[289]

CAPITULO XIII

EL TIEMPO DE PRODUCCION
[a]
El tiempo de trabajo es siempre tiempo de producción, es decir, tiempo durante el cual el capital está confinado en la esfera de la producción. Pero en cambio no todo el tiempo durante el cual el capital se encuentra en el proceso de producción es por eso necesariamente también tiempo de trabajo.
Aquí no se trata de interrupciones del proceso laboral provocadas por los límites naturales de la propia fuerza de trabajo, aunque ya se ha mostrado hasta qué punto la mera circunstancia de que el capital fijo, edificios fabriles, maquinaria, etc., permanezca en barbecho durante las pausas del proceso laboral se convirtió en uno de los motivos para la prolongación antinatural del proceso laboral y para el trabajo diurno y nocturno.[b] Aquí se trata de una interrupción independiente de la duración del proceso laboral, provocada por la propia naturaleza del producto y de su fabricación y durante la cual el objeto de trabajo está sometido a procesos naturales que duran más o menos tiempo, debe sufrir modificaciones físicas, químicas, fisiológicas, durante las cuales [c] el proceso laboral está suspendido total o parcialmente.
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Así el mosto, una vez salido del lagar, tiene que fermentar primero por un tiempo, y luego reposar durante otro período, para alcanzar determinado grado de perfección. En muchos ramos de la industria el producto debe pasar por el secado, como en la alfarería, o ser sometido a ciertas condiciones para modificar su composición química, como en la blanquería. El trigo de invierno necesita acaso nueve meses para madurar. Entre la época de la siembra y la de la cosecha el proceso laboral está casi totalmente interrumpido. En la silvicultura, después que se ha terminado la siembra y los trabajos previos necesarios para ella, la simiente necesita tal vez 100 años para transformarse en producto terminado; durante todo este tiempo sólo requiere un aporte relativamente muy pequeño de trabajo.
En todos estos casos, durante gran parte del tiempo de producción, sólo esporádicamente se agrega trabajo suplementario. La situación descrita en el capítulo anterior, en la que hay que agregar capital y trabajo suplementarios al capital ya fijado en el proceso de producción, sólo se da aquí con interrupciones más o menos prolongadas.
En todos estos casos el tiempo de producción del capital adelantado consiste pues en dos períodos: un período en que el capital se encuentra en el proceso laboral; un segundo período en que su forma de existencia la de producto sin terminar está abandonada a la acción de procesos naturales y no se encuentra en el proceso laboral. El que estos dos períodos en parte se entrecrucen e imbriquen entre sí no modifica en nada los términos del problema. Aquí el período de trabajo y el período de producción no coinciden. El período de producción es más largo que el de trabajo. Pero el producto sólo está terminado, maduro, después de haber dejado atrás el período de producción, es decir que sólo entonces se lo puede hacer pasar de la forma de capital productivo a la de capital mercantil. Por consiguiente, el período de rotación del capital también se prolonga según la duración del tiempo de producción que no consiste en tiempo de trabajo. Cuando el tiempo de producción que excede al tiempo de trabajo no está determinado por leyes naturales dadas de una vez para siempre, como en el caso de la maduración del trigo, del crecimiento del roble, etc., el período de rotación puede acortarse a menudo, en mayor o menor medida, abreviando artificialmente el tiempo de producción. Esto [291] ocurre, por ejemplo, mediante la introducción del blanqueo químico en lugar del blanqueo por la luz solar, o gracias a aparatos secadores más eficaces en procesos de secado. Lo mismo ocurre en la curtiduría, donde la penetración del tanino en los cueros llevaba de 6 a 18 meses con el método antiguo; con el nuevo, en el que se aplica la bomba de aire, sólo se requiere de un mes y medio a dos. (J. G.
Courcelle-Seneuil, "Traité théorique et pratique des entreprises industrielles" etc., París, 1857, 2da. ed.[, p. 49.]) El ejemplo más grandioso de reducción artificial del mero tiempo de producción ocupado por procesos naturales lo suministra la historia de la producción de hierro y sobre todo la transformación de arrabio en acero en los últimos 100 años, desde la pudelación, descubierta alrededor de 1780, hasta el moderno proceso de Bessemer y los novísimos procedimientos introducidos desde entonces. Se ha acortado enormemente el tiempo de producción, pero también se ha aumentado, en la misma medida, la inversión de capital fijo.
