políticas como vanidad, explicación que ahora caldean el camarada
Axelrod y el camarada Mártov.
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. V. (N. de la Red.)
** ibíd.
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI. (N. de la Red.)
** Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VII. (N.
de la Red.)
* A propósito. La comisión de actas
ha publicado en el anexo XI el proyecto de estatutos "presentado al
Congreso por Lenin " (pág. 393). También en este punto ha
embrollado un poco las cosas la cómisión de actas. Ha confundido mi proyecto
inicial, que se mostró a todos los delegados (y 8 muchísimos antes del
Congreso) con el que presenté en el Congreso (v. V. I. Lenin, Obras
Completas, t. VI -- N. de la Red.) y ha publicado el primero como
si fuera el segundo. Yo, naturalmente, no tengo nada en contra de la publicación
de mis proyectos, incluso en todos los grados de su preparación, pero
no por eso hay que embrollar las cosas. Y, sin embargo, ha resultado un
embrollo, porque Popov y Mártov (págs. 154 y 157) critican, en el proyecto
que presenté al Congreso, formulaciones que no existen en el proyecto
publicado por la comisión de actas (cfr. pág. 394, arts. 7 y 11). Con más
atención para el asunto, bastaba haber cotejado las páginas que yo indicaba
para notar el error.
* He de advertir que no he podido encontrar, y lo lamento,
la primera variante del proyecto de Mártov, que tenía algo así como 48 artículos
y adoleda de una "hipertrofia" aún mayor de formalismo sin objeto.
* Llamamos la atención del camarada
Axelrod sobre esta palabreja. ¡Un verdadero horror! Esto sí que son las raíces
mismas de "jacobinismo", que llega hasta. . . hasta modificar la
composición de la redacción. . .
ANTES DE LA ESCISION ENTRE LOS
ISKRISTAS
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI. (N. de la Red.)
* La palabra "organización"
suele utilizarse en dos sentidos: amplio y estrieto. En sentido estricto,
designa una célula de una colectividad humana, en cuanto ha adquirido aunque
sea la más mínima forma. En sentido amplio, significa una suma de dichas células,
reunidas en un todo. Por ejemplo: la marina, el ejéreito, el Estado,
constituyen simultáneamente una suma de organizaciones (en el sentido
estricto de la palabra) y una variedad de organizaeión social (en el sentido
amplio de la palabra). El departamento de Instrucción Pública es una
organizatión (en el sentido amplio de la palabra), y consta de una serie de
organizaciones (en el sentido estricto de la palabra). Del mismo modo, un
partido es asimismo una organización, debe ser una organización (en
el sentido amplio de la palabra); pero, al mismo tiempo, un partido debe
constar de una serie de organizaciones diversas (en el sentido estricto de la
palabra). De aquí que el camarada Axelrod, al hablar de la delimitación
entre los [cont. en pág. 68. -- DJR]
conceptos de partido y organización, no ha tenido en cuenta, en primer lugar,
esta diferencia entre el sentido amplio y estricto de la palabra
"organización" y, en segundo lugar, no se ha fijado en que ha
mezclado, él mismo, en un solo montón a elementos organizados y no
organizados.
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. V. (N. de la Red.)
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. V. (N. de la Red.)
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. V. (N. de la Red.)
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. V. (N. de la Red.)
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI (N. de la Red.)
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI (N. de la Red.)
* El camarada Martinov, por lo demás,
quiere distinguirse del camarada Akímov, quiere demostrar que conspirativo no
quiere decir clandestino, que la diferencia existente entre estas dos palabras
envuelve una diferencia de conceptos. Pero ni el camarada Martínov ni el
camarada Axelrod, que ahora sigue sus huellas, han explicado al fin en qué
consiste esa diferencia. El camarada Martínov "hace como" si yo,
por ejemplo, en ¿Qué
hacer? (lo mismo que en Las tareas ) [véase: V. I. Lenin, Obras
Completas, t. II. -- N. de la Red.] no me hubiera dedarado
terminantemente en contra de "reducir la lucha política a una
conspiración". El camarada Martinov quiere forzar a sus oyentes a
olvidar que aquellos contra quienes yo luchaba no veían la
necesidad de una organización de revolucionarios, como no la ve
tampoco ahora el camarada Akímov.
* En el Congreso de la Liga, el camarada Mártov
expuso aún otro argumento en favor de su formulación, que mueve a risa.
"Podríamos indicar -- dice -- que la fórmula de Lenin, entendida al pie
de la letra excluye del Partido a los agentes del C.C., ya que estos últimos
no constituyen una organización" (pág. 59). Ya en el Congreso de la
Liga este argumento fue acogido con risas, según consta en las actas.
El camarada Mártov supone que la "dificultad" por él indicada sólo
puede solucionarse si los agentes del C.C. entran a formar parte de una
"organización del C.C.". Pero la cosa no consiste en esto. Consiste
en que, con su ejemplo, el camarada Mártov ha demostrado palmariamente una
incomprensión total de la idea del artículo primero, ha dado ejemplo de
una crítica pedantesca que, en efecto, merece la burla. Formalmente,
bastaría crear una "organización de agentes del C.C.", redactar una
resolución que la incluyera en el Partido y habría desaparecido al
momento la "dificultad" que tantos quebraderos de cabeza ha causado
al camarada Mártov. Pero la idea del artículo primero, en mi
formulación, consiste en el estímulo : "¡Organizaos!"; en asegurar
un control y una dirección reales. Desde el punto de vista del fondo
del asunto, es ya ridículo preguntar si so incluirán en el Partido los
agentes del C.C., porque el control real de su [cont. en
pág. 87. -- DJR] actividad está plena e indudablemente
asegurado por el mismo hecho de su designación como agentes, por el
mismo hecho de que siguen en este cargo. Por consiguiente, no puede aqui ni
hablarse de confusión entre lo organizado y lo inorganizado (base del error
de la formulación del camarada Mártov). La fórmula del camarada Mártov no
sirve, porque todos y cada uno pueden declararse miembros del Partido, todo
oportunista, todo charlatán, todo "profesor" y todo
"estudiante de bachillerato". El camarada Mártov trata empeñadamente
de velar este talón de Aquiles de su formulación con ejemplos en los
que no puede ni hablarse de que alguien se incluya a sí mismo en la categoría
de miembro, de que se declare miembro.
