
[93]
CAPITULO V
ECONOMIA EN EL EMPLEO DEL
CAPITAL CONSTANTE
I) Consideraciones generales
El aumento del
plusvalor absoluto o la prolongación del plustrabajo, y en consecuencia de la
jornada laboral, manteniéndose inalterado el capital variable, vale decir
empleando el mismo número de obreros con el mismo salario nominal y es
indiferente aquí que se pague el tiempo extra o no hace disminuir relativamente
el valor del capital constante frente al capital global y al capital variable y
que aumente, de ese modo, la tasa de ganancia, aun prescindiendo del crecimiento
y de la masa del plusvalor así como de la tasa de plusvalor en posible aumento.
Las dimensiones de la parte fija del capital constante, edificios fabriles,
maquinaria, etc., siguen siendo las mismas así se trabaje con ella 16 ó 12
horas. La prolongación de la jornada laboral no requiere un nuevo desembolso en
lo que respecta a esta parte, la más onerosa, del capital constante. A ello se
agrega que el valor del capital fijo se reproduce así en una serie más breve de
períodos de rotación, es decir que se abrevia el tiempo durante el cual debe
adelantárselo para lograr una ganancia determinada. De ahí que la prolongación
de la jornada laboral acreciente la ganancia, inclusive si se paga el tiempo
extra, y hasta cierto límite aun si se lo paga a precio más elevado que las
horas de trabajo normales. Por eso, la necesidad cada vez mayor de aumento del
capital fijo en el sistema industrial [94] moderno fue un incentivo
fundamental para la prolongación de la jornada laboral por parte de los
capitalistas furiosamente ávidos de ganancia [1].
En caso de la jornada laboral constante, no tiene lugar la
misma relación. En este caso es necesario aumentar el número de los obreros, y
con ellos también, en cierta relación, la masa del capital fijo, de locales, de
maquinaria, etc., a fin de poder explotar una mayor cantidad de trabajo (pues en
este caso se hace abstracción de deducciones al salario o de disminución forzosa
del salario por debajo de su nivel normal). O bien, si ha de incrementarse la
intensidad del trabajo, esto es, si ha de acrecentarse la fuerza productiva del
mismo; en general, si ha de generarse mayor plusvalor relativo, crece en los
ramos de la industria que emplean materias primas la masa de la parte circulante
del capital constante al elaborarse una mayor cantidad de materia prima, etc.,
en el lapso dado, y en segundo lugar aumenta la maquinaria puesta en movimiento
por el mismo número de obreros, vale decir también esta parte del capital
constante. El aumento del plusvalor se halla acompañado, pues, por un aumento
del capital constante, y el crecimiento de la explotación del trabajo por un
encarecimiento de las condiciones de producción por medio de las cuales se
explota el trabajo, es decir de un mayor desembolso de capital. Por
consiguiente, de este modo la tasa de ganancia resulta disminuida por un lado
cuando se la aumenta por el otro.
Toda una serie de gastos varios corrientes
permanece igual o casi igual, sin importar si la jornada laboral es más o menos
prolongada. Los costos de supervisión son menores para 500 obreros con 18 horas
de trabajo que para 750 con 12 horas. "Los costos de funcionamiento de una
fábrica que trabaja diez horas son casi igualmente elevados que si trabaja
durante doce." ("Reports of the Inspectors of Factories, October 1848", p. 37.)
Los impuestos estatales y municipales, los seguros contra incendio, el salario
de diversos empleados permanentes, la desvalorización de la maquinaria y otros
diversos gastos varios de [95] una fábrica prosiguen inalterados por el
hecho de que el tiempo de trabajo sea más prolongado o más breve; en la misma
relación en que disminuye la producción, aumentan con respecto a la ganancia [2]. ("Reports of the Inspectors of Factories, October 1862", p.
19.)
El espacio de tiempo en el cual se reproduce el valor de la maquinaria y
de otras partes componentes del capital fijo, se halla prácticamente determinado
no por el transcurso de su mera duración, sino por la duración total del proceso
laboral durante el cual actúa y se consume. Si los obreros deben bregar durante
18 horas en lugar de 12, ello arroja tres días más por semana, una semana se
convierte en semana y media, y dos años en tres. Si el tiempo extra no se paga,
los obreros agregan gratuitamente, además del tiempo de plustrabajo normal, una
tercera semana a cada dos, un tercer año a los otros dos. Y de esta manera
aumentará la reproducción de valor de la maquinaria en un 50 % , alcanzándosela
en los 2/3 del tiempo que sería necesario de otro modo.
Tanto en esta
investigación como en la referente a las oscilaciones de precios de la materia
prima (en el capítulo VI), partimos del supuesto, a fin de evitar complicaciones
inútiles, de que la masa y la tasa del plusvalor están dadas.
Como ya se ha
señalado al hablar sobre la cooperación, la división del trabajo y la maquinaria
[a], esa economía en las condiciones de producción que caracteriza
la producción en gran escala surge principalmente del hecho de que tales
condiciones operan como condiciones de trabajo social, socialmente combinado,
vale decir que funcionan como condiciones sociales del trabajo. Se consumen en
forma común en el proceso de la producción, por parte del obrero colectivo, en
lugar de hacerlo de manera desperdigada, en forma de una masa de trabajadores
inconexos o que a lo sumo cooperan directamente en pequeña escala. En una gran
fábrica con uno o dos motores centrales, los costos de esos motores no crecen en
la misma proporción que sus caballos de fuerza, y de ahí su posible esfera de
acción; los costos de la maquinaria de trasmisión no crecen en la misma
proporción que la cantidad de máquinas de trabajo a las cuales comunica el
movimiento; el cuerpo de la propia [96] máquina de trabajo no se encarece
en la misma proporción en que aumenta el número de herramientas con las que
funciona como con sus órganos, etc. La concentración de los medios de producción
ahorra, además, construcciones de toda índole, no sólo para los talleres
propiamente dichos, sino también para los locales destinados a depósitos, etc.
Otro tanto ocurre con los gastos por combustible, alumbrado, etc. Las demás
condiciones de producción siguen siendo las mismas, sin que importe si las
utilizan pocos o muchos.
Toda esta economía, que surge de la concentración de
los medios de producción y de su aplicación masiva, presupone empero como
condición esencial la aglomeración y cooperación de los obreros, vale decir la
combinación social del trabajo. De ahí que derive tanto del carácter social del
trabajo como el plusvalor deriva del plustrabajo de cada obrero individual,
considerado para sí, aisladamente. Hasta las mejoras permanentes que son
posibles y necesarias aquí, provienen única y exclusivamente de las experiencias
y observaciones sociales que otorga y permite la producción del obrero colectivo
combinado en gran escala.
Otro tanto rige acerca del segundo gran aspecto de
las economías en las condiciones de la producción. Nos referimos a la
reconversión de las deyecciones de la producción, lo que ha dado en llamarse sus
desechos, en nuevos elementos de producción, ora en el mismo ramo de la
industria, ora en otro, los procesos en virtud de los cuales estas denominadas
deyecciones son lanzadas nuevamente al ciclo de la producción, y por ende al
consumo, productivo o individual. También este ramo de las economías, que
entraremos a considerar algo más tarde, es el resultado del trabajo social en
gran escala. Es el carácter masivo de estos desechos, correspondiente a tal
escala, lo que vuelve a convertirlos en objetos de comercio y, con ello, en
nuevos elementos de la producción. Sólo en cuanto desperdicios de la producción
colectiva, y por ello de la producción en gran escala, adquieren esta
importancia para el proceso de producción, y prosiguen siendo portadores de
valor de cambio. Estos desechos abstracción hccha de los servicios que prestan
como nuevos elementos de producción abaratan, en la medida en que se tornan
nuevamente vendibles, los costos de la materia prima, en [97] la cual se
hallan calculados siempre sus desperdicios normales, más exactamente la cantidad
de ellos que debe perderse, término medio, en su elaboración. La disminución de
los costos de esta parte del capital constante aumenta pro tanto [en
proporción] la tasa de ganancia cuando se hallan dadas la magnitud del capital
variable y la tasa del plusvalor.
Dado el plusvalor, sólo es posible aumentar
la tasa de ganancia por disminución del valor del capital constante requerido
para la producción mercantil. Mientras el capital constante entra en la
producción de las mercancías, lo único que interesa es su valor de uso, no su
valor de cambio. El volumen de trabajo que puede absorber el lino en una
hilandería es algo que no depende de su valor, sino de su cantidad, dado el
grado de productividad del trabajo, es decir el nivel de la evolución técnica.
De la isma manera, la asistencia que presta una máquina a tres obreros, por
ejemplo, no depende de su valor, sino de su valor de uso en cuanto máquina. En
cierto nivel del desarrollo técnico, una máquina mala puede ser onerosa,
mientras que en otro nivel una buena máquina puede resultar barata.
El
incremento de la ganancia que obtiene un capitalista, por ejemplo, en virtud de
la circunstancia de que el algodón y la maquinaria de hilar se hayan abaratado,
es el resultado de una productividad acrecentada del trabajo, si no en el
hilado, en cambio sí en la producción de máquinas y de algodón. Para objetivar
una cantidad dada de trabajo, es decir para apropiarse de una cantidad dada de
plustrabajo se requiere un desembolso menor en las condiciones de trabajo.
Descienden los costos que se requieren para apropiarse de esa cantidad
determinada de plustrabajo.
Ya se ha hablado del ahorro resultante del empleo
común de los medios de producción por parte del obrero colectivo del obrero
socialmente combinado en el proceso de producción. Más adelante consideraremos
otro ahorro en el desembolso de capital constante, proveniente de la abreviación
del tiempo de circulación (siendo su factor material esencial el desarrollo de
los medios de comunicación). Pero aquí hemos de recordar aún de inmediato la
economía que surge del constante perfeccionamiento de la maquinaria, a saber 1)
de su material, como por ejemplo hierro en lugar de madera; 2) del abaratamiento
[98] de la maquinaria por perfeccionamiento de la fabricación de máquinas
en general, de modo que, aunque el valor de la parte fija del capital constante
crece ininterrumpidamente con el desarrollo del trabajo en gran escala, no
crece, ni con mucho, en la misma medida [3]; 3) de las mejoras especiales que permiten trabajar a menor
costo y más eficazmente con la maquinaria ya existente, como por ejemplo el
perfeccionamiento de las calderas de vapor, etc., acerca de lo cual más tarde
aun diremos algo en detalle, 4) la disminución de los desechos en virtud del
empleo de mejores maquinarias.
Todo cuando reduzca el desgaste de la
maquinaria y, en general, el del capital fijo para un período de producción
dado, no sólo abarata la mercancía individual ya que cada mercancía individual
reproduce en su precio la parte alícuota del desgaste que le corresponde sino
que también disminuye el desembolso alícuota de capital para ese período. Los
trabajos de reparación y otros similares, en la medida en que se tornan
necesarios, se cuentan en los cálculos dentro de los costos originarios de la
maquinaria. Su disminución como consecuencia de una mayor durabilidad de la
maquinaria disminuye, pro tanto, el precio de ésta.
Para todas las
economías de esta índole vuelve a tener vigencia, en la mayor parte de los
casos, que las mismas sólo son posibles para los obreros combinados, y que a
menudo sólo puede concretarse en trabajos en mayor escala aun, es decir que aun
requiere mayores combinaciones de obreros en forma directa dentro del proceso de
producción.