La fabricación norteamericana de hormas para calzado proporciona un ejemplo peculiar de cómo divergen el tiempo de producción y el tiempo de trabajo. Aquí una parte considerable de los gastos varios surge de que la madera tiene que estar depositada hasta 18 meses para secarse, con el fin de qu después la horma terminada no se alabee, no altere su forma. Durante este tiempo la madera no atraviesa ningún otro proceso laboral. Por eso, el período de rotación del capital invertido no sólo está determinado por el tiempo que requiere la propia fabricación de hormas, sino también por el tiempo durante el cual dicho capital permanece inactivo en la madera que se está secando. Se encuentra durante 18 meses en el proceso de producción antes de poder entrar en el proceso laboral propiamente dicho. A la vez, este ejemplo muestra cómo los tiempos de rotación de distintas partes del capital circulante global pueden diferir a raíz de circunstancias que no nacen dentro de la esfera de la circulación, sino que surgen del proceso de producción.
En la agricuttura, la diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo aparece con particular nitidez. En nuestros climas templados la tierra da trigo una vez al año. El que se abrevie o prolongue el período de producción (promedialmente nueve meses para la siembra de [292] invierno) depende a su vez de la alternancia de años buenos o malos, y por eso es algo que no se puede determinar ni controlar previamente con precisión, como en la industria propiamente dicha. Sólo los subproductos, leche, queso, etc., se pueden producir y vender continuamente en períodos más cortos. En cambio el tiempo de trabajo se presenta de la siguiente manera: "Para los tres períodos principales de trabajo, teniendo en cuenta los factores climáticos y otros, habrá que admitir que el número de jornadas laborales en las distintas regiones de Alemania es el siguiente: para el período de primavera, desde mediados de marzo o principíos de abril hasta mediados de mayo, 50-60 jornadas laborales; para el período de verano, desde principios de junio hasta fines de agosto, 65-80; y para el período otoñal, desde principios de setiembre hasta fines de octubre o mediados o fines de noviembre, 55-75.
Con respecto al invierno, hay que señalar meramente los trabajos que deben hacerse en ese período, comoacarreo de abono y de leña, trasporte al mercado, trasporte para la construcción, etc." (F. Kirchhof: "Handbuch der landwirth-schaftlichen Betriebslehre", Dessau, 1852, p. 160.) Por eso, cuanto más desfavorable es el clima, tanto más se concentra en un lapso breve el período de trabajo de la agricultura, y por ende el desembolso en capital y trabajo. A modo de ejemplo, en Rusia; allí, en algunas regiones septentrionales, el trabajo agrícola sólo puede ejecutarse durante 130-150 días al año. Se comprende qué pérdidas sufriría Rusia si 50 de los 65 millones de su población europea quedaran sin ocupación durante los seis u ocho meses de invierno, en los que debe cesar todo trabajo agrícola. Además de los 200.000 campesinos que trabajan en las 10.500 fábricas de Rusia, se han desarrollado en todas partes, en las aldeas, industrias domiciliarias propias. Así, hay aldeas en las que todos los campesinos son, desde hace generaciones, tejedores, curtidores, zapateros, cerrajeros, cuchilleros, etc.; esto ocurre principalmente en las gobernaciones de Moscú, Vladímir, Kaluga, Kostromá y Petersburgo. Dicho sea de paso, esta industria domiciliaria está siendo obligada ya, cada vez más, a ponerse al servicio de la producción capitalista; los tejedores, por ejemplo, reciben la urdimbre y la trama de comerciantes, directamente o a través de agentes. (Abreviado de "Reports by H. M. Secretaries of Embassy and Legation, on the [293] Manufactures, Commerce etc.", nº 8, 1865, pp. 86, 87.) Aquí se ve cómo la divergencia entre período de producción y período de trabajo, al ser éste sólo una parte de aquél, constituye la base natural para la unificación de la agricultura con la industria accesoria del campo y cómo esta última, a su vez, se convierte, por otra parte, en punto de apoyo para el capitalista, que en primera instancia se introduce allí como comerciante. Al consumar luego la producción capitalista la división entre manufactura y agricultura, el trabajador agrícola se vuelve cada vez más dependiente de una ocupación accesoria meramente ocasional y por eso empeora su situación. Para el capital, como se verá más adelante, todas las diferencias se compensan en la rotación. Para el trabajador, no.