* A estas elucubraciones, que
inevitablemente surgen cuando se trata de fundamentar la fórmula de Mártov,
pertenece en particular la frase del camarada Trotski (págs. 248 y 346) de
que "el oportunismo se debe a causas más complejas (o es determinado por
causas más profundas) que tal o cual punto de los estatutos: se debe al nivel
relativo de desarrollo de la democracia burguesa y del proletariado. . ."
No se trata de que los puntos de los estatutos puedan dar lugar al
oportunismo, sino de forjar, con ellos, un arma más o menos afilada contra el
oportunismo. Cuanto más profundas sean sus causas, tanto más afilada deberá
ser el arma. Por consiguiente, justificar por las "causas
profundas" del oportunismo una formulación que le abre las puertas, es
el más genuino de los seguidismos. Cuando el camarada Trotski estaba en
contra del camarada Líber, comprendía que los estatutos son "la
desconfianza organizada" del todo hacia la parte, del destacamento de
vanguardia hacia el atrasado; pero cuando el camarada Trotski resultó estar
al lado del camarada Líber se olvidó de ello, e incluso llegó a justificar
la debilidad e inconstancia en nuestra organización de esta
desconfianza (desconfianza hacia el oportunismo), con "causas
complejas", con el "nivel de desarrollo del proletariado", etc.
Otro argumento del camarada Trotski: "a la juventud intelectual, de uno u
otro modo organizada, le es mucho más fácil incluirse (subrayado por mí) en
las listas del Partido". Precisamente. Por esto adolece de vaguedad
intelectual una formulación en virtud de la cual incluso elementos
desorganizados se declaran miembros del Partido, y no la mia, que elimina
el derecho a "incluirse" en las listas. El camarada Trotski dice que
si el C.C. "no reconoce" las organizaciones de oportunistas, ello se
debe sólo al caracter de las personas, y si estas personas [cont.
en pág. 90. -- DJR] son conocidas como personalidades políticas,
no son peligrosas, se las puede alejar por medio del boicot de todo el
Partido. Esto sólo es verdad para aquellos casos en que es preciso alejar
del Partido (y aún es una verdad a medias, porque un partido organizado
aleja mediante el voto y no por medio de un boicot). Pero es absolutamente
inexacto para los casos, mucho más frecuentes, en que es absurdo alejar,
en que es preciso solo controlar. Para fines de control, el C.C. puede
incluir infencionadamente en el Partido, con ciertas condiciones, una
organización no completamente segura, pero que sea capaz de trabajar, para
probarla, para intentar encauzarla por el correcto camino, para
paralizar mediante su dirección las desviaciones parciales, etc. Incluir de
este modo no es peligroso, siempre que no se consienta en general el
"incluirse a sí mismo " en las listas del Partido. Una
inclusión de esta índole será muchas veces beneficiosa, para que se
expresen (y se examinen) con franqueza y responsabilidad, bajo control,
los puntos de vista equivocados y la táctica equivocada. "Pero si las
definidones jurídicas han de corresponder a relaciones reales, la fórmula
del camarada Lenin tiene que ser rechazada", dice el camarada Trotski y
lo dice de nuevo como un oportunista. Las relaciones reales no son una cosa
muerta, sino que viven y se desarrollan. Las definiciones jurídicas pueden
estar a tono con el desarrollo progresivo de esas relaciones, pero (si estas
definiciones son malas) pueden también "corresponder" a una regresión
o a un anquilosamiento. Este último caso es precisamente el "caso"
del camarada Mártov.
* Obtuvo 28 votos a favor y 22 en contra.
De los ocho antiiskristas, siete votaron por Mártov y uno por mí. Sin el
auxilio de los oportunistas, el camarada Mártov no hubiera podido hacer triuníar
su fórmula oportunista. (En el Congreso de la Liga, el camarada Mártov, con
muy poca fortuna, trató de negar este hecho indudable, limitándose por no sé
qué razón a los votos de los bundistas y olvidando al camarada Akímov y a
sus amigos, o, mejor dicho, recordándolos tan sólo cuando este
recuerdo podía constituir un testimonio contra mí, es decir, recordando la
conformidad del camarada Brúker conmigo.)
ACUSACION DE OPORTUNISMO
* Ya en el Congreso de la Liga, para evitar
discusiona sin solución, procuré exponer con la mayor brevedad posible lo
que sucedió en las reuniones privadas. Los hechos fundamentales quedan
tambien expuestos en mi "Carta a la redacción de Iskra" (pág 4).
El camarada Mártov no ha protestado contra ellos en su "Respuesta".
* Imaginaos bien este "cuatro de
costumbres": un delegado de la organizadón de Iskra en el
Congreso delibera sólo con ella y no dice ni una palabra de la
reunión con el Comité de Organización. ¡Cuando es derrotado, tanto en esta
organización como en el Congreso, empieza a lamentar que no haya sido
confirmado el Comité de Organización, a [cont. onto pág.
97. -- DJR] canurle loas con fecha atrasada y a desentenderse
altivamente de la organizadón que le había otorgado el mandato! Puede
asegurarse que no hay hecho análogo en la historia de ningún partido
verdaderamente socialdemócrata y verdaderamente obrero.
* El camarada Mártov se lamentó en la
Liga de la dureza de mi desaprobadón, sin advertir que de sus quejas
resultaba un argumento contra él mismo. Lenin se condujo -- según la expresión
que él emplea -- con verdadera furia (pág. 63 de las actas de la Liga).
Exacto. Dio portazos. Exacto. Con su conducta (en la segunda o tercera reunión
de la organización de Iskra ) provocó la indignación de los miembros
que quedaban en la reunión. Es verdad. Pero ¿qué se deduce de eso?
Unicamente que mis argumentos sobre el fondo de los problemas en cuestión
eran convincentes y fueron confirmados por la marcha del Congreso. Porque lo
cierto es que si a mi lado quedaron, en fin de cuentas, nueve de los dieciséis
miembros de la organización de Iskra, bien claro está que este hecho
se produjo a pesar de todas las asperezas malignas, a despecho
de ellas. Por tanto, si no hubiera habido "asperezas", quizá habrían
votado conmigo aún más de nueve. De modo que tanto más convincentes eran
los argumentos y los hechos si tan grande fue la "in dignación" que
hubieron de contrapesar.