Pero por otra parte, en este caso el desarrollo de la fuerza
productiva del trabajo en un ramo de la producción por ejemplo en la
producción de hierro, carbón, máquinas, en la construcción, etc, el que a su vez
y en parte puede estar vinculado con progresos realizados en el terreno de la
producción intelectual, en especial de las ciencias naturales y de su aplicación
aparece como la condición de la disminución del valor, y por ende de los costos,
de los medios de producción en otros ramos de la industria, por ejemplo
de la industria textil o de la agricultura. Esto resulta por sí solo, ya que la
mercancía emergente como [99] producto en un ramo de la industria, entra
como medio de producción, a su vez, en otro. Su mayor o menor baratura depende
de la productividad del trabajo en el ramo de la producción del cual sale como
producto, y es al mismo tiempo condición no sólo para el abaratamiento de las
mercancías en cuya producción ingresa como medio de produccin sino también para
la disminución de valor del capital constante, en cuyo elemento se convierte
aquí, y en consecuencia para la elevación de la tasa de ganancia.
Lo
característico de esta clase de economías del capital constante, que surge del
progresivo desarrollo de la industria es que en este caso el ascenso de la tasa
de ganancia en un ramo de la industria se debe al desarrollo de la fuerza
productiva del trabajo en otro. Lo que en este caso redunda en provecho
del capitalista es, una vez más, una ganancia que constituye el producto del
trabajo social, aunque no el producto de los obreros que él mismo explota
directamente. Aquel desarrollo de la fuerza productiva siempre se remonta, en
última instancia, al carácter social del trabajo puesto en acción; a la división
del trabajo dentro de la sociedad; al desarrollo del trabajo intelectual, en
especial el de las ciencias naturales. Lo que en este caso aprovecha el
capitalista son las ventajas de todo el sistema de la división social del
trabajo. Es en virtud del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo en su
sección exterior, en la sección que le suministra los medios de producción, que
en este caso se disminuye relativamente el valor del capital constante empleado
por el capitalista, es decir que se aumenta la tasa de ganancia.
Otro
incremento de la tasa de ganancia proviene no de las economías del trabajo
mediante el cual se produce el capital constante, sino de la economización en el
empleo del propio capital constante. En virtud de la concentración de los
obreros y de su cooperación en gran escala se ahorra capital constante, por un
lado. Las mismas instalaciones en materia de construcciones, calefacción,
alumbrado, etc. cuestan relativamente menos para escalas de producción grandes
que pequeñas. Otro tanto vale para la maquinaria motriz y de trabajo. A pesar de
que su valor crece en términos absolutos, disminuye relativamente, en proporción
a la creciente expansión de la producción y la magnitud del capital variable o
de la masa de la fuerza d trabajo puesta en movimiento. Las economías que
practica un capital [100] tal en su propio ramo de la producción,
consisten en primera instancia y directamente en economizar trabajo, es decir en
reducir el trabajo pago de sus propios obreros; las economías anteriormente
mencionadas, en cambio, consisten en llevar a cabo esa mayor apropiación posible
de trabajo ajeno impago de la manera más económica posible, es decir en la
escala de producción dada con los costos más reducidos que sea posible. En tanto
estas economías no se basen en la ya mencionada explotación de la productividad
del trabajo social empleado en la producción del capital constante, sino en
economizar en el empleo del propio capital constante, aquellas o bien derivan
directamente de la cooperación y de la forma social del trabajo dentro del
propio y determinado ramo de la producción, o bien de la producción de la
maquinaria, etc., en una escala en la cual su valor no aumenta en la misma
proporción que su valor de uso.
Aquí deben tenerse en consideración dos
puntos: si el valor de c fuese = 0, g' sería = pv', y la
tasa de ganancia alcanzaría su máximo. Pero, y en segundo lugar: lo importante
para la explotación directa del propio trabajo no es en modo alguno el valor de
los medios de explotación empleados, sea del capital fijo, sea de las materias
primas y auxiliares. En cuanto sirven como absorbentes de trabajo, como medios
en los cuales o a través de los cuales se objetiva el trabajo, y en consecuencia
también el plustrabajo, el valor de cambio de la maquinaria, de los edificios,
de las materias primas, etc., es por entero indiferente. Lo que importa
exclusivamente es, por una parte, su masa tal como se la requiere desde el punto
de vista técnico para combinarla con determinada cantidad de trabajo vivo, y por
la otra su adecuación a sus fines, es decir no sólo buena maquinaria, sino
también buenas materias primas y auxiliares. De la calidad de la materia prima
depende en parte la tasa de ganancia. Un material bueno tiene menos
desperdicios; por lo tanto, se requiere una menor cantidad de materia prima para
absorber la misma cantidad de trabajo. Además es menor la resistecia que
encuentra la máquina de trabajo. En parte esto influye incluso sobre el
plusvalor y sobre la tasa del plusvalor. Utilizando una materia prima de peor
calidad, el obrero necesita más tiempo para elaborar la misma cantidad;
manteniéndose constante el salario pagado, esto da por resultado una
[101] merma de plustrabajo. Además, esto influye muy significativamente
sobre la reproducción y acumulación del capital que, tal como lo desarrollan el
tomo I, pp. 627/619 [b] y siguiente, depende más aun de la productividad que de la
masa del trabajo empleado.
De ahí que resulte comprensible el fanatismo del
capitalista por la economización de los medios de producción. El que nada se
pierda o se dilapide, el que los medios de producción sólo se empleen de la
manera en que lo requiere la propia producción, depende en parte de la idoneidad
e instrucción del obrero, y en parte de la disciplina que ejerza el capitalista
sobre los obreros combinados, y que se torna superflua en un estado social en el
cual los trabajadores trabajan por su propia cuenta, tal como ya se ha vuelto
casi por entero superflua actualmente en el trabajo a destajo. Este fanatismo
también se manifiesta, a la inversa, en la falsificación de los elementos de
producción, lo que constituye un medio principal para abatir el valor del
capital constante con respecto al del variable, aumentando de esa manera la tasa
de la ganancia; a lo cual se suma aun la venta de esos elementos de producción
por encima de su valor, en la medida en que ese valor reaparece en el producto,
como importante elemento de fraude. Este factor desempeña un papel decisivo
especialmente en la industria alemana, cuyo fundamento constituye: la gente no
puede sino recibir con agrado que le enviemos primeramente buenas muestras, y
luego mercancías de mala calidad. Pero estos fenómenos inherentes a la
competencia no nos interesan en este lugar.
Cabe advertir que este incremento
de la tasa de ganancia provocada por la disminución del valor, es decir de la
onerosidad del capital constante, es totalmente independiente del hecho de si el
ramo de la industria dentro del cual se produce elabora productos de lujo,
medios de subsistencia que entran en el consumo de los obreros, o medios de
producción en general. Esta última circunstancia sólo tendría importancia en
tanto se trata de la tasa del plusvalor, que depende fundamentalmente del valor
de la fuerza de trabajo, es decir del valor de los medios de subsistencia
tradicionales del obrero. En cambio aquí se presuponen como dados el plusvalor y
la tasa del plusvalor. [102] La relación entre el plusvalor y el capital
global y es esto lo que determina la tasa de ganancia depende, bajo estas
circunstancias, exclusivamente del valor del capital constante, y en modo alguno
del valor de uso de los elementos que lo componen.
El abaratamiento relativo
de los medios de producción no excluye, desde luego, el hecho de que aumente la
suma absoluta de su valor, pues la extensión absoluta dentro de la cual se los
emplea aumenta extraordinariamente con el desarrollo de la fuerza productiva del
trabajo y de la creciente escala de la producción que la acompaña. La economía
en el empleo del capital constante, cualquiera que sea el aspecto bajo el cual
se la considere, es el resultado exclusivo, en parte de que los medios de
producción funcionen y se consuman como medios de producción colectivos del
obrero combinado, de modo que esta propia economía aparece como un producto del
carácter social del trabajo directamente productivo; pero en parte es el
resultado del desarrollo de la productividad del trabajo en las esferas que
suministran al capital sus medios de producción, de modo que cuando se considera
el trabajo global con respecto al capital global, y no sólo los obreros
empleados por el capitalista X con respecto a este último, esta economía
vuelve a presentarse como producto del desarrollo de las fuerzas productivas del
trabajo social, y la única diferencia es que el capitalista X obtiene
ventajas no sólo de la productividad del trabajo de sus propio talleres, sino
también de la de talleres ajenos. Sin embargo, al capitalista la economización
del capital constante se le antojo una condición totalmente ajena al obrero y
que no le incumbe en absoluto, con la cual nada tiene que ver el obrero;
mientras que el capitalista siempre comprende con total claridad que el obrero
sí tiene que ver con el hecho de que el capitalista compre mucho o poco trabajo
por el mismo dinero (pues así es como se manifiesta en su conciencia la
transacción entre capitalista y obrero). Esta economía en el empleo de los
medios de producción, este método para lograr un resultado determinado con los
menores gastos, aparece, en grado machísimo mayor que en el caso de las otras
fuerzas inmanentes al trabajo, como una fuerza inherente al capital y como un
método peculiar del modo de producción capitalista, y que lo
caracteriza.
[103] Esta manera de concebir las cosas es tanto menos
sorprendente por cuanto se corresponde con la apariencia de los hechos, y porque
la relación del capital oculta, en los hechos, la conexión interna en la total
indiferencia, exterioridad y enajenación en que sume al obrero frente a las
condiciones de efectivización de su propio trabajo.
Primero: Los
medios de producción de los cuales consta el capital constante sólo representan
el dinero del capitalista (así como el cuerpo del deudor romano representaba,
según Linguet, el dinero de su acreedor) [4] y sólo se hallan en relación con él, mientras que el obrero,
en cuanto entra en contacto con ellos en el proceso real de la producción, sólo
se ocupa de ellos como de valores de uso de la producción, medios de trabajo y
material de trabajo. Por lo tanto, la disminución o aumento de este valor es una
cuestión que afecta tan poco su relación con el capitalista como la
circunstancia de si trabaja con cobre o hierro. De cualquier manera el
capitalista, tal como lo indicaremos más adelante, tiene predilección por
concebir las cosas de otro modo en cuanto tiene lugar un aumento en el valor de
los medios de producción y, de esa manera, una disminución en la tasa de
ganancia.
Segundo: En la medida en que, en el proceso capitalista de
producción, estos medios de producción son, al mismo tiempo, medios de
explotación del trabajo, la relativa baratura o carestía de estos medios de
explotación preocupa tan poco al obrero como puede preocuparle a un caballo si
se le colocan freno y bridas caras o baratas para gobernarlo.
Por
último, y como ya se ha visto anteriormente [c], en los hechos el obrero se comporta ante el carácter social
de su trabajo, ante su combinación con el trabajo de otros para un fin común,
como ante un poder que le es ajeno; las condiciones en que se efectiviza esta
combinación son, para él, propiedad ajena, cuya dilapidación le resultaría
totalmente indiferente si no estuviese obligado a economizarla. Totalmente
diferente es lo que ocurre en las fábricas pertenecientes a los propios
trabajadores, como por ejemplo en Rochdale [5].
Por consiguiente, casi no hace falta mencionar que, en la
medida en que la productividad del trabajo en un ramo [104] de la
producción aparece en el otro como abaratamiento y perfeccionamiento de los
medios de producción, sirviendo con ello al aumento de la tasa de ganancia, esta
vinculación general del trabajo social se presenta como algo totalmente ajeno a
los obreros, que de hecho sólo incumbe al capitalista, en tanto sólo él compra y
se apropia de estos medios de producción. El hecho de que compre el producto de
los obreros de un ramo ajeno de la producción con el producto de los obreros en
su propio ramo de la producción, y que por consiguiente sólo disponga del
producto de los obreros ajenos en la medida en que se haya apropiado del de sus
propios obreros en forma gratuita, es una vinculación que el proceso de
circulación, etc., encubre felizmente.