Mientras que n la mayoría de los ramos de la industria propiamente dicha, de la minería, del trasporte, etc., el funcionamiento de la producción es uniforme y todos los años se trabaja el mismo tiempo de trabajo y, prescindiendo de oscilaciones de precios, perturbaciones de los negocios, etc., en cuanto interrupciones anormales, los desembolsos correspondientes al capital que ingresa en el proceso diario de circulación se distribuyen uniformemente; mientras que, asimismo, si las condiciones de mercado son iguales, también el reflujo del capital circulante o su renovación a lo largo del año se distribuye en períodos iguales, en cambio en los desembolsos de capital en que el tiempo de trabajo sólo constituye una parte del tiempo de producción se verifica, a lo largo de los distintos períodos del año, la mayor desigualdad en el desembolso de capital circulante, mientras el reflujo sólo se produce de una vez en el momento fijado por las condiciones naturales. Por consiguiente, a igual escala del negocio, es decir, si es igual la magnitud del capital circulante adelantado, hay que adelantarlo de una vez en masas mayores y por un período más prolongado que en los negocios con períodos de trabajo continuos. El tiempo de vida del capital fijo también se distingue aquí, en medida más considerable, del tiempo durante el cual actúa realmente de manera productiva. Con la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de producción también se interrumpe continuamente, por supuesto, durante un lapso más o menos considerable, el tiempo de uso del capital fijo empleado, como ocurre por ejemplo en la agricultura con las bestias de labor, los aperos y las [294] máquinas. En la medida en que este capital fijo consiste en animales de trabajo, requiere continuamente los mismos o casi los mismos desembolsos en forraje, etc., que durante el tiempo en que está trabajando. En los medios de trabajo inanimados el desuso también provoca cierta desvalorización. En consecuencia se verifica, en general, un encarecimiento del producto, puesto que la transfeencia de valor al producto no se calcula de acuerdo con el tiempo en que el capital fijo está en funciones, sino de acuerdo con el tiempo en que pierde valor. En estos ramos de producción, la inactividad del capital fijo, esté o no ligada a gastos corrientes, constituye una condición de su empleo normal, al igual, por ejemplo, que la pérdida de cierta cantidad de algodón en la hilandería; y asimismo, en todo proceso laboral, cuenta tanto la fuerza de trabajo gastada bajo condiciones técnicas normales de manera improductiva, pero inevitable, como la fuerza de trabajo productiva. Todo perfeccionamiento que reduce el gasto improductivo de medios de trabajo, materia prima y fuerza de trabajo, reduce también el valor del producto.
En la agricultura se unen ambas cosas: la mayor duración del período de trabajo y la gran diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de producción. Sobre este punto, Hodgskin señala acertadamente: "La diferencia entre el tiempo" {, aunque aquí él no distingue entre tiempo de trabajo y tiempo de producción} "que se requiere para completar los productos de la agricultura y los de otros ramos de trabajo es la causa principal de la gran dependencia de los agricultores. No pueden llevar sus mercancías al mercado en un lapso menor de un año. Durante todo este período están obligados a pedir fiado al zapatero, al sastre, al herrero, al carretero y a los otros diversos productores cuyos productos necesitan, productos que se completan en pocos días o en pocas semanas. En virtud de esta circunstancia natural, y en virtud del incremento más rápido de la riqueza en los otros ramos del trabajo, los terratenientes, que han monopolizado el suelo de todo el reino, aunque se han apropiado además del monopolio de la legislación, son incapaces, sin embargo, de salvarse y salvar a sus servidores, los arrendatarios, del destino de convertirse en la gente más dependiente del país." [1] (Thomas Hodgskin. "Popular Political Economy", Londres, 1827, p. 147, nota.)