* También yo propuse en la organización
de Iskra y como Mártov, no conseguí hacedo triunfar, un candidato
para el C.C., de cuya magnífica reputación, demostrable por hechos
excepcionales, habría yo podido hablar antes del Congreso y a principios del
mismo. Pero no se me ocurre hacerlo. Este camarada tiene dignidad
suficiente para no permitir a nadie que después del Congreso proponga
en letras de molde su candidatura o se queje de entierros políticos, de
reputaciones deshechas, etc.
** Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VII. (N.
de la Red.)
* Según mis cálculos, la fecha que cita la carta
corresponde a un martes. La reunión tuvo lugar un martes por la noche, es
decir, después de la vigesima octava reunión del Congreso. Este dato
cronologico tiene gran importancia. Es una prueba documental contra la
opinión del camarada Mártov de que la divergencia entre nosotros se había
producido en [cont. en pág. 102. -- DJR]
el problema de la organización de los organismos centrales, y no en el de su
composición personal. Es una prueba documental de que era justa la
exposición que yo hice en el Congreso de la Liga y en la "Carta a la
redaccíón". Después de la vigésima octava sesión del
Congreso, los camaradas Mártov y Starovier se empeñan en hablar de una falsa
acusación de oportunismo y no dicen ni una palabra de la divergencia
que se produjo en lo tocante a la composición del Consejo o a la cooptación
para los organismos centrales (problemas sobre los que discutimos en las
sesiones 25, 26 y 27).
Por lo que se refiere a un posible acuerdo entre nosotros
sobre una lista común de candidatos para el C.C., declaramos que la única
lista que podemos aceptar como base de acuerdo es la siguiente: Popov,
Trotski, Gliébov, subrayando que esta lista tiene un carácter de compromiso,
porque el induir en ella al camarada Gliébov no significa más que una
concesión a los deseos de la mayoría, ya que, después de haber puesto en
claro el papel del camarada Gliébov en el Congreso, no consideramos que el
camarada Gliébov responda a lo que debe exigirse de un candidato al C.C.
Al mismo tiempo, subrayamos el hecho de que, al entrar en
negociaciones sobre las candidaturas para el C.C., lo hacemos sin tocar para
nada el problema de la composición de la redacción del Organo Central, ya
que no estamos dispuestos a iniciar negociaciones de ninguna clase sobre este
punto (composición de la redacción).
* Cuando los renglones precedentes estaban
ya en prensa hemos tenido noticias del incidente entre el camarada Gúsiev y
el camarada Deich. Examinaremos este incidente de un modo especial en el anexo.
(N. de la Red.)
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI. (N. de la Red.)
ESTATUTOS. COMPOSICION DEL CONSEJO
* El camarada Starovier se inclinaba también,
por lo visto, hacia el punto de vista del camarada Panin, con la única
diferencia de que este último sabía lo que quería, y, con toda
consecuencia, proponía resoluciones que convertían el Consejo en un
organismo puramente arbitral, de conciliación, mientras que el camarada
Starovier no sabía lo que quería al decir que, según el proyecto, el
Consejo debía reunirse "solo cuando lo desearan las partes" (pág.
266). Esto es francamente inexacto.
* Ni el camarada Popov ni el camarada Mártov
tuvieron reparo en llamar al camarada Akímov oportunista, y sólo comenzaron
a sentirse ofendidos y a indignarse cuando se les tildó a ellos mismos
con ese nombre, y con razón, por la "igualdad de derechos de las
lenguas" o por el artículo primero. El camarada Akímov, cuyas huellas
siguió el camarada Mártov, supo, sin embargo, portarse en el Congreso del
Partido con más dignidad y hombría que el camarada Mártov y sus secuaces en
el de la Liga. "A mí -- decía el camarada Akímov en el Congreso del
Partido -- me llaman oportunista; personalmente, considero que esta palabra es
una injuria y una ofensa y creo que no la merezco en absoluto; sin embargo, no
protesto" (pág. 296). ¿Le propondrían quizá los camaradas Mártov y
Starovier al camarada Akímov firmar su protesta contra la falsa acusación de
oportunismo y se negaría el camarada Akímov?
ESTATUTOS. LA COOPTACION PARA LOS
ORGANISMOS CENTRALES. SE RETIRAN
LOS DELEGADOS DE "RABOCHEIE DIELO"
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI. (N. de la Red.)
* Se trata de mi proyecto inicial de
Tagesordnung [orden del día. -- N. de la Red.] del Congreso y del
comentario al mismo, que conocían todos los delegados. El artículo 22 de
este proyecto trataba precisamente de la elección de dos tríos para el
Organo Central y el C.C., de la "cooptación recíproca" por estos
seis por mayoría de 2/3, de la confirmación de esta cooptación reciproca
por el Congreso y de la ulterior cooptación independiente para el Organo
Central y el Comité Central.
* Véase mi "Carta a la redacción de Iskra
", pág. 5, y las actas de la Liga, pág. 53.
* Véase pág. 140 de las actas, el
discurso de Akímov : ". . . se me dice que de las elecciones para
el Organo Central hablaremos al final"; el discurso de Muraviov
contra Akímov, "quien toma demasiado a pecho el problema de la futura
redacción del Organo Central" (pág. 141); el discurso de Pavlóvich,
cuando dice que, una vez designado el Organo Central, teníamos "datos
concretos con los cuales podíamos hacer las operaciones de las que tanto se
preocupaba el camarada Akímov", y que, en cuanto a la "sumisión"
de Iskra a los "acuerdos del Partido", no podía haber ni
sombra de duda (pág. 142); el discurso de Trotski: "si no confirmamos la
redacción, ¿qué es lo que confirmamos en Iskra? . . . No un nombre, sino
una orientación. . . , no un nombre, sino una bandera" (pág. 142); el
discurso de Martínov: ". . . Como muchos otros camaradas, creo que, al
tratar del reconocimiento de Iskra como periódico de deterrninada
tendencia, como Organo Central nuestro, no debemos tratar ahora de la [cont.
en pág. 143. -- DJR] forma te elegir o confirmar su redacción;
trataremos de ello más adelante, en el lugar correspondiente del orden del día.
. ." (pág. 143).
* Terminó el Congreso sin que nos enteráramos
a qué "asperezas" se refería el camarada Posadovski. En cambio, el
camarada Muraviov, en la misma sesión (pág. 322), puso en duda que se
hubiera interpretado fielmente su pensamiento, y cuando se ratificaba las
actas, declaró francamente que "había hablado de asperezas que había
habido en las deliberaciones del Congreso sobre diversas cuestiones, de
asperezas de un carácter de principio, cuya existencia, por desgracia, es en
el momento actual un hecho que nadie negará" (pág. 353).