A ello se suma que así como la
producción en gran escala se desarrolla por primera vez en la forma capitalista,
así se desarrollan por un lado la avidez furiosa de ganancias, y por el otro la
competencia que obliga a una producción lo más barata posible de las mercancías,
lo que hace aparecer a esta economía en el empleo del capital constante como
peculiar del modo capitalista de producción, y por consiguiente como función del
capitalista.
Si por una parte el modo capitalista de producción impulsa hacia
el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social, así impulsa, por la
otra, hacia la economía en el empleo del capital constante.
Sin embargo, las
cosas no se reducen a una enajenación e indiferencia entre el obrero, el
portador del trabajo vivo, por una parte, y una utilización económica, vale
decir racional y ahorrativa de sus condiciones de trabajo, por la otra. Con
arreglo a su naturaleza contradictoria, antagónica, el modo capitalista de
producción llega a incluir la dilapidación de la vida y la salud del obrero, la
depresión de sus condiciones de existencia, entre los factores de economía en el
empleo del capital constante, y en consecuecia entre los medios para el
incremento de la tasa de ganancia.
Puesto que el obrero pasa la mayor parte
de su vida en el proceso de producción, las condiciones de este proceso son, en
gran parte, condiciones de su proceso vital activo, condiciones vitales suyas, y
la economía en esas condiciones de vida es un método para aumentar la tasa de
ganancia, cxactamente tal como ya hemos visto [105] anteriormente [d] que el trabajo excesivo, la transformación del obrero en una
bestia de labor es un método para acelerar la autovalorización del capital, la
producción de plusvalor. Esta economización se extiende a colmar locales
estrechos e insalubres con obreros, cosa que en el lenguaje capitalista
significa ahorro de instalaciones; amontonamiento de peligrosas maquinarias en
los mismos locales y omisión de medios de protección contra el peligro; falta de
medidas de precaución en procesos de producción que, por su índole, son
insalubres o, como en la minería, implican peligro, etc. Y ni que hablar de la
ausencia de todos los dispositivos destinados a humanizar el proceso de
producción para el obrero, haciéndoselo agradable o siquiera soportable. Desde
el punto de vista capitalista, esto sería un derroche totalmente carente de fin
y de sentido. En general, la producción capitalista, con toda su tacañería, es
enormemente derrochadora con el material humano, tal como por otra parte,
gracias al método de la distribución de sus productos mediante el comercio y su
modalidad de la competencia, procede de modo sumamente dispendioso con los
medios materiales, perdiendo por un lado para la sociedad lo que por el otro
gana para el capitalista individual.
Así como el capital tiene la tendencia,
en el empleo directo del trabajo vivo, de reducirlo a trabajo necesario y a
abreviar siempre el trabajo necesario para la elaboración de un producto
mediante la explotación de las fuerzas productivas sociales del trabajo, es
decir a economizar en lo posible el trabajo vivo directamente empleado, así
también tiene la tendencia a emplear ese trabajo reducido a su medida necesaria
bajo las condiciones más económicas, es decir a reducir a su mínimo posible el
valor del capital constante empleado. Si el valor de las mercancías está
determinado por el tiempo de trabajo necesario contenido en ellas, y no por el
tiempo de trabajo contenido en ellas en forma general, es el capital el primero
que realiza esta determinación, y al mismo tiempo acorta de manera constante el
tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía. El
precio de la mercancía se reduce a su mínimo al reducirse a su mínimo cada parte
del trabajo requerido para su producción.
[106] Dentro de la economía
en el empleo del capital constante, es necesario establecer una distinción. Si
aumenta la masa, y con ella la suma de valor del capital empleado, ello sólo es,
en primera instancia, una concentración de más capital en las mismas manos. Pero
es precisamente esa mayor cantidad, empleada por las mismas manos a la que
también corresponde, las más de las veces, una cantidad de trabajo empleado
absolutamente mayor, per menor en términos relativos , la que posibilita la
economía del capital constante. Considerando al capitalista individual, aumentan
el volumen del desembolso necesario de capital, en especial en el caso del
capital fijo; pero con relación a la cantidad de material elaborado y de trabajo
explotado, su valor disminuye en términos relativos.
Lo desarrollaremos
brevemente mediante algunas ilustraciones. Comenzamos por el final, por la
economía en las condiciones de producción, en tanto éstas se presentan, a la
vez, como condiciones de existencia y de vida del obrero.
II) Akorro en las condiciones de trabajo a
expensas
de los obreros [e]
Minas de carbón. Omisión de los
desembolsos
más necesarios.
"Dada la competencia que existe
entre los propietarios de las minas de carbón..., no se efectúan más desembolsos
que los necesarios para superar las dificultades físicas más palpables; y dada
la competencia que prevalece entre los obreros de las minas, habitualmente
disponibles en número excedente, éstos se exponen con gusto a graves riesgos y a
las influencias más nocivas a cambio de un salario que sólo es un poco más
elevado que el de los jornaleros agrícolas de las inmediaciones, ya que el
trabajo de la minería permite, además, el empleo lucrativo de sus hijos. Esta
doble competencia basta por completo... para hacer que gran parte de las minas
se explote con los desagües y [107] ventilación más imperfectos; a menudo
con pozos mal construidos, mala tirantería, mecánicos incapaces, con galerías y
carriles mal dispuestos y construidos; y esto ocasiona una destrucción de vidas,
de miembros y de salud cuya estadística constituiría un cuadro pavoroso."
("First Report on Children's Employment in Mines and Collieries etc., April 21,
1829", p. 102.) Hacia 1860 se mataba a un promedio semanal de 15 hombres en las
minas inglesas. Según el informe sobre "Coal Mines Accidents" (6 de febrero de
1862), en el decenio 1852-1861 fueron muertos un total de 8.466. Pero este
número es demasiado reducido, como lo dice el propio informe, ya que durante los
primeros años, cuando los inspectores acababan de ser investidos y sus distritos
eran demasiado grandes, hubo una gran cantidad de casos de accidentes y casos
fatales que ni siquiera se comunicaron. Precisamente la circunstancia de que, a
pesar de la aún grande matanza y del poder insuficiente y número exiguo de los
inspectores, la cantidad de accidentes haya disminuido en mucho desde que se
instaurara la inspección, demuestra la tendencia natural de la explotación
capitalista. Este sacrificio de vidas humanas se debe, en su mayor parte, a la
sórdida avaricia de los propietarios de minas, quienes a menudo sólo hacían
cavar un solo pozo, por ejemplo, de modo que no sólo no había una ventilación
eficaz, sino que tampoco quedaba una vía posible de escape en cuanto dicho pozo
quedase obstruido.
La producción capitalista, si la consideramos en detalle y
hacemos abstracción del proceso de circulación y de los excesos de la
competencia, procede con suma ahorratividad con el trabajo efectuado, objetivado
en mercancías. En cambio es, mucho más que cualquier otro modo de producción,
una dilapidadora de seres humanos, de trabajo vivo, una derrochadora no sólo de
carne y sangre, sino también de nervios y cerebro. De hecho sólo se debe al más
monstruoso derroche de desarrollo individual el que el desarrollo de la
humanidad en generalesté asegurado y se lleve a cabo en la época histórica que
precede inmediatamente a la reconstitución consciente de la sociedad humana [f]. Puesto que toda la economización de la que aquí [108]
se trata emana del carácter social del trabajo, en los hechos es precisamente
este carácter directamente social del trabajo el que genera esa dilapidación de
la vida y la salud de los obreros. En este aspecto ya resulta característica la
pregunta formulada por el inspector fabril Robert Baker: "Todo este problema
requiere una seria consideración: ¿de qué manera puede evitarse mejor este
sacrificio de vidas infantiles ocasionadas por el trabajo en grupos
hacinados?" ("Reports of the Inspectors of Factories, October 1863", p.
157.)
Fábricas. Se incluye aquí la omisión de todas las medidas de
prevención para seguridad, comodidad y salud de los obreros, también en las
fábricas propiamente dichas. De aquí proviene gran parte de los muertos y
heridos que enumeran los partes de guerra del ejército industrial (véanse los
informes fabriles anuales). Asimismo, falta de espacio, aireación,
etcétera.
Todavía en octubre de 1855 se queja Leonard Horner de la
resistencia de numerosísimos fabricantes contra las disposiciones legales acerca
de dispositivos protectores para ejes horizontales, pese a que el peligro de los
mismos resulta demostrado por accidentes, a menudo fatales, y a que el
dispositivo protector no es oneroso ni perturba las actividades en modo alguno.
("Reports of the Inspectors of Factories, October 1855", p. 6.) En esta
resistencia contra esta y otras disposiciones legales, los fabricantes contaban
con el honesto apoyo de los no remunerados jueces de paz, quienes, siendo ellos
mismos fabricantes o amigos de éstos, debían dirimir esta clase de casos. El
juez superior Campbell nos dice de qué índole eran los veredictos de estos
señores, refiriéndose a uno de ellos, contra el que se apeló ante él: "Ésta no
es una interpretación de la ley, sino su derogación lisa y llana" (loc. cit., p.
11). En el mismo informe relata Horner que en muchas fábricas se pone en
movimiento la maquinaria sin anunciárselo previamente a los obreros. Puesto que
también siempre hay algo que hacer en la maquinaria detenida, siempre hay
[109] manos y dedos ocupados en ella, produciéndose continuos accidentes
por esta sencilla omisión de una señal (loc. cit., p. 44.) Los fabricantes
habían formado entonces un trade-union para la resistencia contra la
legislación fabril, la denominada "National Association for the Amendment of the
Factory Laws" de Manchester, que en marzo de 1855, mediante contribuciones de 2
chelines por caballo de fuerza, reunió una suma superior a las £ 50.000 para con
ella solventar los costos de los procesos de sus miembros contra demandas
judiciales de los inspectores de fábricas y llevar adelante los procesos por
cuenta de la Asociación. Se trataba de demostrar que killing [is]
no murder [matar no es asesinar] [6] cuando ocurre en homenaje a las ganancias. El inspector
fabril encargado de Escocia, sir John Kincaid, cuenta que una firma de Glasgow
utilizó el hierro viejo de su fábrica para con él proveer de dispositivos
protectores a toda su maquinaria, lo cual le costó £ 9 y 1 chelín. Si se hubiese
afiliado a la Asociación, hubiese debido pagar una contribución de £ 11 por sus
110 caballos de fuerza, es decir más de lo que le costaba toda la instalación
protectora. Pero la "National Association" había sido fundada en 1854
expresamente para porfiar contra la ley que preceptuaba la instalación de esta
clase de dispositivos protectores. Durante todo el período 1844-1854 los
fabricantes no habían prestado al problema la menor consideración. Por
indicaciones de Palmerston, los inspectores de fábricas anunciaron a los
fabricante que a partir de ese momento había que tomarse la ley en serio. De
inmediato los fabricantes fundaron su Asociación, muchos de cuyos miembros más
descollantes eran jueces de paz ellos mismos y, en tal carácter, tenían que
aplicar personalmente la ley. Cuando en abril de 1855 el nuevo ministro del
interior, sir George Grey, efectuó una propuesta de mediación según la cual el
gobierno se declaraba dispuesto a darse por satisfecho con dispositivos
protectores casi solamente nominales, la Asociación también rechazó ese
ofrecimiento con indignación. En diversos procesos, el famoso ingeniero William
[g] Fairbairn se prestó a poner en juego su reputación como
perito en beneficio de la economía y de la libertad lesionada del capital. El
jefe de la [110] inspección de fábricas, Leonard Horner, fue objeto de
toda clase de persecuciones y calumnias por parte de los fabricantes.