[295]
Todos los métodos mediante los cuales, por un lado, se distribuyen de manera más uniforme a lo largo de todo el año los gastos en salarios y medios de trabajo en la agricultura, y por otro lado se acorta la rotación, cultivando productos más variados y haciendo posibles así distintas cosechas durante el año, exigen un aumento del capital circulante adelantado en la producción y desembolsado en salarios, abono, simiente, etc. Ello ocurre cuando se pasa del cultivo por amelgas trienales [2] con barbecho a la rotación de cosechas sin barbecho. También ocurre en el caso de las cultures dérobées [cultivos intermedios] [3] en Flandes. "Se cultivan las plantas de raíces comestibles en culture dérobée, el mismo campo da primero cereales, lino, colza, para las necesidades del hombre, y después de la cosecha se siembran plantas de raíces forrajeras. Este sistema, gracias al cual el ganado vacuno puede permanecer continuamente en el establo, da como resultado una considerable acumulación de abono y se convierte así en el eje de la rotación de cultivos. En las comarcas arenosas, más de un tercio de la superficie cultivada se emplea para cultures dérobées; es exactamente lo mismo que si se hubiera aumentado en un tercio la extensión del suelo cultivado." Además de las plantas de raíces forrajeras también se emplean para este fin el trébol y otras hierbas forrajeras. "La agricultura, llevada así a un punto en que pasa a ser horticultura, requiere por supuesto un capital de inversión relativamente importante. En Inglaterra ese capital de inversión se calcula en 250 francos por hectárea. En Flandes, nuestros campesinos encontrarán probablemente que un capital de inversión de 500 francos por hectárea es demasiado bajo." ("Essais sur l'économie rurale de la Belgique", por Emile de Laveleye. Bruselas, 1863, pp. 59, 60, 63.) Examinemos, finalmente, el caso de la silvicultura "La producción de madera se distingue esencialmente de la mayor parte de las demás producciones porque en ella la fuerza de la naturaleza actúa de manera autónoma y, si los renuevos son naturales, no necesita la acción del hombre ni la del capital. Por otra parte, incluso allí donde se renuevan artificialmente los bosques, el gasto de fuerza humana y capital es muy exiguo si se lo compara con la acción de las fuerzas naturales. Además, el bosque incluso prospera en tipos de suelo o en lugares en los que los cereales ya no se dan o en los que la producción de éstos [295] ya no vale la pena. Pero la silvicultura también requiere, para una explotación regular, una superficie mayor que el cultivo de cereales, puesto que en parcelas relativamente pequeñas no se puede efectuar la tala según las normas de la economía forestal, se pierden casi siempre los beneficios accesorios, la protección forestal es más difícil de organizar, etc. Pero además el proceso de producción está ligado a lapsos tan prolongados, que va más allá de los planes de una explotación privada, y en casos individuales excede incluso la duración de la vida de un hombre. El capital invertido con vistas a la adquisición de suelo para bosques"[d] {en la producción colectiva este capital no existe y la cuestión consiste sólo en saber cuánto suelo puede sustraer la comunidad a la agricultura y las praderas para dedicarlo a la producción forestal} "sólo produce beneficios que valen la pena, en efecto, al cabo de mucho tiempo y sólo rota de manera parcial, y en muchos tipos de árboles no lo hace completamente sino en lapsos [e] de hasta 150 años. Por otra parte, la propia producción continuada de madcra exige un acopio de árboles en pie que asciende a diez y hasta cuarenta veces más que el aprovechamiento anual. Por eso, quien no tiene otro ingreso y no posee extensiones considerables de bosques no puede hacer una explotación forestal normal." (Kirchhof, p. 58.)
El prolongado tiempo de producción (que incluye una extensión relativamente pequeña de tiempo de trabajo), y en consecuencia, la gran extensión de sus períodos de rotación, hacen que la forestación no resulte propicia como ramo de explotación privado y por ende capitalista; un ramo capitalista de explotación es esencialmente una empresa privada, aun cuando aparezca el capitalista asociado en lugar del capitalista individual. El desarrollo de la civilización y de la industria en general se ha mostrado tan activo desde tiempos inmemoriales en la destrucción de los bosques, que, frente a ello, todo lo que ha hecho en sentido inverso para la conservación y producción de los mismos es en rigor una magnitud evanescente.