* Cfr. el discurso del camarada Posadovski:
". . . Eligiendo a tres de entre los seis miembros de la antigua redacción
decís por ello mismo que los otros tres no hacen falta, que están de más. Y
no tenéis ni derecho ni motivos fundados para hacerlo."
* El camarada Mártov, en su "Estado
de sitio", se ha referido a esta cuestión del mismo modo que a los demás
problemas que trata. No se ha molestado en trazar un cuadro completo de la
discusión. Ha pasado modestamente por alto el unico problema que, con
verdadero carácter de principio, surgió en aquella discusión: ¿ternuras
filisteas o elección de funcionarios? ¿Punto de vista de partido o agravio a
fulano o mengano? También aquí se ha limitado el camarada Mártov a desgajar
de lo sucedido [cont. en pág. 147. -- DJR]
trocitos aislados y faltos de ilación, añadiendo toda clase de injurias para
mí. ¡Poco es eso, camarada Mártov!
Especialmente, insiste Mártov en preguntarme a mi, por
qué no se eligió en el Congreso a los camaradas Axelrod, Zasúlich y
Starovier. El punto de vista filisteo en el que se ha colocado, le impide ver
lo indecoroso de semejantes preguntas (¿por qué no pregunta a su
colega de redacción, al camarada Plejánov?). Ve una contradicción en el
hecho de que yo considere como "falta de tacto" la conducta de la
minoría en el Congreso en la cuestión de los seis y en que yo exija, al
mismo tiempo, que se informe de ello al Partido. No hay en este caso
contradicción, según podría ver el mismo Mártov, si se hubiera tomado la
molestia de exponer con ilación todas las peripecias del problema, y
no partes aisladas. Palta de tacto era plantear la cuestión desde un punto de
vista filisteo, apelar a la lástima y a la ofensa; los intereses de la
publicidad de partido hubieran exigido que se juzgara a fondo las
ventajas de los seis en comparación con los tres, que se valorara a los
candidatos para los cargos, que se juzgaran los matices: la minoría no
dijo ni una palabra de eso en el Congreso.
Si hubiera estudiado atentamente las actas, el camarada Mártov
hubiera visto en los discursos de los delegados toda una serie de
argumentos en contra de los seis. He aquí algunos puntos de estos discursos:
1) se aprecian claramente, en el antiguo grupo de los seis, rozamientos en el
sentido de matices de principio; 2) es de desear que el trabajo de redacción
se simplifique desde el punto de vista técnico; 3) el bien de la causa esta
por encima de las ternuras filisteas; sólo la elección puede asegurar que
las personas escogidas sean adecuadas a sus cargos; 4) no se pueden poner
limites a la libertad de elección por el Congreso; 5) el Partido no necesita
tan sólo en la actualidad un grupo literario en el Organo Central, en el
Organo Central no hacen falta sólo hombres de letras, sino también admi
nistradores; 6) en el Organo Central debe haber personas absolutamente
determinadas, a las que conozca el Congreso ; 7) un organismo formado
por seis personas es muchas veces incapaz de actuar, y su trabajo no se
hace merced a unos estatutos anormales, sino a pesar de ellos;
8) el dirigir un periódico es cosa que corresponde al Partido (y no a un
circulo), etc. Que trate el camarada Mártov, si es que tanto le interesan los
motivos de no haber sido elegidas ciertas personas, de comprender cada
una de esaf consideraciones y de refutar aunque sca una sola de ellas.
* Así entendió el camarada Sorokin las
palabras del camarada Deich (cfr. pág. 324, "diálogo violento con
Orlov") en aquella misma sesión. El camarada Deich explica (pág. 351)
que "no ha dicho nada de eso", pero el mismo reconoce en seguida que
ha dicho algo surnamente "parecido". "Yo no he dicho: quién se
decidirá -- explica el camarada Deich --, sino: me interesa ver quienes son
los que se decidirán [¡sic!] [¡el camarada Deich se corrige de mal en
peor!] a apoyar tan criminal [¡sic!] proposición como es la elección de los
tres" (pág. 351). El camarada Deich no ha refutado, sino que ha
confirmado las palabras del camarada Sorokin. Las palabras del camarada Deich
confirman que tenía razón el camarada Sorokin al censurar que "todos
los conceptos estuvieran allí confundidos" (en los argumentos de la
minoría a favor de los seis). El camarada Deich confirmaba cuán
oportunamente había recordado el camarada Sorokin la elemental verdad de que
"somos miembros del Partido y debemos proceder guiándonos exclusivamente
por consideraciones políticas". ¡Gritar que las elecciones eran criminales
significaba rebajarse, no sólo al espíritu filisteo, sino francamente al escándalo!
* Véase la presente edición, pág. 141-142.
(N. de la Red.)
* El camarada Mártov se refiere,
probablemente, a la expresión del camarada Posadovski: "asperezas".
Repito que terminó el Congreso sin gue Posadovski le explicara lo que él
quería decir, y el camarada Muraviov, que utilizó la misma expresión,
aclaró que hablaba de asperezas de principio, que babian surgido en
las deliberaciones del Congreso. Los lectores recordarán que el único
caso de deliberaciones que realmente se desarrollaron en el terreno de los principios,
deliberaciones en las que tomaron parte cuatro redactores (Plejánov, Mártov,
Axelrod y yo), se refería al artículo primero de los estatutos y que los
camaradas Mártov y Starovier se quejaron por escrito de una
"falsa acusación de oportunismo", como si fuera uno de los
argumentos de la "modificación" de la redacción. En aquella
carta, el camarada Mártov veía claramente un nexo entre el
"oportunismo" y el plan de modificar la redacción, mientras que en
el Congreso se limitó a una vaga alusión a "ciertos rozamientos ".
¡Ya se había olvidado la "falsa acusación de oportunismo"!