Pero
los fabricantes no descansaron hasta lograr un veredicto de la Court of Queen's
Bench [7] según cuya interpretación la ley de 1844 no prescribía la
instalación de dispositivos protectores para ejes horizontales colocados a más
de 7 pies [2,13 m.] sobre el suelo, y finalmente en 1856 lograron hacer aprobar,
gracias al santurrón Wilson-Patten uno de esos beatos cuya afectada religiosidad
siempre se halla dispuesta a realizar sucios trabajos para complacer a los
caballeros del bolso de dinero una ley con la cual, dadas las circunstancias,
podían darse por satisfechos. En efecto, la ley quitaba a los obreros toda
protección especial, remitiéndolos, para el caso de indemnización por accidentes
causados por la maquinaria, a los tribunales ordinarios (lo cual es pura ironía
dados los costos judiciales ingleses), mientras que, por otra parte, en virtud
de una disposición finamente alambicada sobre la pericia que debía efectuarse,
hacía casi imposible que el fabricante perdiese el proceso. La consecuencia fue
un rápido aumento de los accidentes. En el semestre de mayo a octubre de 1858,
el inspector Baker registró un aumento de los accidentes de un 21 % sólo contra
los del semestre anterior. En su opinión, el 36,7 % de todos los accidentes
podía haberse evitado. Sin embargo, en 1858 y 1859 el número de accidentes había
disminuido considerablemente con relación a 1845 y 1846, esto es, en un 29 %,
con un aumento del 20 % del número de obreros en los ramos de la industria
sometidos a la inspección. ¿Pero a qué se debía esto? En la medida en que el
punto en disputa ha quedado aclarado hasta este momento (1865), el principal
factor de su liquidación había sido la introducción de nueva maquinaria en la
cual los dispositivos protectores se hallan instalados ya desde un comienzo, el
fabricante los permite porque no implican costos adicionales para él. Algunos
obreros también habían logrado elevadas indemnizaciones judiciales a cambio de
la pérdida de un brazo, fallos éstos que fueron confirmados hasta llegar a la
instancia suprema. ("Reports of the Inspectors of Factories, April 30", 1861, p.
31 ; ídem, abril de 1862, p. 17.)
[111] Esto es todo lo que concierne
a la economía en los medios para asegurar la vida y la integridad física de los
obreros (entre ellos muchos niños) frente a los peligros que surgen directamente
de hacerlos trabajar con la maquinaria.
Trabajo en recintos cerrados en
general. Se sabe hasta qué punto la economía de espacio, y por consiguiente
en materia de construcciones, apretuja a los obreros en locales estrechos. A
ello se suma aun la economía de medios de ventilación. Junto con un más
prolongado tiempo de trabajo, ambos factores producen un gran aumento de las
enfermedades de las vías respiratorias y, en consecuencia, un incremento de la
mortalidad. Las siguientes ilustraciones han sido tomadas de los informes acerca
de "Public Health, 6th Report, 1863"; el informe ha sido compilado por el doctor
John Simon, a quien ya conocemos muy bien de nuestro tomo I.
Así como la
combinación de los obreros y su cooperación es la que permite el empleo de la
maquinaria en gran escala, la concentración de los medios de producción y la
economía en su so, de la misma manera este trabajo conjunto masivo en recintos
cerrados y en circunstancias para las cuales no resulta decisiva la salud de los
obreros sino el que se facilite la elaboración del producto, esta concentración
masiva en el mismo taller es por un lado la fuente del creciente beneficio para
el capitalista, mientras que por el otro, si no se halla compensada tanto por la
brevedad del tiempo de trabajo como por medidas de precaución especiales, es al
mismo tiempo la causa de la dilapidación de la vida y de la salud de los
obreros.
El doctor Simon establece una regla, cuya exactitud demuestra
mediante multitud de datos estadísticos: "En la misma relación en que la
población de una comarca se ve constreñida al trabajo colectivo en recintos
cerrados, y manteniéndose constantes las restantes circunstancias, aumenta la
tasa de mortalidad de ese distrito a causa de enfermedades pulmonares" (p. 23).
La causa es la mala ventilación. "Y probablemente no haya en toda Inglaterra
excepción alguna a la regla de que en todos los distritos en los que hay una
industria importante que funciona en locales cerrados, el aumento de la
mortalidad de esos obreros es suficiente para dar un tinte especial a la
estadística [112] de mortalidad de todo el distrito: el exceso de
enfermedades pulmonares" (p. 23).
De la estadística de mortalidad con
referencia a las industrias que funcionan en locales cerrados y que fueron
examinados en 1860 y 1861 por la oficina de sanidad, se desprende que para el
mismo número de hombres de entre 15 y 55 años para el que corresponden, en los
distritos agrícolas ingleses, 100 casos de muerte por tuberculosis y otras
enfermedades pulmonares, el número correspondiente para una misma cifra de
población masculina es: en Coventry, 163 casos de tuberculosis, en Blackburn y
Skipton, 167; en Congleton y Bradford, 168; en Leicester, 171; en Leek, 182; en
Macclesfield, 184; en Bolton, 190; en Nottingham, 192; en Rochdale, 193; en
Derby, 198; en Salford y Ashton-under-Lyne, 203; en Leeds, 218; en Preston 220;
y en Manchester, 263 (p. 24). El cuadro que sigue da un ejemplo más patente aun.
Indica los casos mortales por enfermedades pulmonares, separados por sexos, para
la edad de 15 a 25 años, y calculado por cada 100.000. Los distritos escogidos
son aquellos en que sólo las mujeres se hallan ocupadas en la industria
explotada en locales cerrados, mientras que los hombres lo están en todos los
ramos posibles de la actividad laboral.
En los distritos de la industria
sedera, en los que la participación de los varones en el trabajo fabril es
mayor, también es importante su mortalidad. En este caso, como se dice en el
informe, la tasa de mortalidad por tisis, etc., en ambos sexos revela "las
indignantes (atrocins) condiciones sanitarias bajo las cuales se explota gran
parte de nuestra industria sedera". Y ésta es la misma industria sedera en la
cual los fabricantes, remitiéndose a las condiciones sanitarias excepcionalmente
benignas de su actividad, solicitaron que se les concediera la excepción de un
tiempo de trabajo prolongado para niños menores de 13 años, la cual, en parte
les fue también concedida (libro I, cap. VIII, 6, pp. 296/286 [h]).
[113]
Mortalidad
por
enfermedades pulmonares
entre 15 y 25
años
calculada por cada
100.000
Distrito Industria
principal Hombres Mujeres
Berkhampstead Trenzado de
paja,
efectuado por mujeres 219 578
Leighton Buzzard Trenzado de
paja,
efectuado por mujeres 309 554
Newport Pagnell Fabricación de
puntillas
por mujeres 301 617
Towcester Fabricación de puntillas
por
mujeres 239 577
Yeovil Fabricación de guantes,
mayormente por mujeres 280
409
Leek Industria sedera, con
predominio de mujeres 437 856
Congleton
Industria sedera, con
predominio de mujeres 566 790
Macclesfield Industria
sedera, con
predominio de mujeres 593 890
Zona rural sana Agricultura 331
333
"Ninguna de las industrias examinadas hasta el presente ofreció un
cuadro mas grave que el que brinda el doctor Smith de la sastrería... Los
talleres, dice, son muy diferentes en su aspecto sanitario, pero casi todos
están atestados, mal ventilados y son insalubres en alto grado... Esta clase de
locales ya son, de por sí, necesariamente calurosos; pero cuando se enciende el
gas, como ocurre en los días de niebla y por las tardes, en el invierno, el
calor asciende a 80 y aun a 90 grados" (Fahrenheit = 27-33 C [i]) "y provoca una profusa traspiración y la condensación del
vapor en los vidrios, de modo que el agua chorrea o gotea permanentemente desde
el tragaluz, y los obreros se ven obligados a mantener abiertas algunas
ventanas, a pesar de que de ese modo se resfrían inevitablemente. Acerca de la
situación imperante en 16 de los más importantes talleres del West End de
Londres, el doctor Smith ofrece la siguiente descripción: el mayor volumen
cúbico que corresponde a un obrero en estas mal ventiladas habitaciones es de
270 pies cúbicos [7,65 m3.]; el menor es de 105 pies [2,97 m3.], y en promedio
sólo de 156 pies [4,42 m3.] por [114] persona. En un taller rodeado por
una galería y que sólo tiene un tragaluz, trabajan 92 hasta más de 100 personas,
y hay encendida gran cantidad de picos de gas; los excusados están pegados a los
lugares de trabajo, y el espacio no supera los 150 pies cúbicos [4,25 m3.] por
persona. En otro taller, al cual sólo puede calificárselo como una perrera en un
patio iluminado desde arriba y aireado sólo por medio de una pequeña claraboya,
trabajan 5 ó 6 hombres en un espacio de 112 pies cúbicos [3,17 m3.] por
persona." Y "en estos infames (atrocious) talleres que describe el doctor Smith,
los sastres trabajan habitualmente de 12 a 13 horas por día, y en diversas
épocas se continúa el trabajo durante 15 a 16 horas" (pp. 25, 26,
28).
Tasa de mortalidad
Número de Fines industriales por
100.000 a la edad de
personas ocupadas y localidad 25-35 35-45
45-55
958.265 Agricultura,
Inglaterra y Gales 743 805
1.145
22.301 hombres
y 12.377 mujeres Sastres, Londres 958 1.262
2.093
13.803 Tipógrafos e
impresores, Londres 894 1.747 2.367
[8]
(p. 30). Cabe señalar y de hecho lo ha observado John
Simon, el jefe de la sección médica, de quien emana el informe que para la edad
de 25-35 años la mortalidad de los sastres, tipógrafos e impresores de Londres
se ha indicado por debajo de las cifras reales, ya que en ambos ramos de la
actividad los maestros de Londres reciben gran número de gente joven
(presumiblemente hasta los 30 años) del campo como aprendices e
"improvers" [j], es decir, para su perfeccionamiento ultcrior. Estos
incrementan el número de personas ocupadas sobre cuya base deben calcularse las
tasas de mortalidad industrial de Londres; pero no contribuyen en la misma
proporción al número de muertes ocurridas en Londres, puesto que su permanencia
sólo es transitoria allí; si enferman durante ese lapso, regresan a su hogar en
el campo, donde se registra su muerte en caso de fallecimiento. Esta
circunstancia afecta aun más [115] las escalas anteriores por edad, y
hace que las tasas de mortalidad londinense para dichas escalas carezcan por
completo de valor como medida de la insalubridad industrial (p. 30).