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En la cita de Kirchhof, el siguiente pasaje es especialmente digno de atención: "Por otra parte, la propia producción continuada de madera exige un acopio de árboles en pie que asciende a diez y hasta cuarenta veces más que el aprovechamiento anual." Es decir, una sola rotación en un lapso de diez o hasta cuarenta años y más.[f]
Lo mismo ocurre con la ganadería. Una parte del rebaño (acopio de ganado) permanece en el proceso de producción, mientras otra parte de la misma se vende como producto anual. Sólo una parte del capital rota aquí anualmente, tal como ocurre en el caso del capital fijo, la maquinaria, el ganado de trabajo, etc. Aunque este capital es cápital fijado en el proceso de producción por un período más extenso, y de ahí que prolongue la rotación del capital global, no constituye capital fijo en sentido absoluto.
Lo que aquí se llama acopio determinada cantidad de árboles en pie o de ganado vivo se encuentra relativamente en el proceso de producción (como medio de trabajo y como material de trabajo al mismo tiempo); de acuerdo con las condiciones naturales de su reproducción, en una economía bien regulada, una parte apreciable tiene que encontrarse siempre bajo esta forma.
De manera similar actúa sobre la rotación otro tipo de acopio, que sólo constituye capital productivo potencial, pero que en virtud de la naturaleza de la economía debe estar acumulado en masas mayores o menores, y por ende hay que adelantarlo a la producción por un lapso más prolongado, aunque sólo ingrese gradualmente en el proceso activo de producción. A este tipo de acopio pertenecen, por ejemplo, el abono antes de que se lo lleve al campo, y también los granos, el heno, etc., y los acopios de medios de subsistencia de esa clase, que entran en la producción del ganado. "Una parte considerable del capital de explotación está contenida en los acopios de la hacienda. Pero éstos pueden perder una parte mayor o menor de su valor cuando no se aplican como es debido las medidas precautorias necesarias para su buena conservación; en efecto, por falta de prevención puede perderse incluso totalmente para la empresa agrícola una parte de los acopios de productos. Por eso, a este respecto, se hace necesaria especialmente una cuidadosa vigilancia de las [298] en la trojas, heniles, graneros y silos, así como hay que cerrar siempre como es debido los depósitos, pero además hay que mantenerlos limpios, airearlos, etc.; hay que remover convenientemente de vez en cuando el trigo y otros granos que se han almacenado para su conservación, hay que proteger las papas y los nabos tanto de la helada como del agua y la putrefacción "[g] (Kirchhof, p. 292.) "Al calcular las propias necesidades, especialmente para la cría de ganado, donde la distribución debe hacerse en conformidad con el producto y con la finalidad, hay que pensar no sólo en cubrir las necesidades, sino también en que quede, además, un acopio proporcionado para casos imprevistos. Si al hacer este cálculo resulta que las necesidades no se pueden cubrir completamente con el propio producto, hay que considerar, en primera instancia, si esta carencia no se puede cubrir con otros productos (sustitutivos), o si éstos no se pueden adquirir más baratos, en lugar de los que faltan. Si hay escasez de heno, por ejemplo, se la puede paliar con raíces a las que se les agrega paja. En estos casos hay que tener siempre presentes, en general, el valor real y el precio de mercado de los distintos productos y tomar, con arreglo a ellos, las decisiones para el consumo; si la avena está más cara, por ejemplo, mientras que las arvejas y el centeno están relativamente baratos, se sustituirá con ventaja una parte de la avena por arvejas y centeno en el alimento de los caballos, y se venderá la avena que así se ahorró." ("Ibídem", p. 300.)