* El camarada Mártov añadió además:
"Quizá consintiera en hacer semejante papel Riazánov, pero no el
Mártov que supongo conocéis por su erabajo". Por cuanto esto significa
un ataque personal contra Riazánov, el camarada Mártov retiró sus
palabras. Pero Riazanov figuro en el Congreso como tipo representativo no por
ostenear eales o cuales cualidades personales (y no seria oporeuno referirse a
ellas), sino por la fisonomía política del grupo "Borbá",
por sus errores políticos. El camarada Mártov hace muy bien en
retirar las ofensas personales, supuestas o realmente inferidas, pero por ello
no deben echarse en olvido los errores políticos, que deben servir de lección
al Partido. En nuesero Congreso se acusó al grupo "Borbá" de
sembrar "el caos en la organización", de sembrar "una
fragmentación no motivada por ninguna consideración de principio"
(pág. 38, discurso del camarada Mártov). Semejante conducta política
es indudablemente acreedora a la censura, y no sólo cuando la observamos en
un pequeño grupo, antes del Congreso del Partido, en un período de caos general,
sino eambién cuando la vemos después del Congreso del Partido, en un
período en que se ha puesto fin al caos, cuando la vemos aunque sea por parte
de "la mayoría de la redacción de Iskra y la mayoría del grupo
'Emancipación del Trabajo'".
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI. (N. de la Red.)
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VI. (N. de la Red.)
* ¿En qué se manifestaron durante el
Congreso la inestabilidad, la falta de firmeza y la vaguedad de la minoría
iskrista? En primer lugar, en frases oportunistas sobre el artículo primero
de los estatutos; en se gundo lugar, en la coalición con el camarada Akímov
y Líber, que creció rapidamente en la segunda mitad del Congreso; en tercer
lugar, en la capacidad de rebajar el problema de la elección de funcionarios
para el Organo Central a un nivel filisteo, a lastimeras palabras y hasta a
pesquisas en conciencias ajenas. Después del Congreso, tan bellas cualidades
de capullos se convirtieron en flores y frutos.
* Traduzco con la palabra intelectual, intelectuales, los términos
alemanes Literat, Literatentum, que no sólo abarcan a los
literatos, Sino a todas las personas cultas, a los representantes de las
profesiones liberales en general, a los representantes del trabajo intelectual
(brain worker, como dicen los ingleses), a diferencia de los
representantes del trabajo manual.
Este antagonismo es de un tipo distinto al que existe entre
el trabajo y el capital. El intelectual no es un capitalista. Es cierto que su
nivel de vida es burgués y que se ve obligado a mantener este nivel a menos
que se convierta en un vagabundo, pero al mismo tiempo se ve obligado a vender
el producto de su trabajo y muchas veces su fuerza de trabajo y sufre con
frecuencia la explotación por los capitalistas y cierta humillación social.
De este modo, no existe antagonismo económico alguno entre el intelectual y
el proletariado. Pero sus condiciones de vida y de trabajo no son proletarias
y de aquí resulta cierto antagonismo en su sentir y pensar.
El proletario no es nada mientras sigue siendo un individuo
aislado. Todas sus fuerzas, toda su capacidad de progreso, todas sus
esperanzas y anhelos las extrae de la organización, de su actuación
sistemática, en común con sus camaradas. Se siente grande y fuerte cuando
constituye una parte de un organismo grande y fuerte. Este organismo es todo
para él, y el individuo aislado, en comparación con él, significa muy poco.
El proletario lucha con la mayor abnegación, como partícula de una masa anónima,
sin vistas a ventajas personales, a gloria personal, cumpliendo con su deber
en todos los puestos donde se le coloca, sometiéndose voluntariamente a la
disciplina, que penetra todos sus sentimientos, todas sus ideas.
Muy distinto es lo que sucede con el intelectual. No lucha
aplicando, de un modo u otro, la fuerza, sino con argumentos. Sus armas son
sus conocimientos personales, su capacidad personal, sus convicciones
personales. Sólo puede hacerse valer merced a sus cualidades personales. Por
esto la plena libertad de manifestar su personalidad le parece ser la primera
condición de éxito en su trabajo. No sin dificultad se somete a un todo
determinado como parte al servicio de este todo, y se somete por necesidad,
pero no por inclinación personal. No reconoce la necesidad de la disciplina
sino para la masa, pero no para los espíritus selectos. Se induye a sí
mismo, naturalmente, entre los espíritus selectos. . .
Al lado de Nietzsche, Ibsen es un representante destacado
de la concepción del mundo del intelectual, concepción que coincide con su
manera de sentir. Su doctor Stockmann (en el drama "Enemigo del
pueblo") no es un socialista, como han pensado muchos, sino un tipo de
intelectual que inevitablemente tiene que chocar con el movimierito
proletario, y en general con todo movimiento popular, si intenta actuar en él.
La razón está en que la base del movimiento proletario, como de todo
movimiento democrático*, es el respeto a la mayoría de los camaradas. El
intelectual típico a lo Stockmann ve en la 'compacta mayoría' un monstruo
que debe ser derribado.
. . . Liebknecht fue ejemplo ideal del intelectual
totalmente penetrado de sentimiento proletario, que siendo brillante escritor
perdió los rasgos psicológicos específicamente intelectuales, que iba en
las filas sin refunfuñar, que trabajaba en todos los puestos a los que se le
mandaba, que se había consagrado por entero a nuestra gran causa y
despreciaba el lloriqueo blandengue (weiches Gewinsel ) sobre lo de
ahogar la personalidad, que muchas veces oimos de labios de intelectuales
educados en Ibsen y en Nietzsche, cuando suelen quedarse en minoría; fue un
ejemplo ideal de los intelectuales que necesita el movimiento socialista.
También podemos nombrar aquí a Marx, que nunca trató de ponerse en primer
plano y se sometió de un modo ejemplar a la disciplina de partido en la
Internacional, donde más de una vez estuvo en minoría"**
* Es muy característico del confusionismo
que han sembrado en todos los problemas de organización nuestros martovistas
el hecho después de haber virado hacia Akímov y hacia una democracia, fuera
de lugar, están al mismo tiempo irritados por la elección democrática
de la redacción, elección hecha en el Congreso y prevista de
antemano por todos. ¿A lo mejor es éste vuestro principio, señores?
** Carlos Kautsky, "Franz Mehring", ed.
"Neue Zeit", XXII, 1, págs. 101-103, 1903, núm. 4. (N. de la
Red.)
* Véase págs. 337, 338, 340, 352, etc. de
las actas del Congreso.
* Pág. 342. Se trata de la elección del
quinto miembro del Consejo. Se entregaron 24 papeletas (44 votos en total), de
las cuales había dos en blanco.