Similar
al de los sastres es el caso de los tipógrafos, en el cual a la falta de
ventilación, al aire pestilente, etc., se suma aun el trabajo nocturno. Su
tiempo de trabajo habitual dura de 12 a 13 horas, y a veces de 15 a 16. "Calor
intenso y un aire sofocante en cuanto se enciende el gas... No es raro que del
piso inferior asciendan vapores de un taller de fundición, el hedor de
maquinaria o de sumideros, empeorando la situación de la pieza del piso
superior. El aire caldeado de los locales inferiores caldea a los superiores ya
sólo por calentamiento del piso, y si las piezas son bajas y el consumo de gas
es grande, el mal es grave. Peor es la situación aun cuando las calderas de
vapor se hallan en el recinto inferior, y llenan todo el edificio de un calor
indeseable... En general puede decirse que la aireación es siempre escasa y
totalmente insuficiente para eliminar el calor y los productos de combustión del
gas después de la caída del sol, y que en muchos talleres, especialmente los que
fueron anteriormente viviendas, la situación es en extremo deplorable." "En
algunos talleres, en especial los de semanarios, en los cuales se ocupan
asimismo adolescentes de 12 a 16 años, se trabaja en forma casi ininterrumpida
durante dos días y una noche; mientras que en otros talleres de composición que
se ocupan de realizar trabajos «urgentes», los obreros tampoco tienen descanso
los domingos, y sus jornadas laborales por semana son 7 en lugar de 6" (pp. 26,
28).
De las modistas (milliners and dressmakers) nos hemos ocupado ya en el
tomo I, cap. VIII, 3, pp. 249/241 [k] con referencia al exceso de trabajo. En nuestro informe, el
doctor Ord describe sus locales de trabajo. Aun siendo mejores durante el día,
en las horas en que se enciende gas están sobrecaldeados, son fétidos (foul) e
insalubres. En 34 talleres de la mejor especie, el doctor Ord halló que el
número promedio de pies cúbicos de espacio por cada obrera era:
"En 4 casos
más de 500; en otros 4, de 400-500; en 5 [otros, de 300-400; en otros 5, de
250-300; en 7 otros] [116] de 200-250; en 4, de 150-200; y por último en
9, sólo de 100-150 [l]. Hasta el más amplio de estos locales sólo basta escasamente
para un trabajo constante si el espacio no se halla completamente ventilado...
Inclusive con buena ventilación, los talleres se tornan sumamente calurosos y
húmedos después del anochecer, a causa de los muchos mecheros de gas
necesarios." Y he aquí la observación del doctor Ord acerca de un taller de la
clase inferior, explotado por cuenta de un intermediario (middleman): "Un
recinto de 1.280 pies cúbicos [36,25 m3.] de capacidad; personas presentes: 14;
espacio para cada una de ellas: 91,5 pies cúbicos [2,6 m3, aproximadamente.].
Las obreras tenían aquí el aspecto de estar agotadas de tanto trabajar y
desmoralizadas. Sus ganancias se indicaron en 7-15 chelines por semana, y aparte
el té... Horas de trabajo de 8 a 20. El cuartito en el cual se hallaban apiñadas
estas 14 personas estaba mal ventilado. Había dos ventanas movibles y una
chimenea, pero ésta estaba obstruida, no había instalaciones de aireación de
ninguna especie" (p. 27).
El mismo informe acota con refcrencia al trabajo
excesivo de las modistas: "El exceso de trabajo de mujeres jóvenes en casas de
costura fashionable [de moda] sólo prevalece durante aproximadamente 4
meses al año en ese grado monstruoso que en muchas ocasiones ha despertado la
sorpresa e indignación del público por un instante; pero durante esos meses se
trabaja en el taller, por regla general, durante 14 horas diarias completas, y
cuando se acumulan los encargos urgentes de 17 a 18 horas, durante días. En
otras estaciones del año probablemente se trabajen 10-14 horas en el taller, las
que laboran en sus domicilios lo hacen regularmente 12 ó 13 horas. En la
confección de abrigos para damas, cuellos, camisas, etc.,[...] inclusive el
trabajo con la máquina de coser, las horas pasadas en el taller colectivo son
menos, mayormente no más de 10 a 12 horas, sin embargo, sostiene el doctor Ord,
en determinadas casas y en ciertas épocas, las horas de trabajo regulares están
sometidas a una considerable prolongación debido las horas extras pagadas por
separado, y en otras casas las obreras se llevan trabajo a sus hogares para
concluirlo [117] después del tiempo de trabajo ordinario. Podemos añadir
que tanto una como la otra clase de trabajo extraordinario son, a menudo,
obligatorias" (p. 28). John Simon observa en una nota al pie de esta página: "El
señor Radcliffe, [...] secretario de la Epidemiological Society, [...] quien ha
tenido especialmente muchas ocasiones para conocer el estado de salud de las
modistas que trabajan en las tiendas más importantes [...], encontró que de cada
20 muchachas que decían estar «totalmente bien», sólo una estaba sana las demás
presentaban diversos grados de decaimiento físico, agotamiento nervioso y
numerosas perturbaciones funcionales derivadas de aquellos. Para ello indica
como motivos: en primera instancia, la extensión del horario de trabajo, que
estima en un mínimo de 12 horas diarias, inclusive fuera de temporada; y en
segundo lugar [...] el hacinamiento y mala ventilación de los talleres, el aire
viciado por los mecheros de gas, una alimentación insuficiente o mala y falta de
cuidado por la comodidad hogareña."
La conclusión a la que llega el jefe de
la oficina inglesa de sanidad es que "para los obreros es prácticamente
imposible insistir en lo que es, en teoría, su primer derecho sanitario: el
derecho, cualquiera que sea el trabajo para cuya ejecución los reúna su
empleador, a que ese trabajo colectivo, en la medida en que dependa del patrón y
a sus expensas, se vea exento de toda condición innecesariamente nociva para la
salud; [...] y que, mientras los propios obreros no estén efectivamente en
condiciones de lograr por la fuerza esa justicia sanitaria, tampoco podrán
esperar, a pesar de las presuntas intenciones del legislador, ayuda efectiva
alguna por parte de los funcionarios encargados de hacer cumplir las "Nuisances
Removal Acts" [Leyes de policía sanitaria]" (p. 29) [9]. "Sin duda nos deparará algunas pequeñas dificultades
técnicas determinar el límite exacto a partir del cual los empleadores deberán
someterse a la regulación. Pero ... en principio el reclamo de preservación de
la salud es universal. Y en interés de miríadas de obreros y obreras cuya vida
ahora languidece y se abrevia sin necesidad por los infinitos sufrimientos
físicos que su mera ocupación les inflige [10], oso manifestar la esperanza de que se pongan, de una manera
igualmente universal, las condiciones sanitarias del trabajo bajo una apropiada
protección legal; cuando menos hasta el punto de asegurar una [118]
ventilación eficaz de todos los recintos de trabajo cerrados, y que en cada ramo
del trabajo que sea insalubre por su naturaleza se restrinjan lo más que sea
posible las influencias particularmente peligrosas para la salud" (p. 31).
III) Economía en la generación y trasmisión de
fuerza
motriz y en materia de construcciones
En su informe
de octubre de 1852, Leonard Horner cita una carta del célebre ingeniero James
Nasmyth de Patricroft, el inventor del martillo de vapor, en la cual se dice,
entre otras cosas:
"El público está muy poco al tanto del ingente incremento
de fuerza motriz que se ha alcanzado mediante modificaciones de sistemas y
mejoras" (en materia de máquinas de vapor) "tales como aquellos de los que estoy
hablando. La fuerza mecánica de nuestro distrito" (Lancashire) "estuvo bajo la
pesadilla de una tradición timorata y prejuiciosa durante casi 40 años, pero
ahora nos hemos emancipado, felizmente. Durante los últimos 15 años, pero en
especial en el curso de los últimos 4" (es decir, desde 1848) "se han verificado
algunas modificaciones sumamente importantes en el modo de funcionamiento de las
máquinas condensadoras de vapor... El éxito consistió... en que las mismas
máquinas realizaban una cantidad de trabajo muchísimo mayor, y ello por
añadidura con una muy significativa reducción del consumo de carbón... Durante
muchísimos años desde la introducción de la fuerza del vapor en las fabricas de
estos distritos, la velocidad con la cual se creía poder [hacer] trabajar a las
maquinas condensadoras de vapor era de aproximadamente 220 pies [67 m,
aproximadamente.] de carrera del pistón por minuto; es decir, que una máquina de
5 pies [1,52 m.] de carrera de émbolo ya se hallaba restringida, por las
disposiciones vigentes, a 22 revoluciones del eje de cigüeñal. No se consideraba
prudente impulsar la máquina con mayor velocidad; y puesto que todo el mecanismo
de trasmisión [...] estaba adaptado para esta velocidad de 220 pies de recorrido
de émbolo por minuto, esta velocidad lenta y absurdamente restringida
[119] dominó el funcionamiento de tales máquinas durante muchos años.
Pero finalmente, haya sido por una afortunada ignorancia de las disposiciones o
por las mejores razones de algún audaz innovador, se ensayó una velocidad mayor
y, puesto que el resultado fue inmensamente positivo, otros siguieron el
ejemplo; se le dio rienda suelta a la máquina, como se decía, y se modificaron
las ruedas principales de la maquinaria de trasmisión de tal manera que la
máquina de vapor podía hacer 300 pies y aun más por minuto, mientras que la
maquinaria se mantenía en su velocidad anterior... Esta aceleración de la
máquina de vapor [...] es ahora casi general, porque se demostró que no sólo se
obtenía mayor cantidad de energía utilizable a partir de la misma máquina, sino
que, a consecuencia [...] del mayor momento de inercia del volante, el
movimiento era mucho más regular [...]. Manteniéndose constantes la presión de
vapor y el vacío en el condensador, se [...] obtenía mayor energía por la mera
aceleración del recorrido del émbolo [...]. Si por ejemplo podemos hacer que una
máquina de vapor que con 200 pies [Aprox. 61 m.] por minuto rinde 40 caballos de
fuerza, practicándole las modificaciones apropiadas haga 400 pies [122 m,
aprox.] por minuto con la misma presión de vapor y el mismo vacío, tendremos
exactamente el doble de fuerza [...] y puesto que la presión de vapor y el vacío
son los mismos en ambos casos, no se aumenta sustancialmente el esfuerzo de las
diversas partes de la máquina [...] y, en consecuencia, el peligro de
«accidentes» con el aumento de la velocidad. Toda la diferencia estriba en que
consumimos más vapor, o aproximadamente el mismo, en proporción con la
aceleración del movimiento del émbolo; y además se produce un desgasteun poco
más rápido de los cojinetes o de las partes sometidas a fricción, pero que
prácticamente no vale la pena mencionar... Pero para lograr que la misma máquina
rinda mayor fuerza por aceleración del movimiento del émbolo, debe [...]
quemarse mayor cantidad de carbón [...] bajo la misma caldera de vapor o
emplearse una caldera de mayor capacidad de vaporización; en suma, hay que
generar mayor cantidad de vapor. Así se hizo, y se instalaron calderas de mayor
capacidad de generación de [120] vapor en las viejas máquinas
«aceleradas»; de este modo, las mismas realizaban en muchos casos un 100 % más
de trabajo. Hacia 1842, la producción de energía extraordinariamente barata de
las máquinas de vapor de las minas de Cornualles comenzó a llamar la atención;
la competencia en las hilanderías de algodón obligó a los fabricantes a buscar
en los «ahorros» la principal fuente de sus ganancias; la notable diferencia en
el consumo de carbón por hora y por caballo de fuerza que presentaban las
máquinas de Cornualles, y del mismo modo el trabajo extraordinariamente
económico de las máquinas de doble cilindro de Woolf pusieron en primer plano,
en nuestra comarca, el ahorro de combustible. Las máquinas de Cornualles y las
de doble cilindro producían un caballo de fuerza por hora por 3 ½ a 4 libras [De
1,588 a 1,814 kg.] de carbón, mientras que las máquinas de los distritos
algodoneros consumían, en general, 8 ó 12 libras [De 3,629 a 5,443 kg.] por
caballo y por hora. Una diferencia tan significativa impulsó a los fabricantes y
constructores de máquinas de nuestro distrito a lograr, por medios similares,
resultados tan extraordinariamente económicos como los que ya eran habituales en
Cornualles y en Francia, puesto que allí el elevado precio del carbón había
obligado a los fabricantes a restringir en lo posible este oneroso ramo de sus
actividades. Esto condujo a importantísimos resultados. Primero: muchas
calderas, la mitad de cuya superficie quedaba expuesta al frío aire exterior en
los buenos y viejos tiempos de elevadas gnancias, fueron recubiertas ahora con
gruesas capas de fieltro o ladrillos y argamasa y de otras maneras, en virtud de
lo cual se impedía la irradiación del calor generado a tan alto costo. De la
misma manera se protegieron las tuberías de vapor, recubriéndose asimismo los
cilindros con fieltro y madera. En segundo lugar se inició el empleo de las
altas presiones. Hasta ese momento, la válvula de seguridad se había regulado de
manera de abrirse ya a las 4, 6 ú 8 libras de presión de vapor por pulgada
cuadrada [0,281, 0,422 ó 0,562 kg por cm2.]; entonces se descubrió que elevando
la presión a 14 ó 20 libras [0,984 ó 1,406 kg por cm2.]... se lograba un
importantísimo ahorro de carbón; en otras palabras, el trabajo de la fábrica se
realizaba con un consumo significativamente menor de [121] carbón...