Ya se señaló más arriba, al considerar la fórmación de acopio,[h] que se necesita determinada cantidad, mayor o menor, de capital productivo potencial, es decir, de medios de producción destinados a la producción, que deben estar en depósito en masas mayores o menores para entrar poco a poco en el proceso de producción. Allí indicamos que en una empresa comercial dada o en una explotación de capital que tenga determinado volumen, la magnitud de este acopio para la producción depende de la mayor o menor dificultad de su renovación, de la proximidad relativa de los mercados abastecedores, del desarrollo de los medios de trasporte y de comunicación, etc. Todas estas [299] circunstancias influyen sobre el mínimo de capital que debe existir bajo la forma de acopio productivo, y por consiguiente sobre el período por el cual hay que hacer adelantos de capital, y sobre el volumen de la masa de capital que hay que adelantar de una vez. Este volumen, que en consecuencia también influye sobre la rotación, está condicionado por el tiempo más o menos largo durante el cual el capital circulante se halla fijado bajo la forma de acopio productivo como capital productivo meramente potencial. Por otra parte, en la medida en que este estancamiento depende de la mayor o menor posibilidad de reposición rápida, de la situación del mercado, etc., surge, a su vez, del tiempo de circulación, de circunstancias que pertenecen a la esfera de la circulación. "Además, todos estos aperos de labranza o accesorios, tales como útiles para el trabajo manual, cribas, canastos, cuerdas, grasa de carro, clavos, etc., deben tenerse de reserva para reponerlos inmediatamente en cantidad tanto mayor, cuanto menor sea la posibilidad de adquirirlos rápidamente en las inmediaciones. Finalmente, todos los inviernos habrá que revisar cuidadosamente el conjunto de aperos y tomar de inmediato las medidas que se hagan necesarias para completarlo y ponerlo en condiciones. Pero en general, el que haya que tener acopios mayores o menores para cubrir las necesidades del conjunto de implementos dependerá principalmente de las circunstancias locales. Donde no hay artesanos ni comercios en las inmediaciones hay que preocuparse de tener acopios mayores que allí donde se los encuentra en la misma localidad o muy cerca de ella. Pero cuando, bajo condiciones en lo demás iguales, se adquieren de una vez, en cantidades considerablemente grandes, los acopios que se necesitan, se obtiene por regla general la ventaja de comprar barato, siempre que se haya elegido además el momento adecuado para la compra, pero desde luego, al hacerlo, también se sustrae de una vez al capital circulante de la empresa una suma mayor, de la cual la empresa económica no siempre puede prescindir sin problemas." (Kirchhof, p. 301.)
La diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo admite, como hemos visto, casos muy distintos. El capital circulante puede encontrarse dentro del tiempo de producción antes de entrar en el proceso laboral propiamente dicho (fabricación de hormas); o se encuentra [300] dentro del tiempo de producción después de haber pasado por el proceso laboral propiamente dicho (vino, simiente); o el tielnpo de producción resulta interrumpido esporádicamente por el tiempo de trabajo (agricultura, silvicultura); una gran parte del producto apto para circular permanece incorporado al proceso de producción, mientras que una parte mucho menor entra en la circulación anual (silvicultura y cría de ganado); la extensión mayor o menor del período durante el cual el capital circuante está en la forma de capital productivo potencial, y por ende también la masa mayor o menor en que hay que dcsembolsar de una vez este capital, surge en parte del tipo del proceso de producción (agricultura) y en parte depende de la proximidad de mercados, etc., en pocas palabras, de circunstancias que corresponden a la esfera de la circulación.
Más adelante veremos (libro III) qué absurdas teorías ha provocado en MacCulloch, James Mill, etc., el intento de identificar el tiempo de producción, que difiere del de trabajo, con éste; un intento que surge, a su vez, de una aplicación equivocada de la teoría del valor.
El ciclo de rotación que hemos considerado antes está dado por la duración del capital fijo adelantado al proceso de producción. Así como éste abarca una serie mayor o menor de años, así también abarca una serie de rotaciones anuales del capital fijo, o en su caso, de rotaciones del mismo repetidas durante el año.