* En el Congreso de la Liga, el camarada Mártov
adujo todavía otro argumento en contra de la resolución del camarada Plejánov:
"la principal razón que contra ella se levanta, el principal defecto de
esta resolucion, consiste en que desconoce por completo que, en la lucha
contra la autocracia, tenemos el deber de no rehuir la alianza con los
elementos democrático-liberales. El camarada Lenin hubiera calificado
semejante ten- [cont. en pág. 171. -- DJR]
dencia de tendencia martinoviana, En la nueva Iskra se deja ya ver esta
tendencia" (pág. 88).
Este pasaje es una colección de "perlas", raro
por la abundancia de éstas. 1) Las palabras que se refieren a la alianza
con los liberales son un solemne embrollo. Nadie ha hablado siquiera de una
alianza, camarada Mártov, sino tan sólo de acuerdos temporales o
particulares. Son cosas muy distintas. 2) El que Plejánov, en su resolución,
nada diga de una "alianza" inverosímil, y hable sólo en general de
"apoyo", no es un defecto, sino un mérito de su resolución. 3) ¿No
se va a tomar el camarada Mártov la molestia de explicarnos qué es lo que
caracteriza en general las "tendencias martinovianas"? ¿No va a
contarnos nada de la relación que existe entre estas tendencias y el
oportunismo? ¿No querrá ver la relación de estas tendencias con el artículo
primero de los estatutos? 4) Yo, en verdad, ardo en impaciencia por oir decir
al camarada Mártov en qué se han manifestado las "tendencias
martinovianas" en la "nueva" Iskra. ¡Por favor, líbreme
usted cuanto antes del tormento de la espera, camarada Mártov!
EN EL CONGRESO. EL ALA REVOLUCIONARIA
Y EL ALA OPORTUNISTA DEL PARTIDO
EL CONGRESO
* ¿Por qué hemos elegido para el diagrama
precisamente la votación del artículo 2 de los estatutos del Bund? Porque las
votaciones sobre la confirmación de Iskra son menos completas, y las
votaciones sobre el programa y sobre la federación atañen a decisiones políticas
concretas menos determinadas. En general, el elegir una u otra de una serie de
votaciones del mismo tipo en nada modificará los trazos fundamentales
del cuadro, según podrá ver todo el que introduzca las correspondientes
modificaciones.
* Esta es precisamente la votación que
representa el diagrama B: los iskristas obtuvieron 32 votos y la resolución
bundista 16. Es de advertir que no hay entre las votaciones de este tipo ni
una sola votación nominal. Tan sólo dos géneros de datos nos
indican, con enorme grado de verosimilitud, la distribución de delegados: 1) en
los debates, los oradores de los dos grupos de iskristas se declaran a favor, y
en contra, los oradores de los antiiskristas y del centro; 2) el número de
votos "a favor " se aproxima siempre mucho a 33. Tampoco
debemos olvidar que al analizar los debates del Congreso hicimos notar, también
fuera de las votaciones, [cont. en pág. 179. -- DJR]
toda una serie de casos en que el "centro" se unió a los
antiiskristas (a los oportunistas) contra nosotros, como sucedió al tratarse
del valor absoluto de las reivindicaciones democráticas, del apoyo a los
elementos oposicionistas, de la limitación del centralismo, etc.
* A juzgar por todo, del mismo tipo
fueron otras cuatro votaciones sobre los estatutos : pág. 278, con 27
votos a favor de Fomín y 21 contra nosotros; pág. 279, con 26 a favor de Mártov
y 24 a nuestro favor; pág. 280, con 27 contra mí y 22 a favor, y en la misma página,
24 a favor de Mártov y 23 a favor nuestro. Son las votaciones sobre cooptación
para los organismos centrales, de las que ya he hablado antes. No hay votaciones
nominales (hubo una, pero se han perdido los datos). Los bundistas (todos o en
parte) tratan de salvar, por lo visto, a Mártov. Ya hemos corregido más
arriba las afirmaciones erróneas de Mártov (en la Liga) sobre las votaciones
de este tipo.
** Los siete oportunistas que se retiraron del II Congreso
fueron los cinco bundistas (el Bund se separó del Partido en el II Congreso,
después de que se hubo rechazado el principio federativo) y dos de "Rabócheie
Dielo", el camarada Martínov y el camarada Akímov. Estos últimos se
retiraron del Congreso después de ser reconocida la Liga iskrista como la [cont.
en pág. 182. -- DJR] única organización del Partido
en el extranjero, es decir, después de ser disuelta la "Unión de
socialdemócratas rusos en el extranjero", afecta a "Rabócheie
Dielo". (Nota de Lenin a la edición de 1907. N. de la Red.)
* Más adelante veremos que, después
del Congreso, tanto el camarada Akímov como el Comité de Vorónezh, el más afín
al camarada Akímov, expresaron francamente sus simpatías por la "minoría
".
* Nota para el camarada Mártov. Si el
camarada Mártov ha olvidado ahora que iskrista significa partidatio
de una tendencia, y no miemóro de un círculo, le aconsejamos que
lea en las actas del Congreso cómo explicó Trotski esta cuestión al camarada
Akímov. Círculos iskristas en el Con- [cont. en
pág. 184. -- DJR] greso (en relación al Partido) lo fueron tres:
el grupo "Emancipación del Trabajo", la redacción de Iskra y
la organización de Iskra. Dos de estos tres círculos fueron tan
razonables, que se disolvieron por propio acuerdo; el tercero no tuvo bastante
espíritu de partido para hacerlo y fue disuelto por el Congreso. El más amplio
de los círculos iskristas, la organización de Iskra (que comprendía la
redacción y el grupo "Emancipación del Trabajo"), contaba en total
en el Congreso con 16 delegados, de los cuales sólo once tenían voto.
Iskristas por tendencia, sin pertenecer a ningún "circulo"
iskrista, hubo en el Congreso, según mis cálculos, 27, con 33 votos.
De modo que menos de la mitad de los iskristas pertenecía a círculos
iskristas.
* Véase la presente edición, págs. 269-270.
(N. de la Red.)
* No puedo menos de recordar con ese motivo
una conversación que tuve en el Congreso con uno de los delegados del
"centro". "¡Que cargada está la atmósfera de nuestro
Congreso!" -- me decía en tono de queja --. "¡Esa lucha encarnizada,
esa agitación de uno contra otro, esa polémica tan dura, esa actitud impropia
de camaradas! . . ." "¡Que cosa más maravillosa es nuestro Congreso!