Aquellos que tenían los medios y la audacia necesarios para ello, aplicaron el
sistema del aumento de la presión y de la expansión en toda su amplitud,
empleando calderas construidas con tal fin, que proporcionaban vapor a una
presión de 30, 40 [...] 60 y 70 libras por pulgada cuadrada [2,109, 2,812, 4,218
y 4,921 kg por cm2.], una presión ante la cual se hubiese desvanecido de terror
un ingeniero de la antigua escuela. Pero puesto que los resultados económicos de
este aumento de la presión de vapor... pronto se difundieron en la inconfundible
forma de libras, chelines y peniques, las calderas de alta presión combinadas
con máquinas condensadoras se hicieron un fenómeno casi general. Aquellos que
llevaron a cabo radicalmente la reforma [...] emplearon las máquinas de Woolf, y
esto ocurrió con la mayor parte de las máquinas de construcción reciente; más
exactamente las máquinas de Woolf con 2 cilindros, en uno de los cuales el vapor
proveniente de la caldera ejerce la fuerza en virtud del exceso de presión por
encima de la presión atmosférica, después de lo cual, en lugar de escapar al
aire libre, como anteriormente, luego de cada recorrido del émbolo, el vapor
entra a un cilindro de baja presión de capacidad aproximadamente cuádruple y,
luego de haber realizado allí una nueva expansión, es conducido hacia el
condensador. El resultado económico que se obtiene con esta clase de máquinas es
el rendimiento de un caballo de fuerza por hora por cada 3 1/2 a 4 libras [De
1,588 kg a 1,814 kg.] de carbón; mientras que en las máquinas del sistma antiguo
eran necesarias de 12 a 14 libras [De 5,443 kg a 6,350 kg.] para ello [...]. Un
ingenioso dispositivo ha permitido aplicar el sistema de Woolf del doble
cilindro o de la máquina combinada de alta y baja presión a las máquinas más
antiguas ya existentes, acrecentando así sus rendimientos al mismo tiempo que se
disminuye su consumo de carbón. El mismo resultado [...] se ha logrado durante
los últimos 8-10 años combinando una máquina de alta presión con una máquina de
condensación, de tal manera que el vapor consumido por la primera pasa a la
segunda, impulsándola. Este sistema resulta útil en muchos casos".
"No sería
fácilmente posible obtener un detalle exacto del aumento del rendimiento laboral
de las mismas e [122] idénticas máquinas de vapor en las cuales se han
adaptado algunos de estos nuevos perfeccionamientos, o todos ellos. Pero estoy
seguro [...] de que por el mismo peso de maquinaria de vapor obtenemos ahora por
lo menos un 50 % más de servicio o de trabajo, término medio, y que en muchos
casos la misma máquina de vapor que en la época de la limitada velocidad de 220
pies por minuto rendía 50 caballos de fuerza desarrolla actualmente más de 100
[11]. Los resultados extremadamente económicos del empleo del
vapor de alta presión en las máquinas de condensación, así como las exigencias
muchísimo mayores que se les formulan a las antiguas máquinas de vapor con el
fin de ampliar las actividades, han llevado durante los últimos tres años a la
introducción de calderas tubulares y, de ese modo, a una significativa
disminución de los costos de generación de vapor." ("Reports of the Inspectors
of Factories, October 1852", pp. 23-27.)
Lo que vale para las máquinas
generadoras de fuerza motriz vale asimismo para las transmisiones de esa fuerza
y para la maquinaria de trabajo.
"Los pasos acelerados a que se han
desarrollado los perfeccionamientos de la maquinaria durante los últimos pocos
años han permitido a los fabricantes expandir la producción sin el agregado de
fuerza motriz adicional. La utilización más ahorrativa del trabajo se ha tornado
necesaria en virtud del acortamiento de la jornada laboral, y en la mayor parte
de las fábricas bien dirigidas se considera continuamente la manera en que pueda
aumentarse la producción con un desembolso menor. Tengo ante mí un informe, que
debo a la gentileza de un inteligentísimo señor de mi distrito, acerca del
número y edad de los obreros ocupados en su fábrica, de las máquinas empleadas y
de los salarios pagados en el lapso comprendido entre 1840 y la fecha de hoy. En
octubre de 1840, su firma ocupaba a 600 obreros, 200 de los cuales eran menores
de 13 años, mientras que en octubre de 1852 sólo ocupaba a 350 obreros, de los
cuales sólo 60 eran menores de 13 años. Salvo unas pocas, había el mismo número
de máquinas en actividad, y en ambos años se pagó la misma suma en concepto de
salarios." (Informe de Redgrave en "Reports of the Inspectors of Factories,
October 1852", pp. 58, 59.)
Los perfeccionamientos introducidos en la
maquinaria sólo revelan la plenitud de sus efectos cuando se la instala
[123] en nuevos edificios fabriles, dispuestos de modo de cumplir con su
finalidad.
"Con referencia a los perfeccionamientos en la maquinaria debo
señalar que ante todo se han realizado grandes progresos en la construcción de
fábricas apropiadas para el emplazamiento de esa nueva maquinaria... En la
planta baja tuerzo todo mi hilado, y solamente allí instalo 29.000 husos de
torcer. En este recinto y en el galpón solamente logro un ahorro de trabajo de
por lo menos un 10 %, no tanto a causa de los perfeccionamientos en el propio
sistema de torcido, sino de la concentración de las máquinas bajo una dirección
única, puedo impulsar el mismo número de husos con un solo eje, con lo cual
ahorro de un 60 a un 80 % en materia de trasmisión de impulsos respecto a otras
firmas. Además ello arroja un gran ahorro de aceite, grasa, etc.,... en suma,
con la instalación perfeccionada de la fábrica y el mejoramiento de la
maquinaria he ahorrado un 10 % en trabajo, calculando un mínimo, y además de
ello he realizado grandes ahorros en materia de energía, carbón, aceite, grasa,
ejes de trasmisión y poleas, etc." (Decaraciones de un hilandero de algodón,
"Reports of the Inspectors of Factories, October 1863", pp. 109, 110.)
IV) Aprovechamiento de las deyecciones
de la producción
Con el modo capitalista de
producción se amplía el aprovechamiento de las deyecciones de la producción y el
consumo. Por las primeras entendemos los desechos de la industria y de la
agricultura, y por las últimas en parte las deyecciones resultantes del
metabolismo natural del hombre, y en parte la forma en que quedan como residuos
los objetos de uso luego de su consumo. Por consiguiente, en la industria
química son deyecciones de la producción los subproductos que se pierden en la
producción en pequeña escala; las limaduras de hierro que quedan como desecho en
la fabricación de máquinas, y que vuelven a entrar como materia prima en la
producción de hierro, etc. Son deyecciones del consumo los productos de
eliminación natural de los hombres, restos de vestimentas en forma de andrajos
etc. Las deyecciones del consumo son de máxima importancia para la agricultura.
En lo que se [124] refiere a su utilización tiene lugar un despilfarro
colosal en la economía capitalista; en Londres, por ejemplo, a dicha economía no
se le ocurre hacer nada mejor, con el abono producido por 4 1/2 millones de
personas, que utilizarlo con ingentes costos para contaminar con él el
Támesis.
El encarecimiento de las materias primas constituye, naturalmente,
el impulso para la utilización de los desperdicios.
En general, las
condiciones de este reaprovechamiento son: el carácter masivo de esta clase de
deyecciones, que sólo se da cuando se trabaja en gran escala; perfeccionamiento
de la maquinaria, con lo cual sustancias que en su forma dada eran anteriormente
inservibles, adquieren una figura útil en la nueva producción; progreso de la
ciencia, en especial de la química, que descubre las propiedades útiles de esta
clase de desechos. Sin embargo también en la agricultura desarrollada en pequeña
escala, en la horticultura, como por ejemplo en Lombardía, en el sur de la China
y en Japón, se verifica una gran economía de esta índole. Pero en general, en
este sistema la productividad de la agricultura se adquiere al precio de una
gran dilapidación de trabajo humano que se sustrae a otras esferas de la
producción.
Los así denominados desperdicios desempeñan un importante papel
en casi todas las industrias. Así, en el informe fabril de octubre [m] de 1863 se indica como uno de los principales motivos por los
cuales tanto en Inglaterra como en muchas partes de Irlanda los arrendatarios
sólo cultivan el lino en raras ocasiones y de mala gana: "la gran cantidad de
desperdicios... que tiene lugar en la preparación del lino en las pequeñas
fábricas agramadoras (scutch mills) impulsadas por energía hidráulica...
Los desechos del algodón son relativamente escasos, pero los del lino son
sumamente grandes. Un buen tratamiento en el enriado y en el agramado mecánico
puede reducir considerablemente esta desventaja... En Irlanda, el lino se peina
de manera enormemente vergonzosa, de modo que se pierde un 28-30 %", todo lo
cual podría evitarse mediante el empleo de mejores maquinarias. La estopa que
quedaba como desecho alcanzaba cantidades tales, que [125] el inspector
fabril dice: "Se me ha informado, respecto a algunas de las fábricas de agramar
irlandesas, que los agramadores a menudo emplean los desechos que allí quedan
como cosmbustible en sus hogares, a pesar de ser muy valiosos." (loc. cit., p.
240.) Más adelante hablaremos de los desperdicios del algodón, cuando tratemos
las oscilaciones del precio de la materia prima.