En la agricultura, tal ciclo de rotación surge del sistema de alternancia de cultivos. "En todo caso, no se puede admitir que la duración del tiempo de arrendamiento sea menor que el tiempo de circulación correspondiente a la alternancia de cultivos que se ha introducido, y por eso, en el caso de cultivo por amelgas trienales, se calcula siempre en 3, 6, 9. Pero si se adopta el cultivo por amelgas trienales con barbecho puro, el campo se cultiva sólo cuatro veces en seis años, y en los años en que se lo cultiva, se siembran cereales de invierno y de verano, y si la naturateza del suelo lo requiere o lo permite, también se alterna trigo y centeno, cebada y avena. Ahora bien: en el mismo suelo, cada tipo de cereal se reproduce más o menos que el otro, cada uno tiene un valor distinto y también se vende a un precio distinto. Por eso el rendimiento del campo resulta diferente en todos los años que se lo cultiva, y [301] también es distinto en la primera mitad de la circulación" (en los primeros tres años) "que en la segunda. Incluso el rendimiento medio en el tiempo de circulación difier de una mitad a otra, puesto que la productividad no depende sólo de la bondad del sueto, sino también de las condiciones del tiempe en cada año, así como los precios dependen de diversas circunstancias. Si se calcula, entonces, el rendimiento[i] del campo según los años de productividad media de todo el tiempo de circulación que dura seis años, y según los precios medios de los mismos, se habrá encontrado entonces el rendimiento global por año tanto para uno como para el otro tiempo de circulación. Sin embargo, esto no ocurre si el rendimiento se calcula sólo para la mitad del tiempo de circulación, es decir, para tres años, puesto que entonces el rendimiento global resultaría desigual. De aquí surge que la duración del tiempo de arrendamiento en el caso de cultivo por amelgas trienales deba fijarse en por lo menos seis años. Pero para el arrendatario y el arrendador siempre sigue siendo mucho más deseable, sin embargo, que el tiempo de arrendamiento constituya un múltiplo del tiempo de arrendamiento," {¡sic!} [j] "y así, en el caso del cultivo por amelgas trienales, se acuerda un tiempo de 12, 18 o aun más años en lugar de 6, y en el caso de cultivo por amelgas septenales, uno de 14 ó 28 años en lugar de 7." (Kirchhof, pp. 117, 118.)
{F. E. En el manuscrito dice en este lugar: "El sistema inglés de rotación de cuttivos. Hacer aquí una nota".}


[a]

a En el manuscrito (II, p. 77) figura aquí, en lugar de este título, el subtítulo siguiente: "c) Diferencia entre el tiempo de trabajo y el tiempo de producción". (R 653/1.)
[b] b Véase, en la presente edición, t. I, vol. 1, pp. 308-317.
[c] c El sentido de estas últimas palabras podría ser, asimismo: "[una interrupción] durante la cual", etc.
[1] [52] La última frase de este pasaje dice así en el original inglés (según TI 246). "En virtud de esta circunstancia natural, y en virtud del incremento más rápido de la riqueza producida por el trabajo no agrícola, los monopolizadores de toda la tierra, aunque han monopolizado también la legislación, no han sido capaces de salvarse a sí mismos y a sus servidores, los arrendatarios, del destino de convertirse en la clase de personas más dependiente de la comunidad".-- 294.
[2] [53] Cultivo por amelgas trienales.-- Modo de cultivo que consistía en sembrar un año cereales de invierno, el siguiente cereales de verano y el tercero dejar la tierra en barbecho; actualmente, en vez del barbecho, por lo general el tercer año se siembran plantas forrajeras.-- 295.
[3] [54] Cultures derobées (cultivos intermedios).-- Como explica Kautsky, se trata de un cultivo de tubérculos posterior a la cosecha del producto principal y efectuado en el mismo año; la denominación (derober = hurtar, sustraer, ocultar) proviene de que este cultivo, de corta duración, se realiza como a escondidas, entre dos cosechas principales.-- 295.
[d] d En la 1ª y 2ª ediciones, en vez de "suelo para bosques" (Waldboden) figura aquí una expresión que podría traducirse por "suelo rural" o "suelo del país" (Landboden).
[e] b En la 1ª y 2ª ediciones, "bosques" en vez de "lapsos".
[f] f Esta frase no figura en la 1ª edición.
[g] g En la 1ª y 2ª ediciones, "el fuego" en vez de "la putrefacción"
[h] h Véase, en este volumen, pp. 163-171.
[i] i En la 1ª y 2ª ediciones, "importe" en vez de "rendimiento".
[j] j Kirchhof quiso decir, seguramente, "tiempo de circulación" ("circulación", desde luego, en el sentido especial en que este autor emplea el término).


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