-- le contestaba yo --. Lucha franca, libre. Se han expresado las opiniones. Se
han señalado matices. Apuntan grupos. Se han levantado las manos. Se ha
adoptado una decisión. Se ha dejado atrás una etapa. ¡Adelante! Muy bien. Eso
es la vida. Esto no son ya las interminables y aburridas discusiones en que todo
son palabras de intelectuales y que terminan, no porque se haya resuelto un
problema, sino sencillamente porque la gente se ha cansado de hablar. . ."
El camarada del "centro" me miraba con ojos
asombrados y se encogía de hombros. Hablábamos lenguajes distintos.
METODOS DE LUCHA
* Si es lícito comparar lo pequeño con lo
grande. (N. de la Red.)
. . . Y yo me pregunto ahora: ¿por qué, en verdad, hemos de
separar nos? Repaso todo lo sucedido en el Congreso, las impresiones allí
recogidas, y reconozco que muchas veces mi conducta y mis actos respondían a
una irritación extrema, 'furiosa', estoy dispuesto a reconocer gustosamente,
ante quien quiera, esta falta mía, si puede llamarse falta lo que naturalmente
era provocado por el ambiente, la reacción, la réplica, la lucha, etc. Pero,
considerando ahora sin furia alguna los resultados obtenidos, lo realizado en
esa lucha furiosa, decididamente no puedo ver en esos resultados nada,
absolutamente nada perjudicial para el Partido y absolutamente ningún agravio u
ofensa para la minoría.
Claro que no podía menos de resultar desagradable el mismo
hecho de haber tenido que quedarse en minoría, pero yo protesto categóricamente
contra la idea de que hayamos 'mancillado' a alguien, que hayamos querido
ofender o humillar a quien sea. Nada de eso. Y no debe consentirse que una
divergencia política lleve a interpretar los hechos acusando a la parte
contraria de mala fe, de villanía, de intrigas y demás cosas agradables de las
que se oye hablar cada vez con mayor frecuencia en la atmósfera de la escisión
que se avecina. No debe consentirse esto, porque, en el mejor de los casos, es
hasta el nec plus ultra de lo irrazonable.
Nosotros estamos en desacuerdo con Mártov en el terreno político
(y en el de organización), como habíamos estado antes decenas de veces.
Derrotado en el problema del artículo primero de los estatutos, yo no podía
menos de buscar con todo empeño un desquite en los problemas que me quedaban a
mí (y al Congreso). No podía menos de desear, por una parte, un C.C.
rigurosamente iskrista, y por otra, un trio en la redacción. . . Yo considero
que este trio es el único capaz de ser un organismo de funcionarios, y
no un organismo en que todo se hace en familia y con negligencia, el único
verdadero centro al que cada cual puede llevar en todo momento su punto de vista
de partido y defenderlo, ni un ápice más e irrespective de todo lo
personal, de todas las consideraciones de agravio, de retirada, etc.
Repito: lo mismo que la mayoría de los iskristas del
Congreso, yo estoy profundamente convencido de que Mártov ha seguido una línea
errónea y de que había que corregirle. No es razonable ver un agravio en esta
corrección, deducir de ella una ofensa, etc. A nadie hemos 'mancillado' en
nada, ni 'mancillamos', ni separamos del trabajo. Y originar una escisión
por haber sido apartado del organismo central sería una locura para mí
incomprensible"*.
* Esta carta [la carta a A. N. Potrésov, del
31 de agosto (13 de septiembre) de 1903. N. de la Red.] se escribió
todavía en septiembre (del nuevo calendario). He omitido en ella lo que
me parecía no hacer al caso. Si el destinatario considera que es precisamente
importante lo omitido, puede completarlo sin dificultad. A propósito. Aprovecho
la ocasión para autorizar de una vez para siempre a todos mis adversarios a
publicar todas mis cartas particulares, si lo consideran útil a la causa.
* Este miembto del C.C.[17]
organizó, además, especialmente una serie de entrevistas particulares y
colectivas con la minoría, refutando absurdas habladurías y llamando al
cumplimiento de los deberes de partido.
* En la carta al camarada Mártov figuraba,
además, otro pasaje, en que se preguntaba por un folleto, y la frase sigúiente:
"Por último, mirando por los intereses de la causa, volvemos a comunicarle
que en el momento actual estamos dispuestos a cooptarle a usted como miembro de
la redacción del Organo Central, para darle plena posibilidad de manifestar y
defender oficialmente todos sus puntos de vista en el organismo superior del
Partido".
** El camarada Plejánov, probablemente, hubiera añadido aquí:
o dar satisfacción a toda clase de pretensiones de los iniciadores de la
querella. Ya veremos por qué era imposible hacerlo.
* Omito la respuesta sobre el folleto de Mártov
que se reeditaba entonces.
* Resolución de la zona minera ("Estado
de sitio", pág. 38).
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VII. (N. de la Red.)
* Ya he dicho que no sería razonable reducir
a motivos ínfimos las más bajas formas de manifestación de semejantes
querellas, habituales en la emigración y en el destierro. Se trata de una
especie de enfermedad que se extiende epidémicamente en determinadas
condiciones anormales de vida, en determinados estados de desequilibrio
nervioso, etc. Me he visto precisado a determinar aquí el verdadero
carácter de este sistema de lucha, porque el camarada Mártov lo ha repetido
por entero en su "Estado do sitio" .
* Baste decir que, para la minoría, el
camarada Plejánov dejó de ser partidario del "centraíismo burocrático"
después de que hubo realizado una bienhechora cooptación.
* Nada hay más cómico que esta ofensa
de la nueva Iskra, porque, según ella, Lenin no quería ver las
discrepancias de principio o las negaba. Cuanto más se atuviera a los
principios vuestra actitud ante la causa, tanto antes hubierais comprendido mis
repetidas indicaciones sobre el viraje hacia el oportunismo. Cuanto más se
atuviera a los principios vuestra posición, tanto menos hubierais podido
rebajar la lucha de ideas a una lucha por los puestos. Culpaos a vosotros mismos
de haber hecho todo lo posible para impedir que se os considere hombres de
principios. El camarada Mártov, por ejemplo, al hablar en su "Estado de
sitio" del Congreso de la Liga, pasa en silencio la discusión con Plejánov
sobre el anarquismo, pero, en cambio, cuenta que Lenin es un supercentro, que
basta que Lenin parpadee para que el centro adopte una medida, que el Comité
Central ha entrado en la Liga montado en caballo blanco, etc. Estoy lejos de
dudar que precisamente eligiendo estos temas haya demostrado el camarada Mártov
su profundo apego a las ideas y a los principios.