La industria lanera fue más
astuta que la del lino. "Antiguamente era corriente desacreditar la preparación
de desechos y de harapos de lana para una nueva elaboración pero ese prejuicio
ha sido abandonado por completo con relación al shoddy trade (industria
de la lana artificial) que se ha convertido en un importante ramo del distrito
lanero de Yorkshire, y no cabe duda de que también el negocio de los
desperdicios del algodón ocupará pronto el mismo lugar, como ramo de las
actividades que satisface una reconocida necesidad. Hace 30 años, los trapos de
lana, es decir los retazos de paño de pura lana, etc., valían, en promedio, unas
£ 4 y 4 chelines la tonelada; durante el último par de años han llegado a valer
£ 44 por tonelada. Y la demanda ha crecido a tal punto que también se utilizan
tejidos mixtos de lana y algodón, ya que se hn encontrado medios para destruir
el algodón sin dañar la lana; y en la actualidad hay miles de obreros ocupados
en la fabricación de shoddy, con gran ventaja para el consumidor, quien
ahora puede comprar paño de buena calidad media a un precio muy módico."
("Reports of the Inspectors of Factories, October, 1863", p. 107.) La lana
artificial así remozada ya ascendía, a fines de 1862 a un tercio de todo el
consumo lanero de la industria inglesa. ("Reports ... Factories, October, 1862",
p. 81.) La "gran ventaja" para el "consumidor" consiste en que sus prendas de
lana sólo necesitan un tercio del tiempo anterior para desgastarse, y un sexto
para deshilacharse.
La industria sedera inglesa rueda por la misma pendiente.
Entre 1839 y 1862, el consumo de la seda cruda verdadera había disminuido un
tanto, mientras que el de los desechos de la seda se había duplicado. Con
maquinarias perfeccionadas se estaba en condiciones de fabricar con este
material, que en otros lugares carecía casi de valor, una seda utilizable para
muchos fines.
El ejemplo más patente de utilización de desperdicios lo ofrece
la industria química. Ésta no sólo consume sus [126] propios desechos,
hallándoles nuevas aplicaciones, sino también los de las industrias más
disímiles, transformando, por ejemplo, el gas de alquitrán, anteriormente casi
inútil, en colores de anilina, rubiacina (alizarina), y últimamente también en
medicamentos [12].
Hay que distinguir entre esta economía de las
deyecciones de la producción por reutilización de las mismas, y la economía que
se obtiene en la producción de desperdicios, es decir la reducción de las
deyecciones de la producción a un mínimo, con utilización directa, y hasta un
máximo, de todas las materias primas y auxiliares que entran en la
producción.
El ahorro de desechos se debe, en parte, a la buena calidad de la
maquinaria empleada. Se economizan aceite, jabón, etc., en la misma relación en
que las partes de la máquina se hallan más exactamente trabajadas y mejor
pulidas. Esto se refiere a los materiales auxiliares. Pero en parte, y esto es
lo más importante depende de la calidad de las máquinas y de las herramientas
empleadas el que una parte mayor o menor de la materia prima se transforme en
desperdicios en el curso del proceso de la producción. Por último, esto depende
de la calidad de la propia materia prima. Esto se halla condicionado, a su vez,
en parte por el desarrollo de la industria extractiva y de la agricultura, que
producen esa materia prima (del progreso de la cultura en su sentido propiamente
dicho) [13], en parte por el perfeccionamiento de los procesos que
atraviesa la materia prima antes de su ingreso en la manufactura.
"Parmentier
ha demostrado que, desde una época no muy distante, por ejemplo desde los
tiempos de Luis XIV, el arte de moler el grano se ha perfeccionado en Francia de
manera muy significativa, de modo que los nuevos molinos, con relación a los
viejos, pueden producir hasta una mitad más de pan a partir de la misma cantidad
de grano. En efecto, se ha contado para el consumo anual de un habitante de
París 4 setiers de grano, inicialmente, luego 3, y finalmente 2, mientras
que hoy en día ya sólo asciende a 1 1/3 setier [n] o aproximadamente 342 libras [o] [127] por cabeza... [14] En Perche, donde viví durante largo tiempo, los molinos
torpemente construidos, que tenían muelas de granito y roca basáltica, fueron
reconstruidos según las reglas de la mecánica que tanto había progresado desde
hacía 30 años. Los dotaron de buenas muelas de La Ferté, se molía dos veces el
grano, se imprimió un movimiento circular al cedazo, y el producto en harina
aumentó en 1/6 para la misma cantidad de grano. Por lo tanto, me explico
fácilmente la enorme desproporción entre el consumo diario de grano entre los
romanos y nosotros, toda la razón estriba sencillamente en la imperfección de
los procedimientos de la molienda y de la panificación. Así debo explicar
también un hecho notable que cita Plinio, [libro] XVIII, cap. XX, 2... La harina
se vendía en Roma, según su calidad, a 40, 48 ó 96 ases el modius [p]. Estos precios, tan elevados en relación con los precios
contemporáneos del grano, se explican a partir de los molinos imperfectos, que
por entonces aún se hallaban en su infancia, y de los considerables costos de
molienda que de ello derivaban." (Dureau de la Malle, "Économie Politique des
Romains", París 1840, I, pp. 280, 281.)[q]
V) Economía mediante inventos [r]
Estos ahorros en el empleo del capital fijo son, como ya
se ha dicho, resultado de que las condiciones de trabajo se emplean en gran
escala, en suma que sirven como condiciones de trabajo directamente social,
socializado, o de la cooperación directa dentro del proceso de producción. Es
ésta, por una parte, la condición única bajo la cual pueden aplicarse todos los
inventos mecánicos y químicos sin encarecer el precio de la mercancía, y ésta es
siempre la conditio sine qua non. Por otra parte, sólo con una producción
[128] en gran escala son posibles las economías que derivan del consumo
productivo de la colectividad. Pero por último sólo la experiencia del obrero
combinado descubre y muestra dónde y cómo economizar, cómo llevar a cabo con la
mayor sencillez los descubrimientos ya efectuados, qué fricciones prácticas
deben superarse en la concreción de la teoría (en su aplicación al proceso de
producción), etcétera.
Dicho sea de paso, hay que distinguir entre trabajo
general y trabajo colectivo. Ambos desempeñan su papel en el proceso de la
producción, ambos se funden uno en el otro, pero también ambos se diferencian.
Es trabajo general todo trabajo científico, todo descubrimiento, todo invento.
Está condicionado en parte por la cooperación con seres vivos, y en parte por la
utilización de los trabajos de predecesores. El trabajo colectivo supone la
cooperación directa de los individuos.
Lo dicho más arriba se confirma una
vez más en virtud de lo frecuentemente observado:
1) La gran diferencia en
los costos entre la primera construcción de una máquinaa [s] y su reproducción; a ese respecto, véanse Ure y Babbage [15].
2) Los costos mucho mayores con los que se maneja un
establecimiento basado en inventos nuevos, comparado con los establecimientos
posteriores que surgen sobre sus ruinas, ex suis ossibus [de sus huesos]
[16]. Esto llega a tal punto que los primeros empresarios
quiebran en su mayor parte, y sólo florecen los posteriores, a cuyas manos
llegan más baratos los edificios, maquinarias, etc. Por ello las más de las
veces es la clase de menor valor y más miserable de los capitalistas dinerarios
la que extrae los mayores beneficios de todos los nuevos desenvolvimientos del
trabajo general del espíritu humano y de su aplicación social en virtud del
trabajo combinado.
[1]
11 "Puesto que en todas las fábricas hay un monto sumamente elevado de
capital fijo invertido en edificios y máquinas, la ganancia será tanto mayor
cuanto mayor sea el número de horas durante las cuales puede mantenerse en
funcionamiento a esa maquinaria." ("Reports of the Inspectors of Factories,
31st. October", 1858, p. 8.)
[2] [23] Marx parafrasea en este lugar, indicando la fuente
pero sin entrecomillar, un pasaje de un informe fabril que ya había extractado
en el libro I (véase dicho tomo, vol. 2, p. 495, n. 152). En líneas generales,
la traducción alemana es aquí, aunque no figuren las comillas, más precisa que
allí, donde éstas aparecían: "[...] the proportion of which to profits
increases as the production decreases" se traduce mejor por "[...]
en la misma relación en que disminuye la producción, aumentan con respecto a la
ganancia" que "[...] cuya proporción con respecto a la ganancia decrece
proporcionalmente al aumento del volumen de la producción" (subrayados
nuestros). Con todo, nos parece exagerado hablar aquí, con los anotadores de ES
(6, 97), de "un error de traducción": éstos advierten que Marx sustituye
"decreases" ("disminuye", "decrece") por "zunimmt" ("aumenta"), pero pasan por
alto el otro cambio, en lo esencial compensatorio, de "increases" ("aumenta")
por "abnimmt" ("disminuye"). - 95.
[a] a Véase, en la presente edición, t. I, vol. 2, pp.
394-395.
[3] 12 Véase Ure, acerca del progreso en la construcción de las
fábricas.
[b] b Véase, en la presente edición, t. I, vol. 2, p. 745 y
ss.
[4] [24] Cfr. [Simon Linguet,] "Théorie des loix civiles ou
principes fondamentaux de la société", Londres, 1767, t. II, libro V, cap. XX, o
la edición de 1774, cap. XVI. Cfr. en el tomo I, vol. I, p. 347 de la presente
edición de "El capital", otra referencia de Marx a las hipótesis de Linguet
acerca de la situación legal de los deudores en la antigua Roma. Sobre el
sentido de la crítica antiburguesa de Linguet, véase el siguiente pasaje del
capítulo que Marx le dedica en "Theorien über den Mehrwert (MEW, t. XXVI,
parte I. p. 320): "Linguet, sin embargo, no es un socialista. (Era, más bien, un
reaccionario.) Su polémica contra las ideas liberal-burguesas de sus
contemporáneos ilustrados, contra el dominio naciente de la burguesía, se
recubre, medio en serio, medio irónicamente, de una apariencia reaccionaria.
Defiende el despotismo asiático contra las formas europeas civilizadas del
mismo, así como la esclavitud contra el trabajo asalariado" (la frase entre
paréntesis, dentro de la cita, ha sido tachada por el propio Marx en el
manuscrito). - 103.
[c] c Véase, en la presente edición. t. I, vol. 2, p. 395.
[5] [25] Rochdale.- En 1844 un grupo de discípulos de
Robert Owen fundó en la ciudad inglesa de Rochdale, Lancashire, la "Society of
Equitable Pionneers", una cooperativa de consumo que más tarde se convirtió
también en cooperativa de producción. En el congreso de 1866 de la Internacional
se reconoció al "movimiento cooperativo como una de las fuerzas transformadoras
de la sociedad presente", pero se señaló, asimismo, que aquél "es impotente por
sí mismo para transformar la sociedad capitalista", tarea que requiere el empleo
de "las fuerzas organizadas de la sociedad". Véase más adelante, en el capítulo
XXIII (pp. 494-495 en la presente edición), otro importante pasaje sobre las
fábricas cooperativas. - 103.
[d] d Véase, en la presente edición, t. I, vol. 1, pp.
277-365.
[e] e En el manuscrito de Marx (I, p. 77) el título de este
apartado es ligeramente diferente: "Economías en las condiciones de producción a
expensas de los productores". Engels conservó una cuarta parte de los materiales
citados por Marx en esta parte del manuscrito (pp. 77-94). (Véase R
915/2.)
[f] f Rubel (p. 916) traduce así esta frase: "De hecho, sólo el
extrordinario derroche del desarrollo individual puede asegurar el desarrollo
del ser humano [en el manuscrito de Marx, "genenal man", "hombre en general"]
durante la época histórica que precede a la constitución socialista del género
humano" (en el manuscrito de Marx: "preceeding the socialist constitution of
mankind).
[6] [26] (W) "Killing no murder" (Matar no
esasesinar).- Título de un panfleto publicado en Inglaterra en 1657. El autor,
el leveller [Edward] Sexby, exhortaba a matar al Lord Protector Oliver
Cromwell, por ser un cruel tirano, y presentaba tal acción como meritoria y
patriótica. - 109.
[g] g En la 1ª edición, "Thomas".
[7] [27] Court of Queen's Bench.- Tribunal supremo
inglés en lo criminal y, en general, instancia superior para todos los
tribunales de derecho civil; en 1873 se convirtió en una de las cinco (de 1880
en adelante, tres) secciones de la Corte Suprema de Justicia, la Queen's
(o King's) Bench Division. (Como es sabido, muchas instituciones y
dignatarios ingleses cambian de denominación según el sexo del monarca reinante;
así, por ejemplo, el noble señor encargado de retirar ciertas vasijas de la
alcoba real se denominaba "Lord-of-the-bedchamber" -"Lord de la alcoba"- si el
soberano era varón, pero "Lord-in-waiting" -"Lord a la espera"- si al frente de
la monarquía se hallaba una mujer.) - 110.
[h] h Véase, en la presente edición, t. I, vol. 1, pp.
353-354.
[i] i Esta equivalencia en grados centígrados que figura en todas
las versiones consultadas de "El capital" menos, obviamente, en la inglesa no es
precisa. Debería decir: "27-32 C" (o si se quiere, más exactamente, 26,66 -32,22
C).
[8] [28] Marx ya había recogido este cuadro, con alguna
ligera variante de presentación, en el tomo I de "El capital" (véase aquí, vol.
2, p. 566). - 114.
[j] j En el tomo I (véase aquí, vol. 2, p. 567, n.) Marx recoge la
siguiente definición de "improvers": "personas que quieren perfeccionarse en su
oficio". A cambio de ese "perfeccionamiento", los improvers se veían
obligados a aceptar fuertes rebajas en sus salarios.
[k] k Véase, en la presente edición, t. I, vol. 1, pp.
305-307.
[l] l 500 pies cúbicos = 14,16 m3; 400 = 11,33 m3; 300 = 8,50 m3;
250 = 6,80 m3; 200 = 5,66 m3; 150 = 4,25 m3; 100 = 2,83 m3.
[9] [29] Este mismo pasaje de John Simon, aunque con
diversa extensión, aparece ya en el tomo I (en la presente edición, vol. 2, p.
566). Las importantes diferencias de redacción entre nuestras dos versiones
castellanas del mismo reflejan, en la medida de lo posible, diferencias
similares entre la traducción alemana que se incluye en el tomo I efectuada por
Marx, y la que figura aquí, hecha por él o por Engels, Sorprendentemente, entre
el texto inglés de esta cita reproducido en el tomo I de la edición inglesa de
"El capital" y el que aparece en el tomo III de esa misma versión, existen
divergencias análogas, lo que prueba que por lo menos en uno de los dos casos,
pese a las afirmaciones de los editores ingleses en sus advertencias
preliminares, éstos no nos ofrecen la versión original del informe, sino una
retraducción del alemán. Compárese, a modo de ejemplo, este fragmento:
TI I,
p. 465: "[...] while the work- TI III, p. 96: "[...] while workpeople
people
are practically incapable of are practically unable to exact that
doing
themselves this sanitary justi- sanitary justice for themselves, they
ce,
they are unable to obtain any also (notwithstanding the presu-
effective
support from the paid ad- med intentions of the law) cannot
ministrations of
the sanitary police". expect any efectual asistance from
the appointed
administrators of the
Nuisances Removal Acts". - 117.
[10] [30] La frase precedente aparece también en el tomo I
(en nuestra edición, vol. 2, p. 566): las diferencias en la versión castellana
de la misma procuran reproducir disimilitudes análogas entre las dos
traducciones alemanas de dicha frase. También en este caso, al igual que en el
comentado en nuestra posnota anterior, el texto de esta cita, tal como se lo
brinda en el tomo I de la edición inglesa de "El capital", no coincide con el
que aparece en el tomo III de dicha versión. - 117.
[11] [31] En el tomo I (vol. 2, p. 506 en la presente
edición), Marx ya había citado este pasaje, aunque dándole otra traducción. En
este caso la edición inglesa ofrece dos textos iguales (cfr. TI I. 415, y TI
III, 99), si se exceptúa una ligera diferencia de puntuación y, siempre que la
versión dada en TI III sea fiel, una supresión no indicada en TI 1. - 122
[m] m En la 1ª edición, "diciembre". El informe, fechado el 31 de
octubre, abarca el período que va hasta el 31 de diciembre. (Nota IMEL).
[12] [32] La referencia a la obtención industrial de la
alizarina o dioxiantraquinona a partir del gas de alquitrán o antraceno
plantea un interesante problema de datación, no advertido, que sepamos, por
editores precedentes de "El capital": esta mención de ninguna manera puede
ser anterior a 1871, y posiblemente sea bastante posterior. La alizarina o
rubiacina es un colorante contenido en la raíz de la rubia (Rubia tinctorum):
"hasta 1868 se la preparó únicamente a partir de esa fuente" ("Encyclopaedia
Britannica", Chicago-Londres-Toronto, t. I, 1958. p. 636). "Hasta fines del
decenio de 1860" ningún colorante natural de origen vegetal había sido
reproducido artificialmente en laboratorio ("Histoire générale des techniques",
publicada bajo la dirección de Maurice Daumas, t. IV, "Les techniques de la
civilisation industrielle - Energie et materiaux", por M. Daumas, J. Guéron, A.
Herléa, R. Moïse, J. Payen, París, 1978, p. 586). Es en 1868 cuando los químicos
alemanes Karl Graebe y Karl Liebermann logran aislar la alizarina y, por primera
vez, determinar su estructura: destilándola sobre zinc en polvo obtuvieron un
carburo, el antraceno, y "concluyeron que la alizarina era un derivado de la
cetona correspondiente, que había sido preparada por primera vez en 1826 por
oxidación del antraceno" (Daumas, op. cit., p. 587). Graebe y Liebermann
obtuvieron entonces la alizarina a partir de la cetona, por intermedio de un
derivado del bromo. "Pero la utilización del bromo bajo presión era un
procedimiento caro y peligroso a escala industrial" (ibíd.) y fue sustituido por
otro, descubierto por William Perkin, consistente en sulfonar la antraquinona.
El costo elevado del ácido sulfúrico, preparado hasta entonces según el método
tradicional de la pirogenación de los sulfatos, constituyó sin embargo una
barrera para la producción industrial de la alizarina, hasta que Clemens
Winkler, en 1870, anunció el principio de obtención por contacto de dicho ácido.
La alizarina sintética fue puesta "en venta por primera vez en 1871"
("Encyclopédie internationale des sciences et des techniques", t. I. París,
1969, p. 333, subrayados nuestros). Ahora bien, en un pasaje del prólogo al tomo
II de "El capital" Engels dice que el manuscrito del libro III "fue redactado
por lo menos en su mayor parte, en 1864 y 1865", y más adelante se refiere
simplemente al "manuscrito en folio de 1864-65" (véase, en nuestra edición, vol.
4, pp. 5 y 8); la salvedad "en su mayor parte" abriría la posibilidad de que, en
su menor parte, el manuscrito hubiera sido compuesto en alguna fech posterior (o
anterior), pero nos parece claro que Engels no alude con ello a posibles
incorporaciones tardías, sino al cuaderno de la década de 1870 utilizado por él
mismo para preparar el capítulo III y a un fragmento de un cuaderno de 1876
incluido en el capitulo XLIV (véase vol. 6, pp. 6-7, y vol. 8, pp. 948-949).
Aquí, en el tercer libro de "El capital", Engels fecha reiteradamente el
manuscrito principal de este tomo como de 1865 (cfr., en la presente
edición, vol. 6, pp. 110-148 dos casos , 224, 385 y 428, vol. 7, p. 496, vol. 8.
pp. 1126 y 1147). Como esta referencia a la producción de la producción de la
alizarina a partir del alquitrán de hulla de ningún modo puede haber sido hecha
en 1865, es evidente que nos encontramos o bien ante un agregado tardío del
propio Marx o bien, como parece sugerirlo la existencia de una mención anterior
a la alizarina en el capítulo IV, redactado íntegramente por el albacea
literario de Marx (cfr. vol. 6, p. 84), ante una interpolación de Engels.
126.
[13] [33] Progreso de la cultura.- En el original,
"Fortschritt der Kultur". Traducimos literalmente, aunque con ciertas
vacilaciones, el vocablo alemán "Kultur", que muchas veces se vierte mejor por
"civilización". Nos parece que en este caso Marx, al hablar de Kultur "en
su sentido propiamente dicho" y referirse a la industria extractiva y la
agricultura, utiliza el término en una acepción más etimológica, más
restrictiva que la habitual, esto es, se refiere más bien a la Kultur
como modo de producir. Cfr. ES 6, 121, "civilisation" (seguida por
Cartago 127 y EDAF 483, "civilización"); R 918, "culture"; TI 103,
"civilisation"; T. IT. I, 141, "cultura"; Roces 114, "cultivo", versión
no absurda pero excesivamente restringida, pues no abarca la industria
extractiva. - 126.
[n] n 4 setiers = (aprox.) 624 1; 3 = 468 1; 2 = 312 1; 1
1/3 = 208 1.
[o] o La livre francesa ha tenido valores variables; en
tiempos de Parmentier equivalía por lo general a 489,5 gramos; 342 libras, pues,
= aprox. 167,4 kg.
[14] [34] Fragmentos de este mismo pasaje de Dureau de la
Malle se reproducen en los Grundrisse (ed. cit., p. 719). Las diferencias
entre las dos versiones castellanas de esta cita reflejan, aproximadamente, las
presentaciones diferentes de la misma en aquella obra y aquí, en "El capital". -
127.
[p] p Medida equivalente aproximadamente a 8,75 1.
[q] q En las pp. 101-104 del manuscrito principal, no utilizadas
por Engels, figuran extractos de diversos documentos, entre ellos del informe de
1862 sobre la falsificación del pan y la situación de los obreros panaderos,
varias veces citado en el tomo I: "Report... Relative to the Grievances
Complained of by the Journeymen Bakers", Londres, 1862. (Véase R 919/1.)
[r] r En el manuscrito de Marx (I, p. 105): "Para retomar cuando
se consideren las invenciones en el empleo de capital fijo". (R 912/9).
[s] s En el original: "de una nueva máquina".
[15] [35] Cfr. A. Ure, "The Philosophy of Manufactures",
2ª. ed., Londres, 1855, y Charles Babbage, "On the Economy of Machinery and
Manufactures", Londres, 1832, pp. 211-212. Véase, en la presente edición. t. I,
vol. 2, p. 493, n. 147. 128.
[16] [36] Ex suis ossibus (de sus huesos).- Marx
parafrasea a Virgilio ("Eneida", libro IV, v. 625). Abandonada por Eneas, la
reina Dido exclama antes de inmolarse: "Exoriare aliquis nostris ex ossibus
ultor" ("levántase de mis cenizas algún vengador"). En la versión de la "Eneida"
hecha por Lorenzo Riber dice este pasaje: "Que entre los pueblos no haya amor
alguno ni alianza alguna. Que de mis huesos surja algún vengador que a hierro y
fuego acose las colonias dardanias." (Publio Virgilio Marón - Quinto Horacio
Flacco, "Obras Completas", Madrid, 5a. ed., 1967, p. 273.) - 128.
volver