* Equivocación. (N. de la Red.)
EMPANAR UN GRAN PLACER
* Ni se habíó después del Congreso de
ceder a los camaradas Martínov Akímov y Brúker. Nada he oído de que
exigieran ellos también "cooptación". Dudo incluso de que el
camarada Starovier o el camarada Mártov hubieran hablado con el camarada Brúker
cuando nos escribían sus papeles y "notas" en nombre de "la
mitad del Partido". . . En el Congreso de la Liga, con profunda indignación
de inflexible luchador político, el camarada Mártov negó incluso la idea de
"unirse con Riazánov o con Martínov", de un posible
"acuerdo" con ellos o aunque sólo fuera de "servir al
Partido" juntos (en calidad de redactor) (pág. 53 de las actas de la
Liga). El camarada Mártov censuró
severamente las "tendencias martinovistas" en el Congreso de la Liga
(pág. 88), y cuando el camarada Ortodox[18]
aludió finalmente a que, por lo visto, Axelrod y Mártov "reconocian a los
camaradas Akímov, Martínov y otros, el derecho a reunirse, a redactar para sí
estatutos y aplicarlos según les pareciera" (pág. 99), los martovistas
empezaron a renegar, como Pedro de Cristo (pág. 100, "los temores del
camarada Ortodox" "respecto a los Akímov, los Martínov y otros"
"carecen de fundamento").
* El camarada Mártov dijo con mucha precisión
sobre este punto que yo me había pasado avec armes et bagages [con armas y
bagajes. N. de la Red.]. Gusta el camarada Mártov de hacer comparaciones
militares: expedición contra la Liga, combate, heridas incurables, etc., etc.
He de reconocer que yo también tengo debilidad por las comparaciones militares,
sobre todo ahora, cuando uno sigue con tanto interés las noticias del Pacífico.
Pero si hablamos en términos militares, camarada Mártov, las cosas sucedieron
del modo siguiente. Nosotros conquistamos dos fortines en el Congreso del
Partido. Vosotros los atacasteis en el Congreso de la Liga. Ya después del
primer ligero tiroteo, un colega mio, jefe de una de las fortalezas, abre las
puertas al enemigo. Yo, naturalmente, reúno mi pequeña artilleria y me retiro
al otro fuerte, muy mal fortificado, para "atrincherarme" contra un
enemigo superior en número. Incluso propongo la paz: ¿cómo luchar contra dos
potencias? Pero los nuevos aliados contestan a la proposición de paz
bombardeando mi "último" reducto. Contesto al fuego. Y entonces mi
antiguo colega -- el jefe de la fortaleza -- exclama con magnifica indignación:
¡mirad, hombres buenos, cuán poco amor a la paz tiene este Chamberlain!
* Discutíamos con acaloramiento y pasión en
cierto local cerrado. De pronto, uno de nosotros salta, abre una ventana que da
a la calle y empieza a gritar contra los Sobakévich, los individualistas
anarquistas, los revisionistas, etc. Naturalmente que en la calle se reunió una
multitud de curiosos holgazanes y nuestros enemigos sintieron maligna alegria.
Los demás participantes en la discusión se acercan también a la ventana
manifestando su deseo de contar las cosas como es debido desde el principio y
sin aludir a cosas que nadie sabe. Entonces se cierra la ventana de golpe: no
vale la pena, dicen, hablar de querellas.
(Iskra, núm 53, pág. 8, segunda columna, renglón 24 por abajo) ¡La
verdad es, camarada Plejánov, que más le hubiera valido a Iskra no haber
empezado a hablar de "querellas"![20]
* Desde luego que dejo sin desembrollar el
enredo que ha hecho Mártov, en su "Estado de sitio", alrededor de ese
ultimátum del C.C., remitiéndose a conversaciones particulares, etc. Es uno de
los casos del "segundo procedimiento de lucha" que he definido en el
apartado anterior, y que sólo un especialista en neuropatología puede tratar
de desentrañar con esperanzas de éxito. Baste decir que, en él, insiste el
camarada Mártov sobre el acuerdo con el Comité Central para que no se
publiquen las negociaciones, acuerdo que a pesar de todas las pesquisas, no ha
sido hallado todavía. El camarada Travinski, que llevaba las negociaciones en
nombre del Comité Central, me comunicó por escrito que me consideraba
autorizado a publicar fuera de Iskra mi carta a la redacción.
Una sola expresión del camarada Mártov me ha gustado
especialmente: "bonapartismo de la peor especie". A mi juicio, el
camarada Mártov ha puesto en circulación esta categoría con mucha
oportunidad. Vamos a ver serenamente lo que significa ese concepto. A mi modo de
ver, significa la toma del poder por medios formalmente legales, pero, en
realidad, contra la voluntad del pueblo (o del Partido). ¿No
es así, camarada Mártov? Y si así es, dejo tranquilamente a la opinión que
decida de qué lado estaba ese "bonapartismo de la peor especie", si
del lado de Lenin y de Igrek[21],
que podían aprovecharse de su derecho formal a no dejar entrar a los
martovistas, apoyándose, además, en la voluntad del II Congreso, pero que no
hicieron uso de ese derecho o del lado de quienes ocuparon la redacción de
un modo formalmente legal ("cooptación unánime"), pero
sabiendo que este acto no respondía en realidad al deseo del II Congreso
y temiendo la comprobación de este deseo por el III Congreso.
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VII. (N. de la Red.)
** Según resultó luego, la "disonancia" se
explicaba muy sencillamente por una disonancia en la composición personal de la
redacción del Organo Central. De "querellas" habló Plejánov (v. su
confesión en "Triste confusión", núm. 57) y el artículo de fondo
"Nuestro Congreso", lo escribio Mártov ("Estado de sitio",
pág. 84). Cada cual va por su lado.
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VII. (N. de la Red.)
EN LAS CUESTIONES DE ORGANIZACION
* Estos folletones entraron en la recopilación
Dos años de Iskra, parte II, pág. 122 y sigts. (San Petersburgo, 1906).
(Nota del autor para la edicion de 1907. N. de la Red